Siéntese afuera de “la palabra” un ratito, a ver si sus palabras – las suyas – están llenas de la bondad que predica.
Se veía venir. Nada dijo de velocidad. Lentos son los caminos de la medicina y la religión, si a eso es que se dedicará. Pero los fast-track fools también tienen sus carriles, sus pactos con el futuro y sus venganzas.
Tirar de la facebooqueta no gana guerras si al otro lado, desde otras sillas, otros están “dando candela”. Y en las librerías hay libros. Y está la calle vacía.
Quizás el non-existent-flow acusa un passive-aggressive behavior de los puertorriqueños ante la cuestión del idioma: No se quiere estudiar, ni mejorar, ni pulir el inglés (ni el español), mientras con risa se critica.
La publicidad, como los astros, inclina pero no obliga. Los anuncios de campaña nunca tuvieron la claridad contundente que los estrategas deseaban. La calle no estaba alineada con las estrellas…
Repasar los artículos supuestamente solidarios con Orlando Cruz es encontrar la debilidad de esa solidaridad alegada, las fisuras en la “aceptación” de Cruz, el boxeador homosexual.
¿Cómo habrán aprendido a Puerto Rico? ¿Como habrán aprendido a América? ¿Dónde aprendieron su Caribe? El miedo propio, inmenso, de no saber lo que son y no querer saber lo que saben ahoga su valentía.
El canal promete “la cobertura más poderosa” de las elecciones, incitando a sus televidentes a “seguirlos”. Nada mencionan de profesionalismo y veracidad. No pueden. Pero quieren seguidores, fans y aduladores.
En medio de la polis caribeña, el ideal es el ‘voiceless architect’… La arquitectura acalla a su propio cuerpo colectivo, en pre-emptive strike de silencios. En boca cerrada.
El nuevo show unipersonal en el que cada cual se muestra, extraviado en las noches de desvelo, no se queda en los dedos de un control remoto; migra hacia la simultaneidad de un gozo que se exhibe en todas las plataformas posibles.
Desespera la imposibilidad de un cambio instantáneo y significativo en el paisaje aural de las mañanas radiales. Desesperanza inútil. La historia del Capitán Ahab y su ballena enluquillada está ahora mismo en el aire. Luqui es. Luqui será. Lucky you.
Y nadie nunca se ha ido de esas fiestas. Los que las vivimos, siempre tenemos una fiesta adentro. Y bailamos los unos con los otros aunque no nos hayamos encontrado nunca más.
Pronuncio su nombre, ese que también fue el de su abuela. Y ahí dice el mío. Me le acerco. Se me acerca. A veces que digan tu nombre es el único concierto que necesitas.
Yuyo era experto en monerías, pero monerías de las que marcan porque estructuran una manera de pensar sobre el país que se pisaba y que se organizaba en ese momento. Yuyo, bien visto, era …
¿Désde cuando procurarse un buen orgasmo es disfuncional? ¿O adquirir objetos para llegar a un clímax? El rastro del sexo en la política impone un escudo irracional que se revierte, como un bumerán.







