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Fin del verano cinemático

Con el estrepitoso fracaso de “The Lone Ranger” el verano ha sido una decepción. A pesar de que el número de gente que fue al cine sobrepasó toda expectativa, las ganancias no cubrieron en muchos casos los costos de películas individuales con presupuestos impresionantes. Muchos filmes, como “Ranger”, sobrepasaron gastos de $200 millones, y recuperaron solamente una fracción de lo que se esperaba.

El mercado dirigido a los niños y a los preadolescentes fue el más sólido y llegó al tope de los recaudos de taquilla gracias a la ejecutoria de “Monster University”, que no vi porque a mi nieto no le interesaba.

Por suerte, pisándole los talones y ayudando a establecer récords de ingresos para el verano que terminó, estaba “Dispicable Me, 2” una cinta encantadora y tan graciosa como su antecesora en la que el héroe, si así puede llamarse, Felonious Gru (Steve Carrell) es un supermalvado que está molesto porque alguien se ha robado las pirámides de Gaza. Su plan es achicar nuestra luna y robársela. En su secuela, Gru y sus secuaces, sus “minions”, unos seres amarillos con uno o dos ojos que son adorablemente irresistibles, son encargados de una misión secreta para rescatar un laboratorio que ha sido robado del Ártico porque contiene un compuesto que puede transformar a cualquiera en una fiera terrorífica. Aunque nadie sabe en realidad quién ha perpetrado tamaña fechoría, Gru sospecha de “El Macho”, un villano que supuestamente murió al flotar lleno de dinamita hasta el cráter de un volcán activo y explotar. Cómo Gru es reclutado para su misión y cómo investiga a su máximo sospechoso Eduardo Pérez, el dueño de un restaurante mexicano, es jocoso y fenomenalmente divertido. Los adultos la disfrutarán tanto como los chicos y chicas.

Me divertí también con “Reds 2” en la que Bruce Willis, Helen Mirren, John Malkovich y Mary Louise Parker (siempre notable) gozan de lo lindo batallando agentes secretos malvados o completando misiones de asesinatos políticos. Aunque es más bien para verla en la TV, en Apple TV o Netflix, tiene momentos de gran acción y líneas maravillosas que nos desternillan de la risa. En uno de los puntos cumbre la Mirren le echa ácido en la bañera al cadáver de uno de sus asesinados mientras habla por teléfono con Willis; en otro Brian Cox le hace el amor a Mirren, excitado por la puntería que demuestra la agente, quien está matando a varios, mientras inhala el olor de una de las botas de la seductora asesina. Ya lo había hecho Kevin Kline con una bota de Jamie Lee Curtis, pero esta versión geriátrica tiene su caché.

Me aburrió despiadadamente “Man of Steel”, uno de los triunfos taquilleros del verano (va por $650 millones de taquilla y costó como $250 millones), porque nada particularmente interesante sucede y porque al tratar de traer la historia al siglo XXI, se ha perdido parte del encanto de Clark Kent, el chico rural que llega a un periódico en Metrópolis y se esconde en las cabinas telefónicas para convertirse en Superman. Lo que sí es que, en su pelea con un grupo de rebeldes que se escaparon de Krypton, el planeta de donde vino, destruye tantas cosas en la ciudad que uno se sorprende de por qué habrían de quererlo por allí el alcalde, mucho menos los ciudadanos.

Two Guns” fue una sorpresa agradable. Una cinta de acción divertida y graciosa que tiene dos buenos actores como los cheches de la película. Denzel Washington, quien ha perdido parte del exceso de peso que tuvo en la mitad de la década pasada, es, como siempre, creíble como Robert Trench, un criminal que se ha unido a otro criminal, Michael Stigman (Mark Wahlberg, quien cada vez afina mejor sus dotes de comediante liviano y actor de cintas de acción), y los arrestan en una compra de drogas. Hay numerosas vueltas y virajes en la divertida trama que cuenta con un villano superlativo, Edward James Olmos, y con varios otros que vamos descubriendo según se desenreda la madeja. Es un filme violento, pero no mucho más que otros en los que hoy día se derrama la sangre como si la Heinz se fuera a salir del negocio.

En el caso de “Percy Jackson: Sea of Monsters” sugiero que la vean cuando están cuidando a los nietos pre o recién adolescentes. Lo mejor son los efectos especiales, pero también ofrece la posibilidad, si uno está al tanto, de explicarles a los menores algo de la mitología grecorromana, y si no lo sabe, darle un repaso a “Bullfinch’s Mythology”, o a “Men and Gods” de Rex Warner, que está más cerca al tono juvenil del filme, que juega con la mitología como le da gusto y gana. De todos modos, es una buena forma de convencer a los jóvenes de que aprendan algo sobre el tema. Yo no he leído los libros en que se basan las películas de Percy Jackson, pero mi nieto me asegura que son buenísimos.

Olympus has Fallen” un vehículo para Gerald Butler, no fue mala. Un ataque terrorista culmina en la ocupación de la Casa Blanca en Washington y Butler quien ha sido despedido de ser uno de los agentes secretos más cercanos al Presidente, es el único bueno que queda en la oscuridad del edificio. Se puede ver nada más que para presenciar una escena en el National Security Council en la que Morgan Freeman, como el presidente de la Cámara de Representantes y, en ausencia del presidente y del vice presidente, presidente interino de los Estados Unidos, tiene una cara que dice volúmenes: “¿Qué diantres hago yo en esta película?

Resistí ver “Elisyum” hasta hace poco porque otro filme de la distopía que resulta de los problemas con el planeta Tierra, “Oblivion” fue, digamos, decepcionante. Sin embargo, Matt Damon es siempre un actor interesante y ha desarrollado, con sus interpretaciones de Jason Bourne, el físico que se requiere para películas de acción. Esta película toca temas que puede que lleguen a su cenit en el año 2154 (es cuando se desarrolla la trama). En ese año, los ricos y poderosos se han mudado a un satélite en el espacio donde viven vidas hedonistas y han adquirido el privilegio de poder curar todos sus males y no morirse. Mientras tanto, en la tierra la gente vive en un ambiente contaminado, en la pobreza y presas de enfermedades que no pueden controlar. Sí son controlados por robots programados que operan desde una compañía que los fabrica. Max Da Costa, el personaje de Damon, se expone a una carga de radiación que lo condena a la muerte en cinco días. Además, descubre que la hija de la mujer que quiere y que dejó de ver en la adolescencia, tiene leucemia terminal. De modo que tiene que tratar de llegar a Elisyum para poder curarse. Solamente los ciudadanos del satélite pueden disfrutar de su atmósfera e ir a curarse; los de la Tierra, no lo son. Qué sucede es la trama del filme. Mientras tanto hay comentarios atinados sobre los problemas de emigración en los Estados Unidos hoy día, y una llamada a que todos en el planeta, como debe de ser, reciban buen trato médico. Se condena de una manera bastante directa el uso de zánganos (“drones’) y queda claro que las dictaduras de todo tipo son deleznables.

Eso vale la pena en cualquier verano.