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La victoria de Uruguay


Hace pocas horas el equipo nacional de fútbol de Uruguay acaba de ganar la Copa de América, el campeonato continental más importante. La gana por quinceava vez, una más que el rival histórico, Argentina. Es difícil describir lo que el fútbol representa en el imaginario colectivo del país.

Para empezar, desde hace unos días casi no se hablaba de otra cosa. Los carros y las guaguas iban engalanadas de la bandera nacional, azul y blanca, igual que el uniforme de la selección, el equipo, que se llama la celeste. Hombres y mujeres, jóvenes, niños y viejos, políticos y comerciantes, todos convergen en una devoción prácticamente incondicional ante las victorias de su equipo, que ya el año pasado llegó cuarto en el Mundial celebrado en Sur África y fue recibido con honores a su regreso. Hasta la enconada rivalidad histórica entre los fanáticos de los dos equipos nacionales principales, Nacional y Peñarol, cede cuando juega la celeste.

Esta noche el país explotó en júbilo cuando se ganó, tres a cero, el partido final frente a Paraguay. Las calles se desbordaron de gente vestida con los colores celestes, motos, carros y camiones  cubiertos de banderas blancas y azules. Desde los barrios populares y las ciudades cercanas a la capital fluían caravanas hacia Montevideo, donde decenas de miles de uruguayos esperarán esta noche en el Estadio Centenario, el principal de la ciudad, a que llegue la selección desde Buenos Aires, donde se jugó la Copa, para celebrar.

Siempre se ha dicho que Uruguay, un país veinte veces más grande que Puerto Rico, pero con una población algo menor, es una potencia futbolística. Aquí se recuerda la victoria del equipo nacional en la primera competencia mundial del 1930, y la famosa victoria, a último momento, sobre Brasil en el Estadio Maracaná de Rio de Janeiro. La de Copa América es uno de los tres eventos futbolísticos más importantes a nivel internacional, en la que juegan diez equipos sur americanos y dos equipos invitados. Para la Copa América 2007 se estimó una audiencia de 530 millones de personas en América Latina y miles de millones a nivel mundial.

Llama la atención que un país pequeño, en términos sur americanos, y con poca población, tenga un fútbol de tanta calidad. De hecho, las estrellas actuales del equipo nacional, como los delanteros Diego Forlán (Atlético de Madrid) y Luis Suárez (Liverpool de Inglaterra) y el arquero Fernando Muslera (Galatasaray, Turquia), son jugadores destacados en equipos de primera línea en Europa, donde juegan con contratos multi-millonarios.

El fútbol en Uruguay es más que el deporte nacional, forma parte del ethos, la personalidad, nacional. Los niños –y niñas- empiezan a darle a la pelota tan pronto pueden caminar, y a veces antes, colgados de los brazos de sus padres. Como dijo hace poco el entrenador del equipo celeste, el director técnico Oscar Washington Tavárez, en el país existe una red de canchas, equipos y ligas, que comienzan con el babi fútbol a los cinco años, que permite detectar a los más talentosos y acompañarlos en el camino para que desarrollen su potencial. Desde hace unos años, con la llegada de los gobiernos del Frente Amplio y la creación de nuevas autoridades deportivas, el deporte en general y el fútbol en particular han recibido mayor atención.

La victoria de esta noche es, en primera instancia, del grupo de jóvenes talentosos y su maestro Tavárez. También es el éxito de políticas públicas encaminadas a promover los mejores talentos en una formación integral de los deportistas. Y, sobre todo, de este pueblo, que se llama a si mismo Oriental, que cuando tiene que tirar en la misma dirección es capaz de dejar las diferencias a un lado para lograr el éxito.