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A propósito de los riñones


I

Ni buenos ni malos: al menos no por nosotros mismos. No tenía razón Hobbes al afirmar que el humano es un lobo para su semejante. Tampoco la tenía Rousseau cuando partía de una innegable nobleza que sólo la sociedad corrompe. La mayor parte de las veces somos tan buenos o tan malos como son las instituciones a través de las que actuamos. Las acciones “cara a cara” o en la esfera pública son sólo una pequeña parte de nuestras acciones morales, aunque resulte una parte importantísima por su visibilidad. Mediante estas acciones que los otros observan o en las que participan, construimos y expresamos ese intangible tan valioso llamado carácter y damos a otros información valiosa sobre qué esperar de nosotros en materia moral. No es, sin embargo, en estas interacciones cotidianas que la mayor parte de los humanos participan en la generación de las grandes tragedias de nuestros tiempos. Para ello, necesitamos brazos de más largo alcance y ojos con menos  capacidad visual. Nuestra participación en el desorden del mundo se produce a través del encadenamiento de acciones que se tejen a la sombra de las instituciones transfronterizas de las que somos parte. En la sociedad del espectáculo, lo que vemos tiene poco que ver con lo que pasa.

Mientras ponderamos si algún representante cometió delito o falta administrativa al no pagar la luz, se prolonga e intensifica a oscuras la explotación de miles de trabajadores cercanos y distantes de cuyo trabajo nos beneficiamos.  Agobiados por el encarecimiento del kilovatio en una isla que vive de espalda al sol, desoímos los llamados de atención global sobre la vertiginosa velocidad con la que menguan recursos irrecuperables como el petróleo o indispensables para la vida, como el agua potable. Preocupados como estamos día a día acerca de nuestra menguada capacidad de consumo, no nos percatamos de las privaciones que sufren cientos de localidades productoras cuando a través de la exportación redirigen a nosotros bienes patrimoniales. Acostumbrados a una de las tasas de participación laboral más bajas del mundo, no nos damos cuenta que para satisfacer nuestros patrones de consumo se imponen a escala mundial formas de producción que van declarando como excedentes a generaciones completas de jóvenes y viejos. Miles y miles de desempleados pasarán de parados a inmóviles por más que los políticos accedan a “flexibilizar” los mercados laborales haciendo que el trabajo pierda todo el cúmulo de reivindicaciones que lo acercaron alguna vez a la forma humana. Afortunadamente para el capital –y los autoritarismos varios en los que descansa– seguimos pensando la ética como si no hubiéramos salido nunca de la aldea. Seguimos circunscribiendo el análisis moral a las interacciones inmediatas y directas. Es como si toda la dimensión ética de la vida cupiera en las páginas del diario local, mero suplemento letrado al amparo del rumor de los pasillos donde pasamos revista de las acciones del prójimo.

Sin embargo, la ética es más que el staccato de los juicios de portada. Quien troncha su futuro político un viernes resucita al tercer día entre los muertos de su partido. Los que no resucitan son los muertos de a de veras, cercanos o distantes, a los que la maquinaria que reproduce nuestra vida cotidiana tritura por acción u omisión. Y nosotros seguimos sin saber nuestra parte en la trama, los ojos fijos en el apuntador de los titulares que muy poco nos dice sobre el diseño moral de las instituciones en las que laboramos, pagamos impuestos, hacemos depósitos o compramos bienes y servicios. Como no sé cuales son las sinuosas rutas por las que transita el dinero que deposito mensualmente, no tengo que contemplar el detritus que éste puede producir a su paso. Ni enfrento desconsuelo alguno ante el desorden ambiental y las vidas disminuidas que produjeron camadas sucesivas de mi reluciente iPad. Mientras el mundo permanezca moralmente tan opaco, me consuelo con saber que los empleados chinos de Foxconn no cumplieron la amenaza de suicidarse en masa al no recibir el aumento prometido y que al menos Apple, cuyo valor en la bolsa excedió el año pasado al de cualquier otra compañía estadounidense, anunció un aumento del 25% en los míseros salarios que paga en yuanes. No sé quién salvó esas vidas. Ni por cuanto tiempo. Mucho menos qué pude, si algo, haber hecho yo junto a los millones de dueños de iPhones.

Una de nuestras tareas académicas más urgentes es combinar la teoría social y política con las perspectivas éticas para aprender a mirar más allá de las superficies aparentemente lisas de lo económico y lo social. Necesitamos aprender para enseñar. Enseñar para actuar. Actuar para corregir. Desarrollar, a través de las interacciones cotidianas, el carácter que nos permita asumir las consecuencias que dicte el cambio.

II

No es una tarea ociosa hacer del mundo un lugar menos opaco moralmente. Ni está reñida con luchar con ahínco por el rediseño institucional en todas las instancias, incluyendo al Estado y las redes supraestatales. A veces, contra una de esas superficies aparentemente lisas de lo social, prístina por las premisas de fondo incuestionadas, se cuelga como en un muro una historia reluciente que sirve de ejemplo. En la portada del New York Times del domingo 19 de febrero, treinta rostros (sólo uno de ellos anónimo) conforman la cadena de donantes y receptores de riñones más larga de la que se tenga noticia. A través del análisis de datos clínicos recogidos en 58 de los 236 centros hospitalarios que hacen trasplantes de riñón en los Estados Unidos, un hombre de nombre Garet Hil encadenó el destino de 30 pacientes necesitados de un riñón con el de 29 donantes que resultaron histológicamente incompatibles con el paciente que originalmente habían tratado de ayudar. El National Kidney Registry, entidad fundada por Hil, logró coordinar los 30 transplantes a través de una sencilla propuesta. Si cada donante fallido donaba a otro receptor en la cadena de solicitantes, se le aseguraba al paciente que no pudo beneficiar un órgano compatible.

Usualmente pensamos el donar y recibir como una transacción en díada. Uno da, el otro recibe; quizá, mañana, intercambiemos roles. Lo que permitió el análisis de datos que realizó Hil –un exitoso empresario de Long Island con un MBA de Wharton y una hija con nefronoptisis– fue la introducción de los vínculos esenciales para hacer productiva esa relación inicial de dos. Sin embargo, la figura de un intermediario que nos permite hacer el bien que por nosotros mismos no podemos, no es lo que hace moralmente excepcional a la Cadena 124, como se le conoce a esta sucesión particular de donaciones. Lo que potenció moralmente el gesto de cada donación inicialmente frustrada es que la propuesta de Hil permitió redirigirla a un desconocido. Como no podían hacer el bien que querían, Hil posibilitó a los donantes fallidos hacer el bien que no querían, salvando a su vez la intención de ayudar a quien no pudieron. La díada original permaneció intacta sólo a nivel de la intención. Cada acto de donación se descompuso en dos partes: la mera intención del donante que colocaba a su paciente en la lista de posibles receptores y el acto mismo de donar (siempre posterior a la intención) que salvaba la vida de un desconocido. Cada donante con su gesto salvó dos pacientes en vez de uno. Así, donar en estas circunstancias afirmaba el valor de dos vidas hasta el momento moralmente dispares: la conocida y la desconocida.

Once meses tomó la serie de operaciones que vinculó al primer donante –quien no requería que le reciprocaran su donativo pues no tenía un donante fallido– con el último, que no tenía a nadie dispuesto a donarle nada. Una posibilidad late en el corazón de esta noticia. Parecería que si alguien nos dijera a diario que un conjunto de acciones salva la vida de alguien sin acabar con la propia, más gente de lo que uno podría sospechar estaría dispuesto a honrar la vida del prójimo a pesar de riesgos e inconvenientes innegables. Al menos uno en sesenta, si la Cadena 24 es un ejemplo. Otros veintinueve estarían dispuestos a hacer lo propio si con eso benefician por igual a alguien que conocen. Si nos diéramos a la tarea de volver al mundo una región moralmente más transparente, ¿no podríamos aprovechar tanta bonhomía?

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  • Vale_santiago94

     Vivimos en un mundo donde nos arropa el individualismo cada  ves más. Las pesonas no se interesan por saber como llegaron al lugar en donde etán solo les importa mantenerse en el. Me parece refrescante saber que hay personas que las muve el simple hecho de ayudar. Buen artículo.

  • Coralys_57

    Este articulo me parecio uno bien intersante por que nos habla de la importancia que tiene el podernos educar para enseñar a generaciones futuras los valores que se han perdido. 

  • Claudio Raúl Cruz Núñez

    Para pensar, para sentir, para amar Anayra.   Empatía es lo vital.  Ante el individualismo atroz, la poesía del compartir, el deseo de la reciprocidad de la existencia.  Hay que salir de nuestras vidas pequeñas y caminar con el vecino, con el amigo, con los que esperan una oportunidad.

    Buena reflexión para el fin de semana.

  • LMO

    Nuestra sociedad necesita ayuda y no es algo dificil de ver! Necesitamos adquirir conocimiento para poder enseñar a los que vienen detras.  Una sociedad sin conocimiento es como una planta seca que no puede dar ningun fruto.  A esta falta de conocimiento hay que añadirle la falta de informacion de la donacion de organos, existe un miedo en la mente de las personas pero ese miedo hay que cambiarlo.  Hay que informar a la gente sobre el procedimiento, los riesgos y sobre todo de los beneficios de la donacion.

    LMO – UPRA

  • Alejandro

    Este es
    un  artículo muy interesante que nos da
    una imagen de como esta nuestra sociedad actualmente.  Me gusto mucho el concepto de “aprender
    para enseñar, enseñar para actuar y actuar para corregir”.  Es un buen principio que se debe poner en práctica.
    Me gusto el
    detalle de las donaciones de los riñones. 
    Esto deja saber que todavía no toda la moral se a perdido en este mundo
    que todavía hay esperanzas para mejorar solo temeremos que dejar de hacernos
    los de la vista larga y empezara a ver e interesarnos por conocer y mejorar
    nuestra sociedad poco a poco.
    Alejandro Medina
    UPRA

  • NRA

    Muy interesante el artículo!!! Me impresiono el hecho de los donantes de organos. Es icreible que nuestra sociedad no este dispuesta a brindar su ayuda a los demas sin antes estar primeros seguros de que a ellos no les va a suceder nada negativo. Hoy dia las mayoria de las personas, por no decir todas, se sientan frente a los televisores a criticar a los “politicos” por su falta de moral o por otras cosa, pero ninguno de ellos son capaces de levantarse y poner en marcha un plan que ayude a que esta sociedad salga a flote. Las cosas no se logran de la noche a la manana pero si cada uno pone su granito es posible que todo cambie. NRA UPRA

  • C.M.

    ¡Simplemente increíble! Me encantó la idea de “aprender para enseñar, enseñar para actuar y actuar para corregir”. Todos deberíamos poner este principio en práctica. Otra detalle que me impactó fue el de las donaciones. Es increíble que haya que ofrecer seguridad a cambio de una buena acción. Sin embargo, sin importar que impulsó dicha acción, es recomfortante saber que aún hay personas dispuestas a causar un impacto positivo en la sociedad.

  • Mariam Perez Mercado

    Este es un articulo muy interesante que nos permite reflexionar acerca de como se encuentra la sociedad en la que estamos viviendo nos abre mas los ojos, nos deja ver la importancia de seguir educándonos para poder llevar e inculcar en nuestro país la importancia de la moral.

  • Kisbel Vega

    Un artículo
    interesante en el cual se reflexiona mucho acerca de la sociedad en la cual estamos
    viviendo. No todo es lo negativo también esta la propuesta de Garet Hilya que
    es un ejemplo de un recurso para ayudar a mejorar la sociedad. 

    Kisbel Vega Castillo

  • Montes Marian

    Nosotros los jóvenes que nos estamos educando en este momento para poner nuestro granito de arena en este mundo, estamos recibiendo un pobre ejemplo de moral de parte de nuestros dirigentes, en todos los sentidos. En un momento dado tienen la confianza del pueblo, pero la mayoría nos falla despues mostrando un comportamiento inadecuado mostrando su falta de honestidad, justicia y eficiencia. Estoy de acuerdo y sería de mucho beneficio aplicar lo que propone como tarea académica de combinar la teoría social y política con las perspectivas éticas porque en realidad necesitamos aplicar lo de aprender para enseñar, enseñar para actuar y actuar para corregir.  Qué oportunidad tan grande pierden nuestros representante y líderes de educar con su ejemplo.

    Por otra parte dentro de todo lo negativo que respiramos, siempre hay esperanza como lo presentado en su artículo en relación  a Garet Hil y su propuesta.  Es un acto de solidaridad en el es necesario expandir y darlo a conocer, ya que es un recurso para poder salvar más vidas y más posibilidades de esperanza para tantos hermanos que necesitan de un milagro y se mantienen en la espera que alguien les pueda proveer la esperanza de continuar viviendo o vivir con una mejor calidad de vida.  Es un contraste con la primera parte de su artículo, que nos muestra que no todo está perdido y que todavía quedan personas con las que podemos contar; que rigen sus vidas con un alto sentido de moralidad.

    Gracias por brindarnos sus conocimientos y ser parte de nuestra historia.

    Marian Montes Fernández
    Estudiante UPR Arecibo

  • Giselle Delgado

    Excelente e interesante reflexión.  Me puso a pensar mucho y analizar muchos aspectos de la vida.

  • Lilliana Ramos-Collado

    Excelente reflexión, Anayra. Me recordaste, desde el principio, ese impresionante ensayo largo de Diderot, “Carta sobre los ciegos”, donde el protagonista ciego, al preguntársele si quisiera tener ojos, contesta: “Yo preferiría mejorar los sentidos que ya tengo, como tener brazos más largos para tocar la luna, y así vería mejor y más lejos que si tuviera ojos.” Esa indexicalidad que permea todo el ensayo de Diderot —y que Kant rescata en su Antropología— es importante hoy que vivimos la distancia de la mirada y de la distancia de la red. Por más que la red nos haga sentir cercanos a otros en cualquier parte del mundo, lo cierto es que no podemos tocarle de forma palmaria y concreta. Estamos aboliendo el tacto. La recuperación del sentido del tacto como sentido principal de la vida “al alcance de la mano” resulta ser hoy vital. La llamada “alienación” o “enajenación” tiene todo que ver con recuperar la cercanía del otro cuerpo, y con esa seguridad que da el tacto de que el mundo, en realidad, “existe” ganaríamos en confianza y atenuaríamos la eterna suspicacia ante el Otro. Así lo manifestó hace muchos años Bertolt Brecht en su obra breve “En la jungla de las ciudades”: “estamos tan lejos unos de otros en la ciudad que nos conformamos con un golpe con tal de ser tocados por el vecino para saber que existe y que existimos”. Un regreso al abrazo, un regreso al beso de la amistad y del amor —como nos recuerda Yoryie irizarry en su también excelente artículo en esta misma edición de 80 grados— puede darnos poco a poco la certidumbre de que, en efecto, hay otros, hay vida más allá de la soledad a la cual nos destina la mirada. Es en el rescate de la materialidad del cuerpo del otro que podemos comprender la urgencia de un riñón, su realidad, el hecho de que un riñón nuestro pueda estar contenido en el cuerpo del otro. Es una manera de “tocar” al otro desde dentro de su propio cuerpo, un “tocar” radical, dramático, que, como cada acto de tacto, dará vida. Gracias, Anayra.  Me encantó. Me pusiste a pensar long and hard en lo que yo llamaría “una ética del tacto”. :-)

    • Anayra

      Liliana,

      Gracias por tu lectura y las ilustres referencias.  Seré la primera en buscarlas.

      Una hermosa propuesta: una ética del tacto versus las éticas del cálculo que han caracterizado la modernidad.

      Hay muchos ángulos que se quedan en el tintero a propos de esta noticia. Me conmueve el reto a la sacrosanta noción de propiedad privada.  Quien dona un órgano pone en tela de juicio que la propiedad privada sea una noción tan potente como trescientos años de liberalismo nos han hecho creer.  Quien se levanta una mañana y lo dona a un desconocido pone en entredicho toda la institucionalidad vigente que ha permitido el desahucio de mas de 2 millones de familias.

      Buen fin de semana.

      Anayra