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La moral de la catástrofe


ilustración / por Kike Estrada.

En las palabras que siguen, prefiero dirigirme a los míos. Sarah Palin puede seguir disparándole tranquilamente a los antílopes desde su helicóptero, Jorge Santini puede seguir acicalando su exquisita colección de armas y José Ramón de la Torre puede continuar acariciando su benemérita colección de puestos académicos. Es a ustedes, a los liberales de la izquierda Bien Pensante, la que matricula a sus hijos en la Escuela del Pueblo Trabajador, la que asiste con entusiasmo a las noches de Cine del Estuario, la que escucha arrobada a Superaquello y a Rita Indiana, la que compra pan de hogaza en el mercado de los sábados en el Viejo San Juan y todavía se anima de vez en cuando a presentarse en el Festival de Claridad, es a ustedes a quienes quiero dirigirme.

Vengo con una modesta proposición, un eco lejano y algo empalidecido de aquella otra, en 1729, cuando Jonathan Swift  se dirigió a sus compatriotas irlandeses con su Modest Proposal. ¿Por qué, para mitigar la miseria y la indigencia de los desposeídos, dice Swift con agria ironía, no podría vendérsele a los ingleses ricos la carne de los niños de los pobres? De esa manera se resolvería un problema apremiante: desalojar las calles de tanta madre pedigüeña rodeada de tanto niño piojoso. Que los ricos se coman a los niños pobres con un poco de sal y pimienta. Con esta insólita propuesta, sostenida con vehemente sangre fría en un discurso atiborrado de convincentes estadísticas y rigurosas argumentaciones, Swift clavaba sus afilados colmillos retóricos en la yugular del mercantilismo, el sistema económico prevaleciente de su tiempo, un sistema  que reducía el cuerpo de los pobres a mercancía, convirtiendo de este modo a los miserables en la verdadera Riqueza de las Naciones, los cuerpos que sufragaban, en  carne propia, la utopía de un Estado que cifraba su riqueza en la abnegación incondicional de sus súbditos. Un Estado, por cierto, que esclavizaba la mano de obra infantil porque en el Reino Unido nadie era lo suficientemente joven como para no formar parte de la fuerza laboral.

Esta proposición que traigo hoy no es ni tan truculenta ni tan teatral como la de Swift, aunque también exige un pequeño sacrificio. ¿Por qué, para mitigar la cuota de $800 que la administración universitaria de la UPR le exige pagar a los estudiantes con motivo de la crisis presupuestaria, nosotros, los profesores de esa misma UPR, no cedemos entre el 1% y el 3% de nuestro salario de un año? Pienso sobre todo en los estudiantes graduados, la mayoría de los cuales estudia con mucho sacrificio.  La idea de ceder un por ciento modesto del salario de los profesores no es mía. La lanzó hace unos días en una discusión en la comunidad virtual de Facebook el profesor David Auerbach, distinguido colega del Programa Graduado de Traducción de la Facultad de Humanidades. Ya conozco algunos de los miedos y reservas que una propuesta tan controvertible como ésta genera. La conversación virtual que siguió a la invitación del profesor Auerbach rápidamente puso sobre el tapete varios de ellos. No obstante, me hago eco de esa propuesta  y los invito a que exploremos sus posibilidades.

Me preocupa el asunto de la cuota, en parte porque lo veo como un dispositivo para que se repita la cadena de acontecimientos que produjo el último conflicto huelgario. Soy de los que pienso que la huelga que acabamos de sufrir produjo consensos inesperados y alianzas prometedoras, y eso lo he consignado por escrito. Pero a estas alturas del juego, una segunda huelga podría debilitar mortalmente a la Universidad. La gran ironía es que, en una lucha por salvar la Universidad que tanto nos importa y que tanto valoramos, terminemos poniéndosela en las manos a una administración política que ha demostrado tan poco interés en ella. El fortuñismo exhibe una falta de conexión con el proyecto de la universidad pública francamente inédito y alarmante. Lo más perturbador es que, más allá de esta indiferencia, el gobierno parece moverse, tanto desde Fortaleza como desde la Legislatura, hacia una abolición gradual del modelo de una universidad pública sufragada directamente por una fórmula legislativa. A medida que la Cámara y el Senado empiezan a llenarse de egresados de las universidades privadas, la fidelidad con la fórmula irá, inexorablemente, perdiendo adeptos, o se modificará para incluir en el cómputo a otras universidades. Fortuño y su clase dirigente apenas guardan nexos sentimentales con la Universidad. Ni él, ni su esposa, ni sus hijos, ni sus amigos, ni los amigos de sus hijos estudiaron en la universidad pública que en gran medida produjo la clase media puertorriqueña. La Universidad no existe para ellos. ¿Hasta cuándo existirá para nosotros?

Me preocupa aún más el asunto de la cuota y la ansiedad que genera como indicador de una actitud tan generalizada como preocupante en estos tiempos de catástrofe fiscal. Si se examina el clima de huelgas y paros generales en Europa, descubrimos alarmantemente que el ánimo que impulsa a los sindicatos a las calles no es tan distinto del que agrupa a la derecha más reaccionaria del Tea Party Movement a formalizar su ataque frontal al gobierno de Obama. El espíritu que organiza hoy la huelga y el Tea Party es, en el fondo, el mismo: la protesta airada e intransigente contra las reducciones de salarios, de empleos, de beneficios marginales, de derechos adquiridos, de privilegios laborales, la reducción, en suma, del usufructo de goce que el capitalismo nos había prometido. En esta coyuntura, el privilegio de clase ha terminado por trascender cualquier discrepancia ideológica y el mensaje es claro: las comodidades adquiridas de la pequeña burguesía no son negociables.

Esta intransigencia rebota contra la pared de un hecho despiadado: el desplome del capitalismo que se verifica en esta recesión es un fenómeno global, ampliamente ratificado por economistas de todas las persuasiones y diariamente experimentado por gobiernos de izquierda, centro y derecha, desde Sarkozy hasta Rodríguez Zapatero en Europa y desde Obama hasta Chávez en América. Un mismo escenario produce una huelga laboral en Francia en protesta por el aumento propuesto de la edad de retiro y el aumento de la semana de trabajo; lleva a Ángela Merkel a denunciar el multiculturalismo como un mal de fondo y proponer el regreso de la hegemonía cristiana en Alemania, y amenaza con un regreso de la mayoría republicana en Estados Unidos, a pesar de que Obama haya logrado un plan de salud nacional y le haya rebajado los impuestos al 95% de la población.  La reacción ante el desplome parece igualmente visceral e histérica a lo largo del más variado espectro político: que se vaya el gobierno en el poder, el que sea. Y más vale que quien venga sea para devolvernos los derechos adquiridos, los placeres conquistados, el goce perdido.

El desplome ha sumido a las clases medias de todas partes en un denial de proporciones ciclópeas. No me alegra admitirlo, pero alguien lo tiene que decir: la izquierda de esas clases medias no es la excepción. Muchas veces los argumentos con que la izquierda bien pensante denuncia las artimañas de los organismos dirigentes para infringir “nuestros” derechos y apoderarse de lo que “nos corresponde” se dejan leer bastante rápidamente como una fantasía victimizadora, que le adjudica quizás demasiada culpa a los malos de siempre y nos exonera convenientemente de la parte que nos toca en el orden de un capitalismo salvaje del que la misma clase media no puede salvarse con tanta impunidad. Siempre hay una conspiración útil, un presupuesto vilmente manipulado que, bien analizado y desenmascarado, devolverá las cosas a su lugar y pondrá a los culpables en el patíbulo que les corresponde. Y no es que a veces estos argumentos no carezcan de razón. Suelen tenerla bastante. Es que también suelen llevarse a un plano francamente insostenible, sobre todo cuando quien los articula se llena la boca con una facilidad pasmosa para tranquilizarse con frases como “la supuesta crisis” , el “supuesto déficit”, la “’llamada recesión”, mientras los gobiernos se quedan sin fondos para pagar las nóminas, y en universidades como la nuestra el 90% del presupuesto se usa, escandalosamente, para pagar la nómina. Los decanatos de la Universidad se han convertido en meras oficinas de recursos humanos, sin verdadera “facultad” para ejercer el liderato intelectual que les corresponde.

El asunto no puede ser más urgente. Esta negación tan formidable de una crisis global que se ensaña en los cuerpos de los desposeídos, de los inmigrantes, mucho más despiadadamente que en nosotros –los supuestos iluminados, los custodios de las grandes tradiciones críticas de la modernidad– pone en evidencia cuán impostergable se hace hoy día una moral de la catástrofe, una radicalidad nueva para un mundo sin futuro, sin opciones, un mundo en el que todo amenaza con ponerse peor. La izquierda olvida que la globalización globalizó los mercados, lo que hoy en día equivale sobre todo a la virtualidad de las esferas digitales de la sociedad del espectáculo, pero al mismo tiempo es la que detiene y dificulta la movilidad de los cuerpos que la globalización misma desplaza. Los cuerpos que la desaparición del trabajo lanza en balsas y caravanas desde el tercer hacia el primer mundo no pueden circular jamás con la impunidad de la mercancía. La mercancía posee una carta de ciudadanía global, un pasaporte de primera clase, que se le niega al refugiado. El refugiado es el paria de la globalización. Hoy Swift tendría que reescribir su Modest Proposal para ofrecerle al Banco Mundial la carne de los inmigrantes. Carne al pincho de dominicanos, ratatouille de nigerianos, falafel de palestinos, butifarras gitanas. Mientras los inmigrantes circulan en contra de la voluntad enfurecida de una Ángela Merkel, los camioneros en Grecia y Francia organizan su escargot, la marcha lenta, lentísima, del caracol de camiones desmovilizando el flujo de mercancías para provocar la ira del consumo.

Ante este escenario tan devastador, basta ya de fantasías facilonas. Urge preguntarse en qué consiste lo político hoy día. Lo político entendido no tanto desde la raíz griega de la polis, que sería la que concierne a las políticas, es decir, a los asuntos de pura convivencia social. Ese dominio de lo político es el que busca resolverse en los consensos, en inglés, policy. Me refiero a lo político que anuncia esa otra raíz griega del polemos, el que se refiere a las polémicas profundas, a las diferencias de fondo que generan los antagonismos irreductibles, por los cuales diversas comunidades rehúsan integrarse o disolverse en lo meramente social, allí donde lo social funciona como espacio coercitivo de integración a las malas, allí donde todos terminamos haciendo y deseando lo mismo.

Paro en el Expreso las Américas, 2009. Foto por Noelia González Casiano

Si la izquierda sigue poseyendo la capacidad de ejercer ese gesto de lo político como el antagonismo de la diferencia, no lo está demostrando de modo convincente. Deepak Lamba, en un reciente artículo sobre la hiper planificación urbana aparecido recientemente en Polimorfo, una revista de arquitectura, acuña una frase que me parece muy sugerente. Él habla de la recesión del sentido para referirse a una recesión paralela, pero no idéntica, a la recesión económica. Hasta qué punto la recesión del sentido, es decir, del capital simbólico, que no es otra cosa que la capacidad de imaginar lo imposible, marca el verdadero perímetro de la pérdida en estos tiempos catastróficos. En esta coyuntura, la incapacidad de las izquierdas para proponer y ejercer agendas imaginativas es, a mi entender, el foco más inquietante de la crisis global.  No basta con contemporizar con el resto del mundo y unirse al coro de lamentos ante la creciente pérdida de las comodidades pequeño burguesas. Eso es más de lo mismo.  What else is new. Ya lo dijo perentoriamente el bolero de Sylvia Rexach (en la voz de Carmen Delia Dipiní): Qué difícil es entrar de lleno a una vida sin encantos, donde ni la pena puede ahogarse en la inmensidad del llanto. Tiene que haber modos más imaginativos de sorprender al enemigo, de engendrar provocaciones, corto circuitos que den al traste con las conexiones de siempre, con el dominio de lo mismo. En 1729 Jonathan Swift le propuso a los ingleses que se comieran los niños crudos y provocó un corto circuito perdurable, poniendo en jaque la lógica misma del capitalismo mercantilista.

Lo que me lleva a la siguiente conclusión: la huelga no puede ser el destino exclusivo e irremediable del movimiento estudiantil, sobre todo la misma huelga de siempre, enfrentada a la próxima alza en la matrícula. Invito a los estudiantes a interrumpir las clases, pero no a cerrar las Facultades. Provoquen diálogos sustanciales en los mismos salones, con serenidad y cortesía. Abran discusiones urgentes, pongan a sudar a sus profesores con preguntas palpitantes. A veces el momento más revelador de una clase es el que se sale de la lección planificada. Por lo pronto, le repito a mis respetables colegas mi modesta proposición. Invirtamos la lógica de la perenne queja ante las reducciones. Busquemos en el bolsillo y hagamos nosotros mismos la reducción, aunque sea pequeña, pero con la elegancia de un samurai. Vamos a provocarla nosotros y a ofrecerla con las manos abiertas.

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  • Graciela Rodriguez Martinó

    Qué cómico.Es de Graciela el comment anterior, no sé porqué se posteó la foto de Wilda pues no lo hice desde FB. Nada importante, pero me gusta asumir mis posiciones. Gracias.

  • Graciela Rodriguez Martinó

    Oh, Dios. Lo he leido todo y me siento más angustiada que si tuviera que pagar la cuota!

    • Ruben Rios Avila

      Ja ja ja ja ja. Ay Graciela…

  • Palmira Respa

    Creo que al cerrar su intervención, Bernat Tort incurre en una pobrísima lectura de El arte de injuriar, de Borges. Que leamos el texto del otro como uno bien intencionado me parece una idea sensata, sin duda, y entre bandos no del todo opuestos, como estos, el principio de caridad de la filosofía analítica parece pertinente. No obstante, el llamado al orden exegético de Tort me parece un gesto condescendiente y, más importante aún, innecesario. Lo interesante de este tipo de diálogo cibernético es justamente que una vez se comenta un texto, no hay necesidad de sentar las coordenadas retóricas del debate y mucho menos las coordenadas interpretativas de un texto. Si un comentario enfurece, se lo repudia, si otro parece baladí se lo ignora, es esta la ética del debate que en estos pocos días he podido descifrar en esta revista. Y es eso lo que me gustaba.
    Yo, por ejemplo (en estos medios no incomoda el yo cauto) coincido con algunos de los comentarios críticos de Rafael Bernabe, mas la forma (para mí indisociable de su contenido) me conturba y me aleja de sus planteamientos. Con el gesto de Rubén Ríos coincido, aunque no estoy segura aún de qué postura asumo en cuanto a las formas específicas que asuma la propuesta una vez discutida. El texto de Ríos no puedo leerlo como una máquina analógica, como algunos aquí lo han visto, que propone a toda costa correspondencias precisas -entre el Tea Party y los huelguistas, entre su gesto y el de Swift-, más bien asume de antemano lo descoyuntado de dichas analogías, pero no desiste de lanzarlas al medio para proponer movilizarse de alguna manera.
    El comentario de Juan Duchesne me parece atinadísimo; no obstante el cometario prescriptivo de Bernat Tort, como una suerte de mediador que sin embargo elude el yo, para que el debate siga el curso que él cree corresponde, me parece innecesario. Y muy desatinado, debo decir, cuando la cita que elige para rematarlo es de un ensayo como El arte de injuriar. Justamente hablando de hermeneusis…ño.

    • Ruben Rios Avila

      Respuesta a la respuesta de Rafael Bernabe sobre mi ensayo La moral de la catástrofe

      Rafael Bernabe se ha tomado la molestia de atender los argumentos de mi ensayo La moral de la catástrofe. Por ello le expreso mi agradecimiento. Aunque subraya un par de entendidos fundamentales: que hay una crisis global del capitalismo y que la crisis es de tal magnitud que exige modos novedosos de entender la radicalidad, su desacuerdo con mi diagnóstico del manejo de las izquierdas ante esta situación es lo que verdaderamente lo anima a contestarme. Difiere con vehemencia de mi caracterización de lo que llamo la pequeña burguesía y sobre todo difiere “sobre cuáles son los sacrificios que debemos estar dispuestos a realizar y sobre la moral y radicalidad que debemos construir ante esa crisis del capitalismo y sus consecuencias”.

      Bernabe difiere también del tono del ensayo. ¿Cómo es posible, parece preguntarse, que se hable de ese modo y con tanta displicencia de los que nos hemos dedicado toda una vida a luchar por el mejoramiento de las condiciones salariales y laborales de esa clase media a la que no parezco dirigirme con el suficiente respeto? ¿Cómo es posible que nos resignemos a vivir “una vida sin encanto”? ¿Acaso hay “que aceptar los sacrificios que la crisis del capitalismo global nos impone”?

      Para ponerme en mi sitio y para añadirle un contrapeso a mi cita del libro de Jonathan Swift, A Modest Proposal, Bernabe echa mano de una cita de The Soul of Man under Socialism, de Oscar Wilde. Wilde pone en entredicho la conducta típica de la caridad, que confunde el egoísmo secreto de su propio gesto filantrópico con el verdadero gesto político, que consiste en un entendimiento cabal de las estructuras que producen la desigualdad de la pobreza. El meollo de la cita que escoge Bernabe es éste: “The proper aim is to try and reconstruct society on such a basis that poverty will be impossible … in the present state of things in England, the people who do most harm are the people who try to do most good…”

      Lo que nos lleva al foco de la verdadera indignación en el argumento de Bernabe: sólo un ingenuo podría proponer algo tan peligroso como que los docentes nos auto-rebajemos el salario entre un uno y un tres por ciento para tratar de evitar una inminente huelga, cuando lo que debemos estar pidiendo es un mejoramiento aún mayor de nuestras condiciones laborales. El infierno, parece sugerir Bernabe, está lleno de gente ingenua como yo, de gente llena de sus buenas intenciones. Más aún, Bernabe no entiende porqué uso a Swift como recurso para mi argumento: la idea de invitar a los ricos de su época a que se coman a los niños pobres para solucionar el problema de la pobreza, no es “un verdadero” sacrificio, es un mero gesto retórico. Ese sacrificio hueco y retórico es inconmensurable, sugiere, con quitarse voluntariamente un por ciento, por más mínimo que sea, de nuestros bien merecidos salarios. Bernabe olvida, por un momento, que me refería a una reducción temporera, no permanente, del salario. Pero esto es lo de menos.

      Me parece que habría que comenzar por explorar en qué consiste un verdadero sacrificio. Hace bien Wilde en poner en entredicho la motivación oscura detrás de la filantropía (sea personal o corporativa). Ahora, hay que aclarar que, en su ensayo, cuando Wilde pensaba en los pobres, definitivamente no estaba pensando en la incipiente clase media victoriana a la que él, de hecho pertenecía, como escritor asalariado. Tampoco estaba pensando en nosotros. No nos identifiquemos tan fácilmente con su lector implícito. El estaba hablando de los verdaderos pobres, de la espantosa pobreza de la Inglaterra victoriana. No nos beneficiemos de su acusación con tanta facilidad. No está demás invocar el clásico argumento marxista de la lucha de clases para establecer una diferencia fundamental entre los intereses de la pequeña burguesía y los intereses del proletariado. Sencillamente, no se trata de lo mismo. No es lo mismo pagarle la matrícula a mi hijo en la Escuela del Pueblo Trabajador que reunir el dinero que un dominicano pobre necesita para pagar la yola que lo lleve a las costas de San Juan. No es lo mismo. Cuando se habla de justicia, o mejor aún, de lo justo, hay que cuidarse de no confundirla con el privilegio, con eso que en inglés se llama entitlement.

      Swift sí le exigía a su lectores un gran sacrificio. Su ironía corrosiva los invitaba a pensar fuera de sus privilegios de clase, para que se enfrentaran con la monstruosidad de su goce, con el modo como su gula, la gula de las clases privilegiadas, se ceba en la carne de los pobres. La sátira, cuando se lleva a los niveles de crueldad que Swift puede visitar sin titubear, puede adquirir una grandeza casi religiosa, una especie de éxtasis, un salirse de sí, un mirarse desde otro sitio.

      El sacrificio es el verdadero lugar de la acción política más importante de nuestros tiempos. Giorgio Agamben lo explica (en su libro Estancias) de un modo ejemplar cuando compara el concepto de Marx del fetiche de la mercancía con el concepto del don que maneja Marcel Mauss en su Ensayo sobre el don. Denme el permiso de parafrasearlo brevemente. Para Marx ningún objeto puede revertir un valor si no es una cosa útil. Si es inútil, el trabajo que encierra se ha gastado inútilmente y no crea por consiguiente un valor. Para Marx, por consecuencia, el verdadero valor es el valor de uso. El valor de cambio es una aberración del capitalismo. Agamben ve ahí una terrible limitación del pensamiento de Marx. Al no poder apartarse de la ideología utilitaria, que reserva para el valor de uso la relación originaria del animal humano con los objetos, se le escapa una relación que va más allá tanto del valor de uso como del valor de cambio. Los estudios de Mauss revelan que la prodigalidad ritual es una forma de intercambio incluso anterior al negocio. Hay una economía del deseo, muy antigua y muy humana, que se fundamenta en la destrucción o en la negación de la riqueza. “El hombre arcaico da también porque quiere perder”, dice Agamben.

      El espíritu del sacrificio informa muchas de las actividades más dignas de lo que llamamos la cultura y está presente, sobre todo, en las manifestaciones artísticas. Cuando una obra de arte insiste en no revelarse, cuando insiste en darnos sus regalos gota a gota, es porque se resiste a diluirse en el toma y daca del negocio, porque insiste en deslumbrarnos con el brillo inaccesible de su tesoro. Desgraciadamente, tendemos a referirnos a las obras de arte como objetos accesorios, en última instancia dispensables, irrecuperables para la verdadera vida, que es, supuestamente, la que transcurre en el día a día de lo que llamamos trabajo, de lo que se consume en la obtención de nuestras preciadas y nunca lo suficientemente defendidas comodidades.

      A mí me gusta pensar que la Universidad es todavía uno de esos espacios donde se puede defender la lógica sagrada del sacrificio.

      Bernabe cita al colega Richard Swope, para recalcar su indignación ante las constantes injurias de las administraciones universitarias contra nuestros derechos: “Como decía Rick Swope del Departamento de Inglés en una reciente reunión de facultad: en ocasiones, la forma de responder positivamente a una situación es empezando por decir “¡no!”. Yo voto por ese no, pero me gustaría que fuese un no más profundo, más antiguo, más arcaico, más ritual, más universitario, más artístico, el no genuinamente humano, el que se atreve a decirle no a lo que se aparece tan “instintivamente” como la más lógica de las necesidades.

      Finalmente, Bernabe resume su airada crítica contra mi bien intencionado atrevimiento del siguiente modo: “Favorezco, en fin, la elaboración de una moral, no para ver como nos adaptamos a y “mitigamos”, a costa nuestra, la crisis del capitalismo, como nos propone Ríos, sino, al contrario, una moral para construir, paso a pequeño paso, una salida anticapitalista a la crisis del capitalismo. Tal salida anticapitalista, me apresuro a indicar, no se construye haciendo la revolución mañana, por supuesto, ni proponiendo el socialismo como solución a los problemas de la UPR. Se construye levantando movimientos que favorezcan la creciente ingerencia pública y democrática sobre los procesos y las decisiones económicas, la creciente intervención pública en la economía del capitalismo salvaje, con el objetivo de convertir en fuente de bienestar social lo que ahora opera como mecanismo de extracción de ganancia privada.”
      No me voy a referir a cómo esta cita se despide de las intempestivas soluciones revolucionarias (¿ya caducó el tiempo de las revoluciones?) y se despide del socialismo como una solución a los problemas universitarios (tampoco estoy tan seguro de esa certeza; una activista estudiantil me decía recientemente que porqué no convertíamos mi argumento en una campaña para convertir el sistema universitario en una verdadera cooperativa); Bernabe aboga por el levantamiento de “movimientos que favorezcan la creciente ingerencia pública…” Esto me suena bastante a lo que hace el sindicalismo. Buscar actividades generadas por el malestar político que puedan caracterizarse como movimientos en potencia y ofrecerles apoyo, educación, estructura, etc.

      Sobre este tema estoy de acuerdo con la importante sospecha que levanta el filósofo marxista Alain Badiou en torno al rol de los movimientos sindicales hoy día. (pueden leer un resumen breve de estas ideas de Badiou en http://www.grupoacontecimiento.com.ar/documentos/documentos.htm) Badiou sostiene que lo político hoy se aparece precisamente en los movimientos, en las acciones políticas concretas y puntuales que responden a una situación muy específica. Lo político ya no se encuentra en el partido. Ni tan siquiera se encuentra en la reacción continua contra el Estado. Ese grito de protesta masiva que se yergue contra tal o cual acción injusta del Estado es un grito exhausto, agotado. Lo mismo habría que decir del rol del partido (o los partidos, en plural) como mediadores privilegiados entre los movimientos y el estado. Para Badiou el sindicalismo se ha convertido en otro partido más, en otra plataforma que trata de obtener el privilegio de explicarle los reclamos del Movimiento al Estado.

      La pasada huelga fue un laboratorio extraordinario de lo que un movimiento estudiantil puede aprender cuando se dispone a escucharse, a auscultar la clave de sus propias intuiciones, sin la mentoría de los sindicatos ni el paternalismo de las izquierdas trasnochadas. Eso, (la mentoría) por supuesto, sucedió, sucede, y sucederá. El movimiento estudiantil es un proceso en el tiempo que va más allá del conjunto de sus influencias. Espero que este movimiento, de los pocos que existen hoy día en Puerto Rico (me gustaría pensar que la Sala Beckett, por ejemplo, es otro movimiento, pero de eso podemos hablar en otro momento) siga aportando ideas nuevas, porque la radicalidad está hoy muy hambrienta de caminos, de nortes y brújulas nuevas.

      El reto de ese movimiento es sorprendernos con movidas creativas, que surjan, sobre todo, de la inmensa capacidad de sacrificio que la juventud descubre en sus músculos todavía recién estrenados: en los músculos de la piel, pero sobre todo en los de la imaginación.

      • Bernat Tort

        Bajo riesgo de sonar condescendiente (como me llamó Palmira Respa) diré lo siguiente: Oscar Wilde y el Ñam ñam, fueron la digresión (el vaso de vino); esta última intervención de Rubén es el argumento. Me quito el sombrero.

        Hay cosas que no se pueden intercambiar por otras, como decía Deleuze en Diferencia y repetición, cosas que son tan singulares que sólo nos queda repetirlas. Repito, pues a Rubén:

        “Swift sí le exigía a su lectores un gran sacrificio. Su ironía corrosiva los invitaba a pensar fuera de sus privilegios de clase, para que se enfrentaran con la monstruosidad de su goce, con el modo como su gula, la gula de las clases privilegiadas, se ceba en la carne de los pobres.”

        “A mí me gusta pensar que la Universidad es todavía uno de esos espacios donde se puede defender la lógica sagrada del sacrificio.”

        “[E]n ocasiones, la forma de responder positivamente a una situación es empezando por decir “¡no!”. Yo voto por ese no, pero me gustaría que fuese un no más profundo, más antiguo, más arcaico, más ritual, más universitario, más artístico, el no genuinamente humano, el que se atreve a decirle no a lo que se aparece tan ‘instintivamente’ como la más lógica de las necesidades.”

  • Bernat Tort

    Compañeros:

    Creo que en este punto en la discusión no está de más recordarnos de lo que los filósofos analíticos llaman “el principio de caridad.” Es un recurso metodológico que consiste en optimizar la racionalidad de nuestro interlocutor al interpretarlo. Es decir, cuando estemos discutiendo con otro, interpretemos sus interlocuciones de manera que optimicemos su sentido (utiliza sus términos en el sentido literal y no escondiendo sentidos inversos o ambiguos), su estructura argumentativa (la validez del argumento), y su veracidad (presumir que nuestro interlocutor cree lo que dice y por lo tanto piensa que es cierto). A estos requicitos quiciera añadir que nos interpretemos como bien intencionados, es decir, que partamos de la premisa que todos los interlocutores de esta conversación tienen el mejor interés de la comunidad universitaria en mente.

    Esta regla tiene por meta el maximizar los puntos de encuentro y la posibilidad de acuerdo intersubjetivo. Si la seguimos, no hay garantía alguna de que llegaremos a un acuerdo, pero de seguro sabremos que hemos diferido en el plano de las ideas, de los argumentos y de las consecuencias políticas de los mismos y no sobre personalismos o gustos e inclinaciones teórico-políticas. Evitemos abanderarnos por injurias y motes y decidamos la contienda a favor del argumento que nos parezca más razonable.

    Y si la filosofía analítica no resulta persuadirlos, por su mala reputación entre los humanistas, los dejo con este corto relato de quien estoy seguro es autoridad para todos los presentes:

    “A un caballero, en una discusión teológica o literaria, le arrojaron en la cara un vaso de vino. El agredido no se inmutó y dijo al ofensor: ‘Esto, señor, es una digresión, espero su argumento’ (El protagonista de esa réplica, un doctor Henderson, falleció en Oxford hacia 1787, sin dejarnos otra memoria que esas justas palabras: suficiente y hermosa inmortalidad)”. Jorge Luis Borges-”Arte de injuriar”

    Con la esperanza de que éste importante diálogo continúe a la altura que nuestras disciplinas nos lo exigen,

    Bernat Tort

  • Juan Duchesne Winter

    Este debate saca a relucir muchas ideas encontradas y desencontradas, posiciones que parten de una presunción de antagonismo, cuando si se mira bien, coinciden en supuestos importantes y hasta se complementan. Algunos aprovechan la coyuntura para descargar resentimientos acumulados en debates pasados y atacar muñecos de paja de antaño sin atender al argumento actual. —Déjame entrar aquí y decirle a este “posmoderno decadente” lo que hacía rato tenía ganas de decirle. O —ahora es el momento de decirle a este otro que es un sindicalero oficioso, etc. —ésa parece ser la motivación de algunas intervenciones. Y cada cual “se pica” y termina hablando de aquello que no dice estar hablando, pero que está debajo, o quizás no debajo, si no por encima de todo lo otro que se supone que se esté diciendo, muy a flor de piel, es decir, se termina en la “tiraera”. Que no está mal, si se asume como tal, pues se trata de un ilustre género del habla popular que ha aportado a la música de hoy, en el rap y el reguetón.

    Creo que Rubén Ríos se dio cuenta rápidamente de que ése era el género que había asumido este debate y, ni corto ni perezoso, sintonizó plenamente con el mismo. Algunos se desconciertan con sus respuestas finales, pero no yo, pues me parece ser una manera franca y sincera de responder una vez la conversación gira del debate a la “tiraera”. No es cuestión de señalar “quién empezó”, pero sí el punto en que se nota un cambio en el ritmo muy razonado que llevaba la conversación. Me parece que empezó cuando, tal vez, inadvertidamente, el escritor, académico y activista Rafael Bernabe, tras una metódica respuesta para cerrar su argumento, acude al afamado escritor socialista Óscar Wilde para cerrar su argumento. La conexión es evidente. Óscar Wilde fue un socialista muy especial en su época: homosexual, esteticista y decadente, es decir, todo un personaje para la posmodernidad con que quizás soñaba. Rubén Ríos es un destacado activista gay en los medios académicos y culturales, es decir, el idóneo lector futuro que hubiera soñado Wilde. Establecida esa identidad, el recurso argumentativo empleado aquí puede sonar ingenioso, se usa mucho. Consiste básicamente en decir: —Te refuto con lo que dice uno de los tuyos para callarte la boca; porque si uno de los tuyos dice lo contrario que tú, te desautoriza automáticamente. El problema es que este recurso polémico se fundamenta en un vínculo de identidad, en este caso, una identidad subalterna, perseguida, como la identidad homosexualidad o la identidad sexualidad no heteronormativa. Es un recurso polémico que usa la identidad excluida y subalterna del otro como fulcro de refutación. Hay un doblez en el argumento: incluyo a uno de los tuyos, perseguido como tú, lo cito en mi discurso razonable. pero lo hago para excluirte a ti del discurso razonable que yo empleo. Ese doblez es violento. Duele, en cuanto funciona como un golpe bajo a la identidad de la persona y no una refutación en el nivel del argumento. Hay golpes bajos que se safan sin querer. Presumamos eso y no digamos que Bernabe fue quien empezó la tirarera. Fue el discurso patriarcal predominante lo que condicionó esta tirarera.

    Pero una vez desatada la tiraera, veo que Rubén Ríos la asume como género, a diferencia de otros participantes en ella, que siguen montados en el género del supuesto “debate de ideas”, pero recurriendo a la tiraera bajo cuerda. Y en ese plano también entiendo muy bien a Rubén Ríos. Emplea varias veces una metáfora que no me parece que tenga mucho que ver con “la nación posmortem” del conocido libro de Carlos Pabón, sino con la noción del estado como proveedor, que entra en la crisis acelerada que todos conocemos y que resulta en el desmantelamiento de las universidades estatales. No es éste el momento para discutir si la izquierda contemporánea se debe proponer la recuperación del estado proveedor, el estado-papi, o si se debe plantear una nueva institucionalidad comunal que rebase el estado. Es un debate muy vivo en la izquierda contemporánea. Obviamente la propuesta de Rubén Ríos se orienta hacia la idea de una nueva institucionalidad, no necesariamente antagónica al estado, pero sí dispuesta a rebasarlo gradualmente. Un lugar donde se discute esta disyuntiva es Bolivia, donde se ha intentado crear un estado plurinacional con ciertas aperturas a otras formas de institucionalidad comunal, colectiva, no estatales.

    La idea, retomada por autores tan interesantes como Negri y Hardt de los activistas latinoamericanos, entre ellos los bolivianos, con variantes, es dejar de apostar toda acción política y social a la eterna riña con el estado-papi por un pedazo del presupuesto, y fundar instituciones autónomas. Si se va a reñir con el estado-papi, es para que se transforme en un estado-hermana, fraternal, que colabore con el desarrollo de estas instituciones autónomas, pero no para seguir dependiendo de sus prebendas, es decir, no para seguir buscando un canto del lechón y continuar el ñam-ñam del consumo dependiente. Esto se puede discutir. Yo mismo no estoy muy seguro de todo lo que involucra, pero es interesante y vale la pena discutirlo.

    Sin embargo, lamentablemente, cuando alguien piensa más allá de lo pre-programado por la costumbre bienpensante, surge la tirarera; mas se trata, no de una tiraera artística, como la de los raperos, sino de una tiraera vergonzante, que se desdobla como “debate de ideas” pero en realidad se cierra ante las ideas. Dada esta situación, entiendo muy bien a Rubén Ríos y me solidarizo con él en este intercambio.

    • Rafael Bernabe

      Respondo, un poco tarde, a tres intervenciones (de Bernat Tort, Rubén Ríos y Juan Duchesne) en el debate generado por el texto de Ríos “La moral de la catástrofe”. Lo coloco en los tres lugares correspondientes.
      Empiezo con el texto de Tort. Mi reacción puede resumirse brevemente: estoy de acuerdo con muchos de sus planteamientos, pero no considero que sean coherentes con una propuesta de reducción voluntaria de los salarios por el personal docente de la UPR como la que formula Rubén Ríos. Tort cita palabras de Anayra Santori en las que denuncia cómo “juzgamos … sin llegar a la disidencia, modulando nuestra desafección”, “renegociamos … la obediencia sin acercarnos a la rebeldía”.
      Favorezco, por supuesto, que nos atrevamos a la “disidencia”, que dejemos de ‘modular la desafección’, que nos ‘acerquemos a la rebeldía’. Esto significa, entre otras cosas, estar dispuestos a desafiar la lógica y las reglas del capitalismo en crisis. El capitalismo en crisis exige el sacrificio de nuestros salarios, de nuestros beneficios, llamados marginales; de los empleos, de los servicios y de las garantías sociales. Se nos dice que esto es necesario e ineludible para “salir de la crisis”. No hay otra salida. No hay otra opción. Son las reglas de hierro del juego del mercado. Es la única posición “realista”. Contra eso, precisamente, debemos levantar nuestra desafección, nuestra disidencia, nuestra rebeldía: no aceptemos pagar con nuestras condiciones de vida por la crisis del capitalismo, cuando existen los recursos materiales y humanos necesarios para satisfacer adecuadamente nuestras necesidades y las de los demás. Si el sistema en crisis sólo puede sobrevivir a costa nuestra (y del ambiente), entonces será necesario empezar a cuestionar las reglas de ese sistema económico.
      Tort indica que “la discusión de las posibilidades del discurso político, y de lo político mismo, ha sido usurpada por el discurso económico”. Estoy de acuerdo, pero añadiría una precisión. No se trata tanto del “discurso económico”, sino cierto “discurso económico”: el que presenta el interés del capital como barrera infranqueable de nuestras aspiraciones y propuestas. Como dije, en la actualidad, en todo el mundo, los representantes directos o indirectos del capital plantean la misma salida a la crisis, con deprimente monotonía: despido, depresión de salarios, recorte de beneficios, reducción del empleo público. Tenemos dos opciones: podemos aceptar lo que se nos presenta como inevitable o podemos rechazarlo y empezar, a partir de ese NO, a construir un movimiento de resistencia y transformación económica y social, que, a mi modo de ver (y de mucha gente) tendrá que ir desafiando las estructuras de nuestra sociedad.
      En Estados Unidos, por ejemplo, esto podría empezar con una cosa de tanto sentido común como esta: cualquier empresa que requiere un bailout del gobierno debe ser rescatada. Pero, si no puede permitirse que esa empresa fracase (empezando por los grandes bancos), por el efecto social que ese fracaso tendría, entonces esa empresa debe ser propiedad pública y administrarse democráticamente para satisfacer las necesidades de todos y todas. Para el capitalismo y sus representantes, esto no deja de ser impensable, una locura, un delirio. Pero, al igual que Tort, no creo que debamos permitir que nuestra razón se limite a lo que el capitalismo en crisis considera razonable.
      Tort considera que “negociamos nuestra obediencia porque estamos cómodos. Hemos adquirido con el pasar de los años, con gran esfuerzo y gracias a movimientos obreros sindicalistas, activismo social, procesos huelgarios, presión electoral, desobediencia civil y demás mecanismos de negociación colectiva, una respetable cantidad de derechos y comodidades”. Puede ser. Tengo algunas dudas sobre parte de esta afirmación. Habría que ver quién negocia y quién está cómodo. Pero, supongamos que es correcta. Estoy de acuerdo con lo que me parece que debe ser la conclusión de ese diagnóstico: quien desee retener sus derechos adquiridos más vale que despierte a la dura realidad de que el capitalismo en crisis tiene toda la intención de triturarlos. Más vale que se disponga a defenderlos con el mismo esfuerzo que fueron conquistados en el pasado.
      Tort señala que la izquierda defiende esos derechos “con uñas y dientes, por sentirse heredera de la tradición que les dio origen”. Estoy de acuerdo con que esto es un mérito de la “izquierda”, aunque no creo que se deba necesariamente a que se siente “heredera” de una tradición. En la misma oración, Tort pasa a formular una crítica a la izquierda: “Se pierde de perspectiva que muchos de esos derechos y privilegios fueron concedidos por el Estado con la finalidad de mantener ocultas o intactas las causas de los reclamos”. “Los sindicatos”, continúa Tort, “negocian aumentos de sueldo anualmente y con esto logran que los trabajadores empaten la pelea contra la inflación (el efecto), pero se olvidan por completo de que la causa de la inflación y de la inequidad salarial es el sistema de plusvalía capitalista”. Tort añade más abajo: “La consecuencia directa de esto es que nos hemos dejado de educar políticamente (es decir, anti-capitalistamente) lo que nos hace identificar el efecto con la causa limitando así nuestra agencia política al mero mantenimiento de nuestros derechos”.
      Es decir, según Tort, no podemos quedarnos en la defensa por “mantener” nuestros derechos, no podemos limitarnos a luchar contra la erosión de los salarios, no podemos limitarnos a resistir los “efectos” del sistema: tenemos que cuestionar el sistema mismo, tenemos que ir a las “causas” profundas de los “efectos”. Tenemos que no solo trabajar por salarios más altos, sino cuestionar la extracción de plusvalía misma, fundamento del sistema capitalista. De más está decir que, como socialista, no puedo estar más de acuerdo, pero añado una precisión: no podemos saltar al socialismo por un acto de voluntad individual. Una alternativa anticapitalista surge, trabajosamente, a partir de las resistencias colectivas del presente: y esa resistencia es necesario pues el capitalismo en crisis no tolera ni siquiera aumentos anuales del salario. Hasta las exigencias mínimas del pasado chocan ahora con los límites de esta estructura caduca.
      Sin embargo, a partir de la defensa, que comparto, de la “rebeldía”, de la exigencia de que vayamos a las “causas” (el “sistema de plusvalía capitalista”) de los efectos que vivimos, Tort salta a endosar la propuesta de que los docentes nos reduzcamos el salario hasta 3%. De qué manera reducirnos el salario es un acto de rebeldía, de desafío al capital, de cuestionamiento del “sistema de plusvalía” es algo que no entiendo. El capital nos exige hoy una reducción de salario (y de seguro médico y otras cosas). Esa, precisamente, es la racionalidad del sistema. Lo que el sistema considera total, completa y delirantemente irracional no es que nos reduzcamos los salarios: es que en medio de la crisis pretendamos “mantener” nuestros derechos. Que los asalariados se nieguen mediante la acción colectiva a pagar por la crisis del capitalismo, esa es la base de una racionalidad económica distinta. Es lo que están haciendo las grandes huelgas generales en Grecia, España y Francia. Por eso me parecen admirables. Reducirnos los salarios no es rebelarnos. Es resignarnos.
      Pasar del texto de Tort a los de Ríos y Duchesne es saltar del intento de diálogo al del ataque, al intento de desautorización y evasión. Estamos antes dos ejemplos de la más lamentable estrategia de aquel que en un debate se encuentra sin argumentos: desviar la atención. Esto se logra de diversas maneras: se le atribuye al otro ideas que no defiende, se le desautoriza atribuyéndole (directa o sugeridamente) “resentimientos” o molestias siniestras o triviales, se caricaturiza su posición, se desenmascaran sus “verdaderas” intenciones o motivaciones. Todo sirve para lo mismo: evadir el debate. Aunque a veces se dice lo contrario, toda la operación tiene el objetivo de dejar sentado que con el otro ni siquiera vale la pena debatir. Tomo algunos ejemplos, sin mucho entusiasmo.
      Ríos afirma, por ejemplo, que “Bernabe difiere también del tono del ensayo. ¿Cómo es posible, parece preguntarse, que se hable de ese modo y con tanta displicencia de los que nos hemos dedicado toda una vida a luchar por el mejoramiento de las condiciones salariales y laborales de esa clase media a la que no parezco dirigirme con el suficiente respeto?”. Si el lector o lectora coteja mi respuesta al texto de Ríos, verá que en ningún sitio critico o me refiero al tono. Critico las ideas y las propuestas. Critico la lamentable confusión de las huelgas en Europa con los Tea Parties de Estados Unidos. Critico que se piense que los salarios, el empleo, el seguro médico y otras conquistas son “privilegios”. Critico que se piense que la lucha sindical es una defensa de esos “privilegios”. Lo critico porque es profundamente equivocado, pero no objeto el tono. Mucho menos me visto con el manto de “los que nos hemos dedicado toda una vida a luchar” para exigir “respeto” de Ríos. Esa no es ni la tónica ni el contenido de mi respuesta. Se trata de un intento de reducir mi respuesta a un enchismamiento por el tono y las faltas de “respeto”. ¿Los argumentos de Bernabe? No hay tal cosa: está sencillamente molesto por la irreverencia y la audacia de Ríos.
      Un poco más adelante, explica Ríos a sus lectores que “para ponerme en mi sitio y para añadirle un contrapeso a mi cita del libro de Jonathan Swift, … Bernabe echa mano de una cita … de Oscar Wilde”. ¿Por qué, me pregunto, “para ponerlo en su sitio”? Traigo una cita para ilustrar mis argumentos. Ríos cita a Swift. Yo cito a Wilde. ¿No es acaso este el procedimiento normal en cualquier debate? ¿Por qué, entonces, la frase “para ponerme en mi sitio” para describir mis intenciones? Porque esto proyecta a Bernabe como un regañón, en el mejor de los casos, y como un silenciador y represor, en el peor. Eso también ayuda a desautorizarlo, sin tener que considerar sus argumentos. Una vez más, el lector o la lectora pueden leer mi respuesta y comprobar si tiene tono de regaño o de poner a Ríos o a quien sea ‘en su sitio’. De paso, ¿por qué, cuando se trata de Ríos, se “cita” a Swift y, cuando se trata de Bernabe, no se cita, sino que se “echa mano” de Wilde?
      Más abajo, Ríos señala” “Lo que nos lleva al foco de la verdadera indignación en el argumento de Bernabe: sólo un ingenuo podría proponer algo tan peligroso como que los docentes nos auto-rebajemos el salario … El infierno, parece sugerir Bernabe, está lleno de gente ingenua como yo…”. Pero, ¿por qué “el foco” de mi “verdadera indignación”? ¿Habrá alguna otra indignación de fachada que he desplegado para esconder “la verdadera”? Primero que nada, en mi texto no expreso indignación, sino mi desacuerdo, y explico las razones. Convertir mi desacuerdo en “indignación” es, de nuevo, parte del retrato que se quiere construir de Bernabe, el “respetable”, indignado por las irreverencias de su audaz interlocutor. Por otro lado, si se está planteando que “el foco” de mi desacuerdo reside en mi rechazo de la propuesta de Ríos de bajarnos el salario, no creo que fuera necesario develarlo como mi “verdadera” posición: esa es, efectivamente, mi postura, muy claramente enunciada y presentada. ¿O será ‘el foco de mi indignación’ el que “ingenuos” como Rubén Ríos se atrevan a formular propuestas que nos pueden llevar al infierno? Sin embargo, en mi artículo por ningún lado trato a Ríos como “ingenuo”. Me tomo sus argumentos muy en serio. Pero, claro, conviene que el lector piense que Bernabe considera que Ríos es un “ingenuo”: ¿quién va a tomarse en serio alguien que pueda sugerir tal cosa?
      El intento de Ríos de defender la analogía entre la Modest Proposal de Swift y su propuesta de reducción de salario deja mi objeción intacta y sin respuesta. Swift proponía algo escandaloso que no pretendía que se pusiera en práctica. Ríos propone algo para que se ponga en práctica. Le ofrecí un ejemplo de un equivalente actual de Modest Proposal: que los estudiantes vendieran uno de sus riñones para pagar la cuota durante sus años de universidad (piénsese en los beneficios: estudiantes pagan la cuota, la UPR recibe los fondos, gran cantidad de órganos para donaciones, etc.), pero la propuesta de Ríos no tiene este espíritu ni este efecto: es algo que la administración puede recibir como perfectamente razonable.
      El intento de refutar mi uso de la cita de Wilde me parece igual de poco convincente. Ríos nos recuerda que Wilde estaba hablando de los “verdaderos pobres” de la Inglaterra victoriana, cuyos equivalentes en la actualidad serían los trabajadores indocumentados y no, supongo, los estudiantes que, alegadamente, se beneficiarían de la reducción de salario de los docentes. Echando mano al marxismo, Ríos se entusiasma: “No está demás invocar el clásico argumento marxista de la lucha de clases para establecer una diferencia fundamental entre los intereses de la pequeña burguesía y los intereses del proletariado. Sencillamente, no se trata de lo mismo. No es lo mismo pagarle la matrícula a mi hijo en la Escuela del Pueblo Trabajador que reunir el dinero que un dominicano pobre necesita para pagar la yola que lo lleve a las costas de San Juan. No es lo mismo. Cuando se habla de justicia, o mejor aún, de lo justo, hay que cuidarse de no confundirla con el privilegio, con eso que en inglés se llama entitlement”. Parecería, al leer esto, que yo pienso o afirmo que la situación de un asalariado que puede “pagar la matrícula” de una escuela privada es la misma que la de un trabajador indocumentado. El lector o la lectora que lean mi texto podrán ver que no defiendo tal idea. Ríos está debatiendo con posiciones que me atribuye, para luego rebatirlas. Pero siempre es bueno atribuirme posiciones absurdas. Lo que sí rechazo es la idea de que la lucha de clase “del proletariado” se reduzca, como la reduce Ríos, a la de los trabajadores indocumentados o a las de los que él define como los “verdaderos pobres”. Al contrario, no veo contradicción alguna entre la lucha por los derechos de los indocumentados, por el aumento del salario mínimo de todos los trabajadores y las trabajadoras, contra la oposición a la proyectada contrareforma laboral que destruirá los derechos de (sobre todo) los asalariados en las situaciones más vulnerables, y la defensa de mi salario, mi seguro médico en la Universidad de Puerto Rico: para mí se tratan de luchas contra la misma voracidad del capital en crisis.
      En cuanto a la idea de que un empleo, un ingreso mínimanente adecuado y seguro, la educación pública, la seguridad social, los servicios de salud sean privilegios, ya di mi opinión en un artículo anterior: para mí no son privilegios ni lujos de una clase media en “denial”. Son elementos mínimos de una sociedad que se respete.
      Ríos plantea que Bernabe “se despide de las intempestivas soluciones revolucionarias (¿ya caducó el tiempo de las revoluciones?) y se despide del socialismo como una solución a los problemas universitarios”. Lamento informar que no, no me despido en mi artículo, ni de las revoluciones ni del socialismo. Mi artículo plantea, como puede comprobarse leyéndolo, que debemos resistir la salida que el capitalismo nos quiere imponer a su crisis y que eso, paso a paso, tendrá que abrir el camino a una salida anticapitalista a la crisis. Cuando digo que no estoy proponiendo la revolución o el socialismo como solución a los problemas de la UPR, intento disipar una caricatura muy difundida de que los socialistas, cuando criticamos el capitalismo, estamos proponiendo el socialismo como solución inmediata, y, dado que el socialismo no es una posibilidad inmediata, entonces nuestra propuesta carece de concreción o de realidad. Lo que intentaba explicar es que tal salida anticapitalista se construye desde hoy, empezando por la resistencia a las exigencias del capitalismo en crisis.
      No puedo pasar por alto la explicación que hace Ríos de la teoría del valor de Marx y que atribuye a Agamben. “Para Marx ningún objeto puede revertir un valor si no es una cosa útil. Si es inútil, el trabajo que encierra se ha gastado inútilmente y no crea por consiguiente un valor. Para Marx, por consecuencia, el verdadero valor es el valor de uso. El valor de cambio es una aberración del capitalismo. Agamben ve ahí una terrible limitación del pensamiento de Marx”. De las cuatro líneas de su explicación de las ideas de Marx, tres contienen un error, como puede comprobar cualquiera que lea los textos pertinentes de Marx. Digámoslo rápidamente para no agobiar. Dice Ríos: “Para Marx ningún objeto puede revertir un valor si no es una cosa útil”. Pero el problema, sin embargo, no es lo que “para Marx” le “revierte” valor a los productos: el problema que le interesaba a Marx era cómo se determina el valor de los productos en las sociedades productoras de mercancías y en el capitalismo. Dice Ríos: “Si [el objeto] es inútil, el trabajo que encierra se ha gastado inútilmente y no crea por consiguiente un valor”. Esto es cierto: una mercancía inútil no encontrará equivalente en el mercado. Dice Ríos: “Para Marx, por consecuencia, el verdadero valor es el valor de uso”. Esta frase haría que cada pelo de la barba de Marx se pusiera de punta. Para Marx, el valor está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario que toma elaborar un producto; es la forma que este se presenta en el intercambio (como el valor del producto). La naturaleza y la magnitud del valor es totalmente independiente y algo completamente distinto a la utilidad del producto, del valor de uso. Dice Ríos que para Marx “el valor de cambio es una aberración del capitalismo”. Pero para Marx el valor de cambio existe mucho antes que el capitalismo, existe en toda sociedad en que se intercambian mercancías. Tampoco es una “aberración”. Es una de las dimensiones que adquieren los valores de uso en el seno de una sociedad productora de mercancías, precisamente una sociedad en la que los productores no se relacionan directamente, sino que se han fragmentado en productores privados. Dice Ríos: “Agamben ve ahí una terrible limitación del pensamiento de Marx”. No sé si la explicación efectivamente está en Agamben o es de Ríos. Pero no importa: es absurdo ver “aquí” una limitación del pensamiento de Marx porque esta presentación nada tiene que ver con la teoría del valor de Marx.
      Pasemos, por último, a los comentarios con que me ha privilegiado Juan Duchesne. Duchesne comenta el debate suscitado por el texto de Ríos y dedica bastante espacio a comentar mi respuesta. De hecho, me achaca haber provocado el viraje del diálogo a la “tiraera”. Pero antes de acusarme de provocar la degeneración del intercambio, hace comentarios sin mencionar a quién van dirigidos y que, por lo mismo, no sé si me incluyen. Como quiera que sea, no está de más mencionarlos. Dice Duchesne: “Algunos aprovechan la coyuntura para descargar resentimientos acumulados en debates pasados y atacar muñecos de paja de antaño sin atender al argumento actual. —Déjame entrar aquí y decirle a este ‘posmoderno decadente’ lo que hacía rato tenía ganas de decirle”. Debo indicar, por supuesto, que en mi artículo no hablo ni de posmodernos ni de decadentes. Por otro lado, si no estoy incluido en ese “algunos”, parecería que, por el nulo espacio que Duchesne dedica a atender sus argumentos, todos los que han criticado la posición de Ríos están motivados por “resentimientos” o prejuicios contra los “posmodernos”. Sea cual sea el caso, en sus comentarios sobre mi escrito, Duchesne hace lo que objeta en otros: habla de todo menos de mis argumentos y, de paso, hasta intenta retratarme como homofóbico.
      Según Duchesne, el que yo cite a Wilde es algo verdaderamente sospechoso. ¿Por qué Wilde? Sería demasiado ingenuo pensar que lo cito porque estoy de acuerdo con Wilde. No, lo cito por otra razón oculta, quizás inconciente: lo cito porque Wilde era homosexual y Rubén Ríos es activista gay. Al citar a Wilde, estoy citando a “uno de los suyos” contra Ríos, intentando demostrar que, si incluso “uno de los suyos” está contra Ríos, entonces, sin duda, Ríos debe estar mal. Según Duchesne, mi acto no está exento de violencia. Explica Duchesne que yo estaría diciéndole a Ríos: “Incluyo a uno de los tuyos, perseguido como tú, lo cito en mi discurso razonable, pero lo hago para excluirte a ti del discurso razonable que yo empleo”, para concluir que “ese doblez es violento”. Mi estrategia, ‘echar mano de Wilde’, como diría Ríos, además de homofóbica, es violenta. De paso, Duchesne advierte que, a pesar de mis intentos de reclutar a Wilde para mi causa, Ríos “es el idóneo lector futuro que hubiera soñado Wilde”. Hay entre Wilde y Ríos una relación privilegiada a la que Bernabe no puede aspirar. Al final, Duchesne me perdona y explica que no soy yo: se trata de la cultura patriarcal que habla a través de mí. Bernabe desaparece: el debate es entre Rubén Ríos y la cultura patriarcal dominante. Así planteado, ¿con quién vamos a estar si no es con Rubén Ríos contra la cultura-patriarcal-que-habla-a-través-de-Bernabe? Como dije anteriormente: cuando se carece de argumentos, hay que evadir, inventar, desviar…
      ¿Por qué cité a Wilde? Note el lector o la lectora, antes de seguir, lo lejos que ya estamos del tema de la UPR, la cuota y la huelga. El tema ahora es la homofobia latente en el recurso a la cita de Wilde por Bernabe. A esto se le llama debatir y atender los argumentos. Pero, para responder a la pregunta: Wilde era socialista. Yo soy socialista. Wilde insistía que, al contemplar las injusticias que nos rodean, debemos buscar las razones de fondo e intentar abolirlas. Advertía, además, que el deseo de tomar acciones inmediatas y concretas nos podía llevar a olvidar la necesidad de ese cambio radical: peor aún, podía llevarnos, a pesar de nuestras intenciones, a contribuir a la supervivencia de los males que queremos combatir. Esas advertencias me parecían, y me parecen, pertinentes al tema en discusión y a mi posición en ese debate: es decir, pertinente para lo que pienso son los peligros de la bien intencionada, pero, a mi modo de ver, equivocada propuesta de reducción voluntaria de salarios. Me ocupé, para tratar de no caer en la “tiraera” de insistir que tan solo ofrecía la cita como advertencia, no como acusación contra nadie. ¿Cómo llega Wilde a mi mente de izquierdista “trasnochado”? Precisamente porque conozco este texto hace mucho tiempo y lo he citado muchas veces. Recuerdo ahora que lo uso, por ejemplo, en mis textos sobre Nemesio Canales. Creo que lo menciono también en mi libro Manual para organizar velorios. Lo menciono en un texto en que trabajo hace año y medio sobre Whitman y tres interlocutores caribeños (José Martí, C.L.R. James y Pedro Mir). Indico lo de año y medio para que no se piense que ahora traigo a Whitman por los pelos para mencionar a otro “de los suyos”. Me la pone difícil el comisario Duchesne: si de debatir con Ríos se trata, parece que no puedo citar a ningún autor homosexual, no importa que sus ideas, como las de Wilde, encajen exactamente con lo que quiero explicar. Lorca, Whitman, Ginsberg, Ramos Otero: todos off-limits para Bernabe.
      Ya que estamos en esto, indico que Wilde defendía un socialismo que tendría como una de sus facetas el florecimiento de los talentos, las facultades y las particularidades de cada individuo. Es la concepción del socialismo de la cual soy partidario. Tengo además mi lado esteticista y me simpatiza la sensibilidad del anticapitalismo bohemio y un poco decadente, como puede comprobar quien lea lo que he escrito sobre la crítica romántica de la modernidad. Por eso, al leer el texto de Ríos recordé ese que conozco bastante bien de Wilde. Wilde es para mí uno de los míos y me siento feliz de ser uno de los suyos, aunque Duchesne no me conceda el título de “idóneo lector futuro que hubiera soñado Wilde”. Por último, precisamente por mis desviaciones wildeano-esteticistas, me pareció atractivo por aquello de cierta elegante simetría de que, si Ríos citaba a Swift, yo podía citar también a un destacado autor de la literatura en inglés, como Wilde.
      Concluyamos indicando que, de todo este debate, parecen surgir dos orientaciones. Una vagamente presentada por Duchesne y Tort de que debemos buscar alternativas al capitalismo, pero fuera de las estructuras tradicionales del Estado y los sindicatos o de sus formas de lucha en defensa del salario. Una alternativa que se construye al margen del Estado y del capital. La otra, la cual he intentado presentar (no soy, por supuesto, su autor), plantea que no podemos pasar por alto la necesidad de resistir los embates del capital y de su estado, y que debemos impulsar políticas de gobierno dirigidas a quebrar las reglas del capitalismo. En defensa del primer camino, Duchesne plantea que “obviamente la propuesta de Rubén Ríos se orienta hacia la idea de una nueva institucionalidad, no necesariamente antagónica al estado, pero sí dispuesta a rebasarlo gradualmente. Un lugar donde se discute esta disyuntiva es Bolivia, donde se ha intentado crear un estado plurinacional con ciertas aperturas a otras formas de institucionalidad comunal, colectiva, no estatales”.
      Sin embargo, Duchesne olvida dos cosas: esos experimentos se dan en el marco de un avance de la izquierda incluso dentro de la vieja institucionalidad; avance que ha tenido como fundamento la organización de partidos y sindicatos. Y, sobre todo, olvida que lo que ha llevado a los avances y a la apertura de posibilidades en Bolivia han sido años de luchas militantes en rechazo a reducciones de salario (incluyendo huelgas y huelgas generales), entre otras cosas, no iniciativas para reducir voluntariamente los salarios a cuenta de que el capitalismo está en crisis.

      • Bernat Tort

        Bernabe:

        Quiero comenzar subrayando que coincido contigo en que tenemos una gran cantidad de puntos de encuentro y creo que se podría resumir tu diferencia principal con mi columna con la siguiente pregunta: ¿Cuál es la relación lógica entre todo lo expuesto y la propuesta de reducción salarial? Es esta, me parece, tu objeción principal:

        “…estoy de acuerdo con muchos de sus planteamientos, pero no considero que sean coherentes con una propuesta de reducción voluntaria de los salarios por el personal docente de la UPR como la que formula Rubén Ríos.” [Rafael Bernabe]

        Contesto de inmediato que la respuesta a la pregunta por la relación lógica entre la crítica a la izquierda pequeño burguesa y la propuesta de reducción voluntaria de salario es: ninguna. Es decir, si la pregunta busca una explicación de la relación en términos de consecuencia lógica del tipo α → β (“si alpha entonces beta”) la única respuesta correcta y responsable es ninguna.

        Ahora bien, no traté de establecer tal relación de consecuencia lógica. Al contrario, la relación que intenté establecer es una contrafactual, irracional e ilógica. No solo esto sino que –y en esto me parece que estamos de acuerdo- no estamos hablando aquí de lógica y razón en su sentido estricto o más general, sino que en ambos casos estamos hablando de lo que es lógico o razonable en sentido político. Y más específicamente, hablamos de ambos términos en un contexto político particular: la sociedad capitalista burguesa. Aclarado esto, creo identificar el verdadero punto de “desacuerdo”(1) en la siguiente cita:

        “De más está decir que, como socialista, no puedo estar más de acuerdo, pero añado una precisión: no podemos saltar al socialismo por un acto de voluntad individual. Una alternativa anticapitalista surge, trabajosamente, a partir de las resistencias colectivas del presente…” [Rafael Bernabe]

        El problema es de prioridades. Para ti la prioridad es generar las condiciones materiales que lleven al socialismo, y estas, como tú bien dices, se producen trabajosamente. Para mí, sin embargo, de lo que se trata (o al menos lo que me interesa hacer) es generar las condiciones subjetivas que lleven al comunismo (o al menos a la lógica política detrás del comunismo).

        En un escrito titulado “Tasks of Comunist Education” (en “Problems of Everyday Life”) Trotsky dice que nuestros nietos “los ciudadanos de la comuna, no serán revolucionarios.” Viniendo de Trotsky parecería un insulto, pero éste se justifica diciendo que la tarea no es crear al “hombre nuevo” para que este genere las condiciones que posibiliten la nueva sociedad (como pensaban los utopistas) sino que hay que educar a revolucionarios hoy para que estos creen las condiciones que permitan el surgimiento del “hombre nuevo”; el ciudadano de la comuna no será revolucionario pues la revolución ya habrá tenido lugar, los antagonismos habrán sido resueltos, y por lo tanto, no habrá necesidad para que existan revolucionarios.

        La clave de la distinción de Trotsky es precisamente que no nos podemos creer que somos el “hombre nuevo”, sino sólo su condición de posibilidad. Es aquí donde difiero con Trotsky y me alío con los utopistas. Esta sería mi diferencia, y la razón por la que apoyo la propuesta en cuestión. Creo que las condiciones ya están aquí, solo tenemos que generar subjetividades que sean capaces de verlas por lo que son. Como dice Žižek “we are the ones we have been waiting for”.

        Irónicamente mi justificación de esta aseveración se debe a que soy materialista. La ironía consiste en que Trotsky también lo era. Pero Trotsky era un materialista moderno, yo soy un materialista posmoderno, (o post kuhniano si se quiere). Tanto para Kuhn como para Badiou el mundo material consiste en la totalidad de prácticas que se derivan de una estructura teórica. Lo que ocasiona un cambio de mundo para Kuhn no es un experimento, no es un nuevo hecho, es decir, no es la “Realidad” sino una teoría nueva que nos haga ver y por tanto actuar sobre la “misma” naturaleza de manera distinta.
        Lo que busco es generar un discurso inconmensurable con el del capital, y para esto hace falta un “loop hole”, un evento que posibilite una lectura alternativa de los “hechos”, que son y no son los mismos en ambas situaciones. Veo la propuesta de Rubén como un posible “loop hole” a la lógica del capital. Evidentemente no es el único posible, ni tiene que ser éste, pero creo que sí puede ser uno.

        Traté de expresar esto hablando de la lógica temporal (el futuro anterior) del evento (en el sentido de Badiou) pero ahora lo intentaré desde la lógica ontológica del evento (que Badiou expone en “Ser y evento”).

        Una determinada situación (o mundo, para usar un término que tanto Badiou como Kuhn usan) se compone (es decir, tiene como elementos) de todo lo que su estructura conceptual admite como objeto. En nuestro caso nuestro mundo se compone de todo lo que la lógica de la sociedad capitalista burguesa admite como objeto, relación, agencia política, sujeto o transacción.

        La clave para gestionar una acción política que se pretenda como ruptura con la estructura conceptual de este mundo es encontrar o crear un evento. Un evento es un acontecimiento en el cual algo inexistente (es decir, algo que no era un elemento u objeto de la estructura conceptual de la situación o mundo donde se da el evento) llega a existir y a generar la suficiente fidelidad (individuos que la avalen) a las consecuencias que se derivan de esta nueva existencia como para dar permanencia a la nueva situación (mundo o estructura conceptual) generada por el evento.

        Es decir, para que haya una ruptura, política en este caso, tiene que suceder algo que nos permita imaginar otro mundo, otro ordenamiento político, distinto al nuestro. Pero para que esto ocurra, esto que suceda (el evento) tiene que ser algo inconmensurable con la estructura conceptual del mundo en que se da. Las soluciones a la crisis que se derivan de la transformación trabajosa de la que hablas forman parte de la estructura conceptual (de lo que este sistema admite como elementos) de nuestro mundo. La Universidad Comunista que pienso proponer en la segunda parte de mi artículo (aun cuando debo admitir, como lo hizo Duchesne en una de sus intervenciones, que “yo mismo no estoy muy seguro de todo lo que involucra…”) pretende ser, precisamente, un esbozo de qué sería esta fidelidad al evento que supondría, desde mi lectura del mismo, la donación (2) salarial. Este acto colectivo, acompañado, claro está, del apoyo masivo y del salto al vacío del que hablé, supondría la posibilidad de redibujar la estructura conceptual del mundo en que vivimos mediante la gestación de un proyecto de universidad paralelo al estado (aún si esta se da como “una universidad dentro de la universidad” [Francisco José Ramos]).

        Dicho esto, quiero aclarar mi posición con relación a mi crítica a la izquierda (aun cuando creo que lo que diré se cae de la mata, lo haré para que no quepan dudas). No quiero que se me malinterprete como diciendo que estoy en contra de todas estas gestiones: acción sindical, huelgas, lucha y defensa de los derechos adquiridos, etc. Cuando apoyo la oración “la huelga no puede ser el destino exclusivo e irremediable del movimiento estudiantil, sobre todo la misma huelga de siempre, enfrentada a la próxima alza en la matrícula” [Rubén Ríos Ávila] lo hago desde la invitación a romper con la izquierda y con la política reactiva y no porque esté en contra de las huelgas o de los sindicatos, etc, etc. Lo hago solo para irnos más hacia la izquierda. Cuando Badiou nos invita a romper con la izquierda lo hace desde una postura que se ubica más allá de ella según él la define. Badiou, en el capítulo sobre la Comuna de París de su libro “The Comunist Hypothesis”, define la izquierda de la siguiente manera:

        “Let’s call ‘the left’ the set of parliamentary political personnel that proclaim that they are the only ones equipped to bear the general consequences of a singular political movement. Or, in more contemporary terms, that they are the ones able to provide ‘social movements’ with a political perspective.”

        Y es solo luego que postula la ruptura con la izquierda así definida:

        “[A] political rupture is always a combination of a subjective capacity and an organization—totally independent of the state—of the consequences of that capacity. Further, it is important to argue that such a rupture is always a rupture with the left, in the formal sense I have given the term. Today, this amounts to saying a rupture with the representative form of politics, or, if one wants to go further in the way of founded provocation, a rupture with ‘democracy’.”

        Esto nos devuelve a lo que creo que es nuestra diferencia de prioridades: condiciones objetivas vs condiciones subjetivas. Para mí la prioridad es maximizar esta capacidad subjetiva de la que habla Badiou, o más bien persuadirnos de que tenemos esta capacidad subjetiva. Quiero ayudar a persuadirnos de que ya tenemos las herramientas que necesitamos, lo que hay que hacer es ponerlas en práctica (un ejemplo serían las propuestas en la discución Rubén Ríos/Ivan Chaar-Lopez/Khalil/Tito Otero). Creo que la mejor manera de generar esta transformación subjetiva es mediante la creación de eventos (creo que la pasada huelga fue uno de ellos) que logren despertar la imaginación política de gente que usualmente no se involucra.

        En estos momentos post Fukuyama, el problema mayor con que nos enfrentamos lo resume la famosa frase de “The Usual Supects”: “The greatest trick the Devil ever pulled was convincing the world he didn’t exist.” Resulta sumamente irónico que en estos tiempos de crisis global del capitalismo, del fracaso de las políticas neo-liberales, el capitalismo (discursivamente) parece no existir. Los que anuncian la crisis en los medios y nuestros gobernantes rara vez utilizan el término. En estos momentos históricos el socialismo no es ya una alternativa que se opone al capitalismo sino su versión humana (“capitalism with a human face” vs el capitalismo autoritario chino). Creo que el truco realmente ha sido que han logrado convencer al mundo de que “la idea del comunismo” no existe, o peor aún que es una idea passé.

        Esa es la inexistencia que me gustaría ayudar a hacer existir (más bien hacer reaparecer) y generar fidelidad a las consecuencias del evento que la haga aparecer.

        Con relación a todo el debate Wilde/Ñam-ñam, aunque ya expresé mi parecer en el “stream” donde se dio, quisiera añadir que nos lo pudimos haber ahorrado si todos nos ubicamos en el futuro anterior del mundo que queremos, tenemos que habitar el mundo del “como sí”. Bob Marley en su canción “War” dice: “until the color of a man’s skin is of no more significance than the color of his eyes; Me say war”. Creo que tenemos que llegar al momento en que soltemos este “until” y comencemos a habitar el mundo en que “the color of a man’s skinis of no more significance tan the color of his eyes.” Lo mismo aplica con relación al discurso violento patriarcal; creo que Juan y Rubén debieron haber leído tu respuesta desde el “como sí” que supone que la sexualidad de un autor no tiene importancia, o por lo menos, que tenga la misma importancia que sus ideas políticas o sus opiniones acerca de la inexistencia de dios, etc. Como decían (con las sustituciones necesarias para que aplique a nuestro caso) Deleuze y Guattari en la introducción a Mil mesetas: “To reach, not the point where one no longer says I, but the point where it is no longer of any importance whether one says I.”

        notas:

        (1) Escribo “desacuerdo” entre comillas porque creo que el desacuerdo es solo aparente y en realidad estamos hablando de prácticas políticas complementarias.

        (2) Me he dado cuenta que debemos dejar de hablar de reducción salarial porque genera el mal entendido de que es algo mediado institucionalmente.

    • Tony

      Ustedes dos son blancos y se entienden.

  • Mariana Garcia Benitez

    Los estudiantes que asistieron se opusieron al recogido de dinero, entre otras razones, porque les pareció que la idea es conformista, porque piensan que da pauta a que aumenten la cuota el semestre que viene.

    Por otro lado se planteó si el dinero sería suficiente para quitar toda la cuota, ya que a ellos no les ayuda demasiado que, con este fondo, se les baje el pago de 800 a 500$ que fue le ejemplo que di (que obviamente es sólo un ejemplo).

    Otros hablaron de que el pueblo esta pelao y no puede costear algo tan injusto.

    Posteo aquí los comentarios de algunos estudiantes en torno a la propuesta de Ríos Ávila, para crear discusión en torno a ellos, y entender las reacciones del estudiantado que estamos apoyando.

    Me reuní con un grupo pequeño. No desfallezcamos.

    Gracias
    Mariana García Benítez
    Ex-alumna/ Lite Comparada 2002

    • Rubén

      Universidad de Puerto Rico. Ñam Ñam.

  • Mariana Garcia Benitez

    La propuesta de Rubén Ríos es excelente para levantar ánimos, evidenciar la absurdidad de la cuota y crear discusión. Luego de presentarla hoy ante los estudiantes del Comité Humanidades, junto a mis razones sobre la necesidad de mantener la universidad abierta y lo erróneo que sería llevar a cabo una huelga como la anterior, los estudiantes se opusieron a la idea tenazmente. Como soy buena escucha y paciente retomé la idea en cuatro ocasiones para crear y no para nadar en las razones que ya nos tenemos sabidas sobre lo injusto que es este mundo. Todos escuchamos. Fue una excelente reunión.

    Me parece que se deben articular de forma simultánea varias maneras de eliminar/pagar la cuota. Articular proyectos que en un principio serán contrarios unos a otros logrará que no se dependa de una sola propuesta. Hacer una huelga de hambre no está peleado con crear un fondo de pago. Parece que en Colombia crearon un fondo, un tax voluntario con el que el pueblo apoyó la universidad pública. Tuvieron unos resultados espectaculares con el recogido de dinero.

    El próximo viernes el Comité se reunirá nuevamente. Se debe crear una resistencia inteligente sobre la cuota (y otros temas de la universidad) que incluya la organización de actos de resistencia pacífica que tengan resultados efectivos.

    Uno de los planteamientos que haré el viernes es una huelga de hambre indefinida hasta que quiten la cuota. Esto no es cualquier cosa. Se debe planificar con el cuidado merecido y escoger a los candidatos y candidatas que puedan llevarla a cabo.

    Todos estamos de acuerdo en que la cuota no debe ir. Ahora es el momento de traer ideas CONCRETAS…

    Entre los participantes una profesora de inglés habló de una cooperativa que se está siendo creada en cierto departamento (no recuerdo cual) para mantener el mismo a flote.

    Mariana García Benítez
    Ex-alumna/ Lite Comparada 2002

    • Fernando Paes

      Mariana, ¿huelga de hambre? escuché bien????
      También escuche de estudiantes del Comité de Acción de Humanidades que hablaron de explosivos…. ¿Estamos hablando de Puerto Rico?
      Estoy un poco deshubicado.

  • alejandro quinteros

    ¿ Que edad tienen estos estudiantes?…5 años…
    Podríamos intentar tratarlos como adultos que son, capaces de crear y sostener sus propias opiniones, preñarse, parir, divorciarse y hasta pagar impuestos. Obviamente los estudiantes han paralizado la Universidad anteriormente por 60 y pico de días. Si así deciden volver a hacerlo en su próxima asamblea no hay quien los detenga y menos aun sus profes tratando en completo pánico de actuar como si fueran sus padres y pagarles su cuota.
    ¿Alguien les ha preguntado a los estudiantes si quieren nuestra limosna? Y a que estudiantes les damos nuestra plata: a los mas o menos 500 que participaron activamente en este recinto durante la huelga o a los 20,000 , 15,000 o 12,000 que se quedaron en casa de mami viendo cable TV por tres meses.
    Claramente al contingente mayor de estudiantes que pasean por esta Universidad les importa muy poco que pasa con ella. La apatía política y social es rampante no solamente en lo que se refiere a la Universidad sino igual acerca del país. Esta problemática es mas profunda y compleja que si hay o no cuota. A la Universidad se la viene desmantelando desde antes que la “crisis”, ideológicamente, políticamente y económicamente. Así es que si el estudiantado decide otra vez quedarse en casa a verlo por tele. Pues que se atengan a las consecuencias de su apatía, que esta vez ni FEMA ni papá Federal nos sacan de esta.

    • Rubén

      ¡Qué viva la IUPI! Ñam Ñam.

    • Rubén

      Deliciosa, suculenta Torre de la Universidad. Ñam Ñam.

      • Fernando Paes

        Rubén, a ti y a todos los catedráticos les tocó la mejor parte del lechón. A ahorrar…
        jajajajaja.

    • Carmen Luisa González

      Rubén,

      Estoy de acuerdo con Alejandro Quinteros. El deterioro de lo político, que se traduce la perdida de los espacios democráticos, es la norma en este país. Es precisamente la perdida de la esfera pública lo que socava la posibilidad de lo político. Nuestra Universidad, o lo que queda de ella, no es la excepción. Por el contrario, en nuestro microcosmo, todo se agrava…….pueblo pequeño, infierno grande. El asunto de cuota es sólo un pequeñísimo síntoma de un mal que se viene desarrollando hace mucho tiempo. ( Por eso, asumirlo como el centro de todo, es políticamente más que peligroso ). El fin de la Universidad como un espacio otro , un espacio de creación, un espacio para pensar en un mundo donde ya no se piensa, en fin, un espacio lúdico. Desde adentro, esa posibilidad se fue socavando poco a poco con una cultura burocrática y anti-democrática, y anti-intelectual. Claro, todo esto a tono con los tiempos…….en el mundo entero la Universidad está en crisis. ¿ Qué podemos hacer los profesores ? Asumir nuestra responsabilidad : pensar, dialogar, es decir, profesar.

      • Ruben Rios Avila

        Carmen Luisa:

        Estoy de acuerdo con Alejandro y contigo en que este asunto es mucho más complejo que la cuota. Este ensayo lo escribí para atender el asunto puntual de la cuota, pero a la vez enmarcándolo en un contexto más amplio y abarcador. Escogí la cuota porque es el tema que nos puede volver a cerrar la universidad en unas semanas.

        El señalamiento de paternalismo que hace Alejandro me parece también muy importante. A lo mejor estoy siendo paternalista. Me gustaría pensar que estoy siendo más bien paternal, que no es lo mismo.

        Fíjense que me refiero aquí sobre todo a los estudiantes graduados. Para ellos, que carecen de becas federales y usualmente trabajan a tiempo parcial para sufragar sus estudios con grandes sacrificios, la cuota puede ser muy onerosa.

        Nunca pensé que al proponer un acto de generosidad de parte nuestra (del sector docente) estaba cancelando las responsabilidades que le corresponden a los estudiantes. Uno de los estudiantes que participó en esta larga ristra supone que mi interés es puramente egoísta, que realmente estoy pensando en el riesgo mayor de que en una universidad cerrada nos perjudicamos todos, y en el caso nuestro, nuestros bolsillos se verán seriamente afectados.

        El estudiante tiene razón en parte. Al ser generosos con los estudiantes lo somos también con nosotros.

        Sé que tenemos que re-pensar la universidad mucho, mucho, mucho. Estamos muy de acuerdo.

        • Bernat Tort

          Rubén y Carmen Luisa:

          En cuanto a lo de paternal o paternalista yo diría que no es ninguna. Si pensamos la propuesta de Rubén en los términos en que lo planteo Juan Duchesne: como alternativa de autogestión paralela al estado-papi (que es paternalista en sentido estricto); nos damos cuenta que de paternalista no tiene nada. El problema creo que estriba en que todo el mundo está asumiendo que este gesto de generosidad excluye otros actos paralelos que complementen y suplementen al mismo. De nuevo, creo que ha sido Duchesne quien mejor ha visto que se trata de la generación de una institucionalidad paralela al estado. La radicalidad positiva del gesto estiba en la posibilidad de erguirnos en sujetos políticos autónomos, con responsabilidades y no sólo con derechos. A eso es a lo que se refiere Rubén con el sacrificio de la moral de catástrofe.

          Una clave a seguir sería generar ésta institución paralela de tal manera que no nos concibamos, los profesores, como de una jerarquía superior a los estudiantes. Sólo desde el presupuesto de que somos una estrata distinta a los estudiantes podemos pensar que el gesto propuesto por Rubén es paternalista. Si logramos ver o imaginarnos una universidad radicalmente democrática (comunista diría yo; o incomunista diría Duchesne) todas esas interpretaciones se desvanecen, pues como dice Rubén nos ayudamos mutuamente.

          Sólo si vemos la universidad como un mero lugar de empleo, tienen sentido las acusaciones de paternalismo egoísta (es decir, con el sólo propósito de recibir algo a cambio). Rubén hablo del don, o el regalo del que habla Derrida, a propósito de Marcel Mauss: el dar que rompe el ciclo económico; el dar que no espera nada a cambio, o que lo que espera a cambio está en exceso de la donación inicial. Por eso me entusiasma la propuesta: porque parte del supuesto de que la Universidad está en exceso de sí misma, es decir, que es mucho más que la suma de sus partes. La donación que Rubén propone, lo que dona, no es una cuota, sino aquello que excede toda capacidad de reciprocidad; el único regalo que no puede ser devuelto: el tiempo. Tiempo para polemizarnos, radicalizarnos; tiempo para pensar si esta universidad—la que tenemos ahora—vale la pena salvarla. Al sacar a la administración de la ecuación (aunque sea momentáneamente; por un semestre o dos) nos estaríamos dando tiempo a pensar esa universidad “que podría tener lugar en el mañana” [Derrida].

          Bernat

  • Juan Duchesne Winter

    Es la primera vez que leo 80 grados y me parece, sin entrar en mi parecer sobre los puntos dicutidos, muy alentador que exista un espacio para ventilar opiniones políticas con el nivel que se muestra en esta secuencia sobre el texto de Rubén Ríos. Es mi primera impresión.

  • http://www.masenlucha.org Rafael Bernabe

    Entre Jonathan Swift y Oscar Wilde: comentario sobre las justificaciones de algunas propuestas universitarias.

    Respuesta a artículo de Rubén Ríos “La moral de la catástrofe”.

    El texto de Rubén Ríos La moral de la catástrofe plantea un problema inmediato: ¿debe ser la huelga “tradicional” (cierre de portones, etc.) la respuesta al intento de imponer una cuota de $800? Ríos señala los peligros que puede conllevar una huelga en este momento. Indica que es necesario abrir un debate sobre diversas formas de protesta alternas.

    Sobre esto no creo que haya mucho desacuerdo. Sin duda, no se debe ir a una huelga sin hacer un análisis cuidadoso de la coyuntura actual en la UPR y en el país. Ríos se pronuncia, más aún, contra la huelga en el futuro inmediato. Es una posición legítima. Merece discutirse y evaluarse. Sin embargo, Ríos acompaña este señalamiento con un análisis más amplio de la crisis del capitalismo, sus consecuencias, el tipo de reacción que ha provocado y la actitud que debemos adoptar ante ese panorama. Ese análisis general enmarca tanto su posición sobre la huelga como su propuesta de reducción voluntaria de hasta 3 por ciento en el salario de los docentes. Quisiera comentar esa propuesta y, sobre todo, la visión global que la acompaña. Se puede, como dije, considerar que una huelga no es aconsejable en este momento. No por ello se tendría que estar de acuerdo con la propuesta de Ríos o, menos aún, con el marco de análisis que propone para justificarla. Es lo que deseo abordar aquí, más que el tema de huelga sí o no. (Subrayo que estoy reaccionando al texto de Ríos y a la manera en que él formula y justifica la propuesta de reducción de salario. No estoy reaccionado a la propuesta original de David Auerbach, la cual no he tenido ocasión de examinar.)

    No está de más empezar por indicar algunos acuerdos. Estoy de acuerdo con Ríos en la apreciación de que el capitalismo atraviesa por una crisis global, la más profunda y extendida desde el crash de 1929. De igual forma, coincido con la idea de que esta situación exigirá sacrificios. Igualmente estoy de acuerdo con la idea de que estos tiempos de crisis exigen una nueva moral y una “nueva radicalidad”.

    Sin embargo, no estoy de acuerdo, para decirlo tibiamente, con las consecuencias que Ríos extrae del hecho, innegable, de que el capitalismo está en crisis y de que la crisis es global. Difiero igualmente sobre cuáles son los sacrificios que debemos estar dispuestos a realizar y sobre la moral y radicalidad que debemos construir ante esa crisis del capitalismo y sus consecuencias.

    Una de las ideas centrales del texto de Ríos puede resumirse del siguiente modo. Podemos protestar todo lo que se quiera contra “las reducciones de salarios, de empleos, de beneficios marginales, de derechos adquiridos, de privilegios laborales”, pero esas protestas, por “intransigentes” que sean, chocarán inevitablemente contra “la pared de un hecho despiadado”: la realidad de la crisis del capitalismo global. No querer entender esto, plantea Ríos, es vivir en un “denial” de “proporciones ciclópeas”. De aquí Ríos deriva lo que él parece considerar una muy lógica conclusión: ya no podemos aferrarnos a los salarios, los empleos, los beneficios marginales, etc. del pasado. Tenemos que aprender a vivir una “vida sin encanto”. Hay que aceptar los sacrificios que la crisis del capitalismo global nos impone. Son inescapables. Cualquier otra cosa –insistir en la defensa de los “placeres conquistados” – es inscribirse en el “denial”. Es buscar salidas “facilonas”. Tiene sentido la propuesta concreta que entonces se formula: que los docentes sacrifiquen hasta 3 por ciento de su salario para ayudar a “mitigar” el golpe que la administración pretende dar a los estudiantes con la cuota de $800. Es la parte de “la vida sin encanto” que nos toca. Estamos en época de “catástrofe”: no podemos seguir amarrados a lo que nos habíamos acostumbrado.

    El paralelo de la propuesta de Ríos (de reducción de 3%) con la Modest Proposal de Swift (de vender los niños a los ricos) es muy débil. Dice Ríos que la “proposición que traigo hoy no es ni tan truculenta ni tan teatral como la de Swift, aunque también exige un pequeño sacrificio”. Pero la propuesta de Swift no exigía ningún sacrificio, ni grande, ni pequeño… a menos que se piense que pretendía que se vendieran los niños como alimento para los ricos. La propuesta de Swift, era, como dice Ríos, un “colmillo retórico” dirigido contra la barbarie del entonces naciente capitalismo. Una propuesta, bien documentada, de cómo se podría solucionar la crisis de la UPR si los 60 mil estudiantes vendieran uno de sus riñones (o algo así) o, si no se quiere ser tan dramático, si los docentes trabajáramos sin paga, sería algo parecido a aquel “colmillo retórico” swifteano. Pero la propuesta de Ríos no es un “colmillo retórico” dirigido contra las políticas de destrucción de la UPR o contra las realidades de un capitalismo senil; es un colmillo, nada retórico, dirigido contra el salario de los docentes.

    El capitalismo está en crisis y tenemos que aceptar reducciones de salario, beneficios y “privilegios laborales”, ¿acaso no es esto –pregunto– lo que dicen Sarkozy, Fortuño, etc.? Lo menos que puede decirse es que la “moral” para una “nueva radicalidad” en tiempo de “catástrofe” que Ríos propone se parece mucho, se parece demasiado, al sacrificio, a la “medicina amarga”, que nos exigen los que en la actualidad administran la crisis del capitalismo global. ¿De qué sirve ironizar –pregunto– sobre la acumulación de distinciones académicas por José Ramón de la Torre cuando, acto seguido, se hacen propuestas que él acogería feliz y alegremente, como mitigar los problemas fiscales de la UPR a costa de los salarios de los docentes?

    Sin embargo, el artículo de Ríos va un poco más allá. No solo habla del “denial” de los que no quieren entender que el capitalismo está en crisis. Ríos también hace una caracterización social de los y las que no solo en Puerto Rico, sino en Francia y Estados Unidos, protagonizan una “histérica” y “visceral” resistencia, fundada en el “ciclópeo” “denial”. De los Tea Parties en Estados Unidos a las huelgas generales en Europa, se trata, plantea Ríos, del mismo grito de una “pequeña burguesía” en defensa de sus “privilegios laborales”, de su “privilegio de clase”.”En esta coyuntura”, señala Ríos, “el privilegio de clase ha terminado por trascender cualquier discrepancia ideológica y el mensaje es claro: las comodidades adquiridas de la pequeña burguesía no son negociables”. Tea Parties conservadores en Estados Unidos, huelgas generales de “izquierda” en Francia, España y Grecia son lo mismo: se trata de la pequeña burguesía alborotada, molesta, furiosa, por que el capitalismo le retira el “usufructo de goce que … le había prometido”. Parte de esa reacción es la oposición “histérica” a los gobiernos: “La reacción ante el desplome”, plantea Ríos, “parece igualmente visceral e histérica a lo largo del más variado espectro político: que se vaya el gobierno en el poder, el que sea. Y más vale que quien venga sea para devolvernos los derechos adquiridos, los placeres conquistados, el goce perdido”. Esa protesta “histérica” y “visceral” se acoge, más aún, a la “fantasía victimizante” que siempre culpa a “otros” que amenazan nuestros “derechos”. Tiene, por lo mismo, un lado hipócrita y conveniente: “Nos exonera convenientemente de la parte que nos toca en el orden de un capitalismo salvaje del que la misma clase media no puede salvarse con tanta impunidad”. Olvidamos, más aún, que hay otros, los verdaderos parias, que mientras la pequeña burguesía se arropa con “fantasías de victimización”, sí reciben golpes verdaderamente contundentes, como los inmigrantes.

    La conclusión de esta dimensión del análisis de Ríos es la misma que ya indicamos: dejemos atrás las “intransigencias” pequeño burguesas y “facilonas”, que chocarán contra la realidad de las crisis del capitalismo; abandonemos las respuestas “viscerales” e “histéricas” en defensa de “privilegios de clase”; renunciemos al rol de víctimas de un “orden capitalista salvaje”, del cual, admitámoslo, también nos toca “una parte” y en el que hay otros que están mucho peor. Paguemos, cediendo algunas de nuestras “comodidades” y “privilegios laborales”, por la parte de la crisis que nos toca. No pretendamos una privilegiada impunidad: ¡no evadamos el castigo que nos toca! El mensaje, va dirigido, Ríos lo dice claramente, al ala criolla de esas “clases medias” que él retrata con evidente goce: esa capa liberal de la izquierda Bien Pensante, “que matricula a sus hijos en la Escuela del Pueblo Trabajador, la que asiste con entusiasmo a las noches de Cine del Estuario, la que escucha arrobada a Superaquello y a Rita Indiana, la que compra pan de hogaza en el mercado de los sábados en el Viejo San Juan y todavía se anima de vez en cuando a presentarse en el Festival de Claridad”. Por toda esta propuesta de nueva moral para la catástrofe revolotea un intento de movilizar cierta culpa por nuestros “placeres conquistados”, por quejarnos “histéricamente” de que se toquen nuestras “comodidades” a pesar de no estar entre los verdaderos “parias”. Una reducción de salario se convierte en ajuste de cuentas no solo necesario, sino justo con la crisis que nos rodea.

    Parece ser, en fin, que si resistiéramos a que se nos reduzca el salario, estaríamos bajo sospecha de defender “privilegios de clase”, seríamos culpables de intentar escapar “impunemente” de la crisis del capitalismo, pretenderíamos aferrarnos a nuestros “placeres conquistados” (placeres, hay que suponer, como el de matricular hijos en la Escuela del Pueblo Trabajador, escuchar a Superaquello, comprar pan de hogaza …, etc.). ¿Cuánto “denial” y mezquindad, cuánta histeria y convenientes “fantasías de victimización” mezcladas, se tendría que preguntar uno, podrá acumular la Bien Pensante clase media de izquierda?

    En algo estamos de acuerdo: el capitalismo está en crisis. El capitalismo es hoy incompatible con los salarios, la seguridad social, los servicios públicos que hemos logrado en el pasado. Pero, a diferencia de Ríos, no considero que esos salarios o servicios sean “privilegios de clase”. Pienso, aunque eso me convierta en candidato a “iluminado” o a “guardián de las tradiciones críticas de la modernidad”, que esas son grandes conquistas democráticas y materiales de las mayorías asalariadas en muchos países. Un empleo, ingreso mínimanente adecuado y seguro, educación pública, seguridad social, servicios de salud…. ¿serán lujos de una clase media en “denial”? Difiero respetuosamente. Creo, al contrario, que son elementos mínimos de una sociedad que se respete. Pero, como dije, no dudo que un capitalismo en crisis es incompatible con todo eso: pretende destruir y arrebatar todo eso, en Estados Unidos, en Puerto Rico, en Francia y en todas partes.

    De la innegable crisis del capitalismo, Ríos concluye que debemos adaptarnos a los nuevos tiempos: debemos aprender a vivir en las ruinas del capitalismo salvaje. No hay alternativa posible a la lógica del capitalismo. De eso se trata el sacrificio y la “moral” propuesta por Ríos: es una propuesta sobre cómo mejor contribuir a sobrellevar los efectos de la crisis, renunciando a algunos de nuestros “privilegios”. Dejemos las protestas “viscerales” en defensa de “comodidades”. No pretendamos, en esta época de “catástrofe”, garantizarnos “impunidad” ante la crisis; y propongamos, eso sí, que se nos rebaje el salario 3 por ciento. Eso sí “soprenderá al enemigo”.

    Considero, al contrario, que no hay razón alguna para que, con los recursos materiales con que contamos, con la capacidad productiva, técnica y científica a nuestro alcance, no dotemos a todas las personas –en Estados Unidos, en Puerto Rico y en el mundo– con las garantías mínimas para una vida digna. Por eso, no veo razón alguna para renunciar a conquistas o derechos que nos acerquen a esos objetivos, ni en Puerto Rico ni en Francia ni en Estados Unidos. Ríos nos advierte que eso que él llama “privilegios”, “goces” y “comodidades”, y que yo, ingenuamente, considero conquistas democráticas y materiales, no es compatible con un capitalismo en crisis. Por eso nos invita a que aprendamos a vivir entre las paredes de la catástrofe capitalista. Yo considero, al contrario, que si, como nos advierte Ríos, el capitalismo no es compatible con las condiciones mínimas de una sociedad comprometida con el bienestar de sus integrantes, entonces debemos no solo defender eso que Ríos llama “privilegios”, sino estar dispuestos a cuestionar las reglas del capitalismo. Favorezco, en fin, la elaboración de una moral, no para ver como nos adaptamos a y “mitigamos”, a costa nuestra, la crisis del capitalismo, como nos propone Ríos, sino, al contrario, una moral para construir, paso a pequeño paso, una salida anticapitalista a la crisis del capitalismo. Tal salida anticapitalista, me apresuro a indicar, no se construye haciendo la revolución mañana, por supuesto, ni proponiendo el socialismo como solución a los problemas de la UPR. Se construye levantando movimientos que favorezcan la creciente ingerencia pública y democrática sobre los procesos y las decisiones económicas, la creciente intervención pública en la economía del capitalismo salvaje, con el objetivo de convertir en fuente de bienestar social lo que ahora opera como mecanismo de extracción de ganancia privada.

    Ríos señala que el capitalismo ha globalizado los mercados. ¿Estaremos entonces condenados, irremediablemente, a la dictadura de los “mercados”? ¿Acaso no podemos enmarcar nuestra resistencia en una perspectiva de someter los mercados y los presupuestos a prioridades adoptadas democráticamente? Ríos nos indica que hace falta una “radicalidad nueva para un mundo sin futuro, sin opciones, un mundo en el que todo amenaza con ponerse peor”. Estoy de acuerdo. Pero no puede haber radicalidad sin ir a la raíz. ¿Estamos acaso ante un fenómeno natural incontrolable? ¿Estamos ante una fatalidad impuesta por los dioses o el azar? ¿Acaso no debemos preguntarnos cuáles son las causas, las razones por las cuales “todo” está mal y amenaza con “ponerse peor”? ¿Acaso no podemos nombrar esas causas?

    ¿Queremos evitar la cuota? Impongamos, para empezar, un décimo de un por ciento de impuesto a los $35 mil millones en ganancias que salen del país cada año. Con eso se obtiene más de lo que se quiere recaudar con la famosa cuota. Lograr esto o cualquier otra medida similar, detener la cuota, levantar amplios movimientos de los sectores golpeados por la crisis, no es nada “facilón”. Exige grandes sacrificios, exige que le regalemos, con manos abiertas, parte de nuestro tiempo, trabajo y hasta salario.

    Por otro lado, no solo me preocupa cómo responder a la cuota. ¿Qué haremos si se intenta eliminar el plan médico grupal y lanzarnos a la búsqueda individual de un plan, con una aportación patronal reducida a $300, como se ha planteado en la mesa de negociación? ¿Qué haremos ante una política de congelación y reducción de plazas que, entre otros males, reduce las aportaciones al fondo del cual depende nuestro retiro? No creo que una práctica de concesiones nuestras sea la respuesta adecuada. Aún reconociendo las diferencias, no está de más recordar que desde hace décadas los sindicatos en EUA han hecho concesiones para “salvar” sus empleos y las empresas en que laboran. La experiencia demuestra que lo que se concede no se recupera, y que nos deja más débiles para resistir nuevos golpes. La renuncia al “realismo” que se nos quiere imponer es, dicho sea de paso, un aspecto central de las grandes huelgas en Europa. Esas movilizaciones, a diferencia de lo que dice Ríos, no son el equivalente de los Tea Parties en Estados Unidos. No son la defensa de “privilegios de clase” ni se nutren de una negación de la realidad de la crisis. Reconocen plenamente que el capitalismo está en crisis, pero añaden, a diferencia de Ríos, que no están dispuestos a renunciar a sus conquistas sociales para “mitigar” esa crisis: nuestras vidas, dice una consigna popular en Francia, valen más que sus ganancias. Si el sistema de la ganancia privada no es capaz de respetar nuestras vidas, entonces será necesario cambiar lo que haya que cambiar del sistema, no sacrificar las vidas. Y no se trata de una orientación para un futuro cambio apocalíptico: se trata de una posición que se se inicia con nuestro rechazo hoy a solucionar la crisis del capitalismo salvaje a costa nuestra. Como decía Rick Swope del Departamento de Inglés en una reciente reunión de facultad: en ocasiones, la forma de responder positivamente a una situación es empezando por decir “¡no!”.

    Sorprende que se pueda equiparar los Tea Parties con estas huelgas. Aquellas defienden el sector público y en ellas participan grandes contingentes de trabajadores inmigrantes. Los Tea Parties consideran a Obama “socialista” y representan un sentimiento nativista y claramente racista. Ríos dice que ambos son resultado de la crisis del capitalismo. Es cierto, pero esto no los hace gemelos. Sería como decir que en la década de 1930 el ascenso del movimento obrero en Estados Unidos (el CIO, etc.) era lo mismo que el ascenso del fascismo en Alemania, pues ambos respondían a la crisis de aquel momento. Un trabajador golpeado por la crisis puede aprender a culpar a los inmigrantes y entrar en un grupo de extrema derecha; otro trabajador, golpeado por la misma crisis, puede ingresar en un sindicato y exigir empleo para todos: que sean respuestas a la misma crisis no convierte a uno y otro en lo mismo. Pero, en su empeño por convencernos de que hay que adaptarse a la realidad de la crisis, Ríos convierte a unos y otros en iguales ejemplos de las “histéricas” protestas de la pequeña burguesía.

    Oscar Wilde podía ser tan salvajemente irónico como Swift. Pero en su cruel hipérbole había una dosis de verdad. Lo voy a citar no como acusación, sino como advertencia. Wilde reconocía las buenas intenciones, pero señalaba la importancia de determinar cuál es la perspectiva más amplia que anima nuestras propuestas inmediatas. Refiriéndose a los que proponían algunos auxilios ante la pobreza, escribía sin piedad en “The Soul of Man Under Socialism”: “They find themselves surrounded by hideous poverty, … It is inevitable that they should be strongly moved by all this… Accordingly, with admirable though misdirected intentions, they … set themselves to the task of remedying the evils that they see. But their remedies do not cure the disease: they merely prolong it. Indeed, their remedies are part of the disease. They try to solve the problem of poverty, for instance, by keeping the poor alive … But this is not a solution: it is an aggravation of the difficulty. The proper aim is to try and reconstruct society on such a basis that poverty will be impossible … in the present state of things in England, the people who do most harm are the people who try to do most good…” Como dije, no cito a Wilde como acusación, sino más bien como advertencia solidaria: asegurémonos de que, a pesar de nuestras admirables intenciones, los remedios que propongamos no se conviertan en parte del problema, de que, tratando de ayudar lo más posible, hagamos más daño que bien. Me parece, por todo lo que he dicho, que sería el caso de ofrecimientos de reducción voluntaria de nuestro salario.

    • Rubén

      En Facultades como la nuestra, la de Humanidades, el 97% del presupuesto se va en pagar la nómina, en sufragar el costo de nuestros estupendos sueldos, que nos colocan en el flamante renglón menos pequeño de la pequeña burguesía isleña. Porque, en el fondo, la única mentalidad que convence en los pasillos de esa vetusta Facultad no es la mentalidad del Humanista, es la mentalidad del Sindicalista, Sr. Bernabe. El sindicalismo venció porque convenció. No me cabe la menor duda que si la Facultad a la que pertenezco tuviese la Facultad de que el 100% de la Fórmula legislativa se usase para pagar nuestros merecidos y escasos sueldos, que nunca dan para nada, no importa cuán altos sean, porque la luz está alta y la calle está durísima, nuestra cotidianidad seguiría su curso como si no hubiese pasado absolutamente nada. La Fórmula no es un cómputo, ni una señal de la fe del pueblo de Puerto Rico en la educación universitaria de sus hijos. La Fórmula es en realidad una inmensa botella de sofrito criollo para marinar el enorme, el suculento cuerpo yacente de la deliciosa Universidad de Puerto Rico. Todavía le queda pellejo a ese pobre lechón, que murió de repente, con un clavo en la frente y otro en el corazón. No dejemos perder lo que queda. Vamos todos, comenzando por el Sr. Gobernador, ínclitos Senadores y Representantes, ubérrimas Catedráticas de la Quimbamba, y sobre todo nuestros maravillosos estudiantes, olvídense de la inoportuna Cuota y no falten al Banquete. Quién quiere el rabo de la Universidad, la cabeza, el lomo, las patas, las patitas de universidad con garbanzos. Porque de una Universidad, como de un lechón asado, se come todo, hasta las morcillas, las longanizas, el mondongo y la gandinga. Salud, miembros del Sindicato de Trabajadores Universitarios, Salud, miembros del Consejo Estudiantil de Trabajadores en Contra de Cualquier Cuota, la que Sea, salud, miembros del Gobierno de Turno, el que Sea. Propongo un brindis. Brindo por mi Madre, y por la Suya, por la de todos ustedes, mis queridos compatriotas.

      • Rafael O.

        Rubén, tu respuesta deja mucho que decir. Para empezar, lo socarrón no le quita lo burdo ni la falta de originalidad de tus planteamientos, los cuales parecen sacados directamente de Nación Postmortem de Carlos Pabón. Eso es, según nos dices, la UPR es un suculento cadáver, un delicioso lechón, del cual hacen un banquete tanto docentes como estudiantes al no querer ceder en sus posiciones sindicalistas. Pabón, por su parte, nos dice en NP que la nación es un “cadáver exquisito” del cual se ceban los intelectuales y políticos que nos venden un discurso “puertorriqueñista” vaciado de conflictividad y domesticado por el capital globalizado. Los puertorriqueñistas se nutren del discurso rentable de la nación; los profesores y estudiantes se ceban de la vaca (o lechón) universitario. Bullshit!

        Lejos de rebatir los argumentos de Bernabe, tu respuesta burlona adolece de un cinismo que se arrima a las fáciles y fracasadas posturas de un posmodernismo criollo ochentoso y decadente, de un posmodernismo que de manera caricaturesca moviliza el valioso trabajo de critic@s y filósof@s como Derrida, Foucault, Arendt, Appadurai, Spivak o Balibar al servicio del capital y en provecho propio. Pregunto, pues, ¿quiénes realmente se ceban del lechón de la UPR? ¿Quiénes maman de esa teta? ¿Quiénes se ceban de un discurso verdaderamente domesticado y no contestatario? La respuesta me parece obvia.

        • Rubén

          Tienes razón Rafael, se me fue la mano en el tono de esta última intervención. Mis disculpas. Esta ristra de comentarios ha sido mucho más larga de lo que imaginaba y estoy francamente cansado. Lo otro que dices sobre el postmodernismo, etc. , pues, diferimos respetuosamente. Sobre el excelente ensayo de Bernabe, tengo que pensar largo y tendido. Le agradezco mucho su cuidadosa atención a mis argumentos. Buenas noches.

      • Rafael Bernabe

        ¿Cómo responder al comentario de Rubén Ríos a mí texto? En mi escrito intenté debatir con una posición que me parece incorrecta. Presento mis argumentos y critico lo que me parecen propuestas contraproducentes y justificaciones equivocadas. En la respuesta, se hace de todo, menos considerar mis objeciones. Se coloca un distanciador título de “Sr.” frente a mi nombre. Se le pone el mote de “Sindicalista” con mayúscula a ciertas personas, contraponiéndolo, de paso, a la condición de “Humanista”, de la cual, al ser lo primero, supongo que estoy excluido. Se describe a los que rechazamos reducciones en nuestro salario como glotones que deseamos comernos hasta la última tripa de la UPR convertida en “lechón”. Se eleva el autor (supongo que como esencia misma del espíritu Humanista), sobre todos los bandos, desde el Gobernador hasta lo que se describe como a los “miembros del Sindicato de Trabajadores Universitarios”, participantes unos y otros — desde su perspectiva– en el empeño de desmembrar y engullir lo que queda del lechón-UPR. Se concluye brindando por nuestras madres. Es una respuesta que no requiere respuesta, que no permite respuesta: no hay en ella ni una rendija abierta al diálogo. No hay una idea a la que se pueda reaccionar. Parece ser que algunas posiciones merecen consideración, otras, las inspiradas por el vulgar apetito sindicalista es mejor tratarlas con el desprecio que se merecen. Entresacando aquí y allá, expreso mi humilde, pero aparentemente escandalosa idea, de que se puede ser humanista y sindicalista a la misma vez. Voy más allá: no dudo que el destino de las humanidades y la humanidad está ligado al destino de los sindicatos. Si se logra destruir, desarticular y desintegrar los sindicatos, si no surgen nuevos sindicatos allí donde no existen, si, debido a nuestra incapacidad de actuar colectivamente como asalariados y asalariadas, caemos cada vez más bajo la voluntad incontrolada y la voracidad del capital, a la humanidad, para no hablar de las humanidades, le irá muy, pero muy mal. El asalariado y asalariada se ve empujado, por la lógica del capitalismo, a hacer lo que se supone que según las reglas del sistema haga todo todo el vendedor de una mercancía debe hacer: obtener el precio más alto posible para lo que vende. Es el egoísmo que, a pesar de todos los sermones de fraternidad, constituye la ética inherente al capitalismo. Pero el asalariado aislado y como individuo, se encuentra más o menos impotente ante el patrono: lo que intente lograr tendrá que obtnerlo organizándose colectivamente. Y así, del egoísmo del mercado, puede surgir una fuerza social que para defender sus intereses necesita cultivar la solidaridad, la acción conjunta, el apoyo mutuo. Es la posibilidad, la débil, pero preciosa prefiguración de una manera distinta de organizar el mundo. De ahí que debiéramos apreciar como un tesoro las uniones, los sindicatos, las hermandades: si están débiles fortalecerlas; si están divididas, unirlas; si están anquilosadas, renovarlas; si están burocratizadas, democratizarlas; si son corruptas, adecentarlas o fundar otras; si no existen, crearlas. Los humanistas debiéramos ser los primeros en entenderlo. Un agradecimiento a los que se hayn tomado la molestia de leer esto que ya está demasiado largo.

    • Rubén

      Facultad de Humanidades. Ñam Ñam.

      • Johny B. Eco

        Mucho ruido y pocas nueces. Pity.
        Son buenas las alusiones. Jajajajaja.
        Dónde andan los argumentos?

  • Fernando Paes

    Saludos a todos en el forum. A mi me parece muy fácil proponer una reducción voluntaria en el salario cuando ya ascendiste lo máximo en la carrera y ganas el doble que un profesor de inicio de carrera. A los que 50 dólares hacen la diferencia entre comer carne o pagar el celular, o a los que tienes hijos y consecutivamente gastos extras, un 3% en el salario, combinado a que no te dieron el ascenso merecido y te amenazan con quitarte los beneficios del plan médico de tu familia, no es una joda, es un insulto.
    Si dependemos de la usurpación del trabajador para mantener la universidad abierta, honestamente seria más digno verla cerrarla, y estar en la posición de critico, desde el exilio, y ver cómo el gobierno de turno paga las consecuencias y sus repercusiones. Ese precio es muy alto y no creo que ocurra. Los que venimos de países ocupados por militares y sus universidades públicas clausuradas varias veces, sabemos que ese “miedo” es infundado en la coyuntura actual de Puerto Rico.

    • Rubén

      Fernando:

      Compare su sueldo con el de un maestro de escuela, o con el de un policía, para que se sienta mejor.

      • Fernando Paes

        Preciado Rubén,
        La diferencia entre un policía o un maestro con un profesor universitario de la UPR, que supuestamente está entre las 34 mejores de Latinoamérica, es que invertí cerca de 90 mil dólares en mi educación y como 15 años de estudios en varios países antes mismo de devengar mi primer sueldo.
        Rubén, francamente su propuesta no va adelante. Hay que promover una verdadera reforma del sistema y, para eso, se necesita huevos y espinas y mucha lucha, a veces con la universidad cerrada.

        • Rubén

          “En esta coyuntura, el privilegio de clase ha terminado por trascender cualquier discrepancia ideológica y el mensaje es claro: las comodidades adquiridas de la pequeña burguesía no son negociables.” Ha hablado usted, amigo.

        • Rubén

          Fernando:

          No había leído su comentario anterior, donde re-enfoca el argumento en la dirección de los catedráticos, precisando la justa discrepancia salarial que media entre los rangos. Me parece una distinción importante.

          Si ha seguido al menos parte de la larga discusión que se ha ido desenrollando en esta ristra, me parece que queda bastante claro que no hay clima para proponerle a la Facultad una disminución voluntaria del salario. Hice mi propuesta, que es a su vez un eco de la propuesta del colega Auerbach, como un punto de conversación para explorar modos de invertir la política reactiva que ha estado caracterizando nuestra actitud ante la crisis de estos últimos meses. Como bien dice el colega Bernat Tort, hacen falta menos reacciones y más afirmaciones. Lo que pasa es que las afirmaciones exigen sacrificios, suelen ser antipáticas, eso es todo.

          De esta conversación y de otras que se van sucediendo en el campus con estudiantes y compañeros, la idea de abrir cuentas rotativas para ayudar sobre todo a los estudiantes graduados con este asunto de la cuota es una propuesta intermedia, más “safe”, e incluso voluntaria, que no tiene porqué funcionar de un modo centralizado, aunque ello no impide que pueda viabilizarse un fondo general de mitigamiento de la cuota, un fondo que no esté de ningún modo canalizado por la oficina de nóminas.

          La otra alternativa que se le ocurre a varios de mis colegas, es el boicot frontal contra la cuota. Es una estrategia que se ha usado anteriormente, por ejemplo, en la huelga del 81. En aquel entonces no dio resultado. No veo porqué pueda funcionar ahora. Pero es una estrategia válida, y la respeto.

          Fernando, cada cual tiene sus compromisos económicos y sus luchas financieras personales. Quiero que quede claro que soy sensible a ello y estoy consciente de que pedir lo imposible nunca es una opción agradable. Lo que pasa es que la cita del Che que Barnat nos recuerda no deja de retumbarle en los oídos a todos los que aspiramos a una ética radical: “seamos realistas, hagamos lo imposible”.

        • Rubén

          Acudamos al Banquete. Se acaba el último trocito del lechón. Ñam Ñam.

  • Tito Otero

    Perdona mi ingenuidad,Rubén y corrígeme por favor.

    Me parece que tu artículo asume que la cuota es imparable e indiscutible y que por esas razones, y para evitar una confrontación mayor e inútil que pueda afectar más aún a la universidad, es que hay que pagarle la cuota a los estudiantes.

    Ahora bien, me pregunto entonces, es que los estudiantes no pueden hacer absolutamente nada para pagar algo, para asumir alguna responsabilidad económica? Es que no se le puede pedir a la administración que se les dé trabajo y estudio a los que no puedan pagar a cambio del pago de la cuota? No podrían volver a potear en las avenidas como hicieron en algunas ocasiones durante la huelga?

    Ante la asumida contundencia e irreversibilidad de la cuota sólo le queda a los estudiantes recibir pasivamente el gesto solidario de los profesores? Podría aplicarse en esta situación el agenciamiento áquel de enseñar a pescar en vez de regalar el pescado?

    Y me pregunto también si no eran las contribuciones sobre ingreso el gesto solidario de los que podían con aquellos que no podían antes de convertirlas en pago por servicioa casi exclusivamente? Y si es así, por qué no podríamos decidir que de esos esos dineros ya pagados por todos y todas, se saque el pago de la cuota? No sería un gesto igualmente solidario?

    Nada, Rubén, sólo algunas preguntas.

    U abrazo con todo el respeto y admiración que tengo.

    • Rubén

      No eximo a los estudiantes de ninguna de sus responsabilidades. Decidí hablarle a mis colegas, Tito, eso es todo. En cuanto a tu ingenuidad, te la perdono, aunque no creo que sea desde ella que hables.

      • Fernando Paes

        Rubén,
        Su propuesta parte de la premisa de que hay igualdad de condiciones entre docentes. Sería mejor enfocar su propuesta de reducción de salario del 3% solo a los Catedráticos, que han disfrutado de su ascenso por años, y con ese dinero sufragar los ascensos de los demás colegas con menor rango y que han sido recomendados justamente a ascenso. Solo así se haría justicia y se podría pedir a los profesores de menor rango que donen parte de su salario para sufragar una beca a los estudiantes menos privilegiados.

  • VB

    MI querido Ruben :

    Comparti el escrito con papi y mami y sentimnos un orgullo extraordinariamente inmenso por tu valentia , sabiduria , analisis y propuesta . Te queremos mucho ! Lo sabes.

    Ya lo tradicional , lo estatico , lo mas de los mismo no funciona en ninguna dimension de experiencia de vida , hay que volver a lo basico , a lo verdadero , a lo unico !

    La UPR no es solo educacion publica egregia es cultura y formacion de nuestra juventud.

    Aplaudo tu iniciativa y propuesta genuinamente generosa , y estaremos pendiente a la resolucion exitosa de esta controversia, no solo por el bien del profesorado dedicado y comprometido como tu, sino por el bien de una institucion formativa tan importante como es la UPR.

    Besos y abrazos a mi primo hermano del alma!

    • Rubén

      Gracias, familia. Los quiero.

  • http://nones mariana garcia benitez

    Soy ex-alumna de la UPR, daría los 100 tan pronto se abra una cuenta. Organicémoslo correctamente para que el dinero llegue a su destino. Eso es lo que importa. La UPR no puede cerrar sus puertas. Por otro lado este no es un acto de sacrificio hipócrita, no señor. A mi me costaría mucho trabajo conseguir los 100 pesitos.

    Pero me parece que donar dinero para la cuota es un acto de resistencia, un inteligente acto de resistencia.

    ¿Donde doy los chavos?

  • Juan Otero

    Rubén:

    Gracias por la respuesta. No propongo la negociación como confrontación. No obstante, dar (¡otra vez!) sin pedir nada a cambio es simular el gesto crsistiano, que nunca me compro, de poner la otra mejilla. NOs han golpeado y hemos exigido algo tan simple como “cuentas claras”. No nos responden y vamos a darles, voluntariamente, de nuestro dinero cuando nos han quitado bastante y no se ha reducido el salario de ningún administrador, por ejemplo.
    Estoy de acuerdo con crear el sistema colateral si se prefiere, pero no estoy dispuesto a abandonar ‘nuestros’ reclamos.
    Por otra parte, la matemática no cuadra. Con 3% de reducción salarial al claustro no se llega ni a la mitad de la cuota. Se necesita algo más.
    Propongo una campaña pública dirigida a exalumnos. García Padilla fracasó; creo que si se enfoca de la forma en que propones nuestro 3% pudiéramos generar entusiasmo entre los exalumnos en defensa de la upr y en respuesta a fortuño. La campaña pudiera ser algo así: Cien por la iupi. Que en promedio recaudar al menos $100 por cada exalumno. Quien solo pueda dar menos que así lo haga, pero el profesional exitoso formado por la upr se debe sentir motivado a dar un poco más.
    ¿Qué te parece?

    • Rubén

      Muy buena tu propuesta Juan, y estoy de acuerdo contigo en lo que dices sobre la negociación. De ningún modo pienso que debamos claudicar en nuestros reclamos. La lógica del don de Marcel Mauss y la caridad cristiana son dos órdenes distintos, pero eso es un asunto para otra discusión, medalla de por medio, preferiblemente.

      Ivan Chaar esta armando un encuentro de estudiantes y profesores para hablar de estas cosas. Es importante que vengas. Nos mantenemos al habla.

  • Yarelys

    Me encantó.
    Que vivamos los estudiantes.
    Gracias por la sugerencia.
    Ante esta reflexión sólo queda actuar por el bien de nuestra alma máter.

  • Alberto H. Díaz

    Saludos Rubén. Me gusto mucho lo planteado. Coincido en que más desesperanzador que la crisis lo ha sido la respuesta a la crisis. Como dejar de ser cómplice? El gesto que propones sin más, es consecuente con la crítica que haces. Bravo!

    • Rubén

      Gracias, Alberto. Es hora de que el estudiantado, el claustro y los trabajadores de la UPR nos pongamos a pensar/actuar juntos, que no se parta de la premisa que la praxis anda divorciada de la teoría. Estuvieron distanciados, pero decidieron llevar a cabo un segundo matrimonio.

  • Johny B. Eco

    Creo que los ilustres compañeros que han dejado comentarios sobre este artículo han obviado un punto muy importante. El Prof. Ríos cita a Swift seis veces, dando a entender de manera elegante que su propuesta se debe leer como la del inglés. El punto es que Swift estaba jodiendo. La propuesta de Swift era una joda, una sátira, y así debe entenderse la de Ríos, aunque, por su estilo poético y académico, intente jugar con nosotros.
    Para demostrar que se trata de una sátira, comento dos puntos evidentemente pervertidos, con los que el profesor nos indica su ángulo lúdico.
    1) El Tea Party no se queja de “las reducciones de salarios, de empleos, de beneficios marginales, de derechos adquiridos, de privilegios laborales”, sino de todo lo contrario. Aunque el grupo es bastante heterogéneo e incoherente en sus planteamientos, pareceria recurrir una y otra vez una idea totalmente opuesta. Con las miras de “reducir el tamaño del gobierno”, whatever that means, pretenden (muy abiertamente) que se reduzcan los salarios estatales, beneficios como el medicare, privilegios laborales, educación pública, la creación -con fondos fiscales- de nuevos empleos, etc. El hecho de que el texto proponga que el Tea Party luche por algo tan ajeno a lo que en realidad defiende debe leerse como un juego posmoderno.
    2) De manera igualmente perversa y juguetona, escribe Ríos: algunos “se llena[n] la boca con una facilidad pasmosa para tranquilizarse con frases como “la supuesta crisis” , el “supuesto déficit”, la “’llamada recesión”, mientras los gobiernos se quedan sin fondos”.
    Quienes catalogan la crisis y el déficit con los citados adjetivos parten de la premisa de que la crisis actual fue el producto de maniobras posiblemente ilegales de varias instituciones financieras (hubo en semanas pasadas una vista del Congreso sobre esto), quienes luego amenazaron al país (y al mundo, en última instancia) de un cataclismo apocalíptico si no se les protegía con dinero del fisco. Hoy día, las ganancias del puñado de instituciones que recibieron el estímulo federal en EEUU están batiendo récords. En la literatura académica se le llama al fenómeno “thirdworldization of America”. Cuando critica a quienes ponen en tela de juicio la “realidad” de la crisis y el déficit, el profesor Ríos retoma el chiste de Swift de “comerse los niños crudos”; o sea, que jode.

    Otros puntos merecerían comentario, como la alabanza del “plan médico nacional” de Obama (otra joda de Ríos), el apodo de “victimizada” a la voz que insiste en la calidad de vida y los derechos civiles, y el que deban ser los profesores quienes reduzcan su sueldo para salvar “el proyecto de la universidad pública”.

    • Elsa

      Johnny B Eco,

      Aunque el Prof. Ríos comienza aludiendo a la propuesta de Swift, no hace una propuesta tan descabellada como la del escritor Inglés y, me parece que la sátira se pierde cuando RR comienza a tomarse la idea en serio. Sin embargo tal como ocurrió con la propuesta de Swift, tenemos que reconocer que la de Ríos “provocó un corto circuito”… ya que las reacciones han sido diversas y viscerales.

      • Johny B. Eco

        Apuntaba, amiga Elsa, a que “this guy must be kidding”.

        • http://juntasjuguemos.blogspot.com/ Elsa

          Eco,

          Sadly, he isn’t.

    • Rubén

      Eco,

      Swift era un anarquista irlandés, nacido en Dublín, y probablemente se hubiera sentido ofendido de que lo trataran de inglés. Por otra parte, la ironía y la sátira son cosa seria.

      • Kahlil

        Rubén,
        No sé si anarquista sea la mejor palabra para describir a Swift, quien se mobilizó muy bien entre las redes de poder de su época, tanto a nivel político como eclesiástico. Muchos lo han leído dentro de la tradición liberal británica, como un pensador que propone una política centrada en el interés personal, cercana al pensamiento de Locke.

        Por supuesto, esto no significa que podamos apropiar su obra para pensar proyectos anarquistas. Pero además de ser cosa seria, la ironía y la sátira son cosa difícil, porque pueden operar dentro de registros muy conservadores. Pienso en un Cabrera Infante, por ejemplo, o en cómo Orwell ha sido apropiado por el libertarianismo de derecha en Gran Bretaña y EEUU.

        En fin, gracias por alentarnos a pensar -y actuar- a través de lo difícil.

        • Rubén

          I stand corrected.

      • Johny B. Eco

        Qué tal “Anglo-Irish”, como lo define Wikipedia?
        Me acabo de dar cuenta que las instrucciones de los comentarios de la página dicen: “Se agradable. No cometas faltas de ortografía”. “Se”, obviamente, se supone que lleve acento.
        Que viva la anarquía.

  • Juan Otero

    Gracias Rubén, por una propuesta seria y atrvida. En toda negociación siempre hay que estar dispuesto a dar, a ceder. Las protestas y las huelgas atrincheran los grupos y considero necesario pensar en concesiones al tiempo de mantener exigencias. Que tal eso de doy 3% pero concedan los acensos. O doy el 3% y se crea un organismo para reingenieriar los ajustes económicos de la UPR con participación real cuyas recomendaciones acepte la JS. Ah! y que los Síndicos trabajen. Si tienen la responsabilidad de velar por la salud fiscal de la UPR que hagan algo más allá de sólo tomar decisiones.
    ¿Dónde están los donativos similares de las grandes expresas y comercios?
    Plantear voluntariamente una reducción salarial tiene muchas consecuencias y peligros, pero también puede posibilitar otras exigencias a quienes ganan mucho más que nosotros, simples mortales de clase media.
    Te felicito por iniciar proponer este debate que quede aquí. Puedo imaginar colegas de menmtalidad sindical opuestos radicalmente. Quisiera escuchar sus propuestas más allá del simple No con que acostumbramos oponernos a muchas cosas.

    • Rubén

      Juan, según he ido escuchando a los compañeros, la idea de crear fondos no manejados por la administración (la desconfianza generalizada no parece permitir este camino) es la que cobra fuerza, en estos momentos en la forma de cuentas rotativas departamentales. Verónica Muñiz propone un modelo cooperativista para seguir el modelo centralizado, pero no por la administración (entiéndase, la oficina de recursos humanos), sino por nosotros mismos.

      La confrontación directa que propones bajo el modelo del toma y daca, no sé, me parece que destruye el fondo de generosidad que informa la lógica del don. Estoy de acuerdo en que hay que pedir cuentas, pero no a partir de nuestro deseo de intervenir a favor de los estudiantes.

  • Domingo

    Al leer sus conversaciones puedo percatarme aún más claramente de la gravedad de la crisis. ¿Realmente, quieren ustedes ayudar al pobrecito estudiante doctoral de Literatura Comparada o el guisito del que viven? No hay problema con lo segundo, pero no se revistan de samaritanos. Cuando el interés se transforma en honestidad ahí es que se pone la cosa mala, porque el interés nunca es honesto, si no dice yo quiero esto porque no quiero perder esto. Eso sí, cuando el interés se transforma en honesto retrata al igual que anticipa lo que viene pa´encima. Atrévanse contra el poder, digo esos de ustedes que no participan del mismo, que no ocupan puestos administrativos y sepan que para esta crisis no hay paliativos. Tenemos que sustentar la verticalidad de nuestras posturas y de ahí sabremos si necesitamos barricadas o existe la posibilidad de presentar nuestro colectílogo (suma de monólogos como los que práctica el poder) no para dialogar sino para medir fuerzas. El diálogo es diálogo cuando hay espacio para que se me escuche, de lo contrario es hipocresía. No olvidemos que hay conversación hasta que el otro se da cuenta que dándome un palo o encarcelándome se acaba la jodienda. Ahí es que se mide lo difícil, cuando la cosa crece al riesgo, que fue lo que vivió Lezama, no la garantía de la nevera y la buena vida o una ida boba. El riesgo de Lezama fue que nadie le comprendiera, en todos los sentidos político, literario o filosófico. A ustedes yo los entiendo perfectamente, no se salva ni Benjamin. ¿Por qué no denominan la beca: Beca “Che Melendes” tan representativo como Benjamin de lo que dignifica la pobreza. O si Che es muy radical y antiacadémico, llámenla Beca: Manuel Ramos Otero que era un excelente escritor y sería bueno no olvidarlo. Aunque hasta aquí parece que he dicho lo contrario, mi otra voz me dice que ustedes no son mala fe y quieren lo mejor para el País. Pero lean bien por qué Pessoa lanzaba la bola verde a la pared y reconozcan la inutilidad de su gesto si no logran que a alguno de ustedes le duela un callo. El pocket universe es un blackhole, también.

  • Kahlil

    Tengo siempre en mente lo que apuntas, Rubén, especialmente porque tuve la suerte y el placer de haberlo aprendido de ti y en principio estoy totalmente de acuerdo contigo. Apostar a lo difícil-lo difícil como humildemente incómodo y desarticulador- es nuestro reto. Describo lo difícil de este modo porque me parece que en muchas ocasiones el estímulo de lo difícil se puede convertir en una postura no sólo fácil sino muy cómoda para los que habitamos las instituciones académicas. A través del dominio de una técnica discursiva especializada y de lo que algunos llaman pensamiento complejo podemos caer en la reproducción de las mismas relaciones de poder que pretendemos desarticular. Tarea difícil, atravesar las fantasías facilonas sin al mismo tiempo construir nuestras propias fantasías de autocomplacencia dentro de la torre de marfil.

    Pero propuestas modestas como la que sugieres, prescritas como procedimientos humildes de amor, representan el tipo de apuesta ético-política con la que todos debemos coincidir. Y por ello simpatizo más con éticas y políticas configuradas a través de positividades radicales en vez de negatividades radicales.

    • Rubén

      Te escucho Kahlil. Sé por donde vas, y concurro. A veces lo dificil es, sencillamente, afirmar.

  • Ingrid Cruz

    Rubén, además de los profesores y estudiantes más pudientes, me pregunto si sería buena idea recurrir a los exalumnos para pedir contribuciones a un fondo común.

    • Rubén

      Sí, hay que pedir, de forma organizada y sistemática.

  • Puchi

    Hola Ruben:
    Yo- que termino de doctorarme recién ahora…y miro el desempleo de frente- igual daría de mi salrio- le proponía en serio y en broma como performance performático a mis estudiantes que los 60,000plus que somos (creo ) en el sistema UPR fuéamos a las luces con las latitas para la cuota- que si lo había hecho para su clase graduanda, pues ahora tenía mucho más sentido. Y acto seguido les decía que entonces habría que encontrar quien adminstriara esos fondos- como un especie de fideicomiso-fuera de la administración que conocemos…Sé que es tan imposible de lograr como que nadie pague sus taxes el 15 de abril como protesta, aunque al otro día entreguemos la plainilla,pero el espíritu de tu propuesta es compartido…cuenta conmigo.
    Puchi

    • Rubén

      Puchi,

      Lamento no haber estado en tu defensa de tesis. Me cuentan que has escrito un texto brillante, que pronto leeremos en forma de libro. No podíamos esperar menos de ti. Actriz, profesora, directora, performera, madre, y ahora dostora. Wow.

  • Anneliesse Sanchez

    No estoy de acuerdo con la propuesta. A los docentes se nos ha reducido ya el salario en casi un 10%. Si contamos los aumentos no devengados por ascensos no obtenidos el % es mayor aun. Y no estoy contando el plan medico aun.

    El juego de palabras de si es una reducción voluntaria o involuntaria no me parece razonable. Voluntaria o involutariamente nuestro salario se ha reducido, y eso es lo que importa a la hora de pagar la renta, los prestamos, el carro, la comida, etc.

    Hay muchas deudas por cobrar. Vamos a empezar por ahí. Sigamos con una serie de puestos inventados, creados, con sueldos altísimos que hay que elkminar, porque no hacen falta. Posiblemente responden a favores politicos. Sigamos con los recortes de sueldo de los administradores que ientemente se los han subido.

    En fin, hay mucho que recortar antes de seguir atacando el bolsillo de los trabajadores, porque le guste o no a los que leen esto, los docentes SOMOS trabajadores. Somos asalariados que vendemos nuestro trabajo por un salario.

    En la UPR y fuera de ella se ha estado consistentemente atacando el bolsillo de los trabajadores, mientras los privilegiados siguen cada vez más aumentando sus privilegios.

    No es justa la cuota, como tampoco son justas todas las reducciones que se nos han hecho a nuestro salario a docentes y no docentes.

  • V.Munitz-Soto

    Rubén,

    La alternativa del 1-3% me parece muy buena y a la misma vez esperanzadora y como ya le he mencionado a varios compañeros a mi como estudiante no me molestaría pagar una cuota sensata. Ya que se está hablando de una Universidad en crisis, me parece que ahora más que nunca se necesitaría del apoyo de distintos sectores para que la fórmula funcione y se puedan suplir ayudas a los más necesitados.
    También, y aunque no conozco mucho sobre el tema, me parecería que una opción podría ser el aplicar alguna fórmula cooperativista al sistema universitario. Quizás el sistema de las acciones pueda promover cierto tipo de independencia fiscal frente a las amenazas de la cúpula administrativa.

    -V.

    • Rubén

      Gracias, Vero!

  • http://juntasjuguemos.blogspot.com/ Elsa

    La propuesta del “colega” no es tan descabellada, excepto que no reconoce que ya a los profesores se les ha reducido conisderablemente el sueldo, a saber cero obvención, cero enfermito, reducción de la aportación patronal al reitro y amenaza de una reducción al plan médico. Y aún así, conociendo lo mal que anda el país en general, no me molestaría que me redujeran el sueldo en un 1 o hasta 3% PERO SOLO, y enfatizo el SOLO si a este “sacrificio” adicional lo acompañan dos condiciones 1) que a la facultad nos consulten y participemos (no de la forma en que hacemos ahora con dos sendores en una Junta de Síndicos formada por trece o catorce administradores) en la toma de decisiones y podamos mediante un ejercicio de verdadera democracia decidir cómo se va a utilizar el dinero. 2) que se reduzca considerablemente el presupuesto asignado a lo administrativo, especialmente en la Presidencia–ente que absorbe sin verdadera justificación un gran por ciento del presupuesto de esta, nuestra bendita Universidad.

    Ni los socialistas ni los derechistas ni los nihilistas queremos otra huelga, que agota y causa mucho desasosiego, pero parece que No nos queda otra ante una administración sorda y con lealtades ajenas a la Universidad y el saber…..

    • Rubén

      Elsa:

      No mencioné lo de los recortes a nuestro salario porque escogí el tema de la cuota estudiantil. Estoy consciente de que les estoy pidiendo y me estoy pidiendo que hagamos un sacrificio. Tiene que haber una manera de organizar de la forma más sencilla posible un fondo de mitigación de la cuota estudiantil que esté dirigido sencilla y directamente a mitigar la cuota que se le exige pagar a los estudiantes.

      • Elsa

        Ríos,

        Sí, estoy de acuerdo en que debe haber otra manera de hacer las cosas. La idea de otra huelga me agobia, pero que nos sigan castigando como si fuéramos la causa del descalabro económico en que se encuentra la Universidad, no me parece justo.

        De todos modos le agradezco que haya traído el tema y que se abra a discusión las diversas maneras de solucionar el problema de la nefasta cuota estudiantil.

  • Diana Vega

    No deje esto en el aire. Indique lo que sea necesario para que se logre. Yo, como ciudadana comun quiero integrarme tambien. Hay que anunciarlo, son muchos los interesados en la UPR y aportarian con mucho gusto.

    • Rubén

      Gracias!!

  • Rick Swope

    Ruben,
    While I understand the motivation behind your argument, to help our students, I have to respectfully and strongly disagree with the premise which assumes that professors are not themselves struggling to continue on at the UPR. With the $400 cut for materials, the cut to our sick pay, and the delay of promotions, I’ll be down about $8000 this year already. For me and many professors like me your proposal is far from modest. Are you really suggesting that we should bail out the UPR for years of mismanagement? If so, keep in mind for some of us there is no more wiggle room, no more to give.
    I would also note that while your proposal is put forward int reasonable terms, the response will create a great deal of dissension, pitting professors against professors as well as professors against students.
    Sorry, but this is a bad idea all around that takes the focus off the real problem, and let’s not delude ourselves into thinking we won’t be back a square one next semester.
    My respectful opinion.

    • Rubén

      Rick:

      You say there is “no more to give”. But we haven’t given anything. We have received involuntary pay cuts, which is an altogether different thing. But giving –a gift, that is something else. I understand what you are saying, Rick, and, believe me, I feel as pressured, disappointed and cornered as you do. My response regarding what you see as a potential source of dissension would be to make this a strictly voluntary thing, to create a student fund for interested colleagues to participate. I saw this article as an opportunity to vent out a worry of mine, and to express my way of dealing with it. I think it is something that is worth discussing and exploring. I also respectfully hear your strong disagreement.

      • Rick Swope

        Ruben,
        Thanks for responding. I appreciate where you are coming from even if I have a different position. I want to help the students as much as anyone, and certainly wouldn’t stand in the way of anyone who wants to voluntarily contribute to our students. Ultimately, my position is that the professors need to change the terms of the discussion, to force the administration to address the EDUCATIONAL CRISIS at UPR. It seems to me that recent discussions center on keeping the machine going for the sake of keeping it going. But to what end?

    • David Auerbach

      Rubén,

      I am not sure whether my comment will be lost on this string (so, of course I will copy and paste it elsewhere). First of all, Rubén, I wish to thank you for crediting me in your piece, which was beautifully written (translators, in their invisibility, may seem less concerned with matters of copyright infringement). Now, I suppose, I have been “outed” for caving in to the forces of oppression. I am also responding here for the benefit of Rick Swope, and, again, this message will be transferred elsewhere so that I am sure he will see it.

      As you eloquently express here, the left may have lost its ability to skillfully oppose the oppressor.
      In our case, I think, many of us have grown comfortable over the years, and have assumed or presumed many things about a safe and prosperous future, which, as you state, is being undermined and quickly dismantled everywhere. Sometimes I am not so sure whether the students, non-teaching staff or faculty at UPR are aware of the insidious effects of economic corrosion in the global north, and how that is being used to fleece us of social and economic rights we once held as inalienable.

      To be brief: the standard approaches of strike or shutdown will, in my estimation, be used at this stage of the game as ample justification for snuffing out the opposition once and for all. Public universities have been shut down or sold off in the past, and we only need to look at the austerity process in the UK to see what the future holds for all of us if the economic situation further deteriorates.

      There are times when we need to use our brains and our creativity to devise other solutions. My proposal of giving up my Christmas bonus (which it seems has evaporated anyway) and/or a percentage of my pay beginning next semester was met, largely, with silence. Those I have spoken to about this alternative have expressed resistance to the idea. I have abandoned it. It is true, as Rick notes, that we are already relinquishing a great deal; it is also true, as you state, that we are not “giving” anything.

      I have worked out, in tandem with our very pro-active Chair, a plan for our department which circumvents any further financial “sacrifice” on the part of faculty and staff. We, very fortunately, have a rotating account (cuenta rotatoria) that has been built up by the translation work of students and faculty. This money is generally used for purchasing a few computers, an odd software program or two, or other programs and equipment which are not available from the university. The money will now be used to help all students pay the tuition fee, in descending order, beginning with those in greatest need. For those departments that do not have any internal funds, I have suggested the creation of an emergency fund to be generated by students and staff on the basis of daily and/or weekly donations ($1.00 a day/week as can be afforded). Within three months, it will be possible to have some money to help those most in need.

      What is crucial is that we protect student enrollment, since this is the source of our continued livelihood. It should be said that the ongoing sense of uncertainty and/or chaos (whether ascribable to administrative actions or strike situations) will now very clearly translate into shrinking enrollment (polls have already been taken in some departments on this), which will, in turn, translate into shrinking programs and shrinking staff, and, inevitably, a very much shrunken university. That outcome will be disastrous for many of us. It will be far worse than losing some disposable income since for many it will mean that all income is disposed of.

      There are times when direct confrontation can spell disaster. When we may need to work within the system to some degree, as appalling and repugnant as that may seem, in order to ensure our continued existence. We must fight to have funding restored to the university, through IVU and gambling revenues. That fight can be initiated on legal and political fronts. We must ensure that we have responsible leadership that is focused on preserving UPR as a haven for public education.
      This does not have to represent a sell out or a shell out.

      Respectfully,
      David Auerbach

      • Rubén

        David,

        I was one of those silent followers of a hot thread in a Facebook conversation. Your proposal touched me as it was unfolding, but I didn’t feel prepared to jump in right then and there. That same morning I had a scheduled meeting at UPR with my fellow Department Chairs and did mention your idea to those present at the meeting. Some of our colleagues were, surprisingly, as touched as I was. I guess that encouraged me to go on thinking it through.

        Thank you for sharing with me (and all of us) your experiences at the Translation Program, under the leadership of, as you so nicely put it, your pro-active Chair. Apparently, the proper course to turn this into a more doable affair is, first, to give up on the general pay deduction (Rick Swope does have a very valid point, it is potentially a divisive move) and turn it into some sort of fund (which could be construed as a scholarship fund or a cuenta rotativa). You also propose, if I get you right, that it be handled at the departmental level, with multiple departments designing their respective models. I still haven’t given up on the possibility of doing something on a larger scale, if there is an interest. I welcome all of your input, David.

        And I thank you for your ingenuity, your generosity and your integrity. Thank you. my friend.

        • David Auerbach

          Rubén,
          I was a bit dispirited by the silence on that thread and by the silence I have met everywhere, nearly, when proposing alternatives to this catastrophe.
          I think it is important to devise alternative approaches on the departmental level, but to maintain communications open to all.
          I also suggest advertising course offerings in other departments and campuses as a way of ensuring enrollment.
          Thank you! Gracias mil!
          all the best
          David

        • Rick Swope

          Ruben and David,
          I very much appreciate both of you taking to the time to think creatively about ways to solve our current crisis and am very much interested in continuing the dialogue. One suggestion I would make is to focus more on creating a fund to support students in need to which both professors and Alumni (the great untapped resource at UPR) could contribute. This rhetorically comes across much differently than the 1-3% of our pay, which sounds like another cut.
          I would also note that I don’t while I too want to help our students, I recognize that helping one or a handful of students will not change the overall system, which is what needs to happen. I wish we could talk more about reenvisioning UPR as a whole rather than simply feeding a sick system. I also can’t help but think of Zizek’s recent talk on charity which warns of the way that “altruism” can in certain cases become of form of support for the very problem it wishes to eradicate: http://www.youtube.com/watch?v=hpAMbpQ8J7g
          I’m thinking particularly of what he addresses around the 6 min. mark, which leaves me with the question as to what our contribution would ultimately accomplish.

  • Prof. Rios

    Excelente. Pero falta poner el dedo en la llaga de los profesores, que en cantidades cada vez mas grandes provienen de escuelas y universidades privadas, dan tumbos por la Universidd hasta que finalmente entienden el ‘sistema’ y se acomodan, y entonces descubren los fondos federales y dedican todas sus fuerzas a exprimir el sobrevaluado diploma que restregan en la cara de todo el que se les acerca -aunque sabemos que no vale mas que el de la UPR-, para que el dinero de las propuestas se derrame a chorros y asi pagar los prestamos de estudiantes que cargan en las costillas y que alguien alla les hizo creer que los podrian pagar trabajando honradamente y sin robar. Lo hacen sin decoro ninguno, porque ahora viven de un sistema universitario al cual no le tienen fidelidad y les es ajeno, aunque han encontrado el boton que genera ganancias encubiertas de academicismo. Estoy siendo benévola, porque es viernes, pero la historia es larga y el afrentamiento parece no tener fin. Ya estoy retirada,pero me duele verlo aunque sea de lejos. (No me funcionan todos los acentos, mis excusas.)

  • Bernat Tort

    “Critique, impotencies, ends, modesties… none of that is as valuable as a single affirmation.” Badiou

    Rubén:

    Primero comienzo por ponerme el sayo donde me aplique, ya que, entre otras, he usado la frase “la supuesta crisis fiscal” en mi artículo (“¿Universidad burocrática o universidad sin condición?” http://www.80grados.net/author/bernat-tort/ )

    Y ahora a lo importante, tu afirmación:

    “Busquemos en el bolsillo y hagamos nosotros mismos la reducción, aunque sea pequeña, pero con la elegancia de un samurai. Vamos a provocarla nosotros y a ofrecerla con las manos abiertas.” [Rubén Ríos]

    Este es el sentido preciso en que Derrida habla de que la Universidad ha de rendirse sin condición. Este es el gesto—reducirse el propio sueldo, poniendo la solidaridad por sobre el interés propio—de lo imposible, el gesto que no tiene cabida en las redes de sentido del capitalismo salvaje; es esa moral de catástrofe de la que hablas puesta en acción. Argumentas pasar de la recesión de sentido a la moral del sinsentido, la moral de lo imposible. ¡Hermoso! Si tuviese contrato en la iupi secundaría tu moción.

    Aún más, nos llamas a todos por nuestro nombre: pequeño burgueses.

    “En esta coyuntura, el privilegio de clase ha terminado por trascender cualquier discrepancia ideológica y el mensaje es claro: las comodidades adquiridas de la pequeña burguesía no son negociables.” [Rubén Ríos]

    Sin tener esto claro no podemos comenzar a aplicar tu propuesta a los estudiantes de traer el polemos a la Universidad, ya que mientras sigamos partiendo de una concepción reactiva de la política no iremos a ningún lado. (En esto consiste mi discrepancia (o mi diálogo, ya que todavía estamos en ello) principal con el excelente artículo de Érika Fontánez Torres: “Criminalizar la protesta: un forma de censura” http://www.80grados.net/author/erika-fontanez-torres/ ). Como dice Badiou en Theory of the Subject:

    “A striking example of this relapse is the purely antirepressive conception of politics of the people. People are ‘mobilized’ because they suffer too much mistreatment. Brutalized by what turns out to be, fundamentally, the only active force of the political field: the State, the boss, the cop. These wicked entities, suddenly, exaggerate their evil designs. The great battle cry ‘Down with repression!’ can be heard. The petit burgeois is boiling in indignation.” [Badiou 31]

    Lo burgués puede que no quite lo valiente, pero pone en serias dudas cuán lejos se puede llegar con la crítica. Mientras nos definamos políticamente en los términos subjetivos (en el sentido de Badiou) impuestos por el polo burgués del binomio burgesía/proletariado sólo estaremos reproduciendo el orden existente.

    Me atreveré (aunque probablemente discrepes) a llamarle moral proletaria a lo que llamas la impostergable moral de catástrofe:

    “Esta negación tan formidable de una crisis global que se ensaña en los cuerpos de los desposeídos, de los inmigrantes, mucho más despiadadamente que en nosotros –los supuestos iluminados, los custodios de las grandes tradiciones críticas de la modernidad– pone en evidencia cuán impostergable se hace hoy día una moral de la catástrofe, una radicalidad nueva para un mundo sin futuro, sin opciones, un mundo en el que todo amenaza con ponerse peor.” [Rubén Ríos]

    Este atrevimiento lo hago sólo bajo la condición de que redefinamos el término proletariado para referirse no a los trabajadores sino a los desposeídos (los sin propiedad, en sentido tanto económico como simbólico: los que propiamente no son sujetos en el entramado estructural de nuestra sociedad), los incómodos. Proletario no ha de significar más obrero sino: los que tienen sed de justicia, libertad y de solidaridad (solidaridad con “los cuerpos de los desposeídos, los inmigrantes…”) más allá de la que le permite la comodidad de los derechos adquiridos.

    Es precisamente porque tienes razón al decir:

    “Hasta qué punto la recesión del sentido, es decir, del capital simbólico, que no es otra cosa que la capacidad de imaginar lo imposible, marca el verdadero perímetro de la pérdida en estos tiempos catastróficos.” [Rubén Ríos]

    Que, irónicamente, la izquierda tiene (tenemos) que regresar al llamado que hiciera el Che: “¡Seamos realistas, hagamos lo imposible!”

    • Rubén

      Bernat:

      De todos los procedimientos de verdad que Badiou enumera (la ciencia, el arte, la política y el amor) no tienes que pensar mucho para saber que mi favorito es el cuarto, sobre el que Badiou dice lo siguiente:

      “En el amor podemos rastrear todas las características de un procedimiento de la verdad: comienza con un acontecimiento, el encuentro entre dos personas. Después debemos encontrar la forma y las consecuencias de este encuentro, debemos encontrar un nuevo lenguaje. ¿Por qué la verdad? Porque el amor es, en mi opinión, la invención de la verdad acerca de la diferencia. Naturalmente, es la diferencia entre dos individuos, la diferencia absoluta entre la posición masculina y la femenina. Como dijo una vez Lacan, la relación sexual no existe. Hay una ilusión en la pura libertad sexual: la ilusión de que allí podemos encontrar una experiencia de conexión con el otro. Entonces, se compromete con la repetición y no con la creación. ¿Qué es la verdad acerca de la diferencia? Es la experiencia de la diferencia mediante la construcción de un nuevo punto de vista sobre el mundo mismo. Es una nueva experiencia del mundo desde el punto de vista de los Dos.”

      Si los procedimientos proceden por principios paralelos, me gustaría pensar que éste en que estamos hoy enfrascados, que es, por supuesto, el de la política, no esté del todo disociado del procedimiento del amor, el acontecimiento que visita a las parejas, pero que tampoco nos abandona a nosotros.

      • Bernat Tort

        Rubén:

        Lo he leído y releído, pensado y repensado y no logro ver cómo, en el caso del que hablamos aplica el procedimiento de verdad que es el amor. Ciertamente hay un paralelismo: es una relación entre dos términos, heterogéneos entre sí:

        “Porque el amor es, en mi opinión, la invención de la verdad acerca de la diferencia. Naturalmente, es la diferencia entre dos individuos, la diferencia absoluta entre la posición masculina y la femenina.” [Badiou]

        Sin embargo, en el amor hay la intención expresa de experimentar esta diferencia absoluta en conjunto, es decir, hay una disposición voluntaria de experimentar el mundo desde la perspectiva del Dos, sin eliminar o intentar eliminar, esté “antagonismo”, esta diferencia. Por el contrario, la verdad que organiza la experiencia que abre el amor (su evento) es una verdad que quiere ser experimentada como duplicidad esencial.

        “¿Qué es la verdad acerca de la diferencia? Es la experiencia de la diferencia mediante la construcción de un nuevo punto de vista sobre el mundo mismo. Es una nueva experiencia del mundo desde el punto de vista de los Dos.” [Badiou]

        En el caso de la política evidentemente este no es el caso, si lo fuese, no estaríamos teniendo esta conversación. Si los dos términos de la relación política en la que estamos de hecho enfrascados no fuesen antagónicos y mutuamente excluyentes tu propuesta carecería de sentido. El gesto que propones (la reducción salarial voluntaria), es sin duda un gesto amoroso pero el registro del amor al que pertenece es el amor cristiano (en su lectura nietzscheana como gesto político radical), el amor como herramienta radical de oposición al poder represivo del estado. Propones poner la otra mejilla como gesto de desarticulación de la lógica del capital y solicitas a la comunidad (de izquierda) que genere una estrategia conceptual, un insumo de capital simbólico que sirva de “bailout” a la recesión de sentido; que acompañe a este gesto de radicalidad positiva (para usar la muy feliz frase de Kahlil).

        Los términos antagónicos interés-pequeño-burgués/moral-de-catástrofe no pretenden generar un mundo común, por el contrario pretenden eliminarse mutuamente. La radicalidad que leo en tu propuesta depende de que sea un llamado a la construcción de un evento político. Es sólo en la medida en que el gesto que propones es radicalmente (y por los comentarios que he leído hay mucha gente que no capta esta radicalidad) antagónico al orden existente. Tú mismo defines el capital simbólico como “la capacidad de pensar lo imposible” y este imposible consiste en generar eventos inconmensurables con el mundo que habitamos. Cómo dice Badiou en The Communist Hypothesis:

        “[W]ith respect to a situation or a world, an event paves the way for the possibility of what—from the limited perspective of the make-up of this situation or the legality of this world—is strictly impossible.” [243]

        Lo radical de tu propuesta es que es un gesto “that gets lost in translation” y que daría un pequeño espacio, una posibilidad de respiro a la institución en lo que llega el “bailout” the capital simbólico que podría (y en este podría se juega lo político o la capacidad de crear un Sujeto político) generar el pólemos que propones.

        Los que han comentado sobre los posibles peligros que tiene el ceder sin dar nada a cambio, el dar con “las manos abiertas”, creo que están leyendo el gesto desde nuestra situación actual y no desde el espacio que abre (o que podría abrir) el gesto. Si esto no se aclara acabarán negociando términos y entrando en “diálogo” con el enemigo. En ese caso sí aplicaría el procedimiento amoroso de verdad. Yo evidentemente no estoy ahí. Dar parte del nuestro salario en los términos que establece la situación o mundo actual sería como echar perlas a los cerdos, en cuyo caso estaría de acuerdo con los que dicen que ya hemos perdido suficiente. Me apunto para el evento, no para la negociación.

        La elegancia del samurái consiste en que éste actúa por principio según su código (Bushido), con independencia del cómo actúe el común de los mortales, de eso se trata, desde mi lectura, la moral catástrofe.

        De modo que no veo—o mejor dicho no quiero ver—cómo hacer de un procedimiento de verdad eminentemente antagónico uno de duplicidad compartida.

        Amorosamente,

        Bernat

        • Rubén

          Bernat,

          Cuando hablaba del procedimiento del amor me refería a la conversación que se ha ido desenrollando bajo este artículo, no a lo político entendido en términos del antagonismo específico entre la UPR y el estado. Porque, de un modo estrictamente platónico, todo diálogo es un diálogo de amor, para parafrasear el título de aquel judío maravilloso del renacimiento, León Hebreo.

          Kahlil, en una de sus sugerentes reflexiones, alude (si no lo estoy citando incorrectamente) a la necesidad de “crear el polemos a partir del diálogo”. No lo había pensado así, el polemos como un sucedáneo, no como un origen, del diálogo. Zizek, siguiendo a Lacan, habla mucho de la necesidad de crear el deseo, de cómo el deseo no está ahí, esperando por nosotros. El polemos también se deja pensar como una puesta en discurso del polemos a través del diálogo. La sociedad se debilita: cada vez desea menos y cada vez polemiza menos. Hay que provocar el acto del diálogo, para que sura el deseo.

          Otro participante, particularmente contencioso, de esta ristra, Domingo (a quien no tengo el gusto, o, por lo visto, el disgusto, de conocer), insiste en que de lo que se trata aquí es de “atreverse a tomar el poder”. Para él somos (o soy) un cobarde, un aprovechado, un hipócrita que, o no se da, o no quiere darse cuenta que de lo que se trata no es de dialogar, sino de “medir fuerzas”, ésa es la frase que usa Domingo, y la usó ayer sábado, no hoy, que es Domingo, el día del Señor.

          El diálogo, para que ocurra, tiene que buscar un método que no sea el “medir fuerzas”. La lucha, señores, nunca es libre.

          Regresemos a Badiou: todos los acontecimientos son imposibles (en cualquier procedimiento de verdad) y sólo se dejan leer retrospectivamente, sólo desde ahí se deja leer el quiebre en el hilvanado histórico.

          No creo que para Badiou el acontecimiento equivalga a la disolución del antagonismo, como creía cierto marxismo clásico. No creo que se trate de la mutación de una clase social en otra, de una pequeã burguesía en un proletariado del desamparo, como le llamas tan imaginativamente.

          La pregunta crucial es la que planteas: “¿Cómo hacer de un procedimiento de verdad eminentemente antagónico uno de duplicidad compartida?”, dices. ¿Cómo lograr que el amor atraviese la política?, añadiría. Habría que comenzar por recordar, me parece, que la duplicidad compartida (la del amor) no implica una desaparición del antagonismo, ni una disolución de la diferencia.

          Creo que estamos hablando del objeto y de la Cosa. Lacan habla de lo sublime como la elevación del objeto a la dignidad de la Cosa. El objeto tendría que encontrar un representante, un significante “digno” , un significante que no eluda, sino que efectivamente represente a la Cosa. Para ello tendría que ser un significante creador (no meramente reproductor). Un significante es creador cuando merodea el vacío que sustenta la Cosa (Heidegger lo relaciona con el hueco que le da su ser a una vasija, por ejemplo). De eso se trata el trabajo del Arte, otro de los procedimientos de verdad de Badiou. El arte crea un significante para representar la Cosa, y, con ello, aspira siempre a lo sublime, a la dignidad.

  • http://www.laacera.com/posts/bea Bea

    Rubén,
    Tu ensayo es valiente, atrevidamente prudente y absolutamente necesario. Es un momento para cambiar estrategias e idear nuevas alianzas. Si no luchamos todos, estudiantes, profesores y no docentes, se va la Universidad, se va. Te agradezco muchísimo tu propuesta y tu sentido común.

    • Rubén

      Gracias Bea. A ver cómo se va perfilando todo esto…

  • Carmen Rabell

    Estoy de acuerdo con esta propuesta pero solamente con una enmienda: que ese 1 o 3% de reducción salarial tenga el propósito explícito de aportar para crear becas de ayuda económica basadas en los ingresos familiares que se rinden en las planillas de contribución. No creo que deban beneficiarse de esta contribución ni aquellos estudiantes que han sido indiferentes a que haya una cuota o se eliminen las exenciones porque tienen suficientes fondos, o incluso aquellos que han protestado pero provienen de familias que han pagado colegios privados antes de entrar a la UPR (casi el 27% del total de nuestros estudiantes).

    A mí me gusta la idea de dar un porcentaje de mi sueldo por el tiempo que dure esta crisis. Es una manera de manifestar que preferimos bajarnos el sueldo para rendir impuestos menores a un gobierno al que le retiramos la confianza. El gobierno ha sacado a la UPR del pote del IVU y al despedir casi 40,000 empleados, también nos ha restado ingresos sin tener que bajar la fórmula. Bajarnos el sueldo, a la vez que lo transferimos a becas para estudiantes necesitados, podría darle al gobierno por donde les duele: ellos tendrían menos impuestos de nuestra parte. Es jugar su juego, pero desde nuestra cancha. Lo peor que puede pasar es que nos bajen la fórmula. Son capaces de todo, pero no hay que tenerles miedo.

    • Rubén

      Carmen Rita:

      Sigo pensando en tu propuesta de la cuenta rotativa y le veo posibilidades. La sugerencia que nos hace Ivan de montar un fondo de becas me parece un canal posible. Necesitamos más gente que nos ayude a pensar todo esto.

  • Iván

    Rubén, gracias por su propuesta y su reflexión. Los otros días le comentaba a unas amistades que una opción para el déficit fiscal sería la creación de becas a estudiantes graduados y subgraduados financiadas por los propios profesores con la donación de algún porciento. No sería otorgarle el dinero a la administración universitaria, sino gestar una especie de “fellowship” de profesores. En tono de broma (aunque ni para tanto) decía: que los “posmos” en historia creen la Beca (Pos)Moderna o la Beca Walter Benjamin para estudios culturales. Los nombres son lo de menos, pero sería una manera del profesorado en construir vehículos de apoyo académico e institucional para el estudiantado, además generar unas relaciones más estrechas como comunidad académica e intelectual.

    Ahora, en cuanto a su lectura sobre la “intransigencia” en los actos de protesta y huelga según manifestados por el Tea Party y los movimientos sindicales en Europa, tengo ciertas discrepancias. Me parece un tanto problemático argumentar que la gasolina que incendia a estos movimientos proviene de un sentimiento o una posición de intransigencia. Claro, se podría argumentar la intransigencia para algunos fenómenos en específico. No obstante, mi lectura del ambiente global de protesta es la sensación de ser/estar desposeído. Precisamente, esa angustia generada por “no sentirte como en casa”, como le llama Paolo Virno, ha transformado la experiencia del individuo y se coloca como tonalidad emocional común de la multitud. Mas, regresando a las protestas, esa angustia en parte es producida por la exclusión de espacios decisionales y, más allá de los reclamos específicos de cada movimiento, lo que se exige es participación.

    Eso me lleva al asunto de la decretación de una huelga o el “cerrar las facultades”. Coincidimos en que necesitamos tácticas distintas o, al menos, reinventadas. Me parece que algunos comités de acción han fallado en entablar una equivalencia entre “ocupar” y “bloquear”, convirtiendo los pasillos de una facultad en avenidas ocupadas, ya no por la agencia humana, sino por la materialidad de una barricada. (Hay una especie de fetichismo a la corporeidad del motín, un asunto de deseo en ejercer violencia subjetiva: el porno-motín. Pero, eso es otro tema). Si la inestabilidad o la precariedad de la crisis se ha tornado en la normalidad, debemos entonces buscar la manera de romper con ésta y de explorar sus fisuras. La ocupación de facultades para producir/abrir espacios de debate y participación comunitaria son de las pocas formas en que todos los sectores podremos interactuar en el momento y en conjunto. Ahora bien, creo que, en vez de “barriquear” debemos transformar los espacios: que el pasillo ya no sea una ruta monótona de invisibilidad y sea un dinámico escenario de reflexión/expresión.

    Termino, porque me acabo de dar cuenta que mi comentario está bien largo. Salud.

    • Ruben Rios Avila

      Ivan,

      En el Departamento de Comparada estamos explorando la posibilidad de abrir una cuenta rotativa con la que podamos iniciar un fondo pro-estudiantes graduados. Me encanta la idea de una beca Walter Benjamin, aunque surja de una broma. Es una broma sublime.

      Respecto a tu discrepancia, que te agradezco, estoy de acuerdo en que no podemos generalizar y caracterizar el clima de protestas anti-gobierno bajo el signo indiferenciado de lo que llamas la intransigencia. Por otra parte, tampoco creo que la multitud (la de Virno, Negri y Hart)pueda usarse indiferenciadamente para caracterizar la instatisfacción de cualquier sujeto afectado por la reducción, indistintamente del tamaño de sus privaciones. Hay privaciones y hay privaciones. No todos formamos parte de la multitud.

      Por otra parte, el desamparo, la pérdida de la comodidad del hogar, una imagen muy sugerente que le atribuyes a Virno, no es necesariamente algo tan indeseable, sobre todo para aquellos que asocian el hogar con el placer de las comodidades asumidas. Hay una sabiduría en el desamparo. Sabemos que el sicoanálisis insiste en el carácter ominoso del conocimiento, en su capacidad de develar el lado oscuro del hogar.

      Me seduce todo lo que dices sobre la toma de las Facultades, del modo como lo propones tú. Pero no lo veo desenvolviéndose en esa dirección tan prometedora. Ojalá y tengas razón.

      • Iván

        Rubén,
        no quisiera irme por el debate de lo que refiero como multitud, elaborando sobre Virno, Negri, Hardt y Spinoza, aunque aprovecho para apuntar que parte inherente de la multitud es su voluntad de resistir la dominación y preservar sus derechos naturales/morales al no dejar que el Estado los haga suyos. Ahí podría contrargumentarme, pero, como ya dije, no quiero irme por ese lado del debate.

        Tiene razón al leer que hay algunos compañeros estudiantes que prefieren la ruta de la barricada como acto de insurrección subjetiva a la ocupación abierta que inspira voluntades y deseos. El asunto es aún más complejo que esas dos posiciones, pero mi punto es destacar que hay unas tensiones y unas discontinuidades internas en ese movimiento estudiantil con el que me identifico en una tensa relación.

        Coincido con usted en cuanto a que esa angustia que nos hace sentir como sin hogar no tiene que ser negativa. Virno propone su lectura positiva en la forma en que podemos todos construir sobre ella (la angustia) al ser una comunalidad – ese asunto que todos compartimos. Los otros días le decía a mi tío que asumir la precariedad es una virtud en cuanto a que los obstáculos son re-interpretados por un nuevo prisma de posibilidades. Por eso algunos levantamos la bandera de ser parte de la generación nacida en crisis porque ésta no es ajena a nuestro ser, a nuestros proyectos identitarios.

        Pero, aún así la angustia no puede ser absoluta para que sea angustia. Necesita una relación dialéctica, un concepto contrario/distinto que suavice, remueva, elimine o resalte la sensación. Ahí viene la noción de refugio. Cuando algunas multitudes salen a la calle, critican, bloquean avenidas, lanzan cocteles molotov y resisten, dan aviso público de que buscan un refugio. El reclamo de inclusión, de participación, de no ser mercancía – como dice usted, de no ser objetificado y alienado, es un aviso de la necesidad de refugio.

        • Kahlil

          Ha sido un placer leer tanto el artículo como las intervenciones en la sección de comentarios. El polemos puede comenzar a construirse a partir de diálogos como éstos.

          Y ya que fui mencionado indirectamente en el texto de Iván, aprovecho para lanzar mi piedra. Me inquieta un poco lo que leo como cierta romantización, para no decir estetización, de la precariedad, el desamparo y la angustia. Me parece problemático concebir una política social a partir de estas nociones cuando justamente las comunidades de otros cuyos derechos pretenden defenderse atraviesan por precariedades, desamparos y angustias avasalladoras tanto a nivel material como simbólico.

          No pretendo negar del todo la productividad posible de estas nociones a nivel descriptivo y concuerdo con Rubén en que debemos trabajar por la desarticulación del claustro disciplinante del hogar, para no mencionar el imaginario concomitante de la familia. ¿Pero, me pregunto, desarticularlo implica necesariamente asumir la precariedad o el desamparo como una ética, moral o política normativa? Construir una política social desde la negatividad radical, , desde una ética sacrificial, etc., puede ciertamente ser un gesto provocador y perturbador para algunos. Pero asumirlo normativamente ante las multitudes a las que Iván alude, puede resultar en, como dice Rubén sobre los proyectos de la izquierda bien pensante, otra “fantasía facilona”.

          • Rubén

            Kahlil:

            Te recuerdo la cita de nuestro Lezama: “Sólo lo difícil es estimulante”. Éso es lo ético, lo difícil, no lo que se reconstituye como otra fantasía facilona más, sino lo que la atraviesa. Pensar lo social desde ahí: ése es el reto.

          • Iván

            Kahlil, cuando propongo la precariedad como virtud lo hago en son de afirmar la posibilidad de enlazarnos mediante esta comunalidad. Entiendo la crítica en torno a la estetización de la precariedad y coincido con sus riesgos. Tampoco pretendo establecer una equivalencia entre todas las precariedades porque ciertamente no existe una sola.

            No concuerdo con que la negatividad radical necesariamente sea una fantasía facilona porque parte de la premisa de asumir una responsabilidad impostergable del yo con el otro, de reconocer mi rol en la (re)producción de precariedades en pos de localizar esos refugios tan necesitados.

            • Kahlil

              Lo que me preocupa particularmente es aplanar la precariedad, o peor, la angustia, del otro al asumirla. Dicho lenguaje me parece que puede caer en un acto de borradura del otro. Igualmente no sé si hablar de virtudes sea el lenguaje más conveniente para articular políticas radicales de justicia social. ¿Qué sabemos nosotros de la precariedades y la angustias particulares del otro? Creo que la crítica de Rubén sobre la multitud va por este camino.

              Y quiero subrayar que digo “puede” y no que necesariamente es así. En mi primer comentario, por ejemplo, no dije en ningún momento que la negatividad radical necesariamente sea una fantasía facilona, sino que puede serlo. En mi comentario más abajo me explico más a fondo.

              • Iván

                Kahlil, coincidimos con el problema de aplanar la precariedad, por eso dije que “no existe una sola”. Hay variabilidad en la noción de precariedad que propongo.

                Kahlil y Rubén,
                Sobre las multitudes. Hablar de las multitudes es necesariamente un gesto de humildad intelectual, un gesto de asumir la subjetividad como vehículo contingente. “¿Qué sabemos nosotros de la precariedades y la angustias particulares del otro?” Esta pregunta asume algo que considero problemático: la aislación de sensibilidad. Si consideramos que vamos a haber entablado ese polemos con el Otro, no creo que la ansiedad de la ignorancia deba abrumarnos y conforme una imposibilidad de considerarnos parte de la multitud. Vamos, es ineludible el límite de lo que sabremos o de lo que creemos saber. Al fin y al cabo, ser parte de la multitud es ser parte de la diferencia, de la distinción y de la variabilidad. Ninguna persona que forma parte de la multitud será igual que otra. Así, la multitud es un conjunto de subjetividades interesadas en conocer y respetar a los otros.

        • Rubén

          Ivan:

          Celebro la “tensa relación” de tu “identificación” con el movimiento estudiantil. Es la mejor, la única manera de relacionarse con las identificaciones, es la manera de respetarlas, guardando la distancia de la prudencia, para que el amor ciegue menos.

        • Rubén

          Ivan:

          Celebro la “tensa relación” de tu “identificación” con el movimiento estudiantil. Es la mejor, la única manera de relacionarse con las identificaciones, es la manera de respetarlas, guardando la distancia de la prudencia, para que el amor ciegue menos.

  • Anayra

    Rubén,

    Por lo que el gesto implica al descuidado nivel de lo simbólico: ¿dónde firmo?. ¡Ah! ¿Pero sería mucho pedir a cambio, no la proverbial “libra de carne” sino el manejo democrático de esos fondos? Tal vez esa pequeña demanda sería demasiado para quienes la democracia excluye el co-gobierno. Hagamos la prueba.

    Anayra

    • Ruben Rios Avila

      Anaira, prefiero hablar de un manejo “más” democrático de los fondos.¿Para qué negociar, si no le concedemos al adversario el beneficio de ese adverbio de cantidad?