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El jazz década a década


EspecialjazzEn Puerto Rico el término jazz se escucha con frecuencia, hay varios festivales en el país y el género es parte de la oferta académica en varias instituciones de la isla. Ha servido como herramienta publicitaria para  empresas distribuidoras de alcohol, bancos y otros comercios. De hecho, en términos generales, nos llega el jazz vía la publicidad y si tomamos en cuenta lo altamente mediatizado que es nuestro país, escuchar sobre jazz suele ser bastante común. Aún así, tengo la impresión de que lo que se conoce popularmente sobre esta forma de música es bastante superficial y no creo que la larga y compleja historia del género merezca ser despachada como un simple objeto publicitario.

Los orígenes del jazz se remontan a las últimas décadas del siglo XIX en el sur de los Estados Unidos, particularmente el territorio de la Louisiana. Fueron los esclavos africanos arquitectos de la nueva vertiente musical, que en esencia, tiene como principal característica la improvisación individual o colectiva. El jazz va formando su identidad debido al particular desarrollo rítmico, melódico y armónico. En cuanto al ritmo, pesa la herencia caribeña-africana y dominan los patrones rítmicos basados en el concepto de “clave” (secuencia rítmica que encuentra sus variaciones por todo el Caribe). En lo melódico, se distingue la utilización de notas “azules” o “blue notes” que provienen directamente de la tradición vocal desarrollada por los esclavos africanos en el sur de los Estados Unidos (Spirituals, el Blues, etc.). En lo armónico, el jazz es heredero de la tradición musical europea.

Los elementos que dan lugar a la creación y desarrollo del jazz como género musical son también encontrados en diversidad de formas musicales alrededor del Caribe. De hecho, cuando hablamos de jazz no estamos hablando del otro, si no que hablamos de nosotros mismos, de esta historia caribeña que es diversa pero es una sola: la convergencia entre África, Europa y América.

A principios del siglo XX el jazz se traslada a las ciudades del norte de los Estados Unidos (Chicago, Nueva York, Boston, etc). De esta forma el jazz comienza a abandonar su carácter folclórico y se convierte en un género de carácter cosmopolita. Debido a su naturaleza bailable, además del contenido lírico de su repertorio, ya para la década de los 30 es el jazz la música popular de los Estados Unidos. Es justo en esta etapa de la historia del jazz donde ya los elementos definitorios del género están firmemente consolidados. Surgen músicos, compositores y arreglistas que trabajan ya desde la perspectiva del género (Duke Ellington). Pronto nacerá el Be Bop, sub-género del jazz que exigía el más alto nivel musical por parte de sus ejecutantes (Monk, Parker). Se desarrolla una audiencia crítica y exigente de sus artistas, se aleja de lo bailable, es apreciado en Europa, en Japón. Surgen sub-géneros, otras vertientes como el “Cool Jazz” (Miles Davis), el “Hard Bop” (Art Blakey), el “Free Jazz” (Ornet Colleman), entre otros.

En la década del sesenta, los músicos adquieren un nivel de destreza nunca antes alcanzado. Además, el género es influenciado por diversas corrientes musicales que no tardarán en fusionarse entre sí. Es de particular importancia en esta década el trabajo del saxofonista John Coltrane quien explorará nuevas estructuras y formas de composición e improvisación que marcarán el matiz estilístico del género hasta nuestros días. El segundo quinteto de Miles Davis, compuesto por Herbie Hancok, Ron Carter, Wayne Shorter y Tony Willians, también marcará la pauta a seguir por las nuevas generaciones de jazzistas. El pianista Bill Evans consolida el concepto del “jazz trío” que quedará como emblemático del género.

Posteriormente, en los 70 el jazz pasa a ser “fusión”. Se mezcla con el rock, el funk, la música brasileña, la música del Caribe hasta con la música de la lejana India. En los setenta los músicos no le temen a mezclar, a unir géneros, aunque siempre desde la perspectiva jazzística. Es decir, la improvisación siempre como elemento vital del género. Se destacan durante estos años los grupos “Return to Forever”, “Weather Report”, “The Head Hunters”, el grupo de Hermeto Pascual, las distintas agrupaciones dirigidas por Miles Davis, Pat Metheny, entre otros. El “fusion” acepta y da la bienvenida a los nuevos instrumentos electrónicos: la guitarra eléctrica, el bajo guitarra, el fender rodes, el piano eléctrico. El sello disquero ECM propone un jazz desde una expectativa europea, es exitoso. En el 1970 la antigua escuela Schillinger House se convierte en el Berklee College of Music, institución que desde entonces ofrece un grado académico especializado en jazz. De esta forma el jazz hace entrada al mundo académico musical como metodología alternativa a la tradición formal europea. El hecho es determinante en la permanencia y conservación del género.

En la década de los ochenta continúa la fusión. Esta década estará marcada por lo comercialización del género. El pianista Herbie Hancok aparece en MTV, el Electric Band de Chick Corea graba un vídeo musical. La disquera GRP será la mayor propulsora del género y ciertamente lo hará desde una perspectiva un tanto farandulera. No estoy entrando en juicios musicales sobre  calidad. Trato de hacer una descripción del aire estético que se percibe de esta década. De hecho, surgen grupos cuyo trabajo musical de alto nivel artístico es indiscutible. Entre ellos Los Yellowjackets, El Electric Band de Chick Corea, The Brecker Brothers, Tribal Tech y El Fort Apache Band de Jerry González. A mediados de los 80, el dominio del fusión junto a la alegada comercialización del género, trajo como respuesta el movimiento llamado “Neo-bop” que planteaba un “revival” o vuelta a la “tradición” histórica del jazz. Se regresó al antiguo formato con instrumentos acústicos y musicalmente representó la vuelta estilística que tuvo el género en la década de los 60. Branford Marsalis, Wynton Marsalis, Nicholas Payton y Kenny Garrett, son algunos de los artistas que promueven el movimiento; en ocasiones fueron llamados los “Young Lions”.

En la última década del siglo XX y entrando al nuevo siglo, el “Neo-bop” se impone como tendencia dominante. El movimiento encontró su lugar natural en la academia pues la estructura institucional es idónea para cuando la intención es la de conservar. En años recientes los avances tecnológicos, el Internet y la merma de lugares donde presentarse, han colocado la música (en términos generales) en un estado de incertidumbre que ha sido muy difícil superar. Sobre el deterioro de la industria musical habrá que discutir en otra ocasión.

Por el momento, el jazz ha encontrado refugio institucionalizándose. Existen instituciones dedicadas a la conservación y difusión del género, universidades y conservatorios alrededor del mundo hacen lo propio. De cierto modo, el jazz cuenta hoy con un circuito artístico-profesional similar al que se da en la tradición musical europea: festivales, conciertos.

Debido a la propia naturaleza innovadora del género, este ha seguido su curso evolutivo y resulta interesante ver la gran cantidad de vertientes que surgen. De hecho, creo que la tendencia “Neo-bop” va lentamente mermando y se va abriendo el camino a nuevas formas del género. Se me ocurre mencionar el trabajo del compositor argentino Guillermo Klein; su música es una mezcla rara de jazz, rock, tango y folclore argentino que resulta ser muy refrescante.