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Los flamingos de María Arrillaga

María Arrillaga ha cultivado la poesía, el cuento, la novela, el ensayo y la crítica literaria. Es, además, especialista en Estudios del género. Su trabajo literario ha recibido varios premios y ha aparecido en numerosas publicaciones y antologías, en y fuera de Puerto Rico. Entre su obra se destaca Yo soy Filí Melé, compilación de siete poemarios. En narrativa, Mañana Valentina consta de una novela corta que le da el título al libro así como de una colección de cuentos,En reticencia (Los relatos de Lucinda). Estos textos, novela y relatos,resultaron premiados en cértamenes del Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York y en “Letras de oro”, que auspicia la Universidad de Miami. En el área de Estudios de la mujercabe mencionar sus libros de crítica literariaConcierto de voces insurgentes y Los silencios de María Bibiana Benítez.

La entrega más reciente de esta autora se titula Flamingos en San Juan/Flamingos in Manhattan (San Juan: Ediciones Puerto, 2012,  207 pp.).Estamos ante un ambicioso trabajo bilingüe de textos poéticos e híbridos en los cuales aparece una sabrosa reflexión sobre experiencias, intuiciones e inspiración desde las dos grandes orillas que son San Juan y Manhattan. Trasuntos hay del conocido pueblecito, Woodstock, en el cual la autora echó raíces durante sus años mozos, junto a su hija María Ana, y adonde regresó y estableció nueva residencia a partir de la primera década de este siglo. Como ave migratoria que vuela desde la isla al continente, pasando temporadas en Puerto Rico y en Nueva York, la hablante de estos textos reflexiona sobre el ícono flamingo como punto de partida para su biografía literaria:

Flamingo era exquisito. Exclusivo y con mucha clase, atraía a la Alta Sociedad mayagüezana. Innovador, tuvo el primer letrero de neón en el pueblo, un enorme y colorido flamingo.  (12)

Nos habla de un negocio que abriera su madre cuando la poeta tenía apenas 11 años, sucursal en la Sultana del Oeste de la tienda Flamingo Shop, localizada originalmente en Santurce, cuya propietaria era su prima, Elsa Arcelay. A la muerte de su padre, su madre, química de profesión, estaba lista para un cambio. La memoria mayagüezana del vistoso letrero del flamingo enlazará años después con los flamingos plásticos que como decoración pululan “en las escaleras de escape para fuegos” (14) en la gran manzana. La autora se siente observada por ellos. Recuerda. Conversan. He ahí el nacimiento de un libro.

Dividido en ocho partes, a saber: “Sueños y deseos”, “Libertad”, “Naturaleza y urbe”, “Amistades”, “Madres e hijas”, “Vil seductor”, “Otras seducciones”, y “Sangre”; Flamingos en San Juan/Flamingos in Manhattan es un plato suculento que es una delicia al paladar. El prefacio en español y en inglés, como es la tónica de este libro bilingüe, pauta la biografía literaria como sostén del discurso poético e identifica a María Arrillaga mujer con María Arrillaga poeta, mientras una se nutre de la otra en el anecdotario que ofrece de su familia y de sí misma. Saber el origen es también una manera de descubrir la ruta que marca la vida. Y en ese vaivén de San Juan a Manhattan se abre una gama de reflexiones sobre la nación, la mujer, la intimidad, el desencanto, la literatura, la pintura, el cine, la cultura en general, y todo aquello que hace a la artista plena que es la poeta mayor María Arrillaga.

Desde el mundo onírico interior, pasando por una poesía conversacional y una comparación de dos ciudades como San Juan y Nueva York a través de sus espacios (la Plaza de Armas, Viejo San Juan o el río Hudson en Manhattan), la poeta hermana las dos orillas, no tanto en la vertiente de un exilio dolido como lo fue el de Piri Thomas con sus “calles amenazantes” (64) o Cuando era puertorriqueña de Esmeralda Santiago. Arrillaga habla desde otra coordenada, desde una emigración/inmigración de la mujer que vivió el Nueva York de los años sesenta, como parte de su estética, más allá del espacio del gueto, y ahora como mujer profesional con esa compleja doble mirada del allá y el acá.Ubicada según el lugar donde se encuentre, nos entrega una perspectiva fresca a las nociones de exilio y diáspora profesionales. No se trata del relato agónico del inmigrante que lucha por sobrevivir sino del sujeto que ha podido disfrutar los privilegios de una clase (que nos detalla en el “Prefacio”), afianzado con la dedicación altrabajo y una gran apertura a la diversidad de la experiencia  como “ese ser humano que funciona”, parafraseando versos de su poemario Vida en el tiempo (1974).

Un buen ejemplo de lo antes dicho es “Crisantemos”, en el que la hablante lírica se topa con un ramo de estas flores en un basurero de Manhattan, en la calle 38, Avenida del Parque Sur, para más señas:

Fulgurantes, los crisantemos me hablaron: “Llévanos contigo, existimos sólo para gratificarte”. Quedé estupefacta.  ¿Cómo pudo alguien tirar algo tan bello?  Sí, yacían en un canasto de basura cualquiera acompañados de toda suerte de diversos desperdicios citadinos. (68)

Es también la reflexión de un exilio donde podemos encontrar dondequiera aquello que constituye nuestro anhelo, como había expresado la hablante en un momento anterior del poema: “Había añorado flores por mucho tiempo” (68).

No puede faltar en una obra de María Arrillaga la dimensión erótica que la caracterizó sobre todo en Frescura 1981, uno de sus mejores libros. Poemas como “Una noche sensual y tatuada” de Flamingos en San Juan/Flamingos in Manhattan nos atrapan en las redes del deseo: “Quería que probaras/mi fruta en eclosión”(144). Tampoco podía faltar un texto como “Pequeñeces” que nos habla de la situación de una mujer sobrellevando una relación fallida: “Un dirigible pequeño anunciaba: ‘Sólo otra historia amorosa donde las cosas no salieron bien’”. (162)

Desemboca todo este deseo feliz o fallido en el arte plasmado en el poema final.  “Asesinato en las galerías de Vicente Van Gogh: los dibujos” es un “tour de force” que reproduce láminas de los dibujos tono sepia que la autora visitara en las galerías del Museo Metropolitano en Nueva York. Embelesada ante los trazos ausentes de los vibrantes colores con los cuales solemos disfrutar los cuadros del afamado pintor, los espacios cobraron vida hasta gestar dos personajes: un villano perseguido por alguien que ha sufrido serios vejámenes y va en busca de una revancha. Se inicia una carrera dentro y fuera de los cuadros. Pasamos por las diversas estaciones del año, hacia un final de “ajuste de cuentas”. Estamos ante la gran universal metáfora de la lucha entre el bien y el mal, entre los buenos y los malos. Como en las películas del Oeste norteamericano, el héroe, el bueno, se desquita y obtiene su venganza:

Al fin camino libre

No he sufrido ningún daño

Escapé impune de este asesinato

El mejor tipo posible de asesinato

Un asesinato cometido en papel.  (206)

Como un exorcismo final la hablante nos ha dicho antes en el mismo texto:

Es tiempo de ajuste de cuentas

Mi espíritu asciende

El villano

Será asesinado

Asesinaste mi vida

Ahora yo te asesino  (192)

Y a lo largo de todo Flamingos en San Juan/Flamingos in Manhattan se hace una crónica híbrida entre poesía y prosa poética mediante la cual María Arrillaga nos cuenta su vida desde los once años hasta el presente. Se trata de una memoria rota que ha ido reparando verso a verso hasta entregárnosla más allá de una biografía literaria en una obra de arte consumada.