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Del matrimonio Gay y su llegada a NY


The “desires” for a better life for some are always already predicated on the permanent structural abeyance of the collective unmeet needs of the many –the rabble. The asymmetric relationship between sanctioned elite, normalizing desires and the subsidizing of these desires by mass unmet needs are at the heart of this society.Edgar Rivera Colón

Soy un producto de la generación del slogan Paz y Amor. Me sabía de memoria desde pequeñito la canción de Camilo Sesto, “Amor Libre”. Además de eso crecí y me formé dentro de un movimiento Gay todavía joven que recordaba las verdaderas razones por las que existía. La lucha que acogió el nombre de la barra “Stonewall” se dió contra el abuso policiaco y por la liberación sexual. La lucha de Stonewall no se dió, como cotorrean ahora algunos activistas, por conseguir el matrimonio gay. De hecho, Sylvia Rivera, mujer transgénero puertorriqueña a quien se le acredita haber comenzado el revolú que se formó en Stonewall, era una mujer comunista, liberacionista, co-fundadora de STAR.1 Muchos y muchas de los que la conocimos hemos concluido que Sylvia Rivera2 debe estar revolcándose en su tumba al oírse acreditada con la victoria del movimiento LGBT en obtener el derecho a casarse en el estado de Nueva York. Es irónico que sin embargo a pesar de reconocer la contribución de Sylvia Rivera y las muchas otras personas de géneros y reputaciones sospechosas que en Stonewall se reunían, la agradecida comunidad gay dejó morir el proyecto GENDA (Gender non-discrimination Act) en el Senado este mismo año.

Muchos de los que crecimos creyendo en una agenda de justicia social y liberación sexual, observamos atónitos, a veces impotentes y a veces con coraje, cómo el “movimiento gay” en los últimos cinco o seis años concentró la gran mayoría de sus recursos económicos, humanos y capital político en una agenda tan conservadora como la de obtener matrimonio. ¿No fue la lucha de Hardwick v. Bowers, precisamente la lucha por sacar al Estado de nuestros dormitorios, de nuestras camas? Poco a poco observamos cómo la “agenda gay” se fue de-sexualizando y se hacía claro que los nuevos “power brokers”, principalmente el HRC (Human Rights Campaign) pero también GLAAD (Gay & Lesbian Alliance Against Defamation) y el NGLTF (National Gay & Lesbian Task Force) se movieron en una dirección que se alejaba del ideal de liberación que tenía su base teórica en posiciones políticas asociadas a la izquierda y se acercaban a la derecha ansiosos de reproducir sus paradigmas heteronormativos y requisitos de asimilación y hetero-normalización. No queremos cambiar el mundo, no somos amenazantes, somos “iguales”. Nadie, nunca preguntó, ¿Iguales a quién?

Una de las grandes confusiones de la gente joven del movimiento LGTB en Estados Unidos y en Puerto Rico es que no conocen la diferencia entre conceptos como “izquierda” y “liberal”.3 En USA al igual que PR las organizaciones nacionales han podido vender la agenda matrimonial como una reivindicación de Derechos Humanos, progresista y tal vez revolucionaria. Esto en Puerto Rico ha sido fácil ya que la comunidad LGBT está tan estigmatizada que pronunciarse a favor de la misma es cosa de “izquierdistas y ateos”. La derecha religiosa ha logrado establecer que ser “hombre de bien” es estar contra “lo homosexual”, de ahí el que sea tan difícil para nuestros políticos pronunciarse a favor de nuestras comunidades.

Pero volvamos al matrimonio: el 26 de julio de 1996 se hizo público un edicto endosado por muchísimos activistas queer, académicos y aliados proponiendo una visión a seguir alterna, Beyond same-sex marriage: A new strategic vision for all our falies & relationships. Muchas fueron las voces que se unieron a esta denuncia y la literatura que se produjo al respecto.4 Sin embargo, pienso que la suerte ya estaba echada, las organizaciones norteamericanas nacionales, con fondos provenientes en su mayoría de hombres gay blancos ricos, y/u fundaciones controladas por los mismos decidieron que el matrimonio gay (y lésbico) sería la causa que más fondos y recursos humanos recibiría, y detrás se alineó mucha otra gente y sus organizaciones, porque en USA “you follow the money.” Muchos de los que fuimos activistas del SIDA que observamos a nuestros amantes y nuestros hermanos de familias extendidas morir solos, sin sus parejas a su lado, o desahuciados por una u otra familia biológica de la cual habían sido expulsados, sabemos que el matrimonio otorga privilegios. Sin embargo, en los finales de los 80 y los 90, nuestra exigencia no era el matrimonio gay, nuestras exigencias estaban mucho más acordes con las exigencias de esta proclama: democraticemos los privilegios, redefinamos lo que es familia y núcleos familiares.

Creo este es el momento adecuado para aclarar que no creo que esa responsabilidad de democratizar los derechos privatizados en la unión matrimonial es exclusiva de la comunidad LGBT. Pienso que esta democratización de beneficios y privilegios también compete a los y las heterosexuales. Sin embargo, mi experiencia con heteros ha sido igual de decepcionante. Todas las amistades heterosexuales que en algún momento se me acercaron para denunciar lo asimilista de la agenda del matrimonio entre personas del mismo sexo, poco a poco, todos y todas se han casado. Unos para accesar beneficios de salud, otras para poder utilizar los dormitorios para matrimonios de la universidad donde iban a estudiar, otro para darle ciudadanía a su pareja (cosa que gays y lesbianas todavía no podemos hacer ya que las leyes que reconocen nuestros matrimonios son solo estatales), otras para poder bautizar sus hijos, dos o tres para comprar una casa, otros porque sus familias se lo han pedido, otras porque salían mejor rindiendo planillas como matrimonio! Así que un día me cansé de este doble estándar y resolví que estaba equivocado, que esos derechos privatizados que se le otorgan a la institución del matrimonio deben estar al alcance de todos y todas las que se quieran casar.

El otro ángulo que quiero discutir es que a pesar de este diálogo interno sobre la deseabilidad o no de utilizar todas nuestras fuerzas y recursos en obtener el matrimonio gay, el debate público que llegó a los hogares de todo el mundo fue el que los medios noticiosos decidieron: el debate entre la comunidad gay y los religiosos fundamentalistas. A los medios noticiosos les encanta repetir las sandeces que dice cualquiera sin hacer el mínimo “fact-check”. Que si el matrimonio es una institución que nunca ha cambiado desde el principio del mundo (FALSO). Que si los niños (¿y niñas?) tienen derecho a tener un padre y una madre en cada hogar (give me a f***ing break!); que si la civilización se va a acabar; que si la raza humana desaparecerá; que por eso es que hay huracanes y terremotos. Muchas veces ignorando, que el matrimonio, como figura legal (que es la que les interesa a la comunidad gay y lesbiana) ha estado siempre en evolución. Por ejemplo, antes los curas católicos podían casarse (hasta que la iglesia temió perder sus propiedades con tanto futuro heredero). Por ejemplo, antes sólo los ricos podían casarse; por ejemplo, en USA los blancos no podían casarse con las negras (y viceversa). Esa figura legal ha estado en constante evolución, pero para los medios noticiosos siempre fue mucho más fácil mantener el nivel del debate en un nivel de escuela elemental, 2do grado como mucho. No había manera para muchos de nosotros y nosotras que queríamos impactar el debate de manera inteligente y productiva.

Así que con todo este bagaje, me senté el viernes por la noche a observar, en Internet, el voto final sobre la legislación que permitirá a parejas del mismo sexo casarse en el estado de Nueva York, donde vivo. No voy a negar que me emocionó ver el proyecto pasar. Pienso que legalmente era lo justo. Sentí un placer perverso que balanceó el bochorno ajeno al ver a Rubén Díaz senior, el senador-reverendo demócrata, balbucear incoherente y furibundo su oposición al resultado de la votación. También me emocionó ver a Tom Duane, tratar de articular un discurso sumido en la emoción y presionado por el tiempo. Siempre le he tenido afecto a Tom Duane, no es explicable. Abrí una botella de vino y brindé una copa. Dos días después participé en la gran parada LGBT de NY, donde la inmensa  mayoría celebraba el paso de la legislación. Yo también llevaba un leterero, él mismo decía: “Will marry for health benefits”.

  1. Street Transvestite Action Revolutionaries, creado en 1970 para defender los derechos de transexuales y de los niños y niñas queer que huían de sus hogares y vivían desamparados en la calle.  Tanto Sylvia como Marsha P. Johnson, la otra co-fundadora, hacían trabajo sexual para alimentar y darles cobija a los jóvenes que se refugiaban en su albergue. []
  2. Sylvia Rivera también fue asociada con sus colaboraciones tanto con los “Young Lords” y los “Black Panthers”. El Centro Comunitario de Lesbianas y Gays en Manhattan New York le prohibió la entrada por varios años por exigirles que les ofrecieran guarida a los jóvenes queer sin vivienda en NYC. []
  3. John Démilio hace esta denuncia articuladamente en New Politics, Summer 2008Vol:XII-1Whole #: 45 Can the Left Ignore Gay Liberation? []
  4. Para una lista sugerida por favor comuníquense conmigo a besot86349@mypacks.net []

  • Rios Avila

    Valiente y brillante comentario, Yoryie. Aplaudo tu capacidad de hacernos partícipe de tu proceso como activista radical, de las contradicciones y transformaciones que implica la búsqueda de la justicia, y de cuán doloroso y complejo es ese tránsito interno de nuestras convicciones. No puedo estar más de acuerdo contigo: el pensamiento de izquierda no puede ni debe reducirse a la lucha por los derechos civiles, que es el modo norteamericano clásico de reivindicación social, uno de cuyos pet projects ha sido el matrimonio gay. Es una premisa, sino falsa, al menos incompleta, porque parte del aserto de la clase media como el norte obligado y universal de todas las aspiraciones sociales. ¿Acaso el mundo entero aspira a llegar a la clase media, para que cuando eso ocurra (si ocurriese) entonces no hubiera nada más que desear? La búsqueda de la justicia tiene que aspirar a más, a mucho más. Tiene que ser más incómoda e impertinente. La desexualización de la causa LGBTT (que tú tan bien señalas) es precisamente  la señal más delatora de este debilitamiento de lo verdaderamente político en el seno del activismo pro matrimonio gay. Esa pérdida gradual del colmillo del deseo es una señal preocupante y delatora. Pero, por otro lado, ¿qué hacer? ¿A qué precio echamos a un lado los beneficios obvios de la paridad civil ante el estado, beneficios que le han costado sangre, sudor y lágrimas a tantos activistas comprometidos, por el hecho de que el ideal del matrimonio gay sea tan defectuoso y sospechoso? Aquí nos enfrentamos con una coyuntura crucial de lo político: tiene que haber un modo de conciliar la búsqueda de derechos con las verdaderas acciones transformadoras, un modo de que una lucha no se convierta necesariamente en una piedra de tropiezo para la otra. La izquierda radical tiene que aprender a negociar con la izquierda liberal, y viceversa. Me parece que ahí está el meollo del asunto. La izquierda radical sueña con pajaritos preñados si piensa que el mundo se transformará de un golpe, como el producto de una revolución fulminante, como se la imaginaba Marx.  Pero también la izquierda liberal peca de irresponsable e hipócrita si piensa que basta con sus pequeñas reivindicaciones, que basta con apaciguar los reclamos de sus minorías respectivas. Por lo pronto, hay que resexualizar la lucha política, hay que devolverle la libido a la rabia. Casarse no tiene que implicar caparse. 

    • Yoryie Irizarry

      Gracias Rubén! Muy acertado y bienvenido tu comentario! Coincido en tu identificación del meollo del asunto, cómo negocean la facción radical y la liberal! Hay trabajo que hacer!

  • GTorres

    Gracias, gracias y gracias a Yoryie y a Rios Avila, por aclarar y contextualizar las luchas de todos nosotros, y no solamente las de los LGBTT “clase medieros”, aspirantes a  “normales”.

  • GTorres
  • Lilliana Ramos-Collado

    Yoryie, yo no me casaría ni por health benefits. Te agradezco este texto porque es una visión justa y realista de este asunto. Además, el tuyo es un argumento contundente. Gracias también por el background y el blanqueao del movimiento LGBTT en los EU. Good to know que también este es un movimiento de derecha, a fin de cuentas. El matrimonio que conocemos es el matrimonio burgués del siglo XVIII, puritano y represivo, que imagina que tu pareja afectiva, tu pareja sexual y tu pareja económica debe ser la misma. Esto ha sido pésimo, sobre todo para nosotras las mujeres, ya que el encierro en la casa nos impide el jangueo para compartir el mismo doble estándar de los hombres. Sólo hace poco las leyes matrimoniales le están dando a la mujer los mismos derechos que a los hombres en términos de repartición de bienes y de beneficios compartidos en los matrimonios. Por eso NUNCA entenderé por qué alquien no obligado a casarse, querría casarse. Me paso leyendo columnas lacrimosas sobre el matrimonio y el verdadero amor, pero la alta tasa de divorcios será algo que nuestra comunidad también herede, seguramente. Con  el agravante de que será muy difícil divorciarse, precisamente porque estas leyes que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo son estatales. Y sin divorcio universal, y como están las cosas, es una tontería casarse sólo por beneficios. Badie va a hablar de los “maleficios” del matrimonio? Jajajajajaja Excelente, Yoryie, te felicito!!!!!!!!!!

  • Psosapr

    Muy buena esta informacion para que la gente se instruya y no tengan a este tiempo de la vida sus cerebros flacos con este tema.

  • Yoryie Irizarry

    Gracias Lilliana, muy acertado tu comentario incluyendo el género. Habiendo siendo mediador en varias separaciones gay/lésbicas, he visto como las dificultades que se presentan debido a género en los matrimonios hetero, se manifiestan de manera perniciosa, alineadas con lo económico en las relaciones del mismo sexo. Pero eso va a ser para otra reflexión. 

  • Deepak Lamba-Nieves

    Yoryie, gracias por esta nota. Me has puesto a pensar en varios asuntos, especialmente cómo ciertas figuras jurídicas-políticas sobreviven por su “incompleteness”. Categorías como ciudadanía, matrimonio y soberanía (entre muchas otras) están en constante transformación y aunque su evolución responde a coyunturas e intereses particulares, es posible pensar en las oportunidades políticas (y personales) que surgen a raíz de sus mutaciones. Gracias de nuevo. Sigo pensando…

  • Gminerva72

    En franco acuerdo, no puedo dejar de pensar en las aspiraciones y realidades de otros movimientos sociales, como los feminismos. El contraste entre lo que aspiraron y los enredos en las madejas reformistas obligan a repensar el trabajo político partiendo del rechazo a la pretensión de  reducirlo a lo jurídico.
    Tal vez sea necesario el recurso a la norma legal; sin embargo, me parece que incursiones en política pública requieren tomar el pulso de las contradicciones sociales. Apelar a la reivindicación del matrimonio, como gran institución burguesa, se vuelve plausible en un  momento en que los vínculos humanos son fieramente destruidos por el Capital. Marca además las formas en las que los márgenes son mercadeables. Atentos a las características del momento, la crítica de lo que está de moda es la única posibilidad para retornar a un trabajo político que sea algo más que obtener la bendición del estado o de la iglesia. Naturalmente esto requiere repensar interrogantes y posiciones: a favor de la tranquilidad que da el saberse parte del orden establecido o ubicado en el riesgo continuo de aquel que hace del afuera su destino.
    Gracias por la reflexión.

  • Beatriz Ramirez Betances

    “Unos para accesar beneficios de salud, otras para poder utilizar los
    dormitorios para matrimonios de la universidad donde iban a estudiar,
    otro para darle ciudadanía a su pareja (cosa que gays y lesbianas
    todavía no podemos hacer ya que las leyes que reconocen nuestros
    matrimonios son solo estatales), otras para poder bautizar sus hijos,
    dos o tres para comprar una casa, otros porque sus familias se lo han
    pedido, otras porque salían mejor rindiendo planillas como matrimonio!  “

  • Drplatizky

    Interesante pero, “No Comments.”

  • Anónimo

    Solo quiero hacer una aclaración. Los curas nunca se han casado, ni en la iglesia de Roma, ni en la iglesia ortodoxa. Lo que ha ocurrido es que se han ordenado hombres casados. Es una práctica todavía en las iglesias de rito oriental, tanto las que están separadas de Roma como las que están unidas a Roma. De hecho, el hombre tiene que casarse antes de ordenarse diácono. Si se ordena diácono y no se ha casado tiene que quedarse soltero. Siguiendo esa vieja costumbre la iglesia de Roma aceptó la ordenación de hombres casados para el diaconado. Si enviudase un sacerdote o diácono, sea en las iglesias orientales o en la de Roma, tiene que quedarse soltero.

  • Lilliana Ramos-Collado

    Aclaración a Manuel Domenech. Difiero de ti por una cuestión histórica importante: los sacramentos católicos como el celibato del clero, el matrimonio y la penitencia son casi simultáneos: se imponen entre el siglo XIII y XIV en una obvia movida de la Iglesia medieval de controlar los cuerpos de su “eklesia” (de su feligresía). Vale señalar que en la edad media el matrimonio era una cuestión fundamentalmente económica (una alianza entre familias que necesitaban asegurar la continuidad indivisa de sus bienes raíces) o política (alianzas entre feudos o entre las “naciones” emergentes). El amor y el matrominio no iban juntos, como documenta excelentemente Georges Duby en su libro “El matrimonio en la Edad Media” y en su opúsculo titulado “Damas del Siglo XII”. Otros historiadores como Cantor y Bloch también disertan sobre las realidades del matrimonio y sus fines claramente materialistas en la edad media. Para empezar, sólo se casaban los ricos. Los segundones ricos (sólo los primogénitos heredaban todo) no podían casarse, para no dividir las propiedades hereditarias, etc. Los pobres… olvídate de eso. La literatura y el arte de esa época claramente separan el amor de la titularidad de bienes mediante el matrimonio, y hasta es nortable la burla constante contra el matrimonio. Es interesante —según surge de una bibliografía creciente— que muchos cabildos y otras instituciones municipales, creaban y sufragaban prostículos para evitar las violaciones constantes de campesinas, lecheras y aguadoras, es decir, para salvaguardar a las mujeres pobres que trabajaban. De hecho, puede decirse que estos sacramentos que se dirigen al control de los cuerpos tienen que ver con la paulatina aglomeración de la propiedad feudal en la creación y el fortalecimiento  de las monarquías en esas naciones emergentes. No olvidemos que, hasta el siglo XVII existían todavía, entre los ricos y la alta nobleza, los llmados matrimonios “morganáticos” o “de la mano izquierda” (hey, Yoryie, otro elogio a los zurdos…) en que el rico comprometía parte de su hacienda con una amante “oficial”. Como caso muy notorio está el de Luis XIV de Francia, el “Rey Sol”, cuya esposa morganática fue la famosa Madame de Maintenon, caso estudiado por  Foucaul y por Derrida en dos ensayos delirantes. Por eso gente como Peter Gay, en su famosa tetralogía sobre la burguesía —”The Bougeois Experience: From Victoria to Freud”, especialmente en su tomo II, “The Tender Passion”— trabajan la invención del matrimonio burgués y su impacto en la sociedad. El interesante libro de Edmund Leites, “La invención de la mujer casta”, va por el mismo camino. Basta leer las novelas de Jane Austen —sobre todo “Pride and Prejudice”— para ver cuánto esta nueva idea de matrimonio impactó la posición y la titularidad de la mujer en los albores del siglo XIX. Sobre la penitencia, los libros de Peter Brown van al grano: aquietar los deseos del cuerpo se volvió algo esencial en el desarrollo del catolicismo desde los albores de la inglesia católica institucionalizada del siglo VII en adelante. En suma, la historia del matrimonio occidental desde comienzos de la iglesia católica tienen que ver con la represión de los cuerpos y con la tenencia indivisa de bienes y propiedades que acabarán en control de unos pocos laicos y de la iglesia. Si los curas o monjes podían casarse o no, la existencia misma del celibato como sacramento nos dice de qué se trató este control: más propiedades para la iglesia y para los ricos, menos libertad para los cuerpos de todo el mundo. Es decir, mi deseo se opone a tu posesión de bienes materiales. 

    • Lilliana Ramos-Collado

      Perdonen las erratas. No quise decir “prostículo”, sino “prostíbulo”… :-)

    • Anónimo

      Liliana, ¿de dónde sacaste que el celibato es un sacramento de la Iglesia? Eso es un disparte y demuestra tu ignorancia. Te sugiero que leas los Padres Apostólicos y la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea antes de hablar de historia de la iglesia. No repitas manuales, lee los documentos del comienzo de la iglesia cristiana. No es asunto de creer es asunto de datos.

      • Lilliana Ramos-Collado

        Tal vez no sea un sacramento… peor entonces: es una ley canónica. Eso no altera en absoluto mi argumento. Sea o no “sagrado”, el celibato tiene tal fuerza de ley que su resultado más obvio es la epidemia pederástica que estamos hoy viendo salir a la luz, pero que debe haber sido un mainstay desde el principio del celibato. Creo que desde el siglo XIV. Con llamarme “ignorante” no puedes de todos modos rebatir mi argumento de que la Iglesia católica, casi al mismo tiempo, sacramentó la penitencia y el matrimonio, y le empujó el celibato a su clero. ¿Eso no te da qué pensar, Manuel?

      • Lilliana Ramos-Collado

        Tal vez no sea un sacramento… peor entonces: es una ley canónica. Eso no altera en absoluto mi argumento. Sea o no “sagrado”, el celibato tiene tal fuerza de ley que su resultado más obvio es la epidemia pederástica que estamos hoy viendo salir a la luz, pero que debe haber sido un mainstay desde el principio del celibato. Creo que desde el siglo XIV. Con llamarme “ignorante” no puedes de todos modos rebatir mi argumento de que la Iglesia católica, casi al mismo tiempo, sacramentó la penitencia y el matrimonio, y le empujó el celibato a su clero. ¿Eso no te da qué pensar, Manuel?

  • Anónimo

    Lo que sí ha cambiado es que el Derecho Canónico exige el libre consentimiento de los contrayentes. Si no lo hay no hay matrimonio eclesiástico, o sea, es nulo. ¿Cuántas mujeres fueron forzadas a casarse? ¿Cuántas niñas y niños (como ocurre en comunidades gitanas y en algunas tribus musulmanas) se casaban por componendas?

    • Lilliana Ramos-Collado

      Muchas mujeres han sido forzadas de muchas maneras. Which is my point: control. Todavía ese forzamiento continúa: si no te casas, no tienes beneficios. Which is my other point. Por lo menos en la Edad Media se sabía que se trataba de componendas, y no de amor y deber, y por eso el amor se consideraba como algo fuera del matrimonio, puesto que el matrimonio medieval excluía, o no tomaba en cuenta, los afectos. Ahora, cuando el matrimonio burgués empata amor, procreación y finanzas, nadie quiere aceptar que se casa por sólo por finanzas o sólo por procreación. Which is also my point. La alta tasa de divorcios es testigo de la fragilidad de la institución  matrimonial que fuerza a la gente a empatar cosas tan disímiles como los chavos, los hijos y el deseo sexual/amoroso. De modo que considerar el acuerdo entre los contrayentes en una sociedad que moralmente no te da alternativa constituye un falso consentimiento, en realidad.

      • Anónimo

        ¿Si aplicamos la última oración a la sociedad puertorriqueña en general pordríamos decir que las elecciones en Puerto Rico son un fraude porque el estado, gobierno, o lo que sea, no da moralmente altenativas lo que constituiría un falso consentimento para gobernar?

        • Lilliana Ramos-Collado

          Sí, Manuel, podríamos decir eso. O podríamos hacer algo mejor: cambiar las reglas del juego. No seguir jugando en la misma cancha, que es la propuesta de Yoryie en su artículo: no recurramos a las instituciones heretosexuales que no funcionan ni para los heterosexuales.

  • Victor

    Digo yo, antes era más fácil ser pato.  La cosa empezaba alrededor de los nueve años. Te quedabas leyendo la Iliada mientras los vecinitos del barrio estaban jugando pelota, volando chiringas o reventándose la madre con los guantes de boxeo. En poco tiempo ya te sabías el nombre de las nueve Musas y todo el panteón griego y el egipcio también. Luego venían las tardes de ballet en el canal 6, lo que comenzaba a despertar las sospechas del padre, y aseguraba las burlas de los hermanos. La education sentimentale se iniciaba con la lectura de los paquines de “Susi, secretos del corazón” que sustraías del cuarto de tu hermana quinceañera. A ello se sumaban “El Principito” y “Juan Salvador Gaviota”, que redondeaban un mundo donde el amor y la felicidad eran un ejercicio de la voluntad. Entonces venía Chaikovsky y su “Patética”, refugio del aislamiento y consuelo de las depre. Este era el inicio a ligas mayores. Aquí comenzaba el verdadero trabajo: distinguir el Gruyère del Emmentaler, entre un damasquinado y la marquetería, separar la plata de la alpaca, reconocer un Battenberg y una silla Chippendale. Esto sucedía ya mayormente en Río Piedras, cuando conocías a una loca veterana que te encaminaba. El aprendizaje del francés era de rigueur, y ahí te ibas a las trompadas con media Facultad, para tomarlo con Ana Lydia. A menos que ya hubieses leído a Nietzsche. Aquello del “pathos de la distancia” te llevaba a aprender alemán. En un hospedaje de Santa Rita te iniciabas sexualmente. Ahí venían las distinciones: “medio pato” si lo que te gustaba era empujar, “pato” si cogías por el saco. La mamaera era como la muerte: nos igualaba. Los fines de semana le pertenecían a la disco. Meterse droga y  brincar con con La Perica (hablaba hasta por el esfínter), La Binaca (tenía peste en la boca), La Gusana (se arratraba con cualquiera) y La Pescueza (tenía más cuello que la Madonna de Parmigianino), pero con la vista puesta en el gringuito cuquero que venía por un fin de semana y no tenía tiempo para rollos. Lo demás estaba predestinado: bachillerato magna cum laude, beca para el extranjero, maestría y doctorado.
     Hoy es por un lado confuso, por el otro sencillo. Te aprendes las canciones de Lady Gaga, y con eso tienes. Ahora bien, te pierdes en el laberinto LGBTTFSC, no sabes si eres sólo “pato” sino también “queer”, si tu amigo es “queer” o sólo “metrosexual”. Tienes que evitar, por aquello de ser politically correct, palabras tan sonoras como “cachapera”, “tortillera” “maricón” y ”bucha”. Te tienes que leer toda la teoría posmoderna y perderte en debates si el “Don´t ask don´t tell” es una verdadera conquista o un subterfugio del establishment heteronormativo para soliviantar el revertimiento del poder que emana de las estructuras condicionadas por la ganancia ininterrumpida de modelos dialécticos que buscan subvertir el discurso tradicional para establecer una nueva norma social contestataria caracterizada por la entelequia supra-sexual y aquello que Saint-Mamelle llamó “la auto-afirmación de la conciencia individual del yo tornado colectividad”.
     Digo yo, antes era más fácil ser pato. 

    • Rios Avila

      Víctor: Su-bli-me. 

    • Yoryie Irizarry

      Gracias por este comentario Victor, ha sido lo mejor que le pudo pasar a mi café mañanero y dominguero. Gracias por este recorrido por un pasado fácil, siempre lúdico! Los fines de semans siempre fueron nuestos, y la semana era sólo el tiempo para recobrarnos y recargarnos para el próximo. Coincido, que fácil era antes! :-)

    • Lilliana Ramos-Collado

      Estoy emocionada, Víctor. Creo que tú y yo tenemos la misma edad, aunque yo recuerdo lo que pasó entre las muchachas… :-) Para nosotras no era más fácil antes: ser mujer siempre fue un problema de entrada, de cara incluso a la comunidad gay. Sí era más fácil en un sentido: todas éramos buchas o femmes. Yo era demasiado linda para ser bucha, pero demasiado fuerte para ser femme. Me caí por las fisuras del género. Y cuando toqué fondo, me dí bien duro. Descubrí que era más barato ser bucha (la ropa de hombre es más barata) y no me resultó exitoso saber la diferencia entre una butaca Baker y otras butacas del montón. Muchas veces deseé ser un chico gay, pero, como ya dije, yo era demasiado linda. Buen comentario, Víctor. Me lo gocé!

    • Manolo

      genial!

  • Bernat Tort

    Yoryie y Rubén:

    “Every subject is political.  This is why there are few subjects and rarely any politics.” Alain Badiou—Theory of the Subject

    Yoryie, tu columna, y Rubén, tu comentario, apuntan a la médula del problema político que más me convoca en estos días.  ¿Cómo mediar/bregar entre lo verdaderamente político de los reclamos de la izquierda radical y las reivindicaciones reformistas de la izquierda liberal?  Reformas estas que, a pesar de no resolver el problema subyacente y en ocasiones –y este es el verdadero problema—invisibilizar, neutralizar y claudicar a la radicalidad de los reclamos originales, hacen, sin embargo, la vida más vivible, no para todos, pero para los cada vez más.  (Es la misma  problemática que nos había traído Anayra, allá para su segunda o tercera columna (“Un puente sobre el abismo”), entre trabajar para aliviar el dolor/las-condiciones-de-supervivencia presente de una comunidad o trabajar en el presente para transformar radicalmente en el futuro las estructuras que hacen ese presente doloroso posible.)

    En última instancia el problema es de consistencia (lo que Badiou llama “consistencia ética o subjetiva”).  ¿Cómo lograr balancear la búsqueda de subsistencia (v.g. las condiciones materiales de posibilidad del animal humano que somos), y mantener fidelidad al evento que me constituyó en sujeto político, que me hace alzarme sobre mis intereses individuales y lanzarme a cuidar los intereses-desinteresados de una verdad, política en este caso?  Para poder saber si esta consistencia se mantiene en cualquier proceso de verdad hay que identificar cuál es el evento que convoca o genera la fidelidad de un sujeto y qué sujeto es que se forma en este proceso de verdad.

    El evento en este caso, según lo expones, son los disturbios de Stonewall y la pregunta es: ¿La verdad a la que nos convoca Stonewall es a la lucha por los derechos de los homosexuales o a la radicalización y subversión de las coordenadas del deseo en la sociedad burguesa?  Si contestamos la primera, entonces no estamos hablando de un proceso de subjetivación política ya que, como bien dices tú y Rubén, se trata de un reclamo de integración en las coordenadas preexistentes del deseo.  Si contestamos la segunda entonces estamos ante el origen de un proceso de formación de una nueva subjetividad política.  La diferencia estriba en lo que Badiou llama las identidades sindicales y el sujeto político propiamente hablando: 

    “[W]e have something which has its raison d’être, but which is necessarily of the order of a demand for integration—that is, of a demand that one’s particularity be valued in the existing state of things.  This is something commendable, even necessary, but it is not, in my opinion, something to be inscribed directly in politics.  Rather, it inscribes itself in what I would generally call ‘syndicalism’ [trade unionism]—that is to say, particular claims that seek to be recognized and valued in a determinate relation of forces.  I would call ‘political’ something that—in the categories, the slogans, the statements it puts forward—is less the demand of a social fraction or community to be integrated into the existing order than something which touches on a transformation of that order as a whole.” Alain Badiou, Politics and Philosophy: an Interview with Alain Badiou

    Esta diferencia entre lo sindical y lo político es la que traté de establecer en mi columna “La vergüenza de lo Humano” entre lo gay y lo queer.  Y como tú bien me criticaste por text, esta columna sufría de una grave inconsistencia.  Cuando hablé del doble chequeo entre los personajes de Alegría y Collazo, y caracterizé el segundo chequeo como un cerciorarse de que el otro “también era gay”; me dijiste que estaba equivocado, que ese segundo chequeo consistía en un cerciorarse de si el otro “estaba dispuesto a la invitación al deseo (queer)”.  Te di la razón inmediatamente; este deseo es previo a la identidad sindical: LGBTT.  Y es ese deseo el que constituye al sujeto-queer que surgió de Stonewall.  No sólo ese deseo, que así sin más es sólo una determinación del individuo animal que somos todos, sino la voluntad de quebrar la fibra que codifica el deseo en la sociedad capitalista postindustrial.  De eso fue de lo que trató “Stonewall”, de un “forcing” de un deseo que no estaba contenido entre las posibilidades que constituían la realidad.  Siguiendo a Lacan, Badiou distingue entre la realidad y lo real y dice lo siguiente:

    “We need a theory of the pass of the real, in the breach opened up by formalization.  Here, the real is no longer only what can be lacking from its place, but what passes through by force.” Alain Badiou-Theory of the Subject

    Este “pasar por la fuerza” o “a las malas” es de lo que se trata la actividad política.  Cualquier otra cosa es mera redecoración del statu quo.  El nombre de la barra no podía ser mejor: Stonewall.  Romper una pared de piedra, salir por el agujero de tal ruptura, forzar un “diálogo” con una comunidad que no quiere tenerla. Democracia radical; democracia a las malas; entre puño y macanazo.  Ahí radica lo político; y sin embargo…

    Y sin embargo, tenemos que en el ínterin de esta ruptura se han generado las condiciones suficientes para que se cuele, en el discurso de la democracia representativa, en el discurso de la normalización, en el discurso de las identidades y los reclamos sindicales de la izquierda reformista liberal, la posibilidad de extender los beneficios del matrimonio a las parejas homosexuales.  ¿Qué debemos hacer los que estamos compelidos por la fidelidad al sujeto político que surgió de Stonewall?  La pregunta sería: ¿Le es infiel, necesariamente, aquel individuo que se casa, buscando mejorar su vida individual, al sujeto político cuyo proceso de verdad consiste en construir las condiciones de posibilidad de un mundo donde las diferencias que permiten que unos pocos (los casados) se privilegien de beneficios, beneficien a todos?  ¿Implica una claudicación política velar por los propios intereses en lo que se resuelven los de todos?

    La respuesta a ambas preguntas es sí y no.  Sí, si al hacerlo te crees el cuento de los derechos civiles/jurídicos como único bastión de emancipación; sí, si al casarte te das por satisfecho y te pones tu corbata y juegas a ser normal; sí, si permites que esas migas jurídicas te obliguen a participar de las formas públicas características del estado de derecho burgués; sí, si conviertes a Ricky Martin en el “poster boy” del movimiento y guardas a Mapplethorp en el closet; SÍ—un gigantesco SÍ—si te dejas capar—para usar la frase de Rubén—en el proceso.

    No claudicas, ni le eres infiel al sujeto político del activismo gay, si ves en esta flexibilidad un gesto de consistencia ética. No, si te compadeces del que fue echado a la calle, luego de décadas de relación, por la familia homofóbica de su ahora difunto compañero.  No, si crees que la última palabra sobre si se desconecta o no el tubo del respirador artificial la debe tener quien ha compartido la cama, el corazón y el alma del paciente o sus familiares religiosos que lo desheredaron años atrás.  No, si comprendes lo duro y difícil que es vivir el lugar de lo abyecto.  No, si pese a la “victoria” sigues encojonao y activado y no olvidas el sujeto político—el Inmortal como lo llama Badiou—que te anima a la militancia, que te anima a decir: “Bueno chévere, ahora nos podemos casar ¿y ahora qué?  ¿Y el deseo queer qué?  ¿Y la revolución de la carne qué?  ¿Y descojonar el concepto de monogamia qué?  ¿Y reivindicar el sexo casual y anónimo qué?  ¿Y el “glory hole” y el hacer baños qué?   ¿Y los bichos con bichos, las chochas con chochas, y los bichos en chochas que antes eran bichos y las tetas que eran tetillas, y los cachetes imberbes que ahora ostentan cabellos qué?”

    El problema es la forma y calidad de nuestra relación/participación en y con el Estado.  Creo, con Badiou, que no podemos bajo ningún concepto participar del y dentro del estado:

    “And I think that this is because, in order to participate in electoral or governmental representation, you have to conform to the subjectivity it demands […s]o we must keep our distance from this subjective figure of politics.  For us this means, concretely: don’t stand for election, don’t vote, don’t expect anything from any political party.  Which in no way excludes the creation of those conditions that might compel those within the parliamentary system to make a particular decision.” […]  “This is not to say that we participate in the state.  We remain outside the electoral system, outside any party representation.  But we include the state within our political field, to the extent that, on a number of essential points, we have to work more through prescriptions against the state than in any radical exteriority to the state.” Alain Badiou, Politics and Philosophy: an Interview with Alain Badiou [oraciones reordenadas por mí]

    Lo que no quiere decir, como se ve en la cita, que el estado no esté en nuestra mirilla a la hora de hacer lo que hacemos, de activar lo que hay que activar, de protestar, de generar los espacios, los sujetos, y las prácticas que obliguen al estado a reacomodarse y a hacer-“nos” más espacio.  La función de la izquierda radical es actuar “como sí” el estado no existiese, para generar las condiciones necesarias que permitan desde el estado, o al menos desde sus representantes en la izquierda liberal, comenzar a articular un discurso, y a actuar y reclamar desde ese discurso los cambios y las reivindicaciones de la izquierda radical.  La izquierda radical tiene que “forzar” el discurso de tal modo que en el discurso liberal se cuelen nuestras verdades, cual si se cayeran de la mata, cual si se tratase de derechos inalienables.

    Te felicito porque tu texto ejemplifica ese proceso de búsqueda de consistencia ética que resulta ser el sujeto activista gay, que puede y debe balancear la radicalidad inmortal de una lucha con la necesidad—humana demasiado humana—de unos cuantos, de poder vivir un poco mejor, aquí y allá.

    Quiero terminar dirigiendo una genuflexión virtual a Víctor, por su texto (que se debería publicar independientemente).

    Bernat

  • Titotero

    Yoryie, com te dije antes, yo soy de los heteros que no se ha casado.  Y al happy marriage le sigue el unplesant divorce.  Buen articulo.  Un abrazo.

  • Radamés

    Muy bueno Yoryie… este ángulo no lo había pensado.  No creo en la institución del matrimonio, pero es bueno tener el derecho y decidir si ejercerlo o no. Un abrazo.

  • Radamés

    Muy bueno Yoryie… este ángulo no lo había pensado.  No creo en la institución del matrimonio, pero es bueno tener el derecho y decidir si ejercerlo o no. Un abrazo.

  • Radamés

    Muy bueno Yoryie… este ángulo no lo había pensado.  No creo en la institución del matrimonio, pero es bueno tener el derecho y decidir si ejercerlo o no. Un abrazo.

  • Radamés

    Muy bueno Yoryie… este ángulo no lo había pensado.  No creo en la institución del matrimonio, pero es bueno tener el derecho y decidir si ejercerlo o no. Un abrazo.

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