Inicio » 80grados, Puerto Rico

Los three amigos del aeropuerto


Ernst-Murdering-Airplane

Max Ernst

Si piensa que la firma de los acuerdos entre el Gobierno de Puerto Rico y la Aerostar Airport Holdings Group cierra el capítulo de la privatización del Aeropuerto Luis Muñoz Marín, se puede llevar una sorpresa. Según surge más información sobre esta compleja transacción y sus participantes, más errado y frágil parece ser el famoso contrato de cuatro décadas y más alarmante la madeja financiera/política que la rodea.

En la privatización del aeropuerto, uno de los actores menos examinados es la firma de inversiones estadounidense Highstar Capital, la entidad que financia la transacción y a donde irían el grueso de las ganancias. La Aerostar es sólo la pantalla local de la firma mexicana ASUR y de la Highstar Capital; y ASUR (Grupo Aeroportuario del Sureste) es un operador regional mexicano que viene a Puerto Rico a administrar el aeropuerto en el marco de la transacción (Aerosur + Highstar= Aerostar).

Hablemos de los three amigos del Aeropuerto que son clave en esa madeja: Christopher H. Lee de Highstar Capital, Wayne Berman su cabildero estrella en Washington, y el Blackstone Group donde Berman es un ejecutivo clave. Highstar Capital se autodescribe como una “principal firma independiente de inversiones en infraestructura”. La transacción del Muñoz Marín, la primera privatización de aeropuertos que se consumaría bajo la bandera estadounidense, es también la primera de Highstar en materia de aeropuertos. Su experiencia más cercana ha sido en el financiamiento de muelles, particularmente de terminales de containers o contenedores (ojo Puerto Rico y Puerto Nuevo). Además tiene una inversión secundaria en el London City Airport, un aeropuerto especializado en pasajeros de negocios.

Christopher Lee es presidente de la Highstar. La experiencia de negocios previa del amigo Lee fue en el sudeste asiático con Chase y la difunta Lehman Brothers, luego en el convulsionado mundo financiero de México de los 1990 bajo el presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). En esos años, los contratos brotaban del gobierno mexicano como de un pozo petrolero y la corrupción hizo su agosto. En México, Lee financió varias transacciones de autopistas de peaje para una de las principales compañías de construcción en el país, el Grupo Tribasa. En 1993, Tribasa contrató a Lee como chief financial officer cuando la firma se estrenó en la Bolsa de Valores de Nueva York (donde sus acciones se cotizaron hasta 2001).

Lee era un gringo insider — ¡todo un amigo! — en los años go-go de Gortari. Aparte de gran contratista, Tribasa fue una de tres compañías de construcción que recibieron más de $200 millones en préstamos del gobierno mexicano. La burbuja explotó a fines de 1994, colapso que allanó el camino a la privatización de los aeropuertos mexicanos.  Tribasa casi quiebra durante la crisis, pero la fortuna personal de su presidente David Peñaloza – ¿y quizá de su chief financial officer? — aumentó. Lee se retiró por dos años a una finca en Connecticut.

En 1998,Lee lanza Highstar Capital. La base financiera  de Highstar (y posiblemente su verdadero gestor) fue nada menos que American International Group (AIG), entonces la aseguradora más grande de los EEUU. La firma se conocía como AIG Highstar Capital. La primera transacción importante de AIG Highstar fue en 2007: la adquisición de la firma Ports America. En ese mismo año, Highstar/Ports America obtuvo el control de los muelles de contenedores de Oakland por cincuenta años a cambio de invertir $60 millones y pagar una renta anual. Posteriormente Highland/Ports America celebró un acuerdo en Baltimore para operar por cincuenta años su principal facilidad para contenedores. La participación de Highstar en el London City Airport también viene de los años AIG. Tras el colapso de AIG en 2008 y la crisis financiera que llevó al bailout federal de AIG ($182 billones), Highstar se desvinculó al menos formalmente de AIG.

Antes y después de la tempestad de 2008, el adalid de Highstar Capital en la capital federal ha sido Wayne Berman. Nuestro segundo “amigo” es un cofundador y senior adviser de Highstar, miembro de la Junta Asesora de Ports America, amigo íntimo de Lee y, por encima de todo, absoluto insider de Washington. Berman es famoso en la capital federal como un überlobbyist  o supercabildero. Las credenciales republicanas de Berman se remontan a la elección de Ronald Reagan en 1980, cuando fue un recaudador destacado y miembro de su comité de transición. En los ochenta se dedicó al cabildeo hasta ser nombrado Secretario Auxiliar de Comercio bajo Bush I, donde se desempeñó como representante ante grupos empresariales internacionales.

Berman fue asesor/recaudador clave de las campañas Bush-Cheney 2000; y asesor principal en el comité de transición de Bush II y en la campaña Bush-Cheney 2004. Dato fundamental: la esposa de Berman, Lea, era la secretaria social de Laura Bush y antes fue jefa de personal de la esposa de Cheney, Lynne. Y es un amigo leal. Berman (y, presumimos, sus amigos) aportaron al fondo de defensa legal de “Scooter” Libby, el ex asesor de Cheney; y fue asesor de campaña en 2008 de otro amigo, John McCain. A Berman le ha salido bien ayudar a los amigos. En 2004  Ogilvy Government Relations adquirió las firmas de cabildeo y de consultoría política de Berman, y Berman pasó a presidirla. En 2009, la residencia de los Berman en Observatory Circle estaba valorada en $20 millones.

En junio de 2012 Berman renunció a Ogilvy por una controversia relacionada con la Chevron y su explotación petrolera en Ecuador, y se fue con The Blackstone Group. Unos meses después la Chevron – ¿por conducto de Berman? —  aportó $2.5 millones a la campaña de Romney. Berman probablemente lubricó el donativo de $250,000 de la Aerostar a la Asociación de Gobernadores Republicanos, que a su vez sufragó anuncios negativos contra el candidato del PPD, Alejandro García Padilla. En la campaña presidencial de 2012, y desde su posición estratégica en Blackstone, Berman fue un recaudador de recaudadores (bundler) de Mitt Romney.

Blackstone es nuestro tercer “amigo”; en realidad es un “súper amigo”. Blackstone es la firma de private equity más grande del mundo: en 2011 manejaba activos de un valor de $166.2 mil millones. Sin embargo, debido a la mala reputación que se han ganado los private equity firms, Blackstone prefiere describirse como una “firma de bienes raíces”. Blackstone había sido el principal cliente de Ogilvy. Después de Blackstone, los clientes más importantes de Berman en Ogilvy eran la Chevron… y nada menos que la propia Highstar Capital, en la cual Berman es inversionista y uno de sus dos socios principales. Chevron y por supuesto Highstar siguieron a Berman a Blackstone. Los servicios de Berman en Blackstone se relacionan con “asuntos de monitoreo relacionados con seguridad portuaria, financiamiento de transportación y desarrollo de puertos”. Blackstone es genéticamente una firma republicana, pero se está haciendo amiga también de los demócratas.

Las firmas private equity son lo que se conocían en los 1980 como los  corporate raiders… lo que era Bain Capital, la famosa firma de Mitt Romney. Compran empresas, cierran divisiones y despiden empleados; inflan el valor en papel de la empresa mediante mecanismos de financiamiento con bancos y firmas aliadas yla sobrevaloración en los libros; promueven la especulación para lograr un aumento artificial en el valor bursátil de sus acciones; y luego venden a otra firma que espera hacer lo mismo y lograr aún mayores ganancias. Por supuesto, existe un conflicto de interés entre administrar las inversiones de otras  personas y ser dueño o socio de las firmas donde esos fondos se invierten. La desreglamentación financiera ha permitido eso y mucho más.

El ambiente para la piratería aérea corporativa está propicio. Las implicaciones del sequestery de todo el panorama fiscal federal para los aeropuertos de los EEUU (y para la propia FAA) son inmensas, ya que se plantea el despido de controladores de tráfico aéreo, una reducción de vuelos y por ende de ingresos por pasajero para los aeropuertos. Esto ejercerá mayor presión en la FAA  y en los aeropuertos a reducir personal y buscar otras fuentes de financiamiento. Es un apretón fiscal que, aunque artificial (por el rechazo a aumentar impuestos al 1% más rico) y probablemente temporal (porque una reducción drástica no se podrá sostener),bien puede llevar a más y más aeropuertos a la desesperación. Y ahí, por supuesto, estarán nuestro tres amigos, Lee, Berman y la Blackstone,y susamigos, prestos a prestar.