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Epístola a José M. Saldaña


Pensar es radical…

Citamos:

«No es de extrañarse – aunque debe censurarse- el que miembros de la Junta de Síndicos por razones de pura politiquería partidista, obstruccionista se opusieran al nombramiento (de Ana Guadalupe). […] Creo que es necesario poner todas las objeciones y protestas que han trascendido respecto a este nombramiento en su justa perspectiva ya que se ha querido transmitir por todos los medios una versión acomodaticiamente distorsionada de la realidad. […]

«En varias ocasiones y en varios escritos he manifestado que desde un principio en la Universidad de Puerto Rico ha existido un grupo sustancial del profesorado que son activistas de tendencia política de izquierda, particularmente en las facultades de las Ciencias Sociales, de las Humanidades, Comunicación y Pedagogía. Este grupo promueve y manifiesta su fuerte apoyo a la independencia del país, al nacionalismo y al socialismo. Lo que más claramente define a esta subcultura académica es el compromiso con la idea de que es urgentemente necesario un cambio político y que éste tiene que lograrse solamente por un proceso revolucionario.

«Muy significativo es el hecho de que cuando hay administraciones universitarias que pueden considerarse débiles, populistas y con sesgo ideológico hacia la izquierda – como la anterior – estos elementos proliferan y ganan acceso a la alta jerarquía institucional obteniendo considerable poder para transmitir sus idearios más allá de los recintos universitarios por medio de actividades académicas oficiales como conferencias, simposios, talleres… etc.

«En ocasiones anteriores he manifestado que esa opción de cierre es posiblemente la más adecuada y necesaria para repensar de arriba hacia abajo a ese recinto que las más de las veces aparenta haberse salido de su cauce y ser ingobernable. A los efectos de buscar alternativas ante esta posibilidad, me permito sugerir –entre otras-que se considere seriamente cerrarlo y trabajar para convertirlo en uno principalmente de programas graduados y de escuelas profesionales. Mover los programas de bachillerato a otras unidades del sistema. Mover de ese campus toda la investigación de ciencia y tecnología, creándose para ello institutos autónomos o independientes.»

Firma este artículo de opinión, – publicado por el periódico El Vocero el 28 de octubre-, como ex Presidente de la UPR, el Dr. José M. Saldaña.

Dante Alighieri leyendo su poema. Por Domenico di Michelino, 1465

Si me encontrara en medio del camino de mi vida en una selva oscura y, como Dante Alighieri en compañía del poeta Virgilio, tuviese que bajar al infierno, me preguntaría quiénes serían los personajes, entre mis contemporáneos, que colocaría en los distintos círculos del infierno. La osadía de Dante, además de sus compromisos políticos en defensa de los güelfos, los cuales le opusieron al Papa Bonifacio VIII, le costó el exilio. En su Divina comedia se atrevió a concebir un infierno de este mundo, por tanto, no un juicio postergado al futuro de una vida después de la muerte. Dante otorga de cierta forma una supremacía moral al poeta. Sólo el poeta puede bajar al infierno, vivo, y regresar a este mundo a escribirlo. El poeta es, por consiguiente, la memoria que regresa de los bajos mundos. Asimismo, Dante concibe al poeta como el que contempla la decadencia de sus contemporáneos. Por eso no lo pensó dos veces cuando se trató de nombrar por su nombre propio a ciertos papas, los poderosos de su época. Entonces, también digamos que Dante concibe el pensar de la poesía cercano a una cierta idea de la justicia. Ésta no está muy lejos de esa justicia retributiva previa a la era moderna, que consistía en castigar de acuerdo a lo que se había hecho: un castigo merecido. Una justicia que se concebía como punitiva. Dante, no obstante, se reserva el derecho supremo de simpatizar con algunos de los condenados del infierno, y no con otros. Así, al hacerlo, discrepa de una interpretación estricta de los sacramentos cristianos.

Cuando digo que el poeta contempla, no lo hace desde una superioridad ¿pues qué significa después de todo que el poeta tenga que arriesgarse a ver los tormentos del infierno para entonces ir depurando su canto y poder alcanzar una cierta idea de la belleza y de la justicia? El poeta no sale incólume de esta travesía. Ahora bien, le toca la videncia, es decir, el acto responsable de contar lo que vio. Por tanto, denunciar y nombrar mediante la palabra poética el mal moral. La puerta del infierno, tantas veces citada por los sobrevivientes de los campos de la muerte nazi o por los poetas rusos, como Ossip Mandelstam, reza así: «Antes de mí nada ha sido creado que no sea eterno, y yo duro eternamente. El que aquí entre pierda toda esperanza». Dante entonces escribe y piensa lo intolerable, un infierno como lugar de condena y de dolor. Cuestión de perspectiva: el poeta es sensible al dolor, al sufrimiento, ve, sufre y escribe.

Ex presidente de la UPR José M. Saldaña. Foto por Mauricio Pascual de PR Daily Sun

¿A qué viene esta breve alusión al poeta florentino? ¿Por qué el artículo del ex Presidente de la Universidad de Puerto Rico, José M. Saldaña, me vuelve al paisaje del infierno dantesco? De cierta forma, leo ese artículo y creo experimentar el horror de ver el infierno con todos sus círculos: aquellos en los que se dirime el futuro de la Universidad de Puerto Rico, y en particular el Recinto de Río Piedras, de espaldas a la comunidad que le da vida a ese lugar. Siento leyendo ese artículo que a ese infierno no se puede bajar solo. Sólo puedo leer tan desgraciada prosa acompañada de poesía. Sólo la voz poética puede responder, puede elevarse sobre tan prosaica pobreza del pensar, y el hecho de que el señor Saldaña tenga tan pocas razones universitarias y académicas para recomendar el cierre del Recinto de Río Piedras. Digamos que las razones que hacen defender la perennidad de la idea de la universidad, se asocian con la poesía en tanto que acto de palabra radical.

Invoco a Dante también porque me quiero dar una cierta licencia poética y condenar a una suerte de infierno hipotético al ex presidente de la Universidad de Puerto Rico, Dr. José M Saldaña. Quiero declararlo por este medio persona non grata de la comunidad universitaria de la que reclama ser ex alumno. Fue estudiante de la Escuela de Medicina, institución que también dirigió. Cuando digo licencia poética, pienso en el gesto de Dante que es poético no sólo por la belleza que la métrica en la lengua italiana le confiere, sino también porque redefine lo poético como aquello que nos compete a todos en tanto que sujetos que debemos ser testigos de nuestra era. El poeta, lo poético, tiene que ver con ver y escribir, con ver y anotar, con ver y saber leer e interpretar. Tenemos, si somos poéticos de este modo, que escribir para rectificar la moral tergiversada de aquellos que sólo gozan del prestigio porque son poderosos.

Mi infierno es, como lo fue en su tiempo para el poeta florentino, una denuncia. Una forma de acusar a un adversario poderoso, y contra el cual sólo me queda la palabra y el pensar: lo único que posee una intelectual. Y porque seguramente, en un mundo dirigido por este señor con capacidad de producir espacios infernales, a mí y a algunos otros de los que él llama radicales, sin saber lo que dice, nos tocaría también el exilio, la desidia y la miseria. En otras palabras, la exclusión en todas sus formas. Pues el proyecto de cierre de la universidad persigue acallar, excluir, no dejar ni un solo espacio de la cultura al pensamiento y a la figura del intelectual. Borrar del mapa la disidencia es el propósito explícito en un país que se le tiene tanto miedo a la palabra inaudita, a la palabra que llamo poética. En los futuros alternos pero sin alternativas ni opciones del Sr. Saldaña, no hay cabida para el pensamiento radical, es decir, para el que piensa. Radical es, según el Sr. Saldaña, ser de «izquierda radical», tendencia que tiene como su predicado «la independencia del país, el nacionalismo, y [e]l socialismo».

Lo que más le preocupa al Sr. Saldaña y que él denuncia es que «esta subcultura académica [tiene] el compromiso con la idea de que es urgentemente necesario un cambio político y que éste tiene que lograrse solamente por un proceso revolucionario». Le di a leer este artículo a un estudiante de segundo año de la Facultad de Humanidades y me dijo que le parecía que el autor lo había escrito durante la guerra fría. Sí, sí. Nos parece una retórica anacrónica. Tal parecería un franquista de la falange refiriéndose a los rojos y a los comunistas. Si entramos en la lógica temporal de esta perorata ideológica, – palabra que el Sr. Saldaña usa como si sólo esos grupos fuesen los únicos que tuvieran ideología (entiéndase que sólo es ideología el pensamiento de izquierda), y él no -, él viene a poner «en su justa perspectiva» lo ocurrido en torno al nombramiento de la nueva rectora del recinto, Dra. Ana Guadalupe, quien fue confirmada sin contar con la mayoría de los votos de los síndicos. Él no tiene ideología, no tiene «razones de pura politiquería partidista». Entremos pues en la lógica anacrónica y demagógica del Sr. Saldaña. Aceptemos por un momento su escenario maniqueísta: de un lado, una «casta, un profesorado de pensamiento de izquierda radical» y del otro, él, y los grupos que quieren cerrar la universidad, que supuestamente no tienen razones partidistas ni políticas. Un discurso que en primera instancia invoca la censura para todos aquellos que se oponen, y que prescribe el cierre de la universidad, Recinto de Río Piedras, para operar una suerte de depuración étnica del pensamiento radical. Ése es el escenario en el que se mueve este discurso.

La pregunta no es cuán acertado es ese escenario que toma como base discursos de la guerra fría para promover otra vez el miedo al socialismo, al espectro del comunismo, a la independencia, al nacionalismo, a la revolución que (¡uhhh!) se cierne sobre Puerto Rico. ¡Vaya amalgama! Pues si tantas décadas llevamos «esta casta de radicales de izquierda» haciendo nuestro trabajo ideológico, ¿no deberíamos ya haber producido la hipotética revolución deseada? Por tanto, ¿qué razones se esconden en ese discurso de cierre de la universidad, de desmembramiento del Recinto de Río Piedras? No son buenas razones altruistas las que explican este plan de “salvación”. Muy al contrario, éstas se insertan en la peor tradición de una ideología anacrónica que todavía aspira a la limpieza de rojos y de “salvación”. ¿No se trata pues de eliminar la disidencia?

Dice el Sr. Saldaña: «En varias ocasiones y en varios escritos he manifestado que desde un principio en la Universidad de Puerto Rico ha existido un grupo sustancial del profesorado que son activistas de tendencia política de izquierda, particularmente en las facultades de las Ciencias Sociales, de las Humanidades, Comunicación y Pedagogía. Este grupo promueve y manifiesta su fuerte apoyo a la independencia del país, al nacionalismo y al socialismo. Lo que más claramente define a esta subcultura académica es el compromiso con la idea de que es urgentemente necesario un cambio político y que éste tiene que lograrse solamente por un proceso revolucionario». En la formulación de estas afirmaciones difamatorias en las que se amalgama a todo el profesorado de las facultades mencionadas – que pertenecen a todas las tendencias del espectro político – se habla de un principio, se dice «desde un principio en la Universidad de Puerto Rico ha existido un grupo sustancial». ¿A qué principio se refiere? ¿Se trata del principio, origen histórico de la universidad? En otras palabras, ¿desde que la universidad se fundó en 1903 «ha existido un grupo sustancial… de activistas de tendencia política de izquierda»? No queda claro a qué temporalidad se refiere este escrito. Pues si fuera histórica y nos remitiera a la fundación de la Universidad, sería completamente falsa. Le recomendaría al Sr. Saldaña que leyera el libro Frente a la Torre para volver a situar los orígenes y la fundación histórica de la Universidad en Puerto Rico.

Frente a La Torre: Ensayos Del Centenario De La Universidad De Puerto Rico, 1903-2003

Ahora bien, si este relato no alude a un pasado histórico, está ficcionalizando un origen.  En otras palabras, es una quimera que intenta armar un relato de fundación para justificar una acción: «A los efectos de buscar alternativas ante esta posibilidad [cerrar el recinto de Río Piedras], me permito sugerir –entre otras – que se considere seriamente cerrarlo y trabajar para convertirlo en uno principalmente de programas graduados y de escuelas profesionales». La universidad sería en este relato ficticio que no se puede localizar en la historia un lugar que ha resguardado y protegido «un grupo sustancial del profesorado que son activistas de tendencia política de izquierda». Tendríamos que rectificar este relato extensamente con hechos históricos, y no es nuestro propósito aquí.  Ciertamente, la historia de la Universidad refleja la historia del desarrollo de los pensamientos políticos de Puerto Rico, de todas sus tendencias. Pero es muy diferente a querer establecer que – «desde un principio» -, es decir, desde siempre, la universidad resguarda un mal, esa “casta de pensadores radicales”, y que por tal razón hay que desmembrarla para matar de raíz aquello que se alojó en ella de forma perenne y eterna, desde su origen.

Sr. Saldaña, soy radical y pienso radicalmente, pero le voy a aclarar por qué. No sin antes explicarle qué quiere decir «radical», al menos, en primera instancia, etimológicamente. Soy profesora de literatura comparada y no puedo evitar ir hasta la «raíz» de las cosas, como cualquier buen humanista. La palabra «radical» precisamente tiene en su etimología la idea de «raíz». Así que, en primera instancia, cuando hablamos de radical estamos yendo a la raíz de algo, a su origen histórico, a su fundamento. Luego, tenemos usos variados de esa palabra en el vocabulario matemático, por ejemplo, hablamos de sacar un radical, en química se dice que hay radicales libres, «una molécula (orgánica o inorgánica), en general extremadamente inestable y con gran poder reactivo», dice el diccionario, y en política «una posición que busca ir al fondo o a la raíz de las cosas». Pensar radicalmente supone comportarse como «esas moléculas inestables y con gran poder reactivo», que transforman, causan cambios y por supuesto revoluciones históricas. Pues pensar, Sr .Saldaña, es siempre un ejercicio radical, un movimiento que, en conjunto con las fuerzas de la imaginación infinita y sublime, recorre e inventa paisajes nuevos. Como, por ejemplo, el infierno de Dante, que nadie había imaginado ni visto.

La poesía y lo poético suponen un pensar otro y de lo otros, y en ese sentido, siempre chocan con el establishment del saber institucionalizado. Lo poético siempre reinventa la gramática de una lengua, es decir, revoluciona el lugar común del pensar y de un idioma. ¿Estaré siendo muy radical? Ciertamente. A todos los niveles de mi locución. Quiero decirle que leer también es un ejercicio radical. Transforma al que acomete tan noble y humilde tarea de abrir un libro y de vulnerarse a lo que viene de ese otro mundo. Por eso creo que sí, que cuando enseño soy radical y que leo con mis estudiantes autores radicales como a Sófocles, Dante, Shakespeare, Galileo, Descartes, Diderot, Voltaire, Kant, Freud, Einstein, entre otros. Todos ellos son radicales, pues ninguno de ellos visita el lugar común, ninguno de ellos le teme a la actividad más rebelde que es pensar e imaginar otros mundos. ¿Y son revolucionarios? Pues así lo creo. Totalmente revolucionarios. Desearon y escribieron para transformar el mundo que les rodeaba. Es quizá la única razón, o al menos la más excelsa por la que se pueda uno encerrar por voluntad entre cuatro paredes a escribir. ¿Transformar el mundo digo? ¿No es eso lo que se supone debe hacer la educación, y en particular la educación universitaria? La historia de las ideas – las humanidades – eso que estudiamos en las llamadas ciencias humanas, – (las facultades que en la universidad del Sr. Saldaña desaparecerían, y no estamos precisamente ante un Kant, ante un nuevo conflicto de las facultades) – es una larga ristra de eventos del pensar, de transformaciones y de luchas que implican cambios y que sólo aquellos que con cierta osadía se atreven, realizan. Y pagan con sus esfuerzos, exilios y censuras. Las universidades son espacios de disidencia desde su creación en la época medieval. Ya hubo huelgas en la universidad medieval, y ni hablar de los movimientos estudiantes del siglo veinte: Mayo del 68 o Tian’anmen.

El señor Saldaña imagina, enuncia y escribe un país, Puerto Rico, sin la Universidad de Puerto Rico. ¿Por qué ese odio a la Universidad de Puerto Rico de alguien que fue Presidente de tan augusta institución? Una universidad que tiene 107 años de historia. Es una de las instituciones más antiguas del País y que mejor le ha servido, pues cumplió con el cometido de modernizarlo. De lo que se trataría todo esto es de terminar con la modernización de Puerto Rico, de cierta forma, terminar con la Historia e instalarnos en un tiempo mítico y absurdo sobre el que se apoya toda forma de discurso totalitario.

  • http://oterogarabis@prtc.net Juan Otero Garabís

    Bravo!

    Evidentemente, tipos como Saldaña sin pestañear prohibirían el pensar, si va más allá de lo “productivo”: es decir, del alineamiento con la cadena de producción ya puesta en marcha. Les molesta la diferencia. Me pregunto cómo le responderían al estudiante que incordia con sus preguntas.
    “Prohibieron la inteligencia al prohibirnos el pensar”, recordaría Rubén Blades.

    Otra vez ¡bravo!

    • Rubén Ríos Ávila

      Mara,

      Te felicito por tu valentía y te agradezco el pulso y la serenidad con el que te dignas a contestar semejante epístola. Habrá que inventarse un círculo nuevo en un infierno post-moderno de Dante donde haya que colocar a los necios. 

      Ojalá y la Universidad contara con verdaderos adversarios, armados de argumentos y conceptualizaciones. Porque, en el fondo, la inteligencia nunca es más vulnerable que cuando se enfrenta al poder multitudinario de la estupidez envalentonada con las credenciales del Sentido Común. Todo el que pasa el trabajo de pensar sabe que el sentido, ni es tan común, ni hace sentido con tanta facilidad.

      Desgraciadamente, la Universidad no tiene verdaderos adversarios, sólo tiene enemigos, un ejército burdo de cabezas bien peinadas dispuestas a derrumbar sus muros con la dureza impenetrable de sus propias frentes.

  • Carmen Rabell

    Saldaña no es sólo un anacronismo histórico de la guerra fría, particularmente del macartismo que aplicó Muñoz Marín en Puerto Rico.

    Ese infierno dantesco, de pensamiento homogéneo y congelado fuera del tiempo (si se le puede llamar pensamiento), no necesitaría profesores ni estudiantes sino robots controlados por matrices de pensamiento binario.  Total, que para ser esclavos de adentro de la casa (indoor slaves) pensar es obstáculo de la servil obediencia.

    Decía Aristóteles que era imposible pensar sin imágenes. La universidad tiene que ser un lugar libre para la imaginación, no un centro reproductor de más de lo mismo. Según el proyecto de este señor, eliminar las humanidades, las ciencias sociales y las comunicaciones dejaría el espacio libre para el desarrollo de las facultades que no menciona: las ciencias naturales y comercio.  Esto demuestra, una vez más, su ignorancia total del mundo cada vez más global e interdisciplinario en que vivimos. Las humanidades, las ciencias sociales y las comunicaciones son lo que le permite a un estudiante de ciencias o comercio establecer conexiones con su entorno y desarrollar una lógica de pensamiento. Es más,la ciencia requiere de este dominio del discurso pues tiene que convencer a una comunidad científica de que una hipótesis es viable ANTES de realizar el experimento.  Sin esas facultades que Saldaña quiere eliminar, los futuros científicos no sabrían argumentar ni escribir bien una propuesta para conseguir los fondos que les permitan realizar sus investigaciones y los comerciantes no se abrirían a las posibilidades culturales de mundos que hay que comprender si se quiere persuadir sobre la producción, compra o venta de cualquier producto.

    El infierno de Saldaña es un circulito bien limitante.  ¿Sabrá este señor que en China y Japón se le está dando hoy día más énfasis a las humanidades, ciencias sociales y lenguas precisamente porque han llegado a la conclusión de que han sido mejores reproductores de invenciones que inventores originales por la sobreespecialización matemática y científica sin la apertura al mundo y a la imaginación a través de las ciencias sociales y las humanidades?

    El infierno de Dante es menos triste que la universidad “pensada” por Saldaña. Es más, pareciera salir del ojo cinematográfico de Joe Romero.

  • Mara Negrón

    Gracias A Tito y Carmen Rita por sus comentarios.
    Dos cosas asustan mucho cuando uno lee el artículo de este señor: la censura que se convierte y enarbola como principio de razón y en segundo lugar el hecho de que se atravan a enunciar, a publicar sus siniestros planes para la universidad. Es muy sobrecogedor que se atrevan a escribirlo, ya no es un rumor el cierre. Por supuesto, la universidad que ellos quieren es una que desaloja por completo el ejercicio crítico y la disidencia. No toleran la diferencia.
    Por eso declaremos al señor Saldaña, que ostenta el título de ex Presidente de la Universidad de Puerto Rico, persona non grata de la comunidad universitaria.

  • Richard Díaz-Cataldo

    Muy buen artículo (y comentarios). A este señor le tienen siempre las puertas abiertas en ese periódico para promover sus faratrulladas.  Ante esto, me parece que declararlo “persona non grata” no se debe de quedar como un ejercicio de adjetivación entre quienes pensamos igual sobre él.  Quizás peque de ingenuo o idealista, pero ¿habrá el espacio para que el profesorado participe de esto como debate público, más allá de la comunidad académica? Es decir, que ese pensamiento radical se haga accesible a aquellos mismos a quienes les llega el periódico todos los días y no leen 80grados ni Diálogo por las diversas razones que sean, desde no saber que existe hasta no tener las herramientas conceptuales para hacerlo.

    Ciertamente, él no es un adversario, y no hay un verdadero debate de parte suya; al menos no desde los términos de un debate académico de rigor. Pero esto no es a lo que, en el fondo, él parece aspirar.  Él está haciendo una tremenda labor de propaganda, bien que sea mezquina ( ¿quién dijo que la propaganda no lo sería?).  Está peleando en un terreno en el que, a mi parecer, la voz del profesorado, del intelectual, no ha estado tan presente como muchos desearíamos que estuviera.

    Partiendo del consenso que Mara Negrón sugiere, ¿por qué no dirigir esa réplica, serena e inteligente, a quienes va destinada la propaganda que hace el señor Saldaña?  A fin de cuentas, ¿no declama el poeta para que lo escuchen los cuatro vientos?

  • http://cossido.blogspot.com manolo coss

    Lo más aterrador es imaginarse uno sentado en la butaca del despacho de este señor, dentista de profesión, luciendo una camiseta roja con letras amarillas que despliegan el lema “La imaginación al poder”. Entra este diminuto personaje armado con un alicate y un barreno y te pregunta casi tiernamente, “¿tu estudias en Sociales?”…

  • Emmanuel

    Maravilloso!

    Simple poesía…
    Radical en pensamiento…
    Hermosura en prosa…
    CONTUNDÉNTE contra aquél que no imagina más que lo imaginado. Contra aquel absurdo que entre valles de oscuridad no tiene la capacidad de imaginar luz…

    Muy buena contestación y gracias por ella. No son muchos los que se atreven y mucho menos con tanta eficacia.

  • Eduardo Valsega

    Mara, gracias por tu epístola. Creo que era importante que no se ignorara o nos hicieramos de la vista larga de esos comentarios de Saldaña. Claro que se han comentado, pero el gesto de hacerlo públicamente (por este medio tan amplio que es la red) y de la manera magistral que lo has hecho lo pone en su justa perspectiva.

    Mientras leía me sorprendía el uso del poeta, ya que no había considerado esa mirada. Sin embargo, me parece que das en el clavo. La poesía es creación, y el poeta se afirma en ese ejercicio radical. Radical porque, como tu bien mencionas, tiene que ver con la raíz. El poeta puede cuestionar los fundamentos, abrir terrenos inéditos, precisamente porque su ejercicio no se compromete, no se fija, con ninguno en particular. La poesía se compromete con la innovación, con hacer surgir cosas de la nada, ¿acaso no es eso la creación en su sentido estricto?

    Creo que lo concluyes magistralmente porque, precisamente, la poesía encuentra su antípoda en un discurso totalitarista, cerrado.Saldaña, afianzandose en una posición de saber, quiere imponer las condiciones, por la certeza de una causa final, ¿acaso alguien sabe lo que va a pasar? Se siente muy comodo en su pretensión de amo del porvenir.Por el contrario, el poeta no delira de esa manera, está abierto a lo inédito, a la sorpresa, a la novedad, a lo que otros pensarían imposible, irracional o loco, y sin embargo son los que inician el pensamiento.

    Creo que lo que distingue al poeta es el reconocimiento de un más allá de su saber, su capacidad de no fijarse en una posición absoluta. Para utilizar una frase de la psicoanalista Carmen Gallano, se compromete con “lo insabido que hace saber”.

    Nuevamente, mil gracias Mara.

  • mara negron

    Lo que imagina Manolo Coss me aterra…
    Creo que sería necesario continuar la campaña de declarar a Saldaña no grato.
    Gracias,

  • Marta Aponte

    El franquismo, que siempre tuvo seguidores aquí, y que de algún modo sobrevivió en estado latente, vuelve por unos fueros que no le pertenecen y lanza sus consignas casposas contra la inteligencia. Corresponde a la inteligencia formular respuestas como esta de Mara Negrón, tan lúcida, y proponerlas al país.

  • Eduardo Lalo

    Alguien ha visto el “arte” de Saldaña? Pues sí, porque el hombre hace acuarelas en su tiempo libre y las llama arte y las impone por las oficinas por las que era miembro de la junta de directores. Aparte de su academicismo ingenuo y la buena calidad del papel, impresiona la firma, muy trabajada y visible: “José M. Saldaña MD” Nombrar un título donde solamente debe valer la complejidad y la calidad de una propuesta artística es una profunda, feroz e involuntaria declaración autobiográfica. Mara, hay personajes que no hay que llevar al infierno, pues ya están allí, a lo largo de sus patéticas vidas que se arman sobre un complejo cultural, sobre una minusvalía intelectual que se compensa con el MD, con el ex Presidente de la UPR, con el miembro de la Junta Tal y Más Cual, con el ordeno y mando la destrucción de lo que he sido incapaz de comprender a lo largo de toda la vida…
    Agradezco tu admirable texto.

  • Manuel Martinez Maldonado

    Mara:
    Estupendo artículo. El señor Saldaña es dentista. Podemos atribuirle todo ese “pensamiento” a un dolor de muelas, y no hacer mucho más caso a lo que es anacrónico y que lo que merece es el limbo, que según dijo otro presidente universitario, “ya no existe”.

  • Milagros Rodrñçíguez

    El Lago del Cocito se quedaría corto, insuficiente para enviar a sucumbir a todos los non gratos.