El Día de las Madres es un buen día para mirarlas y ver las mujeres que en realidad son. Es un buen día para dejar de lado los clichés y liberarlas de esa carga inaguantable del amor que todo lo sacrifica.
Aquí me detengo con un pensamiento que me preocupa. ¿Si la diosa es mujer, tiene que ser heterosexual? “No puede ser”, me contesto.
Cuando la conciencia despierta, detectas el dolor ajeno, sientes el de tu corazón, te indignas con las desigualdades y ¡pum!, pierdes los párpados. Tu mirada jamás vuelve a ser la de antes.
Es importante hacer inventario de capacidades y ponerlas al servicio de los movimientos con desinterés y solidaridad. Es importante, muy, muy importante asumir responsabilidad, dejar de quejarnos y actuar.
Valores que a estas alturas no podemos darnos el lujo de negociar: el estado laico, los derechos humanos, la subversión de un orden económico que ya fracasó, la lucha para derribar las barreras de clase que mantienen segregado al país.
El mural de Sofía en Santurce, con su pelicolorá y sus tatuajes nos dice de manera contundente “No me maltrates”. La imagen de esta mujer me parece poderosa. No estamos ante un ruego. Estamos ante una orden.
La Ruta de las Mujeres no ha terminado. Claro que no. ¿Lograremos cambiar un resultado electoral en algún momento? ¿Dejaremos de comprar desigualdad? Yo estoy convencida de que así será.
Pero, ¿y qué es la felicidad? ¿Cómo se cuece, qué se usa para aderezarla, dónde se compra y cuánto nos cuesta la libra?
Los paralelismos entre las Pussy Riot y las mujeres activistas de Puerto Rico se extienden mucho más allá de lo evidente.
El Proyecto Matria propone al país y las comunidades un Primer Coloquio de Desarrollo Económico Comunitario, iniciativa dirigida a crear un espacio de diálogo y acción entre los diversos grupos comunitarios.







