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Homenaje a un siglo de cine en Puerto Rico


Desde que en La Habana comenzaron los ajetreos del festival algunos lo sabían, luego se hizo público y notorio: la edición 34 del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano estaría dedicada a los 100 años del cine de Puerto Rico. El homenaje se expresaría no solo a través de la retrospectiva programada, sino también en el ámbito académico. El habitual seminario Puentes y más Puentes Latinos en USA  abriría sus sesiones con una mesa múltiple y plural donde un grupo de creadores boricuas se enfrentarían al público de La Habana, no mediante la pantalla, sino frente a frente para dialogar sobre un quehacer cinematográfico centenario.

Un año atrás, la edición 33 del Festival había traído a la capital cubana el filme puertorriqueño El clown. Quienes disfrutaron entonces de esa película de Pedro Adorno y Emilio Rodríguez, poco imaginaban que detrás del argumento narrativo había una historia de perseverancia y si se quiere de renovación. La democratización de los medios tecnológicos para la realización audiovisual y la experiencia de Adorno frente a su grupo de teatro Agua, Sol y Sereno,  hicieron realidad la cinta. La historia detrás de El clown fue develada por Adorno durante la primera sesión del seminario, que hizo parecer pequeño el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, sede de los jóvenes en el Festival.

El nutrido auditorio escuchó, compartió, indagó sobre los vericuetos del cine boricua durante estos cien años de resistencia. El actor y director Jacobo Morales; el director de cine y televisión Kacho López, los realizadores Álvaro Aponte, Pedro Adorno y Monchy Almodóvar mostraron que las posibilidades ofrecidas por las tecnologías impulsan un movimiento de cine realizado por jóvenes en la isla,  que años atrás pocos hubieran soñado.

Monchy Almodóvar recordó momentos esenciales para configurar la historia de la cinematografía puertorriqueña. Ese recorrido, junto a la retrospectiva De Dios los cría…al presente, permitió confirmar que, en efecto, la isla ha vivido cien años de cine de resistencia, como de una u otra forma expusieron los ponentes del seminario.

La creación de la División de Educación de la Comunidad en los años 50; la fundación del Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas en la década del 70; lo que Monchy calificara como la fatal función del Fondo de Capital de Alto Riesgo (que privilegió el cine hecho fuera de la isla y en lengua inglesa); la creación de la Corporación para el desarrollo de las artes cinematográficas o la puesta en marcha de la Ley 362 del 40 % de los créditos contributivos fueron algunos de los momentos mencionados por el cineasta y que, a decir suyo, permiten entender la relación entre arte, industria y el gobierno de la isla, marcada por la falta de apoyo institucional.

Películas como Dios los cría de Jacobo Morales, reconocido como decano del cine puertorriqueño, La operación  de Ana María García o Cuando lo pequeño se hace grande, de Mariem Pérez Riera o Luis Muñoz Marín y Pedro Albizu campos, una patria, dos caminos, de Caridad Sorondo Flores, exhibidas durante el festival como parte de la retrospectiva, expresan, a través del cine, ámbitos de resistencia y zonas de tensión.

A juicio de Jacobo Morales el quehacer de los realizadores se enfrenta a la aspiración de las instituciones, promotoras de la producción de un cine universalista no representativo de la cultura puertorriqueña, hecho calificado por él como ¡un disparate!

Inquieto por la continuidad de tan valiosas reflexiones, Alfredo Guevara, presidente del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano insistió en la necesidad de que el encuentro no quedase allí.

“Es necesario conectar a Puerto Rico con América Latina y América Latina con Puerto Rico”, apuntó. Una razón más que valiosa para que el Festival y el Programa de Estudios sobre latinos en Estados Unidos, de Casa de las Américas, se sumaran al homenaje de una cinematografía que está avocada a continuar por los caminos de la resistencia.