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Ideologías


equilibrista

Las relaciones ideológicas esconden, obscurecen, opacan, tergiversan relaciones reales. Incluyen autoengaño, engaño, auto justificación, justificación, apasionamiento, contradicciones ilógicas y desconocimiento de elementos históricos claves.

Entre estas relaciones ideológicas  están: la eternidad de las formaciones económico-sociales, la superioridad de los colonizadores y de los blancos indoeuropeos, la ganancia es fruto de la venta de mercancías, el aumento en los salarios y los beneficios marginales causan crisis económicas, la lucha de  clases es un producto imaginario irreal de los fracasados, los capitalistas son superiores a los trabajadores asalariados.

Cuestionar lo que es dizque eterno es antinatural, antisocial, una especie de herejía, algo así como un crimen. Los humanos, sin embargo, han vivido múltiples relaciones naturales y sociales, en comunidades sin clases, en tribus, clanes, imperios autoritarios eclesiásticos y laicos, de esclavitud, servidumbre, capitalistas y de transición al socialismo. Los sectores dominantes se han adjudicado un origen especial, sea divino o biológico, grupal o individual, para justificar su privilegiada posición social.

El excedente económico es fruto del trabajo, actividad social consciente para generar productos útiles. Esa actividad integra en última instancia materia bruta de la naturaleza, experiencia, conocimiento y tecnología rudimentaria o avanzada. Los sectores dominantes se apropian del trabajo excedente de los dominados y lo justifican como una relación de origen divino o fruto de su superioridad tecnológica, biológica o moral. Los dominados, oprimidos, tienen que ser convencidos de su inferioridad. Los que no lo aceptan son víctimas de la represión.

Las invasiones y las conquistas de otros pueblos son motivadas por la apropiación de recursos naturales y del excedente económico existente o futuro. La apropiación del excedente puede tomar la forma de la esclavitud, la servidumbre o el trabajo asalariado. Algunos de los sectores sociales del pueblo invadido serán convencidos de la conveniencia de colaborar como socios menores de los invasores a cambio de beneficios económicos. Por regla general juegan un papel de intermediarios en la generación del conjunto ideológico y represivo que conlleva la aceptación del nuevo orden social por los sectores oprimidos.

La fuerza de trabajo esclava jugó un papel  central en la explotación de minas, la construcción de canales de riego y caminos empedrados, la producción agrícola y  la erección de obras monumentales en la antigüedad. Los griegos llamaron bárbaros a los pueblos conquistados. Los romanos usaron los combates de esclavos como diversión en los coliseos. También llamaron bárbaros a los invasores de su imperio en decadencia. La distinción entre bárbaros y civilizados es otra forma de la ideología de la superioridad de los conquistadores con respecto a los conquistados.

El judaísmo, el cristianismo y el islamismo han sido utilizados como ropaje religioso para justificar el dominio de unos sectores sociales sobre los oprimidos. Todavía se usan para justificar las guerras por el control de la fuerza de trabajo y los recursos naturales de otros países. El control del oro, la plata, el cobre, el níquel, el cromo, otros metales y minerales ha sido un objetivo central  de las conquistas militares, el predominio económico y político sobre los más diversos  pueblos. El agua, los suelos, los recursos pesqueros y forestales, el carbón, el petróleo y el gas natural han sido crecientes objetivos de conquistas imperiales.

El cristianismo y la civilización han sido usados como armas ideológicas contra los llamados infieles de América, África y Asia, para justificar las conquistas de los imperios europeos. Los israelíes han usado la ideología del pueblo escogido para justificar la expulsión de los palestinos de su territorio. La ideología de la superioridad  tecnológica, biológica, moral y religiosa de los conquistadores ha sido usada con gran efectividad contra los conquistados.

En el modo de producción capitalista la extracción de trabajo excedente no es transparente; se esconde tras múltiples relaciones aparentes, preñadas de ideología. No es evidente que la jornada de trabajo se divide en dos periodos: el tiempo de trabajo necesario para producir el equivalente del salario y el tiempo de trabajo excedente para producir la plusvalía, que reviste la forma de ganancia en el mercado. La ganancia parece provenir de la venta en el mercado de las más diversas mercancías, a un precio mayor que su costo de producción.

Cada capitalista calcula la ganancia  con respecto a la inversión total de capital. Pretende que las materias brutas obtenidas de la naturaleza, las materias primas, la maquinaria y los edificios producto del trabajo (la fuerza de trabajo en acción) son por igual fuentes de plusvalía, de valor que aumenta el capital productivo a través de la venta de mercancías y su reinversión. En realidad la fuerza de trabajo (capacidad de trabajo)  comprada por el capitalista transfiere a través del trabajo el valor pretérito de las materias primas, la maquinaria y las estructuras dentro de las cuales se lleva a cabo la producción. También genera nuevo valor que se manifiesta como salario y ganancias a través de la venta de las nuevas mercancías.

A través del mercado se transfiere valor de los sectores que tienen una mayor intensidad en el uso de la fuerza de trabajo hacia los sectores que tienen una mayor intensidad en el uso de maquinaria y equipo. Por eso es típico que una parte importante del valor generado por los trabajadores agrícolas  sea traspasado al sector industrial a través del mercado. La ideología que impera, sin embargo, es que el sector agrícola aporta poco a la riqueza social y es subsidiado por el estado.

La relación económica entre los países coloniales, neocoloniales y los que han intentado una transición al socialismo con los países capitalistas imperiales también entraña una transferencia de valor de sectores con mayor intensidad de uso de fuerza de trabajo con salarios bajos, hacia sectores más mecanizados. Esa transferencia de valor limita los ingresos de la mayoría de los estados coloniales y neocoloniales que a través de préstamos incurren en deudas en última instancia impagables.

Temprano en la segunda mitad del siglo XIX, Carlos Marx planteó que las revoluciones para superar las formaciones sociales capitalistas e implantar el socialismo tendrían que darse a la misma vez en varios países capitalistas avanzados. Estas revoluciones se dieron, sin embargo, en países imperiales débiles como Rusia y China, además de varios países neocoloniales como Vietnam, Corea, Cuba y otros. El predominio de los países imperiales sobre los que han intentado construir el socialismo ha sido utilizado en términos ideológicos como supuesta evidencia de la superioridad y permanencia del modo de producción capitalista con respecto al socialismo.

Los periodos prolongados de crisis de los países imperiales a partir de 1968 y en particular su profundización desde el 2008  han tendido a debilitar esta ideología imperial. Los procesos económicos, políticos y culturales combinados que se han dado en diversos países de América Latina, en particular de América del Sur, además de Cuba y Nicaragua constituyen un reto creciente a los países imperiales, sobre todo a Estados Unidos de América del Norte.

Es típico que las transiciones de unas formaciones económico-sociales a otras ocurran en muchos cientos de años. El triunfo del modo de producción capitalista sobre el feudalismo tomó siglos y apenas ocurrió hace unos doscientos cincuenta años en Inglaterra y más tarde en otros países. La lucha entre los propulsores del socialismo y los defensores del capitalismo apenas tiene siglo y medio, un periodo histórico muy corto. Las nuevas formaciones sociales surgen a tientas, solo maduran a través de periodos largos de experimentación, con sus  errores y aciertos.

Las derrotas de los propulsores de las nuevas formaciones sociales son utilizadas por los sectores dominantes de las formaciones existentes como supuesta prueba de la superioridad de lo que defienden. Los imperios parecen invencibles hasta que sus contradicciones internas y la lucha de los opositores los superan. El forcejeo económico, político, cultural, de los pueblos de los países coloniales y neocoloniales contra los imperios estadounidenses, europeos, asiáticos, se ha extendido por apenas una centuria.

El periodo de  profundas y prolongadas crisis de las formaciones capitalistas en los países imperiales que comenzara hace unos 45 años constituye una oportunidad para intentar superarlas.  Contradicciones como el cambio climático, la destrucción de la naturaleza y la salud humana, la relativa escasez de petróleo a precios bajos, el desempleo y subempleo masivos, la desertificación, el hambre, las migraciones crecientes, las guerras, con organización apropiada pueden constituirse en detonantes de revoluciones con sus componentes económicos, políticos y culturales.

Las revoluciones tienen que incluir la superación de las ideologías que cementan las formaciones sociales. Esas ideologías son parte enraizada de la cultura.  La superación de esas ideologías requiere la integración de nuevas formas de comprender lo real basadas en las alianzas de los diversos sectores sociales.