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Los psicólogos frente a la puerta


moonasi

Moonassi

Todo discurso que se convierte en hegemónico tiene latente el poder de convertirse en totalitario. El conductismo o como se dice recientemente, lo cognitivo-conductual como discurso hegemónico en la psicología ha durado mucho. Más de lo que muchos pudimos imaginar. Ha sido muy efectivo en la coacción sin el uso de la fuerza como dijo Arendt. Utiliza unos dispositivos pedagógicos que en lenguaje foucaultiano, son una coacción con el uso de dispositivos curriculares de homogenización conductista. Desde pruebas psicométricas hasta medicamentos para el control de los afectos. Son unos mecanismos reguladores que ya se producen y reproducen solos, sin necesidad de alguien que dirija y cuyo propósito es la normalización, la maquinaria disciplinaria, la producción de ciertas subjetividades, reducir lo complejo a unas cuantas categorías y el control social.

Debe potenciar nuestro pensamiento, lo que ha ocurrido con la reválida de psicólogos. Se les ha ido la mano a las instituciones pertinentes con la regulación. Esta gestión ha ocasionado que no revalide ningún psicólogo en los últimos años. Esto a su vez ha develado un fenómeno parecido al producido por la ley No child left behind que se ha denominado como Teaching for the test. Fenómeno estudiado por Peter Brooks1, entre otros. Escuché a los psicólogos preguntarse: ¿El currículo, debe adaptarse a la prueba o la prueba al currículo? ¿Cómo nos explicamos que no se haya cuestionado antes esta situación de clara injusticia y arbitrariedad? ¿Será porque esas palabras máscara (medición, conducta, resultados, accountability, assessment, value-added testing) se nos quedaron pegadas a la cara? Recuerdo el título de un ensayo de Wane Au2: No child left untested, closing the door on our kids, en obvia alusión a la ley No child left behind. Como señaló Brooks, se considera al estudiante como un microchip en espera de ser evaluado y procesado por un programa.

El tipo de reválida que se quiere imponer arbitrariamente para reglamentar la práctica de la psicología es una manera de cerrar una puerta que es rito de iniciación para los psicólogos jóvenes más analíticos. Son ellos los que al intentar leer con cuidado las preguntas de la reválida y enfrentar problemas de traducción e interpretación de preguntas engañosas, se les acaba el tiempo y no lo aprueban. La única forma de aprobar un examen simplificador y de corte conductista sería asumirlo de manera afásica y olvidar que todo sistema humano es complejo, polisémico y cambiante.

¿De qué se olvidan los defensores de la psicología canónica? Se olvidan de que sus perspectivas conductistas fueron cuestionadas hace más de un siglo. Recordemos a los filósofos del lenguaje, los del giro lingüístico, aquellos que sugirieron cuestionar de manera irreversible las certezas de que puedan existir identidades sólidas, uniformes, homogéneas. Cuestionaron además unas doxas psicológicas que dicen que es posible medir la conducta humana. López Louro señaló que la ignorancia no es falta de conocimiento, es un tipo de conocimiento. El conocimiento que se imagina el mundo de forma dualista, segmentada, por partes, como procede el destripador. Por ejemplo, pensemos en las nociones: mente-cuerpo, mujer-hombre, bueno-malo. Divorciadas de sus contextos relacionales, históricos, lingüísticos, socio-políticos y de sus sistemas de significación, constituyen un ancla equívoca para grupos fundamentalistas. Es equívoca porque esta lógica de las categorías intenta reglamentar cuerpos que no necesariamente se sujetan a ellas. Estas doxas pertenecen a una lógica hegemónica que dicta lo que es aceptable para estudiarse y lo que no. En este punto es que las escuelas graduadas tienen que luchar por la libertad sin condiciones que propuso Derrida y defender esos espacios excepcionales que componen una universidad. Espacios para la interpretación sosegada de textos en el contexto de los textos mismos y no fuera de contexto hacia visiones mercantilistas e instrumentales del conocimiento.

El punto no es si el estado tiene que reglamentar o no una profesión. Aunque la que escribe está tentada a debatir alrededor de esta aseveración. El asunto es si se va a hacer de forma justa y participativa. El dilema es si el instrumento, la prueba de reválida, presenta en sus preguntas la variedad de conceptos implicados en los distintos programas curriculares de las escuelas graduadas de psicología en Puerto Rico. Recordemos la frase célebre del psicólogo Leontiev quien a principio del siglo xx dijo que las pruebas sólo ofrecían un conocimiento muy superficial de los problemas estudiados. Y es que las pruebas son parte de una definición de conocimiento, instrumental. Es como el intento de hacer un sistema no sistemático para que sea evaluado “adecuadamente”.

Pensemos que una prueba es un rito de exclusión. Se ubica en el contexto del afán psicométrico, de la evaluación y el avalúo, tareas que en Puerto Rico mueven millones de dólares. ¿No es una forma de violencia institucional cerrar la puerta a un psicólogo al final de su larga carrera? Veamos esta biopolítica : Evaluado al entrar a bachillerato, el college, evaluado con pruebas para Estudios Graduados, y al final, después de ocho años de estudio, evaluado con una reválida que le impide ofrecer sus servicios a una población necesitada. Recuerdo un fragmento de Pessoa donde relataba que estaba frente a un muro, esperando que le abrieran la puerta, pero el muro, no tenia puerta.

Para los defensores del afán de medir: ¿Pueden medir ese momento del encuentro existencial con el otro que llega a la consulta? ¿Se disminuye acaso tu incertidumbre cuando diseñas una prueba de selección múltiple? ¿No son múltiples las dimensiones de un fenómeno psíquico? La parafernalia psicométrica, ¿no es una forma de ocluir nuestra responsabilidad ética frente a otro?

Y en esta dimensión ética pienso que aquellos psicólogos que vamos de salida tenemos la responsabilidad de no ser una piedra incrustada en el muro que no tiene puerta y frente al cual están nuestros compañeros.

  1. Brooks, P. (2012) Outcomes. Testing, Learning: What’s at stake? Social Research Vol. 79: No. 3 []
  2. Au W. (2005) No child left untested, closing the door on our kids. Rethinking schools, Vol.19,no.3 []

  • Nina Arrieta Vivoni

    Entiendo el planteamiento filosófico-teórico planteado y su origen epistemológico. Es importante repasar la piedra angular de la teoría de medición en estadística paramétrica y no- paramétrica y la estandarización de instrumentos de medición y las características de una prueba de logro y las demás. Muestras aleatorias, representatividad de la muestra, parámetros como media, mediana y moda, la coincidencia entre el promedio de la población y la media de la muestra, y el significado de error de medición. Y en esta discusión hay que distinguir entre metodología de medición y el contenido de lo medido.
    Si lo planteado es que las competencias de los psicólogos no pueden estar sujetas a la teoría de medición clásica, pues ese sería el final del debate ya que entonces estaríamos hablando de darle un giro fundacional a la manera en que evaluamos los conocimientos y destrezas de l@s psicolog@s puertorriqueñ@s. De otro lado, si queremos estar insertados en la psicología de la medición estadística entonces la discusión estaría abierta a los principios de tentatividad de hipótesis y auto- corrección de los hallazgos científicos. Si de lo que se trata es de calibrar la medición de subjetividades y de procesos subjetivos, entonces tal evaluación de competencias sería congruente con un examen de “boards” a lo ABPP. Si de lo que se trata es de medir conocimientos genéricos, entonces el modelo actual de la reválida sigue siendo el más idóneo.

  • Maribell

    Excelente expresión reflexiva sobre los procesos de medición y muy acertiva sobre la situación real que hoy vivimos todos los psicólogos graduados ante la nueva reválida. Somos seres humanos biopsicosocialespiritual. Me pregunto, esto es medible cuando la conducta es tan cambiante. Entonces donde radica la visión humanista de nuestra profesión ante el hecho que se ha vuelto un negocio lucrativo el reducir los gremios para no saturar los espacios mediante este proceso de los exámenes. He acuñado una frase que me parece meritoria: “Dale poder al mediocre y verás de lo que es capaz.” Namaste……

    • Nina Arrieta Vivoni

      “….dale poder al mediocre”?????? Sí, naturalmente, el mediocre será capaz de extraordinaria mediocridad. ¿Meritoria? ¿En que liga juega usted? En la psología profesional no hay lugar para la mediocridad ni para esperar a que un mediocre prospere y rebase su nivel mediocre. Da la casualidad que las personas que reciben servicios psicológicos esperan servicios de excelencia. Lo que usted ha expresado es un solemne disparate.

      • Mairim

        El paciente quiere servicios de excelencia. No mediocres queriendo dar servicios sin haber revalidado.

  • Atabey

    Excelente artículo! Argumenta puntos muy importantes. El saber psicológico es muy diverso y esto da cuenta de nuestra complejidad como sujetos sociales en un contexto histórico. Yo estudie en varias instituciones en Puerto Rico y luego en Estados Unidos. En mi bachillerato en la UPR, se puede decir que desarrolle mas mi pensamiento crítico. Entiendo que este examen no asume la complejidad de los sistemas teóricos en la psicología y se limita a un cúmulo de conocimientos que hay que desarrollar para “pasar el examen.” A los colegas graduados esperando que se resuelva esta situación, tengan paciencia y luchen por un acuerdo justo para todas las partes.

  • Yudelka

    Extraordinario
    Una explicación excelente fe nuestra realidad actual.

  • Eve

    Para mi, lo ironico del problema de la revalida es que nuestra area de expertise es, precisamente, la medicion. En mi programa graduado aprendi que aunque psiquiatria y trabajo social comparten tareas con nuestra area, la medicion nos distingue. Como es posible que la revalida de psicologia no mida conocimiento correctamente? Que es lo que mide?

  • Amaryllis R. Munoz-Colón

    Muchas gracias por tan excelente reflexión. La misma se inserta en un momento en que se produce un importante debate ante una amenaza a la práctica y a la enseñaza de la Psicología en Puerto Rico: una Junta de Psicólogos que pretende como bien planteas, imponer una perspectiva hegemónica de la disciplina, desde su lectura autoritaria del poder que le confiere el Estado para reglamentar las profesiones y asegurar a los consumidores que los/as profesionales, en este caso los/as psicólogos/as, cuentan con una preparación académica que no es un fraude.

    Vale mencionar que las Juntas de Psicólogos que ejercieron esa labor desde el 1983 hasta el 2012, realizaron su trabajo de manera respetuosa, responsable y a la vez, solidaria con el gremio. Es desde el 2012, que la Junta de Psicólogos de Puerto Rico, comienza a actuar a espaldas de todos/as los que nos dedicabamos a dictar cátedra en la academia o a prácticar la Psicología en diferentes ámbitos, confiando en aquellos/as quienes preferían dedicarse a trabajar en asuntos de política pública o a participar en la Junta. Las denuncias que cayeron en oídos sordos de excelentes estudiantes que no aprobaron la reválida y luego la exigencia de una recertificación compulsoria para todos/as los/as Psicólogos/as que llevamos años en la práctica o en la academia, nos ha obligado a salirnos de nuestos espacios para denunciarlos. Tu trabajo constituye un marco conceptual a las denuncias que estamos realizando ahora más de 160 psicólogos/as con licencia, más de otros cien firmantes compuestos de egresados de programas graduados que no han revalidado y estudiantes sub graduados de bachillerato de todas las escuelas de Psicología del País. La inclusión de psicólogos/as en las denuncias agrupadas por un movimiento autónomo que se ha generado, aumenta, ante la coacción de la actual Junta de Psicólogos que intenta imponer una mirada de la Psicología que parece ser lo que describes: “un muro que no tiene puerta”.

  • Abram Fuentes

    Excelente escrito. Gracias por tu solidaridad.