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El ángulo gay


David LaChapelle

En las pasadas elecciones del 2008, en una de tantas tertulias con colegas de la Universidad durante la hora del almuerzo, precisamente en La tertulia, se desató una discusión sobre un programa de Rachel Maddow. No recuerdo los detalles, pero seguramente que tendría que referirse a la contienda electoral entre Obama y McCain. Alguien mencionaba con admiración la inteligencia mordaz y sin tapujos de la comentarista y otra de las compañeras de almuerzo y tertulia preguntó ¿me pueden informar quién rayos es Rachel Maddow? Yo, que me había convertido en uno de sus televidentes asiduos por aquellos días, me sentí autorizado para declarar, con el esbozo adicional de una sonrisa: “Rachel Maddow es una brillante crítica lesbiana de la izquierda liberal norteamericana, que tiene un programa de comentario político cada noche por MSNBC.”  Una de las colegas, visiblemente contrariada, se apresuró a añadir, cortante y enfática, ¿Y porqué tienes que decir que es lesbiana, como si eso  tuviera que ver con su trabajo? Otro colega, con una carcajada más auto complacida y segura de sí misma que mi sonrisa, terció: “hay mija, recuerda que éste tiene que encontrarle el ángulo gay a todo, hasta donde no lo hay”.

Los comentarios (y la complicidad de los que los hicieron) me sacaron de centro y me sentí de repente invadido por una minúscula tristeza, cuyo origen se me hacía difícil identificar. Tardé más de un minuto en reaccionar y, cuando tenía pensada una segunda intervención, ya la conversación había cogido por otros rumbos, porque en aquellas tertulias que, a pesar de los pesares, tanto echo de menos, los temas se sucedían, transformaban y se desvanecían mucho más rápido que mi capacidad de improvisar una respuesta en el instante.

Han pasado cuatro años y quizás no esté de más regresar al asunto, ahora que el presidente Obama acaba de recibir el mandato para su segundo cuatrienio, gracias, sobre todo, al entusiasta voto de las mujeres, los negros, los latinos y los gays.  ¿Por qué Rachel Maddow, una comentarista política abiertamente lesbiana desde que se apareció por aquellos días en la televisión (de hecho, una visita rápida a Wikipedia la describe como la primera persona abiertamente homosexual en ganar la prestigiosa beca Rhodes), cuya representación ideológica y código vestimentario la identifican tan instantáneamente con la intelectualidad de esa izquierda norteamericana de los derechos civiles que se fragua en la lucha feminista y los derechos sexuales, por qué no puede ser descrita como lesbiana? ¿Por qué no puede incluirse en una frase que aspire a describir su valía el hecho de que sea, entre otras cosas, lesbiana? ¿Por qué la identidad sexual no normativa se suele relegar todavía, a estas alturas, en Puerto Rico, al ámbito de lo privado y hasta se insiste (y esto es lo particularmente irritante) en que se hace realmente como un acto de justicia, para no involucrar la escena de lo secreto en la vida pública de individuos que son productivos y valiosos independientemente o  “a pesar” de su identidad sexual, aún cuando la misma persona, como es el caso de la Maddow, se haya ocupado de incluir su lesbianismo en su propio trabajo de representación pública? Que no me vengan con explicaciones pseudo-culturalistas, alusivas a nuestra supuesta idiosincrasia, a nuestras reglas de cortesía o a nuestras benditas costumbres. ¿Por qué ese interés de editar el homosexualismo de alguien que admiramos, so pretexto de que lo hacemos casi como un acto de defensa del individuo, para “protegerlo” de la distracción que ese detalle “añadido” e indeseado pueda provocar en la imagen y en el prestigio de  su figura?

En Puerto Rico la representación homosexual abierta está casi exclusivamente reservada para Pedro Julio Serrano, y más recientemente Ricky Martin, que al salir del clóset y convertirse, uno en un activista de los derechos LGBTT a tiempo completo y el otro en un cantante abiertamente gay, parecen habernos ahorrado la tarea de que nadie más tenga que ser caracterizado como homosexual, lesbiana, transgénero o queer, además de político, cantante, policía, trabajador social, escritor, pintor, malabarista, nacionalista, astrólogo, boxeador, o lo que sea. Aún de una figura tan determinante para los derechos civiles como Ana Irma Rivera Lassén, mujer, negra, feminista y lesbiana, en estos últimos días en que se ha convertido en  la flamante presidenta del Colegio de Abogados, la prensa ha preferido destacar sus aportaciones siempre y cuando no se recalque el ángulo LGBTT del asunto. Es como si fuera el elefante blanco en el salón.

El caso del admirable Pedro Julio Serrano merece considerarse como un índice revelador. No deja de ser en cierto modo contraproducente y perturbador que este joven activista haya prácticamente absorbido el espacio de representación disponible para la defensa de los derechos LGBTT. Este hecho me parece que es una combinación de su propia tendencia al auto-reconocimiento, que a veces se interpone en el camino de sus mejores intenciones y de la excesiva atención mediática que se le dispensa, demasiado conforme con la idea de que en Puerto Rico basta con una sola persona para opinar sobre cualquier asunto de índole queer, desde el asesinato de una transexual, los cambios al código civil, las ligerezas de la Comay, o un insulto a nuestro primer boxeador abiertamente gay. Pedro Julio prácticamente se ha convertido en la Miss Manners de la etiqueta gay en Puerto Rico, en el árbitro indiscutible de la corrección política LGBTT.  Si el asunto es gay o espinosamente queer llamamos a Pedro Julio para que opine y lo resuelva más rápido que ligero, como si, además de ser un activista, un comentarista de farándula, un defensor de víctimas desvalidas, un aspirante intermitente a la legislatura, un descodificador experto de nuestros léxicos y costumbres, fuese realmente una especie de pararrayos que, al final de cuentas, disuelve y neutraliza el potencial inquietante y provocador que subyace en muchas de las controversias donde funge como expert witness.

No deja de ser preocupante ese exceso de visibilidad tan expedita y especializada, tan conveniente, que para lo que sirve en el fondo es para despachar cuanto antes lo espinoso del asunto y pasar a otro tema. Esa instantaneidad es típica de la cultura de los medios, se nutre de la aceleración de imágenes y tópicos para detener el pensamiento, y se cuela, no ya sólo en los programas de chismes y en los noticiarios, sino que rige y reina hasta en las tertulias universitarias. Lo curioso es que, contrario a lo que ha sucedido con Pedro Julio o con Ricky Martin, que son héroes de y para la visibilidad, mi intención al decir en aquella mesa de La Tertulia hace cuatro años que Rachel Maddow era una brillante comentarista lesbiana, era que la palabra lesbiana se desenvolviera con desenfado y alegría en el ímpetu de la frase, que fuese leve, que tuviese sólo la presencia necesaria para formar parte de un conjunto de características: su brillantez, su lugar en el espectro de la izquierda, su modo particular de leer la contienda entre Obama y Mc Cain. Pero no lo logré. La mera mención de la palabra lesbiana tuvo el efecto contraproducente de que se pensara que la quería reducir a su “condición” sexual y de convertirme en una especie de proselitista homosexualizador de todo lo que tocaba, como un rey Midas venido a menos.

La dialéctica entre lo invisible y lo visible puede ser así de traicionera. Habría que hablar, no ya sólo de una política, sino sobre todo de una ética de la visibilidad. Para lo único que debe servir cualquier acto de visibilización, y esto lo demuestra con particular perspicacia la esencia del performance, es para poner de manifiesto, brevemente, la potencia invisible de la materia, para demostrar que toda identidad (de una cosa, de una persona, incluso de una causa) sólo brilla por su ausencia, sólo existe para desplazarse. Ya Foucault nos prevenía de lo que él llamaba el ojo panóptico, cuya función reguladora en el orden social era precisamente someterlo todo a la disciplina de una mirada rectora: que nada escape el lente detector que asigna, regula, describe, legisla, archiva y somete las cosas y los cuerpos a la obediencia de la ley. Encontrar el peso justo del acto de visibilización, que lo salve de la carga excesiva del estereotipo, de la dudosa bondad de la condescendencia, de la escondida violencia de la noticia, de la estudiada ingravidez de la moda o del escrutinio implacable de la costumbre, es un talento digno de una ciencia de la prestidigitación.

Por eso me parece importante que no sobrestimemos la orgía de visibilidad que es toda contienda electoral. Durante las semanas de la campaña que, para cuando se lea esta columna, habrá llegado por fin a su predestinado final, se impone una falacia que le confiere a las elecciones de un cuatrienio el poder central y legítimo de lo que pasa por política en las democracias del capitalismo.

La política electorera de cierta forma fulgura lo político, es decir, lo quema, lo somete a una visibilidad tan excesiva que lo abrasa, lo reduce a cenizas. Qué bueno que se fueron las elecciones. Ahora quizás, por fin, podamos re-dedicarnos a lo político. En lo que a mí respecta, nada resume mejor el objeto de lo político que el sugerente título de uno de los libros de la filósofa norteamericana Judith Butler: Bodies that matter. En español se traduce por “cuerpos que importan”, y es una traducción aceptable. Los cuerpos que importan son los cuerpos que antes no importaban, cuerpos que no formaban parte de la zona del litigio, que carecían de representación social y que, como producto de las luchas, los actos de resistencia y las reivindicaciones, surgen, de repente, en todo su esplendor, con todo el misterio de su ilegibilidad. Pero el título en inglés del libro es aún más sugerente: bodies that matter, puede traducirse también como cuerpos que se materializan ante nuestros ojos. La escena parece salida de una película de ciencia ficción, como Invasion of the Body Snatchers. Un cuerpo que se materializa, como acaba de suceder con el cuerpo del boxeador gay Orlando Cruz, es un cuerpo que de repente aparece en escena, nuevo y rutilante, erótico y desafiante, reclamando atención, irradiante, pero también vulnerable, a expensas de ser devorado y fulminado por las mismas miradas que pretenden desearlo.

Un cuerpo que se materializa es político porque adquiere masa, ocupa espacio y exige la atención que produce su propia inercia, la fuerza de una resistencia en movimiento. Un cuerpo que se materializa es resistente porque se resiste a ser devorado o fulgurado por nuestra mirada consumidora, un cuerpo que es demasiado gay para ser el cuerpo de un boxeador, o demasiado lésbico como para ser sólo el cuerpo de una comentarista política, o demasiado mulato para ser meramente el cuerpo de un presidente. Un cuerpo que se materializa es un cuerpo que ejerce inercia desde un ángulo desafiante.

¿Cómo es, de hecho, el cuerpo de un presidente, el cuerpo de un gobernante? El día antes de las elecciones locales, y siguiendo la pauta de un conjunto de eventos concurrentes en otras elecciones de distintos países, se hizo en la plaza frente al Museo de Arte de Puerto Rico una lectura colectiva coordinada por Johanna Gustafsson, una artista que está haciendo una residencia en BetaLocal, en el Viejo San Juan. La lectura es una traducción al español de un texto de Zoe Leonard, una antigua activista de los grupos politicos de los ochenta Queer Nation y Act Up. El texto de Leonard quiere (“I want” es la frase reiterada) introducir en el cuerpo soñado del Presidente (o gobernador), es decir, en esa lógica simbólica que cada cuatro años se impone como el asiento de la política, una caterva, una jauría de otros cuerpos que nadie se figuraría dignos de aparecerse en los interiores de lo presidencializable. Comparto con ustedes, para los que no lo hayan leído, la versión traducida en español puertorriqueño que circuló localmente, y termino con una pregunta: ¿señor gobernador, Alejandro García Padilla, está usted dispuesto a gobernar con un cuerpo hecho de estos cuerpos?

“Quiero que la gobernadora sea pata. Quiero una persona con SIDA como gobernador y un maricón como alcalde y quiero a alguien sin seguro médico y quiero a alguien que haya crecido en un lugar tan saturado con desperdicios tóxicos que no le haya quedado otra que tener leucemia. Quiero una gobernadora que haya tenido un aborto a los 16 y no quiero tener que votar por el candidato menos malo. Quiero un gobernador que haya perdido a su amante por culpa del SIDA, que aún vea su rostro al cerrar los ojos y que sepa cómo se siente al abrazar a alguien que muere. Quiero un gobernador que no tenga aire acondicionado, que haya tenido que hacer turno en el hospital, en WIC, en el desempleo, en el departamento de vivienda y que haya sido despedido, que haya sufrido de acoso sexual, que le hayan dado una pela por ser gay y haya sido deportado. Quiero alguien que haya pasado una noche en la cárcel, haya sido acusado por ser negro y que haya sobrevivido a una violación. Alguien que se haya enamorado y que haya sufrido por amor y que respete sexualmente a los demás; que haya cometido errores y aprendido de ellos. Quiero a una mujer negra por gobernadora. Quiero a alguien con los dientes bien jodidos y con actitud, alguien que haya tenido que pedir en la luz para comer, alguien que se trasvista, que haya usado drogas y que haya estado bajo terapia. Quiero alguien acusado de desobediencia civil. Y quiero saber por qué todo esto no es posible, quiero saber en qué momento empezamos a creer que un gobernador tiene que ser siempre una marioneta: antes cliente que puta. Siempre jefe y nunca trabajador, siempre un mentiroso, siempre un ladrón que queda impune.”

Imagen del texto original de Zoe Leonard (1992)

  • Larry La Fountain

    ¡Tremendo artículo, tremendos comentarios! E increíble el texto de Zoe Leonard, que sigue igual de vigente que cuando lo escribió hace 21 años.

  • Jesús Ortiz

    Un artículo del cual podemos aprender desde el punto de vista de la construcción de un discurso bien hecho, tarea para la cual debemos dirigir a nuestros estudiantes. Esté de acuerdo o no con las ideas del Dr. Ríos Ávila su escritura es un ejemplo de academicismo y modelo de escritura polémica.

  • Pandafilanda

    ¡Bravo, Rubén! Quizás haya que mirar de nuevo el cuerpo de Leviatán que aparece en la portada de la edición original del libro de Hobbes: un cuerpo hecho de cuerpos, un cuerpo delegado hecho de cuerpos delegantes. Pero no para construir el monstruo de las mil cabezas, sino para ensamblar y echar a andar una máquina (o una maquinación) para construir comunidad, independientemente de que haya ajuste entre sus partes. Ay, pero, sí: se trataría de un “monstruo”, pero no por su hibridez descabellada o por su antropomorfismo errático, sino porque se ostentaría ante nosotros, porque ocuparía nuestro campo de visión como esa lista que propuso Leonard.

    • Lilliana Ramos-Collado

      Hey! No salió mi nombre! Y me gusta firmar estas cosas. El comentario “Pandafilanda” fue escrito por mí: Lilliana Ramos Collado. 🙂

      • Riosavila

        Nadie más más y nada menos: Lilliana Ramos Collado

  • H Flax

    Excelente. Esperemos que llegue el día que de lo que hablas en tu meridiano ensayo no se hable, no porque “de eso no se habla” sino porque no importa. Quizá no llegue nunca.

    • Gerardo Torres

      Es
      que siempre va a importar. Puede que como motivo de conversación o identificación
      por razones de discrimen o porque corre en el mismo camino que otras
      identidades pierda su importancia, pero lo tendrá siempre porque la experiencia
      misma del ser homosexual define  lo que se vive, se siente, se percibe mas allá de escalas y roles. Nunca he conocido a un hombre heterosexual a quien le
      queda “natural” el “partirse”, etc. etc.; y no sigo porque se necesita mucho más
      espacio que el que proveen estas páginas para discutir un tema tan profundo y significativo.

  • Para  expresar mi punto de vista…es necesario exponer mi preferencia sexual? 

    • Zuly Garcia Ramos

      No es necesario que expongas tu orientación sexual. Pero ciertamente, el argumento sobre la orientación sexual de quien se habla o de quien habla, no debe ser un elemento que se convierta en un asunto de juicio, crítica o evaluación. Es, sólo, otro detalle, detalle que tiene que tener espacio público y político.

  • Luis Aponte-Pares

    Rubén,
    Encontré tus notas muy interesantes. Lo de la Sra. Maddow es un poco más complejo. Ella tiene una visión muy particular que a veces le limita muchísimo sus posiciones. Por ejemplo, un par de años atrás, ella seguía invitando a Pat Buchanan (El que se dirijió a la convención republicana donde eligieron a Ronald Reagan como candidato a presidente y entró al vocablo o discurso politico el “Cultural War” donde se identificaba al “otro” como el enemigo, además de muchísimas publicaciones donde se reprentan a los Latinos como gente inferior) aunque muchos (yo inclusive) le advertían que su presencia, aunque no necesariamente representaba su endoso a este señor, le validava por su presencia. Miss Madow es del ala Queer liberal que todavía es ciega a los cambios demográficos y como buena liberal escoje a sus “minorías” osea, los que ella les autoriza para que sean parte del establo donde los liberales acumulan su gente “non-white” que viene a ser una tendencia del liberalismo más sucio del imperio.

    • Gerardo Torres

      Aunque el ensayo gira en torno a la discusión de la identidad homosexual como
      parte del discurso público y no tanto sobre la Maddow, la referencia a la
      comunicadora es algo peligrosa por las razones que bien expones, “Miss Madow es
      del ala Queer liberal que todavía es ciega a los cambios demográficos y como
      buena liberal escoge a sus “minorías” o sea, los que ella les autoriza para que
      sean parte del establo donde los liberales acumulan su gente ‘non-white’ que
      viene a ser una tendencia del liberalismo más sucio del imperio.” Y para
      comprobar la cita anterior solo basta con mirar el anuncio donde ella elogia esa
      gran nación americana, faltándole poco por vestirse de Estatua de la Libertad.
      Quizás como bien apunta Alfavil, usar la Maddow como referencia es parecido al
      problema de la colonia donde se le da permiso a unos cuantos, doctorados o no,
      a servir de representantes oficiales, igualito a lo que han hecho con la Maddow
      en los EEUU. Claro, se agradece, pues es hora de abrir la caja de Pantojas,
      perdón, de Pandora..

  • Alfavil

    Lo siento mucho.  La producción cultural puertorriqueña, de René Marqués a Mayra Santos Febres, está marcada por la presencia homosexual. Y los artistas puertorriqueños no viven en el closet.  No concuerdo con Rubén.  Se refiere al discurso local, dominado por “patos oficiales”, esto es, aceptados como parte del circo de la colonia.

  • Desgraciadamente, si Rachel Maddow hubiera asesinado 15 personas en un mall o  hubiera sido arrestada vendiendo drogas cerca de una escuela, su orientación sexual hubiera sido central a las discusiones sobre sus actos. A mucha gente no se le hace difícil discutir la orientación sexual cuando el contexto es criminal. 

    El efecto de esta incapacidad que tan bien describes en este ensayo es que consistentemente se elimina, se hacen invisibles, las muchas y diversas contribuciones que hacemos a nuestro entorno social, político, cultural y ciudadano. Esta negación a nombrar el ángulo gay, a reconocer cuán integrados e integradas estamos a nuestra sociedad, en nuestras comunidades es uno de los retos mas frecuentes y persistentes aún hoy día. De alguna manera, tenemos (homosexuales y lesbianas en busca de su historia, su legado, y sus modelos) que aceptar que es importante que la nueva presidenta del Colegio de Abogados, Ana Irma Rivera Lassen, sea mujer, debemos celebrar que además de ser mujer es negra y hasta podemos atrevernos también celebrar que sea feminista. Pero irónicamente  se nos niega el orgullo de también celebrar que es lesbiana. Que es tan “nuestra” cómo es “suya.”

    Gracias Rubén, por un ensayo tan hermoso como necesario. Gracias por las  referencias tan impecables cómo relevantes. Gracias por tu argumento, irrefutable, los cuerpos importan. 

  • Manolo

    Gracias por compartir esta reflexión poderosa sobre un asunto que soslayamos en todo momento o lo tratamos por lo bajo. Yo tu, cambio mis amistades (y puedes usar cualquier acepción del verbo cambiar).  

    Hace unos cinco años, hice ese mismo comentario en un círculo de amistades heterosexuales y homosexuales y la respuesta fue completamente diferente, y algunos empezaron a seguir su programa con interés. También le hablé a una de mis hijas sobre Rachel, con el interés expreso de que la tomara como un “role model.”  

    Maddow es una mujer muy inteligente y capaz, trabajadora como la que más, con un raro sentido del humor y una lengua mordaz en la política. Yo, personalmente, la encuentro absolutamente hermosa, en todas sus dimensiones. La imagino como el tipo de intelectual, o ente pensante (sobre todo con doctorado) con la que me quisiera reunir a tomar café y conversar sin tapujos y hasta con un poco de calle (de esa que aprendimos en Santa Juanita o en Lomas Verdes), rodeados de libros y de gente exquisita como la que visita La tertulia.    

    • Riosavila

      ¡Gracias Manolo!

  • Gerardo Torrres

    ¿Qué por
    que la identidad sexual es parte de la discusión pública?

    1.      Mientras la orientación sexual sea
    un acto/motivo/evento moral, legal y político, su identificación y discusión es/será
    parte de la discusión pública/política. No se pueden lograr cambios sobre lo
    legislado/moralizado si no se discuten públicamente.

    2.      Y si la razón número uno no es
    suficiente,  con la número dos basta:
    porque me sale de entre las patas y me da la real gana discutir sobre lo que me
    gusta y me identifica dentro de las patas.

    Y si me
    quieren censurar, pues que se vayan a hablar con los reverendos de pandereta,
    que allí van a encontrar apoyo a su censura. Detrás de
    ese supuesto manto protector hay razones que tienen poco que ver con la solidaridad
     y mucho con miedos o prejuicios
    solapados.

  • Gracias, Rubén, por visibilizar y “dar cuerpo” a estas identidades que se presentan tan problemáticas para algunos de nosotros. 

  • Javier Cardona

    Rubén,

     

    Te acabo de
    leer en 80grados y me conmoví. Agradezco tu reflexión, y que la compartas.
    Ahora que acabo de regresar a PR de NYC me he estado preguntando cuán dentro o
    fuera (del closet) me pasearé, viviré y trabajaré? Cuántos de mis familia y
    amig@s se reservarán el hecho de que soy gay por entender que así me/se
    protegen? Sé que hay quienes harán silencio por entender que eso de ser gay es
    una cosa privada y no pública. Al tú haber presentado a Rachel como lesbiana,
    sin querer o queriendo, imposibilitó ese juego tan cotidiano nuestro de asumir lo hétero
    como norma, partir de lo straight como lente, imagen y semejanza universal.

     

    Y es que
    ser gay a veces puede ser no tan visual, como el ser negro. Aunque, como negro
    también entiendo la importancia de hacer visual y público ese entendimiento,
    también no normativo, que viene con el color de la negritud.    

     

    Nada, que
    no quería dejar estás gracias conmigo mismo. Quería que las recibieras. 

     

    Javier

  • Alejandra Morales

    Love it! Gracias, Rubén, por exponer tu valioso punto de vista. Ojalá quienes se rieron en aquella conversación en La Tertulia tengan la oportunidad de re-evaluar su comportamiento de aquél día y puedan admirar la belleza de, aquélla y ésta, tu respuesta.