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“Antecedentes del proyecto”


escrituras 7 editoresTodo proyecto de investigación se asemeja a un viaje que se emprende sin saber al principio exactamente a dónde se va a llegar. Los atisbos y las intuiciones se van sumando hasta cobrar forma. Lo importante es impartirle tanto pasión como rigor a esa travesía. Para bien o para mal, en las Humanidades ese viaje suele ser un recorrido relativamente solitario, pero no es obligatorio que así sea, ya que este libro prueba que es posible y muy deseable hacer trabajos de investigación grupales.

Portada Escrituras en contrapuntoConvencido de que también en las Humanidades se pueden y se deben emprender proyectos colectivos, fui concibiendo, primero en una relativa soledad y muy pronto en un diálogo muy fértil con Marta Aponte Alsina y Malena Rodríguez Castro, este libro que hoy entregamos con el título de Escrituras en contrapunto. La idea inicial de este proyecto surge hace varios años, cuando recibí un generoso obsequio de Elsa Noya, mi amiga y colega de la Universidad de Buenos Aires, quien presentó recientemente en Puerto Rico su segundo libro sobre literatura puertorriqueña en Ediciones Callejón: Canibalizar la biblioteca: debates del campo literario y cultural puertorriqueño (1990-2002). Elsa puso en mis manos un tomo de la Historia crítica de la literatura argentina, dirigida por Noé Jitrik y con la colaboración de varios directores y directoras de volúmenes, y ahí se produjo el inicio de nuestro proyecto. Antes había imaginado y casi soñado una puesta al día de la historia de la literatura puertorriqueña. Y siempre me hacía una pregunta muy sencilla y a la vez fundamental: ¿puedo emprender ese proyecto solo? Inmediatamente me la respondía con un no rotundo. Por otro lado, al imaginar el diseño de ese nuevo enfoque de la historia literaria, descarté la posibilidad de organizarlo a partir de nociones como las de movimientos y generaciones, por su carácter reductor, a menudo arbitrario y hasta autoritario. (Aquí abro un paréntesis: ¿a qué generación pertenecen escritores de la valía de Marta Aponte Alsina, Félix Córdova Iturregui o José María Lima? Se trata de figuras difíciles de asimilar y procesar en la máquina uniformadora de la historia literaria tradicional). ¿Cómo, entonces, concebir una historia literaria que no fuera totalizadora y que tampoco se pensara como un proyecto cerrado y concluyente? Idealmente, debía ser un proyecto dirigido hacia o para la construcción de una historia literaria en la cual el componente crítico y teórico diverso estuviera muy presente.

La Historia crítica de la literatura argentina, que ha dirigido Jitrik en Emecé Editores por los últimos años, me permitió concebir una historia literaria con un fuerte componente teórico y a la vez sin la férrea articulación de una cronología lineal y totalizadora. Hago aquí una pequeña digresión: con mucha frecuencia, en nuestro país se mira hacia el norte o hacia ciertas zonas de Europa para buscar modelos de trabajo intelectual o de reflexión teórica. Luego de más de diez años de exilio, estudio y trabajo en los Estados Unidos, llevo un par de décadas visitando a Chile, la Argentina y México, y, en fechas más recientes, a Cuba: allí me he topado con excelentes escritoras y escritores, teóricas y teóricos, así como modelos muy variados de trabajo crítico e intelectual. Sin negar la solvencia de la producción teórica o crítica que se genera en Estados Unidos o Europa, la obra de Antonio Cornejo Polar, Jorge Fornet, Víctor Fowler, Olga Grau, Noé Jitrik, Josefina Ludmer, quien se destacó tanto en las universidades argentinas como en las estadounidenses, Margarita Mateo Palmer, Pablo Oyarzún, Jorge Panesi, Aníbal Quijano, Rossana Reguillo, Nelly Richard, Roberto Schwarz, y Liliana Weinberg, entre otros y otras, debería leerse y difundirse con más frecuencia en nuestro país. Todavía me desconcierta la distancia que percibo en la ciudad letrada puertorriqueña frente a nuestros países vecinos de América Latina. La Historia dirigida por Jitrik se me presentó, entonces, como un modelo muy valioso: los tomos que se han publicado, que ya pasan de diez, pueden tratar sobre un segmento de la literatura argentina o sobre un debate particularmente pertinente (las rupturas, la lucha de los lenguajes, la irrupción de la crítica, entre otros) y, en algunos casos, pueden también centrarse en una sola figura, aunque se trate de autores tan distintos como Domingo Faustino Sarmiento y Macedonio Fernández.

Reconocemos en este libro el legado que nos dejaron los historiadores y las historiadoras de nuestra literatura, tales como Antonio S. Pedreira, Francisco Manrique Cabrera, Cesáreo Rosa Nieves y Josefina Rivera de Álvarez, pero, en 2015, nos reservamos el derecho de pensar un proyecto diferente. Y es que a estas alturas no hay vuelta atrás: después de más de un siglo de desarrollo sostenido y sumamente complejo, la teoría literaria y cultural llegó para quedarse como reflexión auxiliar imprescindible en los estudios literarios y culturales. Leer literatura, hoy en día, o leer la cultura en su pluralidad es un ejercicio en el que se conjugan la reflexión teórica y el trabajo crítico. Y al desarrollar un proyecto de más largo aliento, no podíamos ignorar esto. Sin embargo, les dimos plena libertad a las colaboradoras y los colaboradores para que escogieran a sus interlocutores teóricos. El resultado es muy valioso precisamente por la diversidad de lecturas que se produjeron. De ahí, nuestro título: Escrituras en contrapunto.

Hay otra razón que nos llevó a concebir este proyecto. Se ha hablado y se ha escrito en fechas recientes de una supuesta invisibilidad de nuestra literatura. Recuerdo perfectamente una conversación que sostuve con un valioso escritor nuestro. A su regreso de un congreso de América Latina–concretamente, de la Argentina–me dijo sorprendido que había varias ponencias y hasta mesas sobre literatura puertorriqueña. Lo que no le mencioné, porque no quería que lo viera como una corrección, es que en la Argentina hay una escuela de especialistas sobre la literatura de Puerto Rico que trabajan en Buenos Aires, La Plata y Mar del Plata, que están integradas en cátedras o grupos colectivos de trabajo de literatura latinoamericana y que salieron de los seminarios dictados en la Universidad de Buenos Aires no solo por Jitrik, sino también por Celina Manzoni y Susana Zanetti. Jitrik , quien fue profesor visitante en la década de los ochenta del siglo pasado en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, en particular, por la larga amistad que lo unió a José Luis González en la ciudad de México, al regresar a su país después de un exilio mexicano, incluyó varios textos puertorriqueños en sus seminarios de la Universidad de Buenos Aires. A Noé le enviamos nuestro agradecimiento.

Antes de este proyecto, en 2006, tuve la oportunidad de desempeñarme como editor invitado de un número de la Revista de Estudios Hispánicos titulado ‘Lecturas e interpretaciones de la literatura puertorriqueña en América Latina y Europa”, número en el que figuran ensayos de especialistas de Argentina, Bélgica, Chile, España y Francia. Precisamente sobre la visibilidad de nuestra literatura escribieron varias y varios especialistas de excelentes universidades.

Al reunirme con Marta y Malena, luego de examinar las propuestas que nos llegaron, sustituimos la cronología totalizadora por seis grandes ejes o zonas de trabajo y reflexión. Este libro no existiría sin la generosa contribución de todas y todos sus colaboradores que viven y trabajan en Puerto Rico, Estados Unidos, América Latina y Europa. Tampoco existiría sin el entusiasmo y el apoyo de Neeltje Van Marissing Méndez, directora ejecutiva de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico, y de nuestra excelente editora: la escritora Rosa Vanessa Otero.

*Palabras leídas en la presentación de Escrituras en contrapunto.

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