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Recuerdos del padrino


José Antonio Torres Martino

A Don Toño ya lo escuchaba antes de verlo. Desde muy pequeño conocía esa voz de trueno que presentaba el noticiario en el matiné dominical del cine Roosevelt, era un vozarrón en estéreo antes que esa técnica de ilusión auditiva existiera.

Imagino que me vio de bebito, porque un buen día Papi me lo presentó como mi padrino y cuando habló se hizo el milagro audiovisual: aquella voz del cine tenía rostro y además era pariente mío… o algo así.

No sé cómo lo hacía pero siempre me reconocía, no importa el tiempo que pasara sin verme. A pesar mis cambios de niño a adulto, con melena, con barba, con canas o flaco, y más flaco, siempre me identificó a simple vista y nunca dejó de llamarme Manolito, como para recordarme que seguía siendo mi padrino.

Con la presencia de Toño también nos criamos los Cossitos porque sus cuadros adornaban casi todas las paredes de la casa al punto de que “El niño chupando chinas” que pintó era como mi tercer hermano, el que siempre estaba en el pasillo.

En los últimos años, junto a Peri y/o Marcos Pastrana salíamos a almorzar con alguna frecuencia, que ahora reconozco fue mucho menor de la que nos merecíamos. Escuchaba sus relatos, su viaje en barco mercante a Europa, sus estudios en Florencia, su amistad con Papi y Mami, su paso por el nacionalismo y el sindicalismo, sus comentarios sobre el arte y el cine, sus opiniones sobre la situación política… todo, TODO, lo que hablaba era interesante, cosas maravillosas y otras terribles, pero ninguna aburrida ni baladí.

Sin duda Torres Martino es la persona más culta que he conocido y mientras más culto le descubría, más humilde se presentaba. Auténtico, sin dobleces, poses, ni extravagancias, Don Toño fue un genuino intelectual del pueblo… ¡y cómo lo voy a extrañar!

José Antonio Torres Martino. Niño comiendo china, 1952.

  • Carla

    Bello comentario Manolo. Cierto de principio a fin. Aunque sólo lo conocí personalmente una vez, me bastaron algunas horas y una entrevista que le hacíamos para Prohibido Olvidar para percibir mucho de esto. El hombre me atrapó. Que bonito recuerdo el de la voz de trueno y el cuadro del pasillo. Gracias.

  • Laura

    Hermoso homenaje al padrino. Sin duda un hombre especial. Como a Carla, me encantó la imagen del hermanito del pasillo. Un abrazo, Laura

  • angel maldonado

    Torres Martinó nos dejó, entre su multiplicidad de valores la mejor lectura y decir de los poemas de Hugo Margenat. Una voz incomparable. 

  • Pingback: Puerto Rico: In Honor of Torres Martinó · Global Voices

  • Anónimo

    Gracias por compartir ese hermoso homenaje que le das a tu padrino.
    Yo tuve un amigo así, sabio y erudito, que me conoció desde niña. Se llamaba Aristalco Calero, don Kincho para algunos, pero para mí era Güelo.
    Comprendo lo que debes sentir ante su ausencia porque muchas veces lo he extrañado. A pesar de la gran diferencia de edad que nos separaba fue un amigo especial.

    • Manolo

      Fue mi profesor de economía, creo que en su último año de docente. Tienes razón se parecía mucho a Toño, creo que la la sabiduría acumulada se nota a simple vista.