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Las comidas profundas: ¿Hacer pleno un vacío?


pineapple-silhouette-il_fullxfull.354125454_hwrb[…] Con gran tranquilidad se puso a afilar un enorme cuchillo de cocina, y, acto seguido, bajándose los pantalones hasta las rodillas, cortó de su nalga izquierda un hermoso filete.

Tras haberlo limpiado, lo adobó con sal y vinagre, lo pasó –como se dice– por la parrilla, para finalmente freírlo en la gran sartén de las tortillas del domingo.
–Virgilio Piñera, “La carne” (1944) – (Cuba, 1912-1979)

Escribo sobre la mesa de comer. La mesa está cubierta con un mantel de hule, el hule con dibujos de comidas: frutas y carne asada y copas y botellas, todo lo que no tengo… Sentarme a la mesa vacía y tapar con la hoja en blanco los dibujos de comidas y escribir de comidas en la hoja. […] Atiendo en el mantel a los dibujos de comidas. El mantel cae sobre la mesa como un mapa. El primer libro de ese país imaginario es el Espejo de paciencia y ese libro habla ya de comidas.”
–Antonio José Ponte “Las comidas profundas” (Folium, 2014, Deleatur,1997) – (Cuba, 1964)

Siete segmentos/capítulos/pasajes aparecen en Las comidas profundas, texto en el cual no asoma comida alguna sino pintada/escrita en el tejido del lenguaje y en el mantel de hule que cubre la mesa, locus – no muy ameno-, que inicia la escritura del libro de Antonio José Ponte, cubano; escritura que comienza luego de dos entradas de palabras a las cuales incorporamos más adelante aquí.

“Escribo sobre la mesa de comer”… El autor, cercano, muy cercano al lector, zumba la primera persona singular en presente y nos invita y provoca a ser su compañía mientras escribe e incluso nos estimula a tocar y oler el hule del mantel: “[…] el hule con dibujos de comidas: frutas y carne asada y copas y botellas, todo lo que no tengo.”(3) Se signa la carencia, el vacío que cobra proporciones en las últimas páginas, puestas y dispuestas (y vacías) para que el lector las haga suyas, interprete, relea el texto, y concluya inscribiendo, a su manera, su propia lectura. Es que “Mi castillo en España es escribir de comidas. Sentarme a la mesa vacía y tapar con la hoja en blanco los dibujos de comidas y escribir de comidas en la hoja.”(3) Lo del “castillo en España”, lo entendemos pues en las dos primeras entradas se nos ilustra que “Para referirse a alguien que hace planes imposibles, castillos en el aire, los franceses acostumbraban decir que es dueño de castillos en España. Por alguna razón les parece fantástica la idea de que se alcen castillos en la tierra de al lado. “(3) La primera entrada textual en el libro es: “Un castillo en España”…, y los tres puntos suspensivos cobran un cariz de eje y nos va adelantando el diálogo intertextual titular que concebimos en la página 47: una sola marca: “Una mesa en La Habana” … (el libro tiene 48 páginas, algunas sin numerar, como veremos).

Estamos, pues, los lectores en una posición de leer de “[…] un país imaginario, cuyo primer libro es Espejo de paciencia “y ese libro habla ya de comidas.”(6), libro que se le considera la primera obra literaria cubana, escrito en 1608 por Silvestre de Balboa (1563- c. 1647). Un subtexto, sin duda, que lleva dos signos que laten por entenderse: espejo, vernos reflejados en ese espacio -además de práctica titular-, y paciencia, (¿virtud? ¿entereza?), relacionada sin dudas con la carencia y el vacío que la figura autorial/escritor signa desde el comienzo del texto: en ese “país imaginario” no hay comida, sino pintada o dibujada. El título de la primera obra de la literatura cubana –que se encontró por José Antonio Echeverría en 1836 y sobrevivió un fuego del 1616-, nos remonta a vernos reflejados en este texto y a entender el aguante de las contrariedades, relacionadas con el “apetito”/”comida”. El binomio de escribir y comer (palabras) también se vuelve presente.

Así las cosas, el lector se entera de que desde el 1608, en la primera obra literaria cubana: “… ese libro habla ya de comidas” (6) y estamos tentados a cambiar ese adjetivo demostrativo “ese” por otro: “este”, para acercarnos más a Las comidas profundas y sondear un poco el signo titular del libro en cuya portada de la casa editorial Folium aparecen tenedores sobrepuestos a un fondo blanco de vacío, en una ilustración de Valerio Anibaldi. En el Espejo de paciencia:

“La cornucopia de todo lo sabroso se desborda en ese desfile virreinal de Espejo de paciencia. Y en medio de ello, el poeta Silvestre de Balboa, si fue este su autor, se duele de una comida que le falta, que sólo tiene en palabras:

De aquellas jicoteas de Masabo
Que no las tengo y siempre las alabo.”

Puede que sean estos dos los versos más memorables del libro. Por la carne de jicotea, comida de relojeros que es preciso desmontar huesito a huesito, puede comenzar el deseo por las comidas cubanas.” (7)

Y enuncia el escritor para cerrar este segmento: “Escribir de comidas es mi espejo de paciencia.” (7) y, “huesito a huesito” hay que desmontarla como los “relojeros” (marca de tiempo). El escritor de Las comidas profundas saluda, en el siglo XX (Primera vez publicado el libro por Deleatur, 1997), al escritor del siglo XVII (Espejo de paciencia, 1608 www.camagueycuba.org/espejo_de_paciencia.htm), un poema épico compuesto en octavas reales que describe el secuestro del obispo fray Juan de las Cabezas Altamirano por el pirata francés Gilberto Girón, y el rescate protagonizado por un esclavo, Salvador Golomón, durante una escaramuza en las costas de Cuba, en 1604. Y en estos saludos se incorpora también, en este pasaje primero del libro, a Carlos V, que no come piña: “Las comidas cubanas podrían empezar por esa piña que Carlos V no come”, (6) y a renglón seguido signa el escritor: “A punto de devorar el único pequeño pan del día, he pensado en la falta que me hará el pan más tarde. Lo mismo que el emperador. El día que me toca atravesar hasta otro pan pequeño es tan vasto como el océano desde Sevilla. Días y días marcado por una ración de prisionero.” (6) Reaparece la “falta”, la carencia, el vacío en blanco de la portada del libro.

Añade el escritor: “[…] El Nuevo Mundo tiene a veces para él la forma de una intriga, de un complot. Y eso precisamente vuelve a sentir frente a la piña.

¿No le decimos a estar en un complot estar en la piña?” (6)

Y, volvamos a los versos de la jicotea: ¿ocurre lo mismo en Las comidas profundas,  ¿de “alabar” lo que no se tiene?

Vale esta cala: la palabra comidas nos remonta al participio pasado de comer: ya está comida, almorzada, merendada, están consumidas, gastadas, derrochadas (acción consumada, una acción pasada), y no solamente al sustantivo comida (comestible, pan, disponible en las mesas). Y la palabra profundas nos lleva a los campos de significación de las palabras recónditas, insondables, oscuras, difíciles. Y ambas: comidas y profundas -en plural (varios o muchos)-, vía el artículo determinado plural Las, nos remontan a un presente difícil en cuanto a lo mismo que se marca: la comida. No recuerdo en mi lectura/relectura sino una sola marca textual del sustantivo “hambre” y es ésta: “[…] La costumbre de hacer comidas en palabras, aprendida en la escasez, no nos abandona tan fácilmente. Como enfermos que ni siquiera en habitaciones muy caldeadas consiguen olvidar el frío, tenemos instalada el hambre bien adentro.” (35) Y el “apetito” así aparece: “Preguntarnos de dónde vendrá tanto apetito, por el Lugar Desde Donde Llega El Deseo […]”. (13); es el relevo de palabras, la creación literaria, los que marcan, desde el título del libro, la propia hambre, libro donde está presente el propio vacío, o como diría Lacan “La Cosa”: “[…] el horizonte de nuestros deseos (Darian Leader, El robo de la Mona Lisa – Lo que el arte nos impide ver, 71). En torno a Las comidas profundas, dice Teresa Basile en las palabras Preliminares del prólogo (“La ciudad la urbe, el orbe, la novela”) a otro libro de Antonio José Ponte, Un seguidor de Montaigne mira La Habana (Corregidor, 2014):

“Antonio José Ponte se inscribe dentro de la generación de escritores nacidos después de la revolución cubana de 1959 y por ello ha escrito en un contexto fuertemente marcado por este acontecimiento histórico que en su momento colocó a Cuba en el centro de América latina”. (7)

Y añade a renglón seguido:

“La literatura de Ponte establece un juego dialéctico y conflictivo con las vicisitudes culturales a de la isla cuyo gobierno ha tenido un primer momento de acercamiento y buenas relaciones con escritores e intelectuales cubanos y latinoamericanos, y un segundo periodo más tenso y problemático”. (8)

Y finaliza así el segmento/capítulo/pasaje primero de Las comidas profundas: “[…] Llamo a una piña, a un castillo en España, a un emperador viejo y antes joven, a deseos de comer carne en un poema de mil seiscientos ocho. Llamo al espíritu de las viejas comidas, pregunto por sus secretos”. (7) Y recordamos que los castillos en España son “planes imposibles” (3) ¿Qué es, pues, lo imposible? Se va armando la escritura y vamos viendo las carencias así como las inscripciones en el mantel de hule, las palabras, las pinturas, el propio arte.

Y termina el segmento/capítulo/pasaje segundo de esta manera –donde se vuelve a mencionar la palabra “apetito” enunciado que nos remonta al vacío y a “La Cosa” Lacaniana-:

“Preguntamos de dónde vendrá tanto apetito, por el Lugar Desde Donde Nos Llega El Deseo. Remontamos la corriente hasta el origen. Los dientes roen hasta el corazón, hasta la semilla por donde empezó todo”. (13), deseo que se excava en el pasaje tercero: “[…] (y aquellas jicoteas de Masabo, que no las tengo y siempre las alabo… Excavando en el deseo.)” (17)

Si en el pasaje primero aparecen Sebastián de Balboa, Carlos V y el “ensayista inglés” Charles Lamb; en el segundo aparecen Marcel Proust, Bertrand Russell, y más de Lamb; en el tercero sienta su presencia José Lezama Lima – (“Corona de las frutas”, Oppiano Licario), y reaparece Espejo de paciencia; en el cuarto aparecen Guillaume Apollinaire, Cioran, Montale; el quinto inicia con un epígrafe de Virginia Woolf: “Hay que ver cómo disfruta uno de la comida ahora: compongo menús imaginarios”. Y cierra con el propio vacío y la carencia:

“Todo empezó por carencias: la que el emperador intuyó frente a una sola fruta, la que un poeta lamentara en dos versos del primer poema de la isla. El cubano al comer se incorpora el bosque, escribió Lezama Lima. Un augurio recurrente, shakesperiano, habla de un bosque que avanza hacia el castillo, que lo ronda y ahoga. Habla legendariamente de la marcha de calderos vacíos”. (35)

En el sexto pasaje entran el ensayista cubano Fernando Ortíz, el poeta Luis Marré, el tratado sacrificial de la antigua India, Shatapatha-Brahmana, y se signa la costumbre del “aliñado” cubano:

“Una costumbre culinaria del oriente cubano identifica a la vida humana con la vida de las comidas. Es la costumbre de preparar un aliñado. Con ella entra a la casa de la mujer embarazada el milagro de la fermentación. “[…] y en un botellón, mujeres y niños empiezan a echar fruta picada en pedazos pequeños. No es preciso llenar el botellón de una vez, la gracia está en sumarle durante los nueve meses de embarazo, según entren las temporadas de la fruta. La gracia está en que, al trepar a las matas, los niños recuerden robar un poco más para el aliñado”. (39) “[…] Beberá el aliñado a la hora del nacimiento o del bautizo”. (39)

Y en el segmento/capítulo/pasaje séptimo –páginas 44, 45, 46, 47 y 48-, hay solamente dos enunciados: “Una mesa en La Habana…” (47), inscripción en la izquierda arriba, y el otro es: “La Habana, octubre de 1996” (48), inscripción en la izquierda abajo; todo lo demás aparece en blanco, casi provocando que el lector escriba sus relecturas. Y una de las dos páginas enumeradas, la 47, nos orienta en cuanto al conteo de las últimas páginas: 44, 45, 46 (sin números) y la 48, ésta última que también aparece sin números.

“Un castillo en España…” (3), primer enunciado textual del libro, dialoga obligatoriamente con la última marca del libro: “La Habana, octubre de 1996” (página 48), e incluso con el penúltimo “Una mesa en La Habana…” (página 47), pues ambos (el enunciado del castillo, y el enunciado de la mesa) llevan en sí esos tres puntos suspensivos que tanto significan.

Quizás le corresponda al lector de las comidas profundas escribir esas cinco páginas en blanco que a su vez dialogan con el fondo blanco de la portada, el vacío (con tenedores), y con el mantel de hule que dibuja y pinta: “[…] frutas y carne asada y copas y botellas, todo lo que no tengo. Mi castillo en España es escribir de comidas. Sentarme a la mesa vacía y tapar con la hoja en blanco los dibujos de comidas y escribir de comidas en la hoja.” (3)

Parecería que esas páginas en blanco nos obligan a llenar ese vacío, -¿o dejarlas así y no llenarlas?- o como enuncia Darían Leader en el libro ya citado: “[…] Más allá de la obra de arte está el hueco en el que está basada y el cual evoca”. (75)

Y recordamos algunas palabras de uno de los epígrafes de este ejercicio, aquellas que hablan de “mapa” y de “país imaginario”: “[…] Atiendo en el mantel a los dibujos de comidas. El mantel cae sobre la mesa como un mapa. El primer libro de ese país imaginario es el Espejo de paciencia y ese libro habla ya de comidas.” (6)

El poeta, ensayista y narrador, con una extensa lista de publicaciones, reside en Madrid donde vicedirige el diario digital Diario de Cuba.