Inicio » 80grados, Columnas

¿Cómo estás…bien?


Sonrío siempre que escucho la pregunta, formulada de esta forma. Quien me pregunta, sin darse cuenta, me da la respuesta que desea o necesita escuchar. Tal vez es la única respuesta que puede tolerar. Para mí es un signo de los tiempos. Nadie quiere saber que estás mal. O al menos, que no estás bien.

No soy rico, nunca lo fui. Mi padre y mi madre no fueron a la Universidad, pero sus tres hijxs fuimos. Pertenezco a esa clase trabajadora que en esta última década está asediada económicamente por todos lados. Clase trabajadora que poco a poco ha perdido los beneficios conquistados en décadas anteriores. Clase trabajadora que a ritmo avanzado ha perdido el acceso a los procesos políticos, relegada a una patética “participación” política: un voto cada 4 años para escoger entre las plastas que los partidos principales eligen para sus papeletas y si tienes suerte, una extracción monetaria mensual a una unión de trabajadores que a veces resientes pagar porque a menudo están los líderes obreros y los patronos demasiado cómodos el uno con el otro.

Soy también parte de un sector en crecimiento dentro de la clase trabajadora, el sector desempleado. Pero mi trabajo desapareció y no por obsolescencia. Desapareció porque el gobernador de NY decidió no cobrar taxes a corporaciones millonarias. Corporaciones que apenas han pagado taxes mientras a nosotros y nosotras se nos saca más de una tercera parte del salario en contribuciones mensualmente. Prefirió el gobernador eliminar sobre 125 millones de presupuesto a las cortes. Al carajo se fueron los servicios prestados a mucha gente que acude a la corte sólo porque son pobres. Pero me desvío. Quiero hablar de esas cortas conversaciones cotidianas. O mejor dicho, quiero hablar de esas conversaciones cotidianas que no se dan. Aquellas que tal vez con su ausencia evitan la posibilidad de la solidaridad, el compañerismo, la fraternidad entre unas y otros.

Cada vez que viajo a Puerto Rico, enfrento a menudo la pregunta que incluye la respuesta, ¿Cómo estás…bien? No, no estoy bien. He tenido que hacer miles de ajustes y continúo ajustando más y no llego a sentirme estable. A veces no duermo o me levanto preguntándome qué pasará con los prestamos estudiantiles que dejé de pagar. O me pregunto cómo sobreviviré cuando me retire, si me retiro, con mi Seguro Social. ¿Podré  seguir juntando la renta chiveando como he hecho ya por los últimos 17 meses? ¿A dónde voy si me enfermo? Esperar a ponerme peor para entonces ir a emergencia, me parece macabro. ¿Y cómo brego con la rabia y el coraje? Mi trabajo está en demanda, no tenía que desaparecer. Aún me llaman pidiéndome los servicios, sólo que ahora me los piden de gratis (pro-bono).

Pero complazco a la mayoría que me pregunta y contesto: “sí, bien” ¿No es eso lo que quieren/pueden escuchar? ¿Cómo estás tú? Bien, bregando. Y así seguimos, mintiéndonos, la una al otro. Diciéndonos que estamos bien. Sin darnos la oportunidad de tal vez descubrir que estamos todos y todas bien jodidos. Abrumados y asediadas por la deuda y la precariedad de nuestras vidas. ¿Cuántas de nuestras amistades/vecinxs/compañerxs no pueden pagar la casa el mes próximo si pierden el trabajo? ¿Cuántas de nuestras amistades/vecinxs/compañerxs tienen un trabajo y medio, dos trabajos y casi no les da? ¿Cuántos tienen un trabajo para pagar la casa y la comida y otro part-time para pagar el carro? Carro casi obligatorio porque en una isla tan chiquita ningún gobierno pudo/quiso implementar un plan digno y eficiente de transportación pública. Pero decimos que estamos bien y sonreímos mientras pensamos que no, que no lo estamos.

Bien”, me dice mi amigo a quien visito en el apartamento que acaba de alquilar. Su salario, a pesar de tener dos años de escuela graduada, le da para ese alquiler y la manutención de su hijo. Duerme en un mattress en el piso. Y hay una silla. La silla a veces está en una mesa en el comedor, o en la sala al lado del toca-ipod con dos bocinas que tiene. Ni idea cuánto tiempo pasará antes de que pueda comprar algunos otros muebles. Al menos tiene unos trastes, usados, que le regaló la mamá y una vajilla barata que le regaló la cuñada. Él sigue buscando más trabajo o un trabajo que pague más. Pero“estoy bien”, me dice y me habla de su nene y lo inteligente que es y rememora momentos de la universidad cuando estudiamos juntos. Me cambia el tema si le digo que mis cosas no están tan buenas. “No te apures, vas a estar bien” y yo asiento, pero la verdad, ninguno de los dos sabemos.

Pienso también en mi amiga, divorciada. Desde que recuerdo está pagando una deuda de las tarjetas de crédito adquiridas antes de su divorcio. Deuda que por mucho tiempo estuvo pagando al 29% porque se atrasó y de nada valió que todos los meses anteriores había pagado mucho más del mínimo. Desesperada por el tiempo extra, trabajando 48 y 54 horas en la semana cuando es posible y haciendo pasteles y limpiando casas. Ella no pensó que esa sería su vida a los 45 años. Pero lo es. No sale a espacios sociales pues no le sobra dinero. Entre alquiler, gasolina y tarjetas de crédito (con las que hace años no puede comprar nada) se le va todo. Pero no se queja, no dice nada, estoy bien, aquí bregando con mi música en la computadora, que tú sabes es lo que me gusta a mí. Y tú, ¿estás bien? No tengo el corazón de decirle que no, que estoy mal. Una vez la confronté y le pregunté por qué pensaba que estaba bien y me contestó que hay otros peores.

Mientras, en las noticias, reporteros que son realmente grabadoras repiten y repiten anuncios disfrazados de noticias, “aconsejan” cómo mejorar su portafolio, mientras omiten la noticia que revela que no hay tal azar en la bolsa, que es todo un gran juego de pirámide diseñado para seguir haciendo ricos a los más ricos, sin decirnos que los legisladores tienen derecho a “insider trading”; que la bolsa ha arruinado a Estados Unidos y la Unión Europea. Que los malos tiempos que vivimos no se arreglan entregándole a la bolsa nuestros míseros salarios para que sigan ellos enriqueciéndose a cambio de un trapo de 1.5% que ni siquiera es garantizado. Que los economistas más prestigiosos todos han opinado en contra de la “austeridad” que se nos exige (a nosotros, no a los bancos). El mensaje es claro, “si estás jodidx es porque no tienes portafolio, es tu culpa.”

Los periódicos y magazines, para no quedarse atrás, nos presentan serios artículos que nos “aconsejan” cómo usar las tarjetas de crédito. Sin imprimirse queda la verdadera noticia, la industria del crédito es depredadora y sin ningún tipo de regulaciones, haciendo con los consumidores lo que le da la gana. Estamos sujetos y sujetas a contratos que cambian cuando les da la gana y venden nuestra información privada como les da la gana. Aún así, los periódicos nos dan la idea de que si estamos embrolladas con tarjetas es porque somos irresponsables, no sabemos usarlas. No tiene nada que ver con sueldos de miseria, condiciones de trabajo miserables, servicios de salud onerosos y que cada vez vivimos más asfixiadas y asfixiados porque cada día devalúan más nuestro trabajo, cada día nuestros salarios rinden menos, nuestra vida es más precaria.

Pero de nada de eso hablamos, porque a todas y todos nos han enseñado que el problema somos nosotros. Las irresponsables somos nosotras, las que tenemos que avergonzarnos somos nosotras. Mientras siguen subiendo los intereses del crédito, mientras siguen subiendo a ritmo asesino el costo de la salud, de la comida, de la educación, desaparecen el over-time, el empleo con beneficios, el empleo a tiempo completo.

Y me visita mi amiga y la recibo. No la esperaba.  ¿Cómo estás? Pregunto. Bien, y tú, ¿estás bien? Contesta. Escucho y asiento con la cara. Hago el gesto porque la palabra se me atora. Le ofrezco jugo de china, pensando que queda un poco. Apenas un vaso. Le echo un poco de hielo para que llegue hasta arriba y me sirvo agua. Y me habla de su trabajo nuevo. 6 meses de probatoria (pienso que es abusivo pero no comento, se supone que estemos agradecidos de tener trabajo). Y comenta que el nuevo seguro médico es más malo que el que tenía y tendrá que cambiar de doctor pero “lo bueno es que tengo seguro” y hablamos de películas y recordamos las instancias pasadas en que fuimos al cine y vimos películas juntas. No comparto que hace seis meses el cine cayó entre las actividades que ya no hago. Cuesta entre 12 a 17 dólares ir al cine. Con esa cantidad puedo comprar arroz, papas, pimientos y tuna y comer una semana o al menos 5 días.

Observo familias en mi viejo vecindario en Puerto Rico. Familias donde el hermano lleva a todos los nenes a las diferentes escuelas y la hermana los recoge por la noche, mientras la abuela sigue comprando la comida de los tres hogares y el abuelo paga el carro del nieto pa que pueda estudiar y trabajar y llevarlo al médico. Todos trabajando y ayudando al que no puede trabajar, dividiéndose las tareas. Solx ningunx sobrevive. Todxs asediadxs, viviendo precariamente, si uno solo se enferma o un carro se daña la organización precaria se va al piso, todas y todos colapsan. Una tiene que faltar y no cobra o la otra tiene que cocinar para todos pero para eso tiene que ir a la alacena de la otra. Y me preguntará el lector qué hay de malo en una familia tan organizada, tan eficiente y yo contesto: la precariedad no tiene que ser. Se necesita mucha energía y enfoque para mantener una organización que no hace nada más que permitir que la familia pague sus cuentas. Renta, comida, electricidad, carro. Nadie vive, todas apenas sobreviven. Pero de eso no hablamos con nuestras vecinas, nuestros compañeros o colegas. Qué bueno que están bregando, están bien, se comenta.

¿Qué pasaría si un día todxs dijéramos que estamos mal? En voz alta, que muchas familias al unísono, reconozcan que estamos mal, oyéndonos los unos a las otras decirlo y entenderlo y aceptarlo, que no estamos bien.

A veces llamo a dos amigos, una pareja joven, ambos con sus doctorados, entre ambos tienen 5, 6 trabajos (cero beneficios). Cada vez que viajo y les veo viven en un apartamento más pequeño, cada día planeando qué cosa nueva van a cortar; ya se fue el internet, usan el wifi cuando se pueden robar la señal, ya no salen al cine, pues son 4 (dos hijas). Hacen una noche de cine en la casa. Sólo para ellos, no pueden recibir visita, no hay qué ofrecerles.  Las dos niñas pequeñas duermen en un cuarto y ellos en el otro. Todos compartiendo un carro. Coordinando, coordinando todo el tiempo. Sintiéndose mal si van a un restaurante o si paran una noche a tomarse unas cervezas con amistades. Esto me lo “confiesan” porque les pregunto directo por esos asuntos. “No te apures, esto es temporero, por eso no hemos dicho nada”

La precariedad no es temporera, ha descendido sobre nosotrxs y se ha convertido en nuestra vida.

Nadie dice nada, todos estamos jodidos. Y no queremos/podemos oír de nuestras condiciones materiales. Hablar de cómo nos sentimos cuando vemos que la bolsa grande de arroz que compramos se está acabando. O el aceite de oliva, o aquella bolsa grande de papel de inodoro que compramos para ahorrarnos 70 centavos por millar de hojas. ¿Podré remplazarlos cuando se acaben?  Esa marca de queso es la más mala, pero es también la más barata; recuerdas cuando comprabas aquella que te gustaba más y era más saludable porque tenía menos sodio?

¿Dónde encontrarnos a hablar en un país donde cada vez son más escasos los espacios públicos? Aún los espacios públicos se diseñan y se permiten para obligarte a consumir. Entonces para compartir hay que consumir. Nos encontramos y compramos una cerveza, sonriendo, diciéndonos una a la otra que estamos bien mientras pensamos que si tomamos la tercera cerveza nos salimos del presupuesto. Que sólo podremos ver una de las películas de tal o cual festival de cine. Nos inventamos que no volvimos porque el carro se dañó o nos llegó visita o nos dio dolor de cabeza. ¿Cómo estás…bien? Sí, me encantó la película y tú, bien? Sí chica estoy bien. Yo ya he visto 4 películas cuántas tú vas a ver? Solo esta, es la única que me atrajo, pero esa no es la razón, sólo puedes pagar una, pero no lo dices porque es tu culpa, no poder pagar más de una. Después no te invitan más a salir.

Y asistimos a la reunión de la clase. Y nos mentimos unas a los otros. Todos y todas agarrándonos de la ficción que nos garantiza permanencia en esa “clase media” a la cual tal vez nunca pertenecimos. Todas y todos agarrados a la idea de que el que quiere y trabaja duro triunfa. Y murmuran y bajan la voz para comentar que tal o cual no está trabajando. O que se divorció y de nuevo vive con los padres. Fijate fulana está jodida, nosotros no, nosotros estamos bien. Y salimos a comer y mentimos diciendo que no queremos aperitivo o que nos hace daño el postre. Escogiendo del menú estrictamente por lo que dice la columna de los precios descartando el paladar.

Una amiga siempre me comenta “me encanta tu ropa, eso es bien 80s o 90s” y yo sonrío, nunca digo que compro en tiendas de ropa usada. Ella siempre se fija en la ropa y se la compra nueva. Pero se mudó debiéndole dinero a su casera. Fue mejor arriesgarse a perder esa relación que poder decirle que no podía pagar, la dejó pillá con la renta y la luz.

A veces me siento culpable cuando hablo de esto. No quiero que la gente piense que no sé que hay otra mucha gente en peores situaciones. Que hay mucha gente más pobre, más relegada que yo. Que lo que he perdido, otros y otras nunca lo tuvieron. Pero tenemos que encontrar formas de compartir esta situación y responder a ella de formas constructivas. Formas de hablar que abran las puertas de la solidaridad y la empatía, no que las cierren. Si te comparto que estoy mal es porque quiero que me oigas y quiero escucharte sobre el tema. No quiero que me mires en silencio y ofrezcas pagarme la cerveza, o el plato que estoy comiendo. No se trata de eso, amigo. Si no la pudiera pagar no hubiera salido contigo. Se trata de que hablemos, que yo te diga cómo estoy y tú me digas cómo estás tú. Y que compartamos y conectemos a un nivel más profundo que el de nuestra piel. Que reconozcamos que no estamos bien. Que estamos asediados o asediadas. Y que está ok hablar del tema, que no hemos hecho nada malo.

Se trata de romper el libreto de estupideces que se nos ha hecho internalizar para estas ocasiones: “No te apures dios aprieta pero no ahoga”, “sigue pa’lante”, “pues a estudiar otra cosa”, “pues a re-entrenarte”, “pues sigue buscando”, “pues búscate un part-time adicional”, “pues múdate de nuevo”, “pues donde viven dos viven tres”, “tú siempre has sido un luchador, anímate”… Estos consejos son solidarios tal vez, pero no contigo, sino con el sistema, porque de nuevo se siente como que este es tu problema, así es como funciona el mundo y punto. Realmente lo que te dicen es sigue jodiéndote, no hay nada malo en este sistema que produce pobreza.

Pero ya he hablado demasiado de mí y de mis amigos. ¿Y tú, cómo estás, bien?

  • Pingback: Discuter

  • Pingback: Recherche détaillée

  • Pingback: Indoor Activities For Toddlers

  • Pingback: maturantske obleke

  • Pingback: แบตสํารอง

  • Pingback: Download Clash Of Clans Cheats And Hacks For Android And PC

  • Pingback: MEZO

  • Pingback: XPOSE

  • Pingback: top San Diego gym

  • Pingback: homepage des autors besuchen

  • Pingback: Colorado Springs DUI Attorneys

  • Pingback: Smestaj Beograd

  • Pingback: raspberry ketone reviews

  • Pingback: RENT Lamborghini Dubai

  • Pingback: Shartsis Friese

  • Pingback: Luxury Car Rental Dubai

  • Pingback: free racing games

  • Pingback: skin whitening products

  • Pingback: whitening body lotion

  • Pingback: mailbox yellow

  • Pingback: check this site

  • Pingback: wycinanie strumieniem wody

  • Pingback: Crusade

  • Pingback: Information

  • Pingback: Elite

  • Pingback: Host

  • Pingback: Blog

  • Pingback: Road

  • Pingback: Business

  • Pingback: Movie

  • Pingback: Restaurant

  • Pingback: Film

  • Pingback: Blog

  • Pingback: Loans for Bad Credit

  • Pingback: bad credit lender

  • Pingback: lender with poor credit

  • Pingback: Find Out More

  • Pingback: Luxury Landscaping Reviews Camberley

  • Pingback: Cigarette électronique

  • Pingback: loans for people with bad credit

  • Pingback: check here

  • Pingback: Loans for Bad Credit

  • Pingback: Small Loans For Bad Credit

  • Pingback: kredi kartı borç sorgula, kredi kartı limit sorgula, kredi kartı limit öğrenme, kredi kartı borç öğrenme

  • Pingback: performance marketing

  • Pingback: You Can Try This Out

  • Pingback: свещи

  • Pingback: GO TO MY SITE

  • Pingback: LinkedIn Profile Site

  • Pingback: youtube.com/user/AdvMedCertification

  • Pingback: prix de l'immobilier

  • Pingback: football game

  • Pingback: eine lustige Methode um schnell Geld verdienen immer

  • Pingback: https://www.youtube.com/watch?v=KzcwbO9XfRo

  • Pingback: ADDITIONAL READING

  • milenia lima

    Exhelente articulo pienso que de una u orta forma nos retratamos. Mas bien somos unos conformes al contestar de modo que se siga la corriente.AHi de aquel que no quiera mejorar!

  • Pingback: Click Here

  • Pingback: seo bangkok

  • Pingback: tips on how to increase sales

  • Pingback: Eat stop eat results

  • Pingback: Denver Home Loan

  • Rubén García

    Me parece una verdad contundente. La misma apunta también al individualismo, al querer recibir en vez de dar y al querer hablar en vez de escuchar. Gravias por compartir estas ideas.

  • Myrtha Olivares Bonilla

    En 1993, cuando yo apenas estaba naciendo, el profesor Edgar Quiles comentó en relación a la obra “Este país no existe” de Myrna Casas: “Y es que ese es el más grande de todos nuestros absurdos…no querer ver lo que somos y lo que producimos”. Hoy, no ha cambiado mucho el panorama. Muchas personas se niegan a ver lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, disipándose en una burbuja de “todo está perfecto” o “siempre ha sido así”. Sin embargo, ¿por qué callar y aceptar lo que está mal?  Y como bien mencionas:  “Pero tenemos que encontrar formas de compartir esta situación y responder a ella de formas constructivas. Formas de hablar que abran las puertas de la solidaridad y la empatía, no que las cierren”. Hablemos, cuestionemos y tomemos esas situaciones para transformarlas de modo que puedan beneficiarnos y al país; que en vez de que puedan alejarnos, podamos unirnos como pueblo.

  • magali pagan

    Exhelente articulo pienso que de una u orta forma nos retratamos. Mas bien somos unos conformes al contestar de modo que se siga la corriente.AHi de aquel que no quiera mejorar!

  • Joselyn Quiñones

    ¡Excelente artículo Yoryie! De entrada, me llamó muchísimo la atención el título de tu ensayo porque hace unos días precisamente tuve un suceso de esos “¿cómo estás…bien?” que tú mencionas… Y mira si fue impactante para mí lo acontecido que decidí hacer cuento que pienso someter prontamente a un certamen de la Facultad de Humanidades de acá de la Iupi. De hecho, encuentro aquí frases que incluyo en mi cuento. Pero, lejos de la ficción (aunque en realidad el relato es fiel a lo que me pasó, es decir, es completamente verídico), con este ensayo abres brecha para una discusión amplia sobre el asunto. ¿Por qué continuamos mintiéndonos lxs unxs a lxs otrxs diciéndonos que estamos bien cuando sabemos que no lo estamos? ¿Por qué insistir en esta mentira? En el encuentro que tuve con la señora de la que hablo en mi cuento, Tere, su respuesta a mi consabido y automático “¿cómo está…bien?” fue: “No, no estoy bien”. Su contestación, su respuesta desnuda y sincera fue el detonante que me retorció el pensamiento…

    • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

      Joselyn, me encantaría leer el cuento una vez sometido al certamen o cuando sea que puedas compartirlo. También me entusiasma saber que ya hay mas personas resistiendo la pregunta que lleva en sí la respuesta aceptable.  

  • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

    Gracias a todas y todos quienes han comentado y compartido un poco sobre cómo están. Cuando envié este ensayo a 80Grados, confieso que me sentí sólo, desnudo y vulnerable. Pensé retirarlo. Me alegro que no lo hice. He descubierto que hay mucha gente con la misma necesidad de hablar y expresarse sobre cómo este sistema económico salvaje y rampante nos rige. 

    En Facebook, y por correo electrónico he conocido muchas historias mas. Todas diferentes pero todas iguales. Gente tratando y bregando asediados por un sistema salvaje que nos devora. Aprendí que la historia del jugo de china no es única, y aprendí que hay un hombre que vive sin electricidad hace dos años y que tiene un caudal de información sobre cómo usar y para que las velas. Aprendí que una sola dañada de carro, ha condenado a una mujer y su niña a volver a vivir con sus padres y de una familia que dos semanas al mes sólo comen papas. 

    En fín, esperaba juicio, y encontré solidaridad. Esperaba aislamiento y encontré apoyo. Esperaba rechazo y encontré identificación. 

    Osvaldo nos invita a a reconocer la negación y sedación colectivas, con estas conversaciones empezamos a hacerlo. Insistamos en las mismas, con nuestros vecinxs, compañerxs, colegas. Para hacer eso, Amárilis Pagán sugiere (y yo aplaudo) es “necesario que miremos esa precariedad de frente y con dignidad.” Smadhi Yaisha nos recuerda que la situación es igual en la metropólis (USA Continental) y yo añado que en muchas otras partes, pienso en España, pienso en Grecia, Italia. Cómo Tadiaram y Modestti, yo también conservo mi sonrisa y la capacidad de reírme. No se trata de la pena. Se trata de que de una vez ya rechacemos cargar una culpa que no es nuestra y de que obliguemos a otras y otros a soltar esa carga y entender que estamos jodidos sirviendo a un sistema que no nos sirve. Y es tiempo de que rechacemos y mandemos al carajo a quienes son solidarios, no con nuestra precariedad, sino con la causa de la misma. 

    De nuevo, les agradezco a todos y todas por comenzar a romper el silencio en nuestras vidas, cito una de las muchas comunicaciones que recibí: 

    “No te conozco, pero ya te conozco porque puedo reconocer en tu
    experiencia la mía. Y hacer política, política revolucionaria, es
    precisamente el ejercicio de comprender lo que tenemos en común y actuar
    juntos para cambiar nuestra realidad”

    • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

      La primera oración de este segundo párrafo debió decir: “En Facebook, y por correo electrónico he conocido muchas historias mas en estos últimos dos dias.”

  • Pingback: ¿Cómo estás…bien? « Socialismo Internacional

  • Osvaldo Luis Cintrón

    ¿Qué cómo? Pueh, ahí. Ya tú sabeh. Siempre se brega. Los antidepresivos ayudan y la pastillita de dormir. Me subieron la dosis del ansiolítico. Asi que esto me beneficia doblemente porque fumo menos y me reduce el apetito. Cuando me preguntan porque estoy delgado aprovecho para colar en la conversación que acabo de cumplir cincuenta años el marzo pasado y que para verse bien en el “middle age” hay que estar delgado. Los préstamos estudiantiles tengo hasta noviembre para llamar de nuevo y volver a aplazar los pagos, después que oiga a la recepcionista advertirme que seguirán ganando intereses. Me consuelo pensando cuántos años más me quedan de vida o esperanzado de que se cumpla la profecía Maya. Un pensamiento algo egoísta, el único lujo gratis que me conceden los años.

    (Sin duda, Yoryie, tus mejores escritos son en los que desnudas tu alma; y este es uno de ellos. Es amplio al discutir asuntos universales: vulnerabilidad, sedacion colectiva, negación…etc. Muy bueno.)

  • Mitzy

    Bueno, estoy exactamente igual que tú.  MAL!!! Sobreviviendo día a día, por los últimos tres años y medio, recibiendo el rechazo, el menosprecio y pasando por ese dolor.   Me sucede lo mismo, cuando respondo estoy mal, la respuesta es “hay peores que tú” y cierto es,  todavía tengo cama y un techo que pronto no tendré, pero como me preguntaste a mí, de mí es que te hablo. Ay bendito y de los trabajos poco remunerados o gratis, mil cuentos puedo hacer, pero sabes que me dicen…”Como no tienes nada, para que tengas algo”. 

    Soy y seré un mujer luchadora, no hay mal que dure cien años.  Tengo esperanzas de que un mejor país es posible.  Lo que sí decidí fue bregar conmigo en la soledad, porque esas “respuestas solidarias” que te ofrece la gente, como bien relatas en este escrito, no son contigo, son con el sistema.  Del que no sienta empatía, ya ni dolor me causa. 

  • José Felipe González Pabón

    Cómo está todo, bien? Lo dices con gran acierto. No queremos arriesgarnos a escuchar la posible respuesta que vendría del otro lado. La incertidumbre nos amenaza. El temor a la confirmación de lo “peor” es transformado en negación. Seguimos empecinados y obstinados en la sonrisa “wall-to-wall”, en el ánimo de buena vibra, en la “vie”‘color de rosa, ultra “shocking pink”, “well done”, en el “how nice”, en que nadie se percate, ni por un breve momento, de mi desesperanza, de mi descorazonamiento, de mi desilusión, de mi sensación de imposibilitismo, de mi lucha y batalla contra ese fatalismo que estoy a punto de admitir, de ese derrotismo que me pisa los talones, de esa náusea inerte que abruma y fatiga. De esa incesante presencia de ella, de la que me ronda y seduce con malicia, de el fantasma de Gregorio Samsa y de Mersault.

  • Samadhi Yaisha

    No es demasiado diferente a lo que vive la clase trabajadora en la metrópolis. Justo antes de leer tu columna estaba pensando que al día de hoy mis cuentas están pagas. Puede ser que me sobregire antes del cheque del próximo jueves. No sé qué voy a hacer el miércoles cuando venza el plazo para pagar el PO Box en el correo. Quizás no lo pague. Al menos hoy pude comer bien, mis gatos también. Y me siento agradecida, un día a la vez. Sí, he conseguido ropa usada en el “thrift store” para el invierno y aproveché una venta especial de payless para comprar unas botas porque se avecina un invierno crudo. En Acción de Gracias un grupo comunitario vegano va a hacer una cena para compartir aquellos que estaremos lejos de nuestras familias. También tengo una sola silla en mi sala. Mis dos pequeños libreros y el diminuto escritorio de mi computadora fueron uno regalado y dos comprados a $5 en mi lugar de trabajo principal cuando decidieron salir de muebles “antiguos”. Ya no miro los especiales de Bath & Beyond, donde antes me encantaba comprar. Aprovecho los especiales de tomar cosas a crédito sin intereses por los próximos seis meses y pago antes de que venza el plazo. Estuve meses utilizando internet fuera de Starbucks, la biblioteca comunitaria y mi lugar de trabajo, hasta que conseguí una ganga prepagada que va a velocidad 3G (outdated, porque aquí ya hay 5G). Y considero que tengo un lujo por poder pagar internet a $45 mensuales. No soy la única que vive así, ESA ES LA VIDA DE LA CLASE TRABAJADORA EN EL MIDWEST. Tengo un amigo boricua que vive en NY y, Dios mío, estuvo en verano que no podía ni pagar la renta. Pero en la costa este la renta es carísima, debería ser ilegal.

  • Mabel Rodríguez Centeno

    “Pero de nada de eso hablamos, porque a todas y
    todos nos han enseñado que el problema somos nosotros. Las irresponsables somos
    nosotras, las que tenemos que avergonzarnos somos nosotras. Mientras siguen
    subiendo los intereses del crédito, mientras siguen subiendo a ritmo asesino el
    costo de la salud, de la comida, de la educación, desaparecen el over-time, el
    empleo con beneficios, el empleo a tiempo completo.” –Yoryie Irizarry

     

    Me encanta este ensayo, creo que das en el clavo
    con tantas cosas pertinentes. De hecho, me has dejado sin palabras por un buen
    rato, sin saber si quiero/puedo exteriorizar cómo me siento (hoy).

     

    Esas precariedades materiales que acarrean tantas
    otras y que nos llevan a evadir/aceptar/nombrar el cómo nos sentimos, están
    relacionadas a la (fulana) ética del trabajo (patriarcal y capitalista). Desde
    esas enseñanzas y desde la empecinada “cultura del esfuerzo” (que tanto empujan
    los “echar pa’lante”) es que nos sentimos irresponsables y que tendemos a ver
    el problema como nuestro. Las propagandas que nos dicen que tenemos que superar
    los obstáculos de la indiferencia, el conformismo o el pesimismo, nos hacen un
    flaco favor a nosotras/os y colaboran con las perversidades que (intentan)
    perpetuar el sistema. Porque subrayan lo que bien señalas: “Realmente lo que te
    dicen es sigue jodiéndote, no hay nada malo en este sistema que produce
    pobreza.” (Yoryie)

     

    Gracias por el ensayo, un abrazo, Mabel

  • Gaby Saker

    “Quiero hablar de esas cortas conversaciones cotidianas. O mejor dicho, quiero hablar de esas conversaciones cotidianas que no se dan. Aquellas que tal vez con su ausencia evitan la posibilidad de la solidaridad, el compañerismo, la fraternidad entre unas y otros”.
    Se me pararon los pelos. Muy honesto.

    Está genial. No solo el tema, sino cómo está escrito. No en balde muchos dicen que la mentira más grande es “Estoy bien”, junto a “He leído los términos y condiciones”. Pero ya uno, casi hasta por instinto, no se atreve a contar las penas, prefiere quedárselas y dar apariencia de tranquilidad, para que no te digan que “lloras miseria”, para huirle al rechazo. Quizás sin esa gran mentira, no funcionaría el contacto social. O funcionaría mejor, pero tanta transparencia da mucho miedo.
    Claro, el gran problema es que a la vez, uno se va enredando en la mentira, y uno mismo se cree que “está bien” y no hace nada para cambiar. Se sumerge en la inercia colectiva.

  • V Modestti

    Pues yo, al igual que tú, no pienso seguir en la mentira. Estoy como Buika…”Jodía pero contenta”. Podrás pensar que esta está loca o que es una pendeja optimista. Prefiero la primera. No estoy contenta con el sistema, ni con la situación de la que todos somos víctima y victimarios. Elegí mantener la sonrisa ante la adversidad y las mil ocasiones en las que, al igual que todos los que mencionas en tu impecable y pertinente escrito, he vivido en carne propia el efecto. Con la diferencia que acepto que estoy jodía, que no es culpa de nadie, sino la consecuencia de mis propia aprobación a ser parte de este miserable sistema en el que estamos sumergidos e hipnotizados y del cual hasta que no tengamos voluntad de cambiar, perpetuaremos con un simple y burocrático beso en la mejilla izquierda, mientras prolongamos el…¿De lo más bien, y tú? 
    GRACIAS por tu gran honestidad, y tan revelador escrito. Un placer leerte. :-)

  • Amárilis Pagán Jiménez

    Querido Yoryie, no sabes cuánto aprecio esta columna y cuánto agradezco tu ejercicio de honestidad. Me parece necesario que miremos esa precariedad de frente y con dignidad. Creo que la negativa de muchas personas a aceptar su precariedad tiene que ver con un falso pudor que nos hace sentir menos si no tenemos bienes que nos validen en un determinado lugar social. En la clase media y trabajadora que en algún momento vivió el “sueño” muñocista de progreso y ascenso, operan además los prejuicios de clase. Esos prejuicios que nos hacen ver a los pobres como criaturas infrahumanas que se merecen su miseria y que nos hacen exclamar: “¡Qué mucha gente mantenida hay en este país!”. Claro está que después de tanto desprecio, nuestra clase media en camino al escocotamiento se espanta al reconocerse hermanada con quienes han vivido la precariedad desde hace generaciones. Al final, pasa algo más, reconocer la situación nos obliga a actuar.

    Un abrazo.

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=517784343 Monica Gutierrez

    ¡¡¡Te felicito por dar en el clavo: muy, muy, muy bien!!! 

  • Tadiaram

    Creo que hoy contestaría como Biuka “Jodida pero contenta”, y otros días diría “Jodida y soñando con que la igualdad alguna vez saludará.” 

  • Javier

    Ahi, en la lucha! :/