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¿Cosas chiquitas?


Gerard Quenum

Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

-Eduardo Galeano

Desde el 7 de noviembre de 2012 he estado pensando cómo evitar hablar de las elecciones recientes en Puerto Rico en un texto que cierra una pequeña secuela sobre el particular. La razón para ello es que imagino que estamos saturadxs de tanto decir antes, durante y después de las elecciones. Pero es difícil no hacerlo. La verdad ni siquiera voy a intentarlo. Este evento, del que todavía conservamos la resaca, ha dado mucho que hablar y lo seguirá dando. Pero intentaré centrarme en lo que voy a llamar “cosas chiquitas” en reiterado homenaje a Galeano.

Preámbulo

La primera “cosa chiquita” que deseo destacar es la aparición de los nuevos partidos políticos en Puerto Rico, entiéndase el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) y el Movimiento Unión Soberanista (MUS). Ambos partidos reunieron talentos y voluntades disidentes del independentismo y de los otros partidos mayoritarios. Ambos convocaron a desencantadxs, soñadorxs y desalentadxs en recuperación. Esa demografía les imprimió ideas refrescantes o, al menos, debates que rompieron con el clásico azul y rojo.

Ambos partidos generaron el ruido necesario para que la sociedad puertorriqueña se curtiera un poco políticamente y emplazaron algunas oposiciones binarias harto gastadas. Presentaron candidatxs que hicieron una campaña decente e inteligente y eso no es poca cosa. En especial, el PPT trajo a la mesa discusiones de corte materialista que se han echado en falta por las últimas décadas y elaboraron posiciones que en pleno siglo XXI siguen evocando los aciertos de Marx.

No quedaron inscritos. Cierto. Ninguno de sus candidatxs fue electo. Cierto. Este es apenas su primer capítulo en la esfera política puertorriqueña. Cierto también.

Elecciones

La segunda “cosa chiquita” que es preciso reconocer es que lxs puertorriqueñxs hemos sacado al Gobernador que despidió a 30,000 empleados de manera directa y a tantxs otrxs de forma indirecta. También hemos salido de una de las peores y más incompetentes mayorías legislativas de nuestra historia. Es cierto que se salvaron algunxs recalcitrantes por la disciplina de partido tan bien llevada por lxs del PNP, pero estarán en minoría y muchxs nos alegramos.

Además, otra “cosa chiquita” memorable es que estas fueron elecciones de indisciplina partidista y de resignificación del voto en la mayoría de los casos. Ambas son “cosas chiquitas” nada despreciables. Es obvio que hubo una buena dosis de votos mixtos y por candidatura. Pero, más significativo aún, es que una cantidad importante de personas que se había abstenido por las pasadas décadas se reactivó o se inscribió para poder participar de las elecciones esta vez.

Otra “cosa chiquita”, quizá la más grande de todas, ha sido la victoria sorprendente de Carmen Yulín en la alcaldía capitalina. Esta mujer menuda, chiquita, petite nos ha dado una gigante alegría en estas elecciones. Aunque una no sea del PPD, su victoria es un poco de todxs. En su partido no se lo hicieron nada fácil, pero fue una de las más votadas en las primarias y tuvieron que darle paso a su candidatura a la alcaldía de San Juan con apenas siete meses por delante para la campaña. Santini se despachó con la cuchara grande de la macharranería y de la violencia durante ese corto periodo y hasta el último momento fue un indigno contrincante. Ella, por su parte, se fue creciendo ante los ojos de todxs y salió victoriosa.

Referéndum

La tercera “cosa chiquita” más notable en este proceso electoral ha sido el controversial plebiscito de status. Definitivamente se trató de una estratagema. No cuenta con el compromiso del congreso de los EE.UU. ni tiene más fuerza que la simbólica. Pero su resultado ha sido un signo digno de atención. Todos han reclamado la victoria. Pero también todos perdieron de algún modo. El proceso descolonizador de Puerto Rico es el ganador indiscutible. Por primera vez en nuestra historia desde 1952, la mayoría dice no estar de acuerdo con el ELA. Eso puede parecer una “cosa chiquita”, pero es inmensa y auguro que es el comienzo de otros términos en la discusión del asunto colonial puertorriqueño.

Por otro lado, este resultado ha generado una secuela de reacciones en Estados Unidos que son dignas de análisis en sus propios términos. Puerto Rico ha existido para lxs estadounidenses por unos días y ya se empiezan a plantear qué efectos tendría un estado 51. Sirva este vídeo como muestra y como comienzo de una investigación a fondo sobre cómo ha sido tomada esta noticia en los Estados Unidos. En especial, les recomiendo a lxs estadistas que naveguen un poco por la red y por la prensa estadounidense para que empiecen a moderar su alegato de victoria y se preocupen por atajar una opinión pública que está muy lejos del entusiasmo.

Coda

Son cosas chiquitas. No acaban con centurias de colonia. No acaban con una política machista ni con la homofobia en todas sus retorcidas expresiones. No acaban con los prejuicios ni con las injusticias. No acaban con la violencia ni con la falta de oportunidades para lxs marginadxs. No acaban con la desigualdad ni con la pobreza.

Son cosas chiquitas. Quizá. Pero, tal vez, le potencian al país la esperanza y alimentan la posibilidad próxima de un Puerto Rico descolonizado y maduro políticamente. Son cosas chiquitas. Tal vez. Pero, quizá, son promesas de cambio, augurios de acciones en cadena que, poco a poco, nos harán diferentes y mejores. Son cosas chiquitas. Pero nos movemos, actuamos diferente y abrimos paso a un futuro más parecido a lo que soñamos. Que todas esas cosas chiquitas se traduzcan en actos para la libertad y la dignidad de todxs.