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La noche oscura de los piratas


f98fefb3-25e4-43e6-a4b4-2d9dcf576d2e_l“Díficil pa’ mí, difícil pa’ ti”
–Orquesta El Macabeo

Había una vez un joven, que por sus méritos era considerado como buen candidato a un puesto político y con el apoyo de unos pocos entusiastas, buenas ideas y su carisma entre la población, resultó electo legislador de su precinto por encima del candidato de la vieja guardia. Desde entonces comenzó con mucho ímpetu a cumplir con sus compromisos con los electores, colaboradores, contribuyentes y con algunos de la vieja guardia: esos salvaguardas de los secretos ancestrales de los deberes partidarios. Seguramente estaba consciente de la enorme dificultad o imposibilidad de cumplir con todos sus compromisos: “que si puede ayudar al sobrino del chófer de la tumba coco a conseguir trabajo en la oficina del alcalde”; “que llegaron las facturas por los anuncios en la radio, el jingle, la gasolina de las caravanas y el mitin de cierre de campaña”, al cual el alcalde no asistió. Por un lado el grupo comunitario que quiere que el municipio les ceda la escuela para un centro cultural, y por el otro unos especuladores que presionan para que se venda el edificio para pagar la deuda con el plan de retiro de los empleados municipales y de paso ganarse unos chavitos por el favor que le hacen al pueblo de Puerto Rico. “Difícil pa’ ti, difícil pa’ mí, difícil pa’ ti se pone”, como diría el Macabeo.

En la legislatura escucha historias de fracasados y vendidos: todos como él novatos entusiastas que pecaron para poder seguir representando a sus elector@s o que pecaron por no pecar y vieron frustradas sus aspiraciones y las de quienes depositaron en él sus esperanzas. Sobrevivir en esa selva sin perder la compostura es hazaña de súper héroes y se toma el riesgo de que no obstante te vean como a los demás.1

Pasa aquí y pasa en todas partes y me pregunto cuáles son los compromisos de los congresistas que tienen en sus manos aprobar legislación en torno a la deuda pública del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Pienso en los congresistas y pienso en los de la legislatura y el gobierno colonial cuando escucho que la esposa de Pedro Pierluisi tiene relaciones y tuvo contratos con corredores de bolsa, agentes de los llamados fondos buitres: aves capaces de liquidar cualquier gobierno quebrado que esté a su disposición. Y que Luis Fortuño es parte de la camada de abogados de los corredores de los bonos de Puerto Rico. Ante ellos, para algunos de esos representantes del pueblo la junta imperial de control fiscal se presenta como una salvación. Pero es como estar en medio de un desierto, mirar al cielo y no distinguir si son buitres o cóndores las aves hambrientas que vertiginosamente giran sobre mi cabeza. A fin de cuentas, estos congresistas y legisladores aseguran defender las pensiones de sus electores, para las cuales contribuyeron como única esperanza de vida, su saludable vida en la tercera edad. Esperanza depositada en la compra de bonos baratos de un gobierno en recesión económica que les vendieron sabios y simpáticos agentes de bolsa.

Con esas deudas y esos favores se construyeron el tren urbano —con lujosas estaciones y asientos con la tela más cara del mercado—, el súper tubo y el Choliseo. De modo similar una compañía de construcción “elevó 212 veces la suma acordada originalmente” en sus contratos con el municipio de Bayamón, según informara la Oficina del Contralor el año pasado. Contemplando esas deudas y esos compromisos ha crecido la actual generación de jóvenes consciente o inconscientemente de cómo se han multiplicado espectacularmente las diferencias económicas entre ricos y pobres en las últimas dos décadas y media—“El 1 por ciento más rico del planeta es ahora más rico que el resto de la humanidad”2— así como los contratos de atletas, deportistas e ídolos de la farándula. Porque el “money money” de los sabios capitalistas del mundo les dice que solo triunfas si obtienes más ganancias; sino te derrota el rival. Mientras la población puertorriqueña tiembla ante la amenaza de la quiebra nacional —que por fin explote una hecatombe como en Detroit, Argentina o Grecia— dos multinacionales se disputan el negocio farmacéutico y otra defiende cínicamente su derecho a no pagar impuestos en ninguna parte sobre sus ganancias billonarias, en beneficio de los viles contratos de sus asociados y de sus pobres consumidores.

¿Qué pensará ese joven legislador sobre la posibilidad de la pérdida de empleo de sus electores? ¿Qué de la quiebra de su antiguo colaborador a quien no se le podrá pagar el contrato por servicios prestados al pueblo de Puerto Rico? ¿Le servirá de guía considerar la historia de su pueblo? ¿Mirar al pasado para no cometer los mismos errores? Allí podrá leer que, en 1582, el nieto del conquistador, que astutamente había adoptado su mismo nombre —Juan Ponce de León— le aseguraba al rey de España que varias poblaciones de la isla vivían al acecho de caribes y corsarios.3 Cómo bregaban con ellos es asunto que no se informa, pero que la brega fue larga y compleja lo podrá notar cuando lea que Alejandro O’Reilly le informa también al rey, pero no al mismo —la corona es inmortal, los reyes no—, que

Para proveerse del poco vestuario que necesitan, [los pobladores de Puerto Rico] truecan con los extranjeros, vacas, palo de Mora, caballos, mulas, café, tabaco o alguna otra cosa, cuyo cultivo les cuesta poco trabajo. En el día han adelantado alguna cosilla más, con lo que les estimula la saca que hacen los estrangeros [sic] de sus frutos y la emulación en que los van poniendo con los listados, bretañas, pañuelos, olanes, sombreros, y otros varios géneros que introducen, de modo que este trato ilícito que en las demás partes de América es tan perjudicial a los intereses del Rey y del comercio de España ha sido aquí útil. A él debe el Rey el aumento de frutos que hay en la Isla, y los vasallos aunque muy pobres y desidiosos, están más dedicados al trabajo de lo que estarían, y es muy fácil al rey el cortar el comercio ilícito de esta Isla siempre que lo quiera.4

También se podrá percatar de que tan extremo era el contrabando que “toda la industria y modo de vivir” de los habitantes de Fajardo —población iniciada mediante el reparto de tierras a soldados de la corona— “se reduce al trato ilícito que tienen con las islas Danesas de Sto. Tomás y Santa Cruz … y quui otra cosa se podía esperar de unos soldados pobres y desidiosos, y de unos hombres vagos a quienes faltaban todos los medios necesarios para desmontar bosques y fabricar casas?” (629). Nuestro respetable servidor público también podrá conocer que para “cortar el comercio ilícito” el rey cambiaba cada dos años a los gobernadores insulares y le concedía cédula de corsos a personajes como Miguel Enríquez, “sin duda, el personaje más notable que engendró Puerto Rico a lo largo de su andadura hispánica”, según su biógrafo, Ángel López Cantos (13). Nos informa este historiador que, según “14 testigos imparciales” (78), ya para 1719, Enríquez sostenía negocios “muy lucrativos”, pues

El corso en sus manos fue una fuente de ilimitadas riquezas, engendradas no solo por las embarcaciones capturadas al enemigo sino también al transformarlo con imaginación e ingenio en el vehículo y soporte de un comercio muy lucrativo, si bien ilegítimo. Nunca hasta entonces estuvo San Juan mejor abastecida.5

¿Quiénes son los Miguel Enríquez de nuestros tiempos? ¿A cuántos de ellos deben favores nuestros políticos? ¿Con cuántos de ellos habrán establecido vínculos algunos representantes de la ley, la justicia y de los poderes coloniales e imperiales? ¿Cómo bregan con sus comunidades inmediatas? ¿Cómo con sus rivales? ¿Cuán diferentes son de los dueños de hoteles y de casinos cuyos trasuntos ilícitos han sido espectacularmente explotados por Hollywood? En su columna “Renuncia”, Mayra Montero llama la atención a la deuda de $419 millones que el Fondo de Turismo había generado para el verano de 2014, producto de “prestar enormes sumas de dinero o garantizar emisiones de bonos con las que se levantaron hoteles de lujo y proyectos faraónicos que fracasaron”.6

El malecón de Santo Domingo está repleto de edificios con nombres de peloteros. Este es el de Sammy Sosa, aquél el de Pedro Martínez, dice el taxista. La mayoría habitados por fantasmas; todas inversiones legítimas de sus contratos multimillonarios. ¿Por qué extraña que el Daddy haya invertido los suyos en unos contratos misteriosos en Panamá, favorecidos por los presidentes de las dos grandes potencias del mundo? ¿Hasta dónde llega la avaricia humana? ¿Por qué un juez le concede a una compañía multinacional no pagar impuestos por sus ganancias billonarias por encima de los representantes de un pueblo cuyo gobierno es tan pobre que no puede siquiera declararse en bancarrota? ¿Es esto justicia o el cinismo institucionalizado?

El Dorado Beach Real Estate anuncia en su página que la legislatura de “Puerto Rico has passed legislation making it a tax haven for U.S. citizens that become residents of Puerto Rico”.7 Para ellos, Dorado Beach tiene “extraordinary residential offerings…: From stunning Ritz-Carlton Reserve beachfront homes amidst lush tropical landscapes, to spacious golf community homes with picturesque golf and mountain views, to palatial estates homes in Dorado Beach East, one of the most prestigious club neighborhoods on Caribbean real estate.” La página no dice que el gobierno también les construyó un carril exclusivo para que se eviten parte del tapón en su tránsito hacia San Juan por unos dólares más que el del resto de los mortales: “those generous locals” pudo haber dicho como en otros tiempos.

“Sobre el fangoso Orinoco”

Luego de haberse lanzado a buscar a América y armar discos con cuentos de García Márquez, Rubén Blades presentó en 1988 su Antecedente. Allí, la “Patria” “cuyo significado” intentaba descifrar estaba compuesta de “tantas cosas bellas: como aquel viejo árbol del que nos habla aquel poema / como el cariño que guardas después de muerta abuela”; de barrios, esquinas, plazas, de “olores como el de la ropa cuando cuelga pa secarse, / el del agrio dulce callejón y el frijol al cocinarse” (“Plaza Herrar”).8 Como parte de esa “cuna [del] alma inmortal”, que “mi esquina siempre será” del disco, el panameño sitúa el tráfico ilícito fuera del Barrio y de sus recuerdos de infancia, incluso fuera de la patria: “Por el fangoso Orinoco”. Pero el barrio de las canciones de Blades está plagado igualmente de actividad ilegal, donde la gente observa fríamente —como personajes de Truman Capote— a “Pedro Navaja” y se distancian del “canallón” a quien “están buscando” porque “cogiendo presta’o dejó a to’ el mundo embarca’o y dice que tiene su billete en un banco allá en Hong Kong” (“‘Tas caliente”). Ese “solar de los aburridos” a veces parece un barrio fangoso.9

En “Contrabando”, sin embargo la identificación étnica con “el indio, firme en el remo” le da un aire de resistencia auténtica y legítima a esta brega de sobrevivencia por esos “caminos verdes”, por los cuales también transita otra brega de escalas incalculables. El río apunta al mar, a ese Caribe que fuera nido de piratas en antaño. ¿En antaño? ¿Qué representa este “excremento de tierra y piedra”, libremente incorporado a la protección imperial, en el actual cruce comercial entre corsos y piratas? ¿Quiénes se han enriquecido —legal e ilegalmente— con estos comercios? ¿Cuáles son las bregas de sobrevivencia ciudadana del mundo que auspicia ciertos entretenimientos? ¿De qué color es el verde de estos caminos?

“Para el bucanero carne bucanada”

A pesar de la debacle de las narrativas de la modernidad —pues su codiciado progreso ha demostrado ser cada vez más en beneficio de una minoría—, ciertas creencias en la agencia transformadora de la humanidad transitan por diversos ámbitos sociales. Estas prácticas parecen desafiar la incredulidad postulada por los discursos posmodernos y el escepticismo hacia sus políticos que promueven periodistas, ciudadanos y políticos.

Las primarias presidenciales en Estados Unidos ofrecen un claro panorama de hacia dónde fluctúan las desconfianzas y los escepticismos de unos hacia otros. Al cinismo espectacular y fanático de los republicanos y al estremecimiento causado por la candidatura de Bernie Sanders, los asemeja la desconfianza hacia los otros. Inmigrantes o “desviados” o accionistas inconscientes se presentan como responsables de la crisis social.

Por un lado, unos —muchos según las encuestas (¡horror a las masas!)— apoyan la sinceridad televisiva de Donald Trump. “You’re fired”, expresa y enarbola el hastío de una clase media y trabajadora que mira celosamente a los otros como esos extraterrestres que veían en la televisión. Muchos de ellos crecieron durante la Guerra Fría cuando en la televisión veíamos que un soldado americano escondía una genio en una botella; o uno de mis vecinos podía ser marciano o bruja blanca con madre burguesa. Podía saltar felizmente de un policial a una de detective, o de vez en cuando una de vaqueros. Toda una población educada sentimentalmente con el mensaje del miedo en un mundo donde los malos posan de inocentes. En esa batalla Ted Cruz y los intelectuales de ISIS ven el fin del mundo. Y digo los intelectuales, porque l@s jóvenes que forman las guerrillas urbanas de ISIS vienen del ghetto, el barrio, la calle de pobreza y marginación. Sintiendo además sobre sus vidas toda la carga propagandística de las noticias estos jóvenes tienen pocos futuros de bienestar, previsibles para sus vidas. ¡Cualquiera explota! Como pueden hacerlo las comunidades afronorteamericanas, asediadas por policías blancos, quienes también viven bajo los márgenes de pobreza.

Al otro lado, el candidato independiente Bernie Sanders ha conmovido no solo al Partido Demócrata, a pesar de no gozar ni una fracción de la atención mediática al idiota republicano. Más que su extraordinaria campaña y su maestría del debate público, asombra la enorme movilización de jóvenes, entre los cuales tiene mayor apoyo que Hillary Clinton. Sanders ha movilizado electoralmente el sector más apático de la población. ¿Qué pasa en esos grupos de apoyo? ¿Cómo están compuestos? ¿Cómo toman sus decisiones? ¿Generarán campañas similares para sus representes y senadores? ¿Son esos grupos de apoyo a Sanders como los de aquí? No parece, aquí no veo ningún joven entusiasta en las conferencias de prensa. Sin embargo, también resulta asombroso el apoyo de legisladores afronorteamericanos y de amplios sectores de esas comunidades a la candidata de Wall Street.

Aunque Sanders no resulte electo, es esperanzador pensar que su programa siga generando entusiasmo, movimiento y organización. Yo, viejo perdedor de izquierdas, quisiera ser parte de esa esperanza y que mi voto tenga peso en las negociaciones de la deuda pública. ¿Con quién queremos negociar: con Sanders o con Wall Street? Ese voto debiera quedar claro en las primarias en Puerto Rico, para al menos afectar el apoyo a Hillary. Sin embargo, noto poco entusiasmo por generar ese voto en contra de Walmart, la junta de control fiscal y los buitres de Wall Street. Ante el poder de ese voto, la izquierda en Puerto Rico parece aún maniatada por el nacionalismo.

En su desesperación económica, el Secretario de Hacienda anuncia que se investigarán las finanzas de las iglesias. ¿Cómo se enriquecen? ¿Por qué los pastores se niegan a que se les audite el lucro si es que lo hay? ¿Si el dinero de su feligresía se usa para dar servicio comunitario, cuál es el temor a que se auditen sus finanzas? Los pastores pobres tienen poco o menos que temer de estas investigaciones, pero aún así marcharán a pie para defender los derechos de los que llegarán justo a la tarima en lujosos autos europeos y cuyas cifras de ganancias no entran en los cálculos globales sobre desigualdad mundial porque solo dios sabe. Ellos, como el joven legislador, también saben los compromisos que hay que cumplir para continuar dando el servicio.

El poema “Aires bucaneros” de Luis Palés Matos navega libremente por los puertos de sus libros. Añadido a la sección Flor del Tuntún de pasa y grifería en la edición de 1950, deambula prófugo por las fronteras de sus secciones en la antología de 1957, editada por Federico de Onís y la de Mercedes López Baralt de 1993.10 Como el “Conde de la Mermelada”, estos aires remiten a costumbres caribeñas no ubicadas necesariamente en Puerto Rico. Como en la canción de Blades, la ruta de estos contrabandos se extiende a otras partes. “Por el camino de Tierra firme”, “irrumpen los bucaneros” contra la “guardia altiva de los virreyes”: “y el botín pasa del león hispano al tigre astuto de las Américas”. ¿Quién funge hoy de tigre astuto? ¿Quién o quiénes son estas o estos depredadores? ¿En dónde limpian y esconden sus tesoros? ¿En Tortuga, Panamá, las Islas Caymán? ¿En el casino, en la ofrenda o en la campaña del partido?

“Y cuando la noche ondea, la luna, cómplice de los piratas fija en las sombras su calavera”.

  1. Uso el neutro masculino, porque en la política los hombres superan numéricamente a las mujeres modestamente por lo menos diez a una. La política continúa su tradición patriarcal: es un dato. Me atrevo a decir que si fuera otra la estadística, seguramente sería otra la realidad. []
  2. Marco Antonio Moreno, “Desigualdad aumenta a pasos agigantados: el 1% tiene más riqueza que el 99% restante de la población mundial”, http://www.elblogsalmon.com/economia/desigualdad-aumenta-a-pasos-agigantados-el-1-tiene-mas-riqueza-que-el-99-restante-de-la-poblacion-mundial []
  3. “Memoria y descripción de la isla de Puerto Rico mandada a hacer por el Rey don Felipe II en el año 1582 y sometido por el ilustre Capitán Johan de Melgarejo Gobernador y Justicia Mayor en esta ciudad e isla”, en Eugenio Fernández Méndez, Crónicas de Puerto Rico, Río Piedras, Editorial Universidad de Puerto Rico, 1969, 107-134. []
  4. “Memoria de D. Alexandro O’Reilly sobre la isla de Puerto-Rico”, en Alejandro Tapia y Rivera, Biblioteca histórica de Puerto Rico, 627. Énfasis añadido. []
  5. Ángel López Cantos, Miguel Enríquez, San Juan, Ediciones Puerto, 13. []
  6. http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/renuncia-columna-2184805/ []
  7. http://www.doradobeach.com/living-in-puerto-rico/act-20-22-tax-incentives []
  8. Rubén Blades y Son del Solar, Antecedente Elektra 60795-2, 1988. []
  9. Willie Colón y Rubén Blades, Canciones del solar de los aburridos Fania JM 597, 1981. []
  10. Cito de la edición de Mercedes López-Baralt, Luis Palés Matos, Tuntún de pasa y grifería, San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña y Editorial Universidad de Puerto Rico, 1993, 199-204. []