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Ahora viene la parte “scary”


Ahora viene la parte scary. Entregarle las llaves del carro al nene de la casa”.

El comentario no es mío. Es de uno de los colaboradores de Alejandro García Padilla a quien llamé para felicitar a minutos de confirmar que había ganado las elecciones. Las ganó raspando. Pero las ganó. Sus asesores y sus estrategas están bien conscientes de cómo y por qué finalmente se impuso por un estrecho .7 por ciento, aunque algunos nunca lo admitan públicamente.

En el manual de política electoral las victorias no se explican, se proclaman y se disfrutan. Las derrotas son las que buscan excusas. Ya vemos cómo los derrotados están tratando de hacer limonada del vagón de limones que le dejaron a la puerta.

La parte scary –la que da miedo, la espeluznante– del triunfo de Alejandro García Padilla es cómo va a gobernar. Ni su peor enemigo deja de cogerle pena cuando piensa en lo que hereda y lo que le espera a este joven e inexperto gobernante. Todos los ojos están puestos en la selección de su equipo de trabajo y en su capacidad para trascender un ilusorio triunfalismo partidista para hacer buena su oferta de última hora de reconciliación, convergencia y recuperación nacional.

Las elecciones del martes pasado en su significado histórico no se limitan al resultado de la gobernación. Ese resultado es el más simple de digerir y analizar porque se trata de la anticipada derrota de Luis Fortuño. Estas elecciones, sin embargo, impartieron muchas más lecciones y provocan análisis mucho más complejos. Hay cuatro eventos que podrían resumir el significado auténtico de este sufragio: el resultado general, el de la alcaldía de San Juan, el de los partidos emergentes y el del plebiscito.

Todos, sin excepción, tienen su parte scary, que empieza ahora.

Lo que nadie porfía y sencillamente goza o llora –literalmente– es la Yulinmanía. Carmen Yulín Cruz Soto se ha quedado con el canto. Opaca todo el resultado eleccionario a nivel nacional con su hazaña en San Juan. Sin duda, Yulín es la estrella de las elecciones del 2012. La parte ‘scary’ del triunfo de Carmen Yulín viene también ahora: vivir a la altura de ese estrellato sin ensoberbecerse y desenredar los entuertos de una autocracia descarada, entre otros.

El fracaso estrepitoso de los partidos de minoría es otro resultado que por más que tratemos de explicar, nos humilla. Ser minoría no es el problema. La historia confirma que son las minorías las que la mueven. Con un 2% se hace una revolución y 4.6% es más que 2%. Pero no hay nada de qué enorgullecerse con tanta pasión como lo hacen algunos, ni siquiera con caritas felices. Algo hicimos mal, algo estamos haciendo mal y obviamente algo seguiremos haciendo mal si no hay propósito de enmienda. La parte scary  de este resultado empieza también ahora. ¿Está dispuesta la izquierda a reinventarse para que el país la respete?

En cuanto al plebiscito, los resultados van de lo sublime a lo ridículo. Lo sublime es que la mayoría del pueblo puertorriqueño rechaza seguir siendo colonia de Estados Unidos. Lo ridículo es que alguien reclame que la mayoría quiere ser estado, o estado libre asociado en cualquiera de sus dos vertientes. Las fórmulas en la segunda parte del plebiscito del martes pasado se cancelan una a la otra. El ridículo ya lo hicimos también a nivel internacional y está harto documentado. La parte scary viene ahora. ¿Qué va a hacer Estados Unidos, si algo?

Alejandro García Padilla

Alejandro no amaneció más sabio el 7 de noviembre. Su cortedad intelectual y política se levantó intacta. De ahí la frase que da inicio a este escrito y que encierra la realidad de lo que sus propios estrategas y asesores sabían. Alejandro era el peor candidato. Fortuño perdió.

Para su beneficio, la misma noche de las elecciones se produjo un cambio evidente en el porte del candidato ya electo. Comenzando en el viaje filmado estilo O. J. Simpson por calles y avenidas expreso hasta la sede del Partido Popular Democrático, Alejandro se soltó. Desapareció el chamaco tartamudo y muchas veces confundido de la campaña para dar paso al hombre joven vital, alegre y chévere que cautivó al país como Secretario del DACO.

Lo que me confirma lo que supe durante la campaña y por su carácter de información privilegiada nunca usé. Ahora ya no importa, pero tampoco revelo la información ni las fuentes, sólo mis conclusiones. Los estrategas y asesores fueron erráticos. Recibió muchas veces dobles mensajes en cuanto a cómo comportarse como candidato. No fueron muy efectivos en darle confianza en él mismo. Por alguna razón íntima de su psiquis, Alejandro se sentía muchas veces que tenía que ser tan políticamente versado como su hermano Tato (Juan Carlos, alcalde de Coamo) o tan intelectualmente completo como su hermano Tony (Antonio, ex presidente de la Universidad de Puerto Rico). Siempre hubo quien le dijo “Se tú.” Pero eso era muy difícil, particularmente con el bombardeo sobre su mediocridad intelectual y política en los medios de comunicación, incluyendo el que tuvo de mi parte.

Por otro lado, el candidato, siendo genéticamente inteligente tenía que darse cuenta de que algo andaba mal en la estrategia que le imponían y eso obviamente debía agravar su inseguridad. La estrategia inicial de pescar un tonel de votos en la derecha no resultó. Como algunos anticipamos, a lo que podían aspirar era a una gran abstención de desafectos de Luis Fortuño. Porque los estadistas no votan por el Partido Popular. Unos 75 mil electores de Fortuño lo dejaron solo, según admisión del propio comisionado electoral del Partido Nuevo Progresista. Esos estadistas no salieron raudos y veloces a votar por Alejandro. No fueron a las urnas, punto. Al final, Alejandro tuvo que recurrir a la izquierda y le dio resultado. Ganó raspando con un .7%.

Ahora viene la parte scary. Si da el grado. Alejandro García Padilla enfrenta un montón de retos enormes. Sólo voy a mencionar tres: (1) Formar un equipo de trabajo que le dé balance a sus limitaciones. En otras palabras, reconocer sin recelo el talento y peritaje para ponerlo a trabajar para el país sabiendo que el crédito final será para él si tiene éxito. El maestro de esa estrategia lo fue Luis Muñoz Marín. (2) Liderar un partido dividido que tiene que reorganizarse y en el que él no se encuentra en mayoría.  Los soberanistas y los aliancistas del PPD demostraron ser más y convocar más que la derecha asimilista que él optó por representar. Un botón de muestra es la victoria rotunda de Carmen Yulín en San Juan. (3) La nueva crisis económica que anticipan los economistas y que le plantea la posibilidad de tener que desnudarse ante el país bien pronto con las cosas que podrá y no podrá cumplir de su programa de gobierno antes de que se enrede en sus propios pies como Fortuño y empiece a echarle la culpa por todo al gobierno anterior.

Una vez prenda el carro, que se ajuste bien el cinturón de seguridad porque el viaje que le espera es vertiginoso. Nosotros cruzaremos los dedos.

Carmen Yulín en San Juan

Lo peor que le pueden hacer a Carmen Yulín es continuar con la campaña de postularla como futura candidata a la gobernación. Le están buscando enemigos de gratis dentro y fuera de su partido. Le están poniendo una presión innecesaria sobre la que ya tiene.

No hubo milagro. Yulín siempre estuvo segura de su triunfo y muchos de los que salieron con ella para el baile también. La incredulidad tenía argumentos sensibles. Pero mucho más que incredulidad lo que había era temor a lo que Jorge Santini fuera capaz de hacer.

Rara vez a un alcalde o a una estirpe incumbente en una alcaldía por 12 años, el partido de oposición le enfrenta un candidato fuerte. Ese es el caso de Guaynabo, Bayamón, Carolina, Caguas, Mayagüez y otros pueblos más pequeños también. Al desgaste político natural a los 12 años de incumbencia lo suprime un halo de invencibilidad  que espanta candidatos fuertes. Ahí estuvo el error: nadie contó con la fuerza de Carmen Yulín. Ni siquiera su propio partido. No la querían, llegó tarde y no tenía recursos. No iba a poder con Santini. Ujú.

A lo último el partido en pleno tuvo que adoptar la estrategia política que Yulín desplegó en San Juan. Nunca lo van a reconocer y los que lo hagan lo harán con las muelas de atrás, pero Yulín fue quien les iluminó el camino. Yulín representa no solamente una nueva forma de hacer política y una nueva forma de gobernar. Yulín representa el futuro del PPD si quiere tener uno. Es la estrella. Por eso opaca a todo el mundo, por eso está arriba de todos. Y ese es el problema. En política, al que está arriba es al que hay que tumbar.

Así las cosas, ahora es que viene la parte scary. El pequeño dínamo que es la nueva alcaldesa de la Capital se enfrenta a cuatro situaciones para amedrentar a cualquiera que no sea ella: (1) una administración que ahora se descubre como un espejismo de salud económica y se la entregan en precario; (2) un ayuntamiento infectado de enemigos políticos que la quieren ver fracasar; (3) un partido que le va a escatimar nuevamente su estrellato natural; y (4) una ilusión demasiado grande en que ella, desde San Juan, va a cambiar el país.

Los partidos emergentes

Aquí la puerca entorchó el rabo. La caída fue aparatosa. La izquierda quedó maltrecha en el panorama electoral del país. En la calle seguimos siendo lo que funciona. Pero en el ruedo electoral we really suck.

Hemos leído y escuchado de todo después de las elecciones. La euforia conformista de algunos es patética. La depresión de otros es igualmente patética. A llorar pa’ maternidad.

Hay quienes plantean condicionar la firma a una nueva inscripción de los partidos emergentes a que hagan una alianza. Hay quienes plantean abandonar totalmente la ruta electoral como lo hizo el Partido Nacionalista en 1932.

Yo confieso que todavía lo estoy pensando. Me inclinaría por unas estrategias a corto, mediano y largo plazo. A corto plazo, creo que es necesario reservarnos la firma para la inscripción hasta que se dé un proceso de diálogo entre los partidos emergentes. Sin embargo, también creo que una inscripción temprana colocaría unos comisionados electorales con acceso a información y derecho a pataleteo y negociación en la Comisión Estatal de Elecciones para influir también desde temprano el proceso eleccionario del 2016. A mediano plazo, creo que esos partidos tienen que forjar una agenda en común echando los egos en una bolsa de Bingo. Y a largo plazo, ellos y el PPD tienen que reconocer de una vez por todas que en Puerto Rico como único se derrota la derecha es con una alianza y decidirse a negociarla camino a las elecciones del 2016.

Eso, por supuesto, requiere que el PPD se reconozca como minoría, cosa que está por verse porque el triunfalismo es mal consejero. Está bien claro, sin embargo, que la derecha del PNP es mucho más grande y cuando digo mucho más grande quiero decir mucho más grande que a lo que puede aspirar por sí solo el PPD en lo que le queda de vida. Sin alianzas claras, en el 2016 le estarán entregando al PNP nuevamente el país. Lo que me hace añadir aquí otro reto para García Padilla: gobernar y hacer campaña para las próximas elecciones al mismo tiempo y desde un principio sin descansar en la vieja fórmula de esperar al último año para enderezar lo que haga en tres.

Estoy segura de que la lucha de la disidencia y la resistencia sigue estando en la calle. De lo que no estoy tan segura es que abandonar la ruta electoral sea lo más sensato. Estaríamos yendo contra la corriente mundial donde las luchas se dan en la calle y se refrendan en las urnas.

Si han notado, no he mencionado el PIP. No veo propósito de enmienda alguna a sus posturas patricias. Prefiero darle tiempo a ver si de alguna manera surgen las voces internas nuevas que abran el camino de la convergencia sin que la convergencia signifique entrar al club exclusivo.

Ahora bien, lo que más me llama la atención es algo que veo venir: un análisis económico del fracaso de los partidos emergentes. En dólares y centavos, cada voto nos costó aproximadamente $9. La CEE le dio unos $15.7 millones de fondos públicos a todos los partidos para estas elecciones. Si calculamos que fueron entre 1.7 a 1.8 millones electores a votar, cada voto nos salió en casi $9. Para los partidos de mayoría (PNP y PPD) que recibieron mas de $11 millones de los $15.7 millones, en cada voto que sacó a la calle el pueblo invirtió aproximadamente $5.50. Los votos de los partidos de minoría costaron mas de $50 cada uno. Esa matemática ya está corriendo por ahí.

No me caigan encima. Solamente les estoy adelantando el análisis que ya están haciendo los que resienten que las minorías entren al ruedo electoral con cargo a fondos públicos. Preparen los argumentos.

Esta es la parte que da miedo. Cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo nos proyectamos y cómo nos reciben. Está visto que cada día perdemos terreno electoral y eso amerita que la izquierda electoral se reinvente.

El plebiscito

Por último, queda el evento del plebiscito. Aquí vamos directo a lo scary. Sé de buena tinta que hay inquietud en Washington. Lo que me intriga es cómo van a reaccionar.

Los amigos de Obama le aseguraron que el embeleco del plebiscito no iba a traer consecuencia alguna. Que era algo como el conejo de un mago -ahora lo ves, ahora no lo ves. Pero las orejas del conejo sobresalen en el sombrero del mago. De pronto Washington está sometido a tres presiones: (1) la de una noticia que ha recorrido el mundo diciendo que Puerto Rico quiere ser estado de Estados Unidos (2) la de los estadistas que se agarran hasta de un clavo caliente por la estadidad y más ahora que no tienen otra cosa que hacer, y (3) la de los que ganaron las elecciones que quieren que Obama ignore el plebiscito porque las orejas del conejo son soberanas. No estoy contando aquí el reperpero interno que debe tener el pobre presidente con republicanos y demócratas que le van a querer amarrar las manos y tapar la boca.

Los congresistas ya han dicho que con ellos no cuenten porque tienen cosas más importantes de qué preocuparse. Lo que pasa es que yo creo que la presión que se quiere ejercer desde Puerto Rico no es en el Congreso. Es en Obama. Un presidente es un presidente es un presidente. Y si Obama decide de veras tomarse el asunto en sus manos…

Lo único claro del plebiscito es que la mayoría (54%) de los puertorriqueños votaron a favor de que se saque a Puerto Rico de la cláusula territorial y eso ya no se puede ignorar tan fácilmente. En lo demás, todas las fórmulas se cancelan una a la otra. Pero eso no es el problema ahora. El problema es que el plebiscito es un hecho y el que le vendieron a Washington como inocente e intrascendental es uno impertinente, inoportuno y fastidioso para un presidente que bastantes dolores de cabeza tiene sin este chichón.

A la larga creo que buscarán la manera de cortarle las orejas al conejo para que desaparezca dentro del sombrero. Pero, ¿qué hacen con la sangre que gotea?

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