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El rostro de la ciencia

Matthew Richardson

A mis amigos y colegas posmodernos, positivistas e híbridos…

No sé por qué me meto en temas que es mejor dejarlos quietos, sobre todo en estos días en los que la Ciencia, así, en mayúscula, está en entredicho dentro de la Universidad de Puerto Rico. (Además, me siento un poco perdido en estos asuntos epistemológicos para los que nuestra academia tiene gente muy valiosa y sapiente.)

Pero el desespero es revelador.

Hace unos días se celebró un simposio en el Recinto de Mayagüez cuyo propósito —tras bastidores— era realzar la imagen de la gerencia científica. El director del Centro de Investigación y Desarrollo invitó al Instituto Universitario de las Comunidades (que hace un excelente trabajo) para presentar el rostro social, pero no convidaron al Centro de Investigación Social Aplicada (CISA) ni al Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral (CIEL), ambos con proyectos importantes en los que participan estudiantes de bachillerato, preparándose en la investigación social, y proyectos diversos sobre riesgo costero, problemas del comportamiento, la historia del litoral y los usos del paisaje y los recursos marinos y costeros. Para mucha gente el rostro de la ciencia es otro: nanopartículas, secuencias de ADN (interesante, tampoco invitaron a los especialistas en genética del recinto), materiales y combinaciones de moléculas. Lo otro huelga.

Son otros tiempos, y la nostalgia —siempre peligrosa— me invita a evocar cuando en mi Facultad pensábamos sobre la ciencia y la labor creativa de una manera amplia, donde distintos abordajes y formas de desarrollar conocimientos, saberes y prácticas confluían y se comunicaban entre sí.

O ¿tal vez es mi imaginario?

Y es que el rostro de la ciencia es a veces borroso e irreconocible para muchos. Lo que es social, lo cultural, lo que tiene que ver con el comportamiento humano se soslaya y se le aplican rigurosamente los principios inexpugnables de lo que es ciencia: la observación sistemática, la experimentación, la capacidad de reproducir los resultados, la comprobación de hipótesis y la capacidad de predecir, entre otros.

Y, sin embargo, para citar a mis dos filósofos españoles preferidos (Sabina y Serrat), uno más uno no siempre es igual a dos y sería fantástico que la ciencia fuese neutral… o que sea precisa y cierta todo el tiempo. Pero esa es la naturaleza del saber científico, esa es su belleza: su perenne oscilar entre la incertidumbre y la certeza. Porque no es precisa todo el tiempo existe, de lo contrario sería dogma, como sugieren Edwin Núñez, Joaquín Medín y Daniel Altshuler en su libro Ciencia, pseudociencia y educación (2004, Ediciones Callejón).

Me consta que en las ciencias sociales hay mucha ansiedad con todo esto y que muchas y muchos se debaten con este asunto, y así una multitud de colegas va puliendo y precisando sus métodos, las hipótesis, las pruebas estadísticas y sus explicaciones. Me parece fantástico, pues yo ando por esos rumbos también.

¡No faltaba más!

Pero a mí eso no me da ansiedad después de confirmar los múltiples y variopintos problemas que tienen mis colegas en la oceanografía (en todas sus ramas) para precisar, contar y describir las cosas en ese mundo líquido; sin embargo, esa es su magia y su fascinación, cosa que a mí me atrae como la luz a la libélula.

En el mes de abril el rostro de la ciencia se transfiguró en uno humano. La revista Science publicó tres de sus portadas con temáticas sociales o tangenciales a ellas: (1) los estudios sobre el Australopitecus sediba, el 12 de abril, (2) los retos mayores de la educación en ciencias, el 19 de abril, y (3) el rostro de una cabeza tallada en piedra encontrada en un yacimiento maya de Guatemala. Science tiene sus asuntillos con lo que es ciencia cuando se trata de la dimensión humana, pero en sus páginas se nota el tufillo de un debate sobre el asunto y el reconocimiento tácito de que la ciencia trata con asuntos humanos, más allá de lo que permiten ver los densos textos y fórmulas sobre las propiedades de los cristales, los anillos de Saturno y el régimen de campo fuerte en los pulsares.

La revista tiene dos caras o dos dimensiones. La primera son los artículos breves y preliminares sobre asuntos de interés y otros medulares sobre el saber científico. Esos artículos están divididos en varias secciones: el editorial, las noticias de la semana, las noticias en foco, las cartas enviadas, libros, el foro de política pública, perspectivas y otras secciones misceláneas y ocasionales que se añaden. La segunda cara o dimensión de Science consiste de dos secciones: artículos de investigación e informes de investigación. Es en esta segunda parte de la revista donde se publica la “ciencia de verdad”, lo que constituye el meollo de la actividad científica.

He tomado el mes de abril por su rostro humano, pero debe ser interesante auscultar la revista a través de varios meses, años, o tal vez tomar una muestra estadística de las últimas tres décadas para analizar su contenido y sus tendencias. Aquí solo ofrezco una mirada rápida (y simplificada) de su sesgo (muy “natural”) hacia todo aquello que no es el comportamiento humano, y cómo lo define y lo construye. No obstante, también revela el hecho de que cada día el debate en las ciencias adquiere un rostro mucho más humano, en todas sus dimensiones.

En esa primera cara (según mi interpretación y codificación de los artículos) el 36% de los artículos tenía que ver con asuntos sociales u ofrecían una perspectiva que intersecaba ambas dimensiones: la social y la puramente científica. Debates sobre la ciencia, la educación, el impacto de los humanos sobre el medioambiente (como las extinciones de especies), la política pública, cambio climático y la subvención científica eran los temas predilectos. Debo indicar que en dos números de la revista se incluyeron dos secciones de un marcado carácter social: una sobre educación en ciencias y la otra acerca de los nuevos descubrimientos sobre los homínidos (Australopitecus sediba). Una sección que contabilicé separadamente fue la de las noticias, cuya inmensa mayoría era de orientación social, o combinaba lo social con lo científico.

La otra cara es otra cosa. Esta se componía de informes y artículos, los cuales fueron en su mayoría sobre las ciencias no-sociales. La biología, la ingeniería, la química, la física, la neurociencia/neurobiología, la oceanografía, la astronomía y la medicina fueron las disciplinas más comunes.

(Debo aclarar que la diversidad de disciplinas y campos era bastante amplia y decidí agruparlas, pero muy bien pude haberlas dividido en muchas otras cosas: proteómica, ciencias de la cognición, ciencia de materiales, estudios de energía nuclear, mecánica cuántica, ciencias bioagrícolas, astrofísica y otras.)

No sé si el mes de abril presenta las tendencias de la ciencia, pero, a juzgar por sus páginas, el interés en este momento está en los siguientes temas: materiales —nanomateriales, procesos bioquímicos y biomoleculares, genética, cognición, inmunología, fármacos, procesos geológicos y pulsares. Sobre los humanos y sus antepasados hay muy poco, excepto por una sección especial: un artículo sobre demografía y recursos naturales (por un economista y un especialista en conservación), una pieza sobre el yacimiento El Ceibal, en Guatemala, describiendo a los mayas y un artículo sobre cognición humana. Los mayas, hay que decirlo, son los humanos preferidos de la revista (con 54 artículos de investigación en toda su historia y 1,218 referencias en diversos escritos).

La antropología física y la arqueología son dos de las ciencias sociales mejor representadas en Science, seguida de la demografía, la economía y la ciencia política, aunque la reina es la psicología. Pero ojo. Me sospecho que mucho de lo que veremos en el futuro sobre asuntos pertinentes a la psicología serán publicados por la gente en neurociencia, quienes insisten en explorar las moscas, las ratas y los murciélagos. La mayoría de los artículos sobre cognición trataba con animales y, de tres artículos publicados sobre los humanos, uno solo fue producto de la psicología.

(Como nota curiosa, la mosca frutera (Drosophila melanogaster) es la reina de los estudios sobre genética y otros procesos moleculares, debido a que existe un mapa bastante completo de su genoma y comparte con los mamíferos el 50% de sus secuencias proteínicas, lo que la hace muy útil.)

Por estos lares la situación es similar. La revista Caribbean Journal of Science publicaba artículos de las ciencias naturales, y la única ciencia social representada era la arqueología, hasta el 2009 cuando Carlos García Quijano y este servidor publicamos un artículo de antropología social y cultural, solo porque era parte de un proyecto que exploraba a los arrecifes de coral y las especies y hábitats asociados a ese ecosistema (la pieza combinaba cognición con ecología).

Hay que seguir esos debates y esas tendencias para ver cómo nos va en ese mundo y poder seguir explorando la posibilidad, como sugería el paleontólogo Stephen Jay Gould, de que sea posible conciliar el saber de las ciencias naturales con el de las humanidades y el de las ciencias sociales, con el propósito de atender los problemas de investigación que nos atañen como humanos. Pero no es fácil y a veces la resistencia viene de quien no sabe o no quiere saber.

El gran problema de la Fundación Nacional de las Ciencias (NSF) no es el asunto de la UPR. Hoy libra una batalla contra un Congreso deseoso de cortarle fondos y, como la soga parte por lo más fino, han puesto su mira apuntando a las ciencias sociales, o todo aquello que se le parezca. O peor aún, en todo aquello que les parezca trivial y ajeno. La prioridad debe estar, según alegan, en aquella actividad científica dirigida a la cura de enfermedades y a entender el cerebro humano. A todo lo demás, hay que cuestionarle su mérito intelectual (incluyendo algunos temas de las ciencias naturales). La revista Science y su organización matriz, la American Association for the Advancement of Sciences (AAAS), no han tomado una posición sobre eso, pero le están siguiendo el paso al debate (y a los comentarios de las y los lectores), que está atado al secuestro del presupuesto y a los recortes para todos los campos del saber.

Como dicen en las reuniones de la National Rifle Association (NRA): “por ahí van los tiros”.

http://news.sciencemag.org/scienceinsider/2013/04/nsf-peer-review-under-scrutiny-b.html

http://science.house.gov/press-release/chairman-smith’s-statement-draft-nsf-legislation

Agradezco a Cynthia Maldonado Arroyo su edición y excelentes comentarios a esta nota.

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  • Ubaldo M. Córdova

    Manolo, mis saludos y mis respetos por tu ensayo y tu trayectoria en la UPRM.  Al igual que tú, creo fielmente en la necesidad de discutir estos asuntos de la forma más abierta posible. 

    Como quizás sabes, coordino la Academia de Investigación en la UPRM y me gustaría aclarar algunos puntos en cuanto a la organización del Simposio de Investigación del 10 de mayo de 2013 en el Edificio de ADEM.

    Esta actividad la llevo organizando junto a mis compañeras en el CEP (Canny y Jaqui) por casi un año como secuela a la Noche de Apreciación a los Investigadores que realizamos exitosamente en abril del 2012. En el proceso de organización, invitamos a la mesa de conversación a los decanos asociados de investigación y al director del CID para que colaboraran y dieran su insumo. Nosotros tenemos como norte sentar en la mesa a todos los individuos, oficinas, programas, etc. del RUM que de cierta forma intentan fomentar un cultura de investigación de excelencia. Lamentablemente es una acción que pocas veces ocurre. Al final, todos necesitamos remar en una misma dirección.

    Le puedo confesar que hubo problemas de comunicación entre los decanos asociados con los investigadores de su facultad en su rol de diseminar el Simposio. Esa es la realidad. A esto le sumas que hay muchos investigadores molestos con la situación con NSF (me incluyo) y su coraje podría canalizarse a individuos en posiciones administrativas no necesariamente con instituciones.

    Esta actividad no fue un mandado de la administración. La Academia de Investigación, al igual que el simposio, fue un esfuerzo genuino y sin protagonismos de investigadores comprometidos por la UPR. Se unieron esfuerzos por un fin común.

    A una semana del simposio, habían muchos investigadores que no se habían enterado de este esfuerzo.  Claro, nosotros como equipo (Canny, Jaqui y yo) le dimos promoción por prensa escrita y por TV, mas desplegamos afiches de promoción por gran parte del recinto y enviamos numerosos correos electrónicos a miembros de la Academia, recursos, estudiantes y profesores.  En mi opinión, inferir que no se invitó a ciertos investigadores es totalmente falso y refleja un alto grado de impulsividad y quizás inmadurez. Por casi un mes nosotros diseminamos la actividad por todos los foros disponibles. Como comenté al principio, hubiésemos querido tener una mayor ayuda de los decanos y los administradores para darle un enfoque más amplio…

    A pesar de todo, la actividad fue un éxito y nos sentirnos orgullosos de lo que logramos. Tuvimos excelentes resultados en las evaluaciones. La discusión que se generó gracias a las presentaciones, los afiches y los paneles fue abierta, honesta, inspiracional y en ocasiones con muchos desahogos. Este es el tipo de espacio que la Academia quiere fomentar.

    Qué pena que no pudo ir a la actividad y participar del panel, pero buscaremos que trabaje con nosotros en continuar con la agenda de fomentar una cultura de investigación de excelencia en todas las disciplinas (y no tan solo en las que están de moda en estos tiempos).

    En confianza y cuando guste nos sentamos a dialogar sobre estos temas de congruencia.

  • Krystallia Valdes

    Pienso que este artículo se puede resumir con la frase “la hegemonía de los números”. Estamos viviendo en un mundo académico donde todavía hay momentos en que hay que justificar la investigación que incorpora métodos cualitativos. Es más fácil persuadir con la certeza que ofrece los números. Por eso a las agencias gubernamentales y a los negocios les encantan los números y sus visuales (por ejemplo, las gráficas y tablas). También está la realidad concreta de que estas entidades basan sus acciones en los balances, reales o imaginados, de sus chequeras. Pero nunca se puede olvidar que aunque 2+2=4 a un pueblo se le puede engañar o forzar a pensar que 2+2=5.

  • Christopher Powers

    “…la posibilidad, como sugería el paleontólogo Stephen Jay Gould, de que sea posible conciliar el saber de las ciencias naturales con el de las humanidades y el de las ciencias sociales.” Han surgido en años recientes los “Cognitive Cultural Studies” marcado por una fuerte influencia de la neurociencia por ej. en On the Origin of Stories: Evolution, Cognition, and Fiction. ¿Será motivado más por el deseo de la conciliación o la ansiedad causada por el rostro de la ciencia?