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Cartografías del terror fílmico latinoamericano


El cine de terror siempre me ha fascinado. He de confesar, no obstante, que prefiero el terror fílmico de tiempos pasados al del presente. Mis experiencias con este género fílmico se remontan a las películas que veía de niño y preadolescente en un televisor en blanco y negro (y las cuales fueron originalmente creadas para ser experimentadas en la oscuridad de las salas de cine). Sin embargo, como muchos niños y jóvenes durante los setenta y los ochenta, mis horizontes del terror comenzaron a expandirse en una sala de cine de segunda. En mi caso, el Teatro Junqueño se convirtió en el establecimiento donde me exponía al miedo y al horror (y no por las condiciones deplorables del cine, el cual fue renovado para finales de los 1970). Tiene mucho sentido que haya podido ver tantas películas de terror en este teatro pueblerino de segunda. Durante los últimos años de las décadas de 1960 y 1970, el cine de terror se convierte en uno de los géneros más populares y lucrativos de la industria cinematográfica estadounidense (la que dominaba la distribución de películas en la Isla). La instauración del sistema de clasificación de películas —las cuales permitían la representación más gráfica de hechos violentos y sangrientos— así como la movida calculada de tratar de satisfacer el mercado juvenil ayudaron a que el cine de terror se transformara en un fenómeno cultural. Esto hizo que los estudios cinematográficos que pertenecían a grandes corporaciones (e.g., Warner Brothers) así como los que funcionaban independientemente (e.g., American International Pictures), buscaran beneficiarse económicamente de este fenómeno. Como resultado, se comenzaron a producir gran cantidad de películas de terror —las cuales cuentan usualmente con un presupuesto muy modesto a menos que sean producciones de calidad como The Exorcist (dirigida por William Friedkin) o The Shinning (del director Stanley Kubrick)— no solo durante la década de 1970, sino también en las próximas décadas debido al éxito del subgénero de los slasher films que se inició con los filmes Halloween (de John Carpenter) y Friday the 13th (de Sean S. Cunningham).

En noviembre de 2011, escribí una columna titulada “Cine de terror” que concluía con el siguiente pensamiento: “me interesa mucho ver La casa muda (Dir. Gustavo Hernández) y Juan de los muertos (Dir. Alejandro Brugués) porque quisiera entender mejor las formas que el género de terror está tomando en América Latina en estos momentos”. Para mi beneplácito, Editorial Isla Negra publicó a finales de 2012 Horrofílmico: Aproximaciones al cine de terror en Latinoamerica y el Caribe, un trabajo monumental armado por Rosana Díaz-Zambrana y Patricia Tomé. Esta antología ambiciosa —sobre todo por la amplitud del área bajo estudio— contribuye ricamente al creciente campo de los estudios del cine latinoamericano. Afortunadamente, la misma logra satisfacer tanto las metas intelectuales que se traza así como las expectativas que puedan tener los lectores interesados en las iteraciones de este género fílmico en el contexto latinoamericano. Horrofílmico contiene un breve preámbulo, una introducción detallada donde se exponen conceptos teóricos y marcos históricos sobre el cine de terror en general, 22 capítulos enfocados en temas diferentes que incluyen la exploración de varios contextos nacionales (e.g., Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Puerto Rico, República Dominicana), directores relacionados al género de terror (por ejemplo, Guillermo del Toro, Carlos Hugo Christensen, José Mojica Marins, Carlos Enrique Taboada), así como subgéneros (zombis, vampiros, caníbales) y una entrevista corta a Benicio del Toro, la que sirve de apéndice de la colección.

Roxana Díaz-Zambrana tiene a su cargo la introducción titulada “Horrografías: rutas transnacionales del miedo”. La misma provee detalladamente diferentes fundamentos teóricos, históricos e industriales que sirven de base para aprehender no solo los estudios individuales de la antología, sino también los debates generales que existen sobre el género de terror. Además de resumir algunos de los conceptos primordiales sobre dicho género, hay dos partes en este capítulo introductorio que son claves y extremadamente sugerentes. Primero, la antóloga propone que la parodia constituye una táctica artística útil en la construcción e interpretación de los filmes de terror latinoamericanos. Esta idea es significativa ya muchos filmes de terror, sobre todo de 1960 en adelante, se prestan fácilmente para proveer el tipo de comentario crítico y muchas veces autorreflexivo que caracteriza a la parodia. De igual forma, la aplicación de la parodia establece una continuidad entre el cine de terror y las tradiciones cinematográficas del continente conocidas como el nuevo cine latinoamericano. Como la crítica e historiadora Ana López ha demostrado persuasivamente, la parodia es indispensable para las prácticas cinematográficas políticamente progresistas en América Latina, sobre todo por la manera en que estas prácticas asumen la historia “como el intertexto básico necesario para su propia intervención en las luchas socio-políticas de América Latina”.1 Segundo, Díaz-Zambrana enfatiza la importancia de los festivales de cine para la diseminación de las películas de terror latinoamericanas. La vitalidad de dichos sucesos sirve para entender parcialmente tanto la creación de comunidades interpretativas que nutren la cultura fílmica latinoamericana así como los intercambios de artefactos mediáticos que circulan transnacionalmente en los circuitos globales contemporáneos.

Un elemento que le provee solidez a la antología es el hecho de que la misma no hace énfasis en un paradigma teórico en particular. En décadas anteriores, muchos estudios del cine de terror se fundamentaban casi exclusivamente en las teorías psicoanalíticas (e.g., Noel Carroll, Carol Clover, Barbara Creed, Linda Williams, Robin Wood) para proveer explicaciones tanto acerca de las operaciones textuales de estos filmes, así como sobre la popularidad persistente del género en nuestras sociedades. Los estudios incluídos en Horrofílmico utilizan diferentes marcos teóricos (sin dejar a un lado los elementos fructíferos del psicoanálisis): las versiones contemporáneas del capitalismo propuestas por Frederic Jameson, las meditaciones filosóficas sobre el tiempo y el espacio de Gilles Deleuze, así como las articulaciones del concepto de la transnacionalidad en el cine definidas por Natasa Durovicova y Kathleen Newman, para mencionar tres ejemplos específicos. El estilo de escritura en la gran mayoría de los capítulos de Horrofílmico hace que la antología esté orientada principalmente a lectores familiarizados con discursos académicos. Sin embargo, quisiera alentar tanto a los seguidores del cine de terror como a los entusiastas del cine latinoamericano en general a que lean esta antología. La misma les servirá para entender la manera en que los géneros fílmicos como el cine de terror son parte integral de las manifestaciones artísticas que nos ayudan a definir nuestras cosmovisiones actuales sobre lo que consideramos la cultura latinoamericana y caribeña.

  1. Ana López, “Parody, Underdevelopment, and the New Latin American Cinema,” Quarterly Review of Film and Video 12 (1990): 65. []

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