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Maripily y yo


Para Mayra, Mari, Mariyo, Nancy, Dani,
Nacho, Israel, Noel, Rafah y Ricardo,
esta conversación extendida…
Svenerà quest’empia voglia
l’ardir mio, la mia costanza,
perderà la rimembranza
che vergogna e orror mi fa.

- Lorenzo da Ponte, Così fan tutte

Subo por la Calle San Francisco siguiendo el cortejo fúnebre de Lolita Lebrón. Tengo el corazón apretado pero no es por su muerte, mucho menos por su vida. Lolita Lebrón –nombre al pensamiento grato– es la mujer puertorriqueña más importante del siglo veinte. De sus muchos y considerables logros, uno en particular merece especial alabanza: el día primero de marzo de 1954, junto a tres compañeros, Irving Flores, Rafael Cancel Miranda, Andrés Figueroa Cordero –nombres al pensamiento gratos– tiroteó el Congreso de los Estados Unidos de América, el mismo congreso que, nueve años antes, avaló un acto de terrorismo en el que liquidaron en un instante a más de doscientos mil seres humanos con dos bombas atómicas.

Tirotear el Congreso. Pero, ¿quién más ha osado hacer eso? Proclamémoslo a voz en cuello: únicamente los puertorriqueños. La vida de Lolita Lebrón me es motivo de celebración y no es por su partida que, subiendo por la Calle San Francisco, se me aprieta el corazón, sino porque, y odio a muerte admitirlo, en este cortejo fúnebre somos pocos. Hoy, día en que el país debería estar paralizado, en que millones de puertorriqueños deberían producir la crisis de tránsito más terrible en toda la historia de San Juan, se me aprieta el corazón porque en la Calle San Francisco no estamos todos los que deberíamos estar.

Eso no es lo único, ni es lo peor. Lo peor, lo imperdonable, lo asqueante, lo que retuerce las fibras íntimas de mi existencia, es que en las portadas de los periódicos y en los programas de radio y televisión se ignora este funeral y solamente se discute un asunto: Maripily se divorcia de Alomar. Lolita Lebrón, nuestra heroína absoluta, queda indignamente desplazada de la atención colectiva por esta cosa llamada Maripily.

La nomino “esta cosa” porque cuando digo “Maripily” no estoy hablando de un ser humano sino de un producto, una marca, mercancía en fin. No conozco nada de ese ser humano nacido como María del Pilar Rivera. Repito aquellos versos de Ernesto Cardenal, “una empleadita de tienda/ que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine” (Oración por Marilyn Monroe) e intuyo que esa podría ser la historia de María del Pilar Rivera. No obstante, como el resto de mis conciudadanos, lo único que conozco es la “mercancía”, el “producto”, Maripily.

No deja de sorprenderme la atención que le dan los medios a esta banalidad. La estupidez de Maripily es la orden del día y los meses y los años. Los más insulsos detalles de sus noviazgos, maternidad, negocios, atiborran la prensa. Ni sus historias más escabrosas –el novio que se suicidó tras una conversación telefónica con ella– impiden que siga vendiéndose sonriente en los medios.

Una entrevista reciente –y esta entrevista tiene material para mil ensayos críticos– le da coherencia a toda esta necedad. Maripily, acompañada de una foto en la que se le marca fuertemente el pubis, declara:

Ya yo estoy acostumbrada a hablar de mi totín como yo le digo a eso. Lamentablemente eso es algo que yo llevo ahí y tiene la forma que tiene…pues por eso mi papá cuando yo era chiquita no me dejaba usar bikini o me ponía bikinis con falditas porque se me marcaba mucho. De nacimiento es así, eso no es cuento y eso no es nada. Yo soy feliz así y lo único que me tienen que retocar en las fotos es eso ahí porque es muy grande….El Molusco [locutor radial] iba a decir las mismas expresiones que diría cualquier hombre, porque él es hombre, y los hombres sienten y padecen. Es como cuando ven una foto así en Playboy, qué van a decir ‘wao que clase de cho…’ Ya yo estoy acostumbrada hablar de mi vagina, cho… o tot… A mí no me está malo porque él dijo la verdad, qué clase de tot… Pues y está ahí puesta y se la goza el que se case conmigo.  [El Vocero, 21 dic 2011]

Leo esta declaración y pienso en las mujeres con quienes me crié, mi madre, mis abuelas y mis tías, que jamás, pero que jamás, se hubieran expresado de esa manera, por lo menos no en público. Mujeres de campo, mujeres de clase trabajadora, mujeres de modesta escolaridad, esas mujeres férreas con las cuales me crié en los años cincuenta y que conformaron mi primer imaginario de “La Mujer”, eran pulcras de palabra y de gesto y tenían como altos valores el pudor y la intimidad, eran mujeres que entendían el decoro y la modestia como virtudes imprescindibles, sin ñoñerías ni mojiganguerías. Medio siglo después de terminada mi privilegiada niñez leo estas palabras de Maripily, que provocan el epíteto de “mujerzuela” de parte de un amigo sevillano, y pienso que de alguna manera esas indeseables palabras de Maripily resumen la triste historia de nuestra segunda mitad del siglo veinte, el soez desenlace de nuestro colonial camino hacia la modernidad: la patria como mujerzuela.

Ignoro cuán fuerte es decirle “mujerzuela” a una mujer en Sevilla, pero en Puerto Rico el epíteto es impensable; ni a Maripily se le llamaría así, por un asunto de compasión, cortesía, humanidad. Al mismo tiempo, el epíteto me parece ser justo, muy exacto, y me debato entre si Maripily es la pobre “empleadita de tienda [que] soñó con ser estrella de cine” o simplemente una infame “maldición”, como me la señala una amiga sanjuanera. Las deleznables fotos navideñas que se toma junto a su padre y a su hijo son francamente indecentes, y me pregunto qué puede haber en esa cabeza que no le permite posar para una foto familiar, ni siquiera con su nene, sin emplear el vocabulario pornográfico: pierna levantada sobre el grupo familiar para mostrar el muslo desnudo, senos derramándose por la cabeza de su hijo, manos de padre agarrando las caderas de su hija, carne en prostíbulo. Asco.

Esa exhibición del pubis lycrado de Maripily me disgusta por ser producto de la censura, de la negación de toda capacidad para el erotismo. La lycra ajustada sirve para disfrazar el despliegue de pornografía en un medio masivo de comunicación. Nos obliga a concebir lo erótico como lo hacía aquel personaje de Buñuel en El fantasma de la libertad que sólo podía acceder al erotismo en presencia de la represión: los curas. El vocabulario pornográfico de Maripily es convencional, pubis totalmente afeitado (aquí disfrazado/censurado tras la lycra azul) en primer plano, el mismo que Shakira utilizó en su vídeo de la loba, animal-hembra enjaulada a causa de su incontrolable estado de celo, su sexualidad reprimida y degradada a la de animal salvaje, su esencia biológica necesitada del control patriarcal.

La reciente insistencia en “pulir” los pubis femeninos, tal como lo demuestran Maripily, Shakira y compañía, por un lado, y la industria de la pornografía, por el otro, anula uno de los encantos del cuerpo femenino, la inagotable variedad del vello púbico, en textura, color, conformación. Esta individualización queda estandarizada, depilada para un mejor consumo masivo. Me es significativa la reacción de mis estudiantes a una obra de Hannah Wilke, una foto en la que la artista aparece desnuda, arrinconada en el piso con sus piernas bien abiertas, rodeada de objetos varios, entre ellos, armas de fuego.  La foto lleva un texto: “What does this represent? What do you represent?”. Mis estudiantes varones no pudieron bregar con esa obra: el pubis de Wilke no estaba afeitado, por lo cual tenían dificultad en observar la imagen. Me pregunto si el erotismo hoy está ya tan mercantilizado que no podemos concebirlo sin la estandarizada escenografía, música, aromas, iluminación, vestuario, utilería, cámaras, afeites, porque ahora resulta que para hacer el amor hay que comprar y consumir, el acto erótico validado únicamente por la transacción comercial, la mercancía.

A Maripily se le adjudica una falta de inteligencia que ella, inteligentemente, explota como parte necesaria de su negocio. De que no es tonta no hay duda, y una declaración en particular me lo confirma:

El que me conoce sabe que soy una mujer muy saludable y que me cuido como nadie, por eso me preocupo de los que están al lado mío. Me pasó con mi hijo cuando regresó a vivir conmigo. Llegó gordo con una pipa llena de celulitis y lo puse a hacer ejercicios de inmediato, a hacer deportes conmigo y a comer comida de la casa no de fast foods.  [El Vocero, 16 dic 2011]

Con agudeza asesina, aquí Maripily echa mano del viejo e infalible truco —titubeo si añado “femenino”— de acusar sin señalar, pues lo que en realidad ella quiere que sepamos es que el padre de su hijo, irresponsable e ignorante como todo padre, no lo alimentó, pero ella sí, porque como toda mujer, es una excelente madre. Atenta a superar el daño que le ha causado el señalamiento de la prensa de su abandono a su hijo durante meses, lastimada por las sospechas de que su estilo de vida produce maltrato a su hijo, Maripily desvía la atención a sus acciones disfrazando su cobarde ataque al padre de su hijo con una declaración de guerra a la celulitis (¿precoz?) de su niño. El padre, único miembro de su círculo que al parecer le ofrece alguna estabilidad familiar a su hijo, queda en entredicho, por constituir la contradicción amenazante al inmoral espectáculo maripilesco de “La Buena Madre”. Bajunamente, Maripily no saca al perro pero muestra la cadenita.

Simone de Beauvoir describió esta situación con gran exactitud: “la mujer ‘se revuelca en la inmanencia’, tiene el espíritu de la contradicción, es prudente y mezquina, carece del sentido de la verdad y de la exactitud, no tiene moral, es bajamente utilitaria, embustera, comedianta, interesada” (El segundo sexo, vol. 2, cap. 6). Beauvoir aclara que lo anterior es producto de una situación de desventaja, no de las hormonas o el cerebro femenino. O para decirlo de otro modo, que no hay razones para mantener ese estado de cosas pues no es ni biológico ni natural, tampoco una fatalidad, sino un reto.

Subiendo por la Calle San Francisco, me vuelve el recuerdo de la primera vez que vi a Lolita Lebrón. Fue en un noticiero fílmico que reseñaba el ataque al Congreso y el arresto de los cuatro puertorriqueños. La intensidad de las caras de mis compatriotas es indescriptiblemente conmovedora. Llevo siempre conmigo ese momento epifánico en que Lebrón, impecablemente ataviada con un vestido diseñado y cosido por ella para la ocasión, justo antes de declarar que no se arrepiente de luchar por la libertad de su pueblo, se toma unos segundos para arreglarse una de sus pantallas. Con ese gesto Lolita Lebrón me regaló mi segundo imaginario de “La Mujer”: La Mujer es una persona que tirotea el congreso de la nación más poderosa del mundo y después, como si tal cosa, se arregla las pantallas.

Ante esto, ¿cómo tener algún respeto por Maripily cuando mi imaginario de entrada la excluye por ser ella la negación de todo lo que entiendo por “Mujer”? No obstante, me niego a unirme al coro de los que la desprecian. Pienso que toda esa fiesta de burlas que Maripily genera sólo admite una explicación: el autodesprecio. Maripily es la intolerable encarnación de todas nuestras miserias, inferioridades, carencias. Nuestro reconocimiento de que ella nunca será más que un chiste de pésimo gusto es también nuestra certeza de que nos hemos derrotado nosotros mismos, de que nunca pasaremos a ser más de lo poco que hemos decidido ser, este “intento de vida” en que los puertorriqueños decidimos existir. Mofarse de Maripily nos protege del duro reconocimiento de que Maripily somos todos, despreciarla nos protege de tener que reconocer que hemos trabajado nuestra propia y obscena incapacidad.

Ante esa tan infeliz foto de Maripily, deseo que los puertorriqueños recordemos a verdaderas mujeres como Lolita Lebrón, que nunca tuvo que mostrar sus genitales para existir, que demostró que una empleadita de tienda puede aspirar a ser algo mucho más inmenso que una mísera estrella de cine, que dio cátedra de que es posible desafiar el poder aún con las pantallas en su sitio, que nos enseñó que unidos podemos trabajar por una vida en dignidad…ah, pero última hora, Maripily tiene Bentley nuevo…

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  • MIGUEL

    Y EL PERFECTO EJEMPLO DE UNA MUJER BALANCEADA LO ES ?

  • El anónimo más anónimo

    No sé, llamar “misógino” al artículo es afilar demasiado el lápiz. Cuando uno va a analizar en un foro más o menos académico un elemento de la cultura de medios masivos se corre el riesgo de ser incapaz de decir algo serio; pasa con los análisis concienzudos de conjuntos de salsa, de celebridades de Youtube, de reguetoneros, de idiotas nuestros de cada día, etc.
    El punto de Nelson podrá ser noble, pero sobre todo es sencillo: a la masa que gira alrededor de los medios y los chismes les encanta sentirse superiores de “esta idiota tetona”, cosa que denigra lo que haya de humano es Maripily y en nosotros. Y punto. Querer analizar las posibles implicaciones de las oraciones del textos para probar que hay misoginia o anacronismo “is missing the damn point”.
    Cada uno tiene su definición de “feminidad” y “masculinidad”, cosas que, obviamente, no tienen una definición real. En el caso de los estudiosos de “identidades de género”, esas definiciones son más barrocas (y, quizás, ridículas), aunque más liberadoras (cosa que las redime). Bah, que a mí tampoco me gusta que me digan cómo mirar cuerpos: si me gusta afeitao, ¿qué? Pero decir que el artículo es escandalosamente prejuiciado y machista es un acto, en el mejor de los casos, de tontería y, en el peor, de mala leche.

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  • SRR

    Este articulo esta hecho en tono irónico… verdad?

    • SRR

       Me niego a creer que Nelson escribió algo así en serio

  • imm

    Esta oración me parece de lo más sexista (y no pertinente) que he escuchado en mucho tiempo:  “La reciente insistencia en “pulir” los pubis femeninos, tal como lo demuestran Maripily, Shakira y compañía, por un lado, y la industria de la pornografía, por el otro, anula uno de los encantos del cuerpo femenino, la inagotable variedad del vello púbico, en textura, color, conformación. Esta individualización queda estandarizada, depilada para un mejor consumo masivo. “

  • Ameto

    Un performero provoca. Desatar todo un debate en lenguaje académico con Maripily como eje, marvelous!! Nelson, mis respetos;….. a menos que esto sea en serio.

    PD. Maripily sí es una godzilla en tanga!!! No digan que no ven televisión como algo bueno, that is soooo 1998!!!
    PPD. Me imagino que todoas loas que están aquí abajo acabarán votando por este partido.

    • Lilliana Ramos-Collado

      Pues, no, no veo televisión. De niña tampoco la veía. No sé si es bueno o malo, simplemente prefiero leer y escribir, conversar y pensar. O es que ahora tengo que ver televisión porque si no veo soooo 1998?!?!? No, no votaremos por este partido. Y eso no tiene nada que ver con la televisión. 

      Lo de Godzila, no sé si te diste cuenta, se refiere al tamaño monumental del monstruo japonés, y no a otra cosa. Y pienso que Godzila se vería monumentalmente ridícula en tanga, tan ridícula como la Maripily gigante que Nelson se ha inventado. A lo mejor ahora me entiendes…
       
      Hmmm, siempre me intriga la gente que entra en debates pero no firma con su nombre… Y tú quién serás? Para ser tan anónimo, eres bastante despótico. E ilógico. Dime, qué tiene que ver el aburrimiento que siento ante la televisión y votar por este partido?

  • Maravercam

    el problema no es maripily sino la seleccion de ella para ser encrustada en los medios de comunicacion. la masificacion de su personaje que parece irreal. no dudo que hayan muchas maripilys no tan solo en estos tiempos, sino antes. Asi tampoco dudo la existencia de heroinas diarias…

  • Javier Avilés

    Este artículo es uno de los más grandes favores que le han podido hacer a Maripily, queda tan decididamente incrustada en el discurso que al final la “gesta heroica” de Lebrón queda opacada como irrelevante. La visibilidad conceptual permanente es el sueño de los productos en esta etapa de velocidad del Capital: la mercancía deviene sujeto gracias a la magia de la gramática de las esencias que le da coherencia interna al argumento de Nelson. Creo percibir en los comentarios de Liliana Ramos la sugerencia de que el mejor antídoto contra el virus Maripily sería el silencio, una epidemia de silencio que la borre de la pantalla del presente. Lo más triste es que al final de la lectura prevalece la imagen patética de Maripily bailando la danza de los siete lycras sobre la tumba fría de Lebrón. Maripily no somos todos, más bien es la demanda de cierto ethos masculinizante lo que la construye así, el agotamiento del porvenir.   

  • 80grados

    Sólo para aclarar que nadie ha moderado ningún comentario.  No se ha editado ni una coma en ningún caso de este debate.

  • Nancy E. Rivera Rivera

    Acabo de leer la continuación del debate que ha provocado el artículo y han despotricado contra Nelson, fuertemente. Nelson señala el hecho de que Maripily se convirtió en objeto. Objeto de consumo. Y que nosotr@s nos hemos convertido en lo…s consumidores. Me pregunto si la reacción sería tan visceral, si en lugar de señalar a Maripily, hubiese señalado a Julián Gil. Para nuestra suerte él se nos salió de la cara hace un tiempo. Creo que se quedaron en la palabra “mujerzuela” y la sacaron del contexto en que fue escrita.  Creo que no terminaron el artículo. Nelson termina diciendo: “Mofarse de Maripily nos protege del duro reconocimiento de que Maripily somos todos, despreciarla nos protege de tener que reconocer que hemos trabajado nuestra propia y obscena incapacidad”. Me resulta hasta cómico que despotriquen contra él tan fuertemente y que a la vez hagan tod@s la salvedad de distintas maneras, pero expresando lo siguiente: “Maripily no es de mi agrado”. Probando exactamente el punto del autor. 

    • Lilliana Ramos-Collado

      Esa frase, Nancy, está aislada y no se basa en el argumento anterior en el texto de Nelson. No es cierto que Maripily seamos todos. Yo sé sobre ella gracias a Nelson pues no veo televisión ni consumo la prensa. Mi enajenación me salva. El hecho de que Maripily no me agrade (o que me caiga mal, por ejemplo) es un comentario que se dirige a su persona en cuanto tal. Las aseveraciones de Nelson son genéricas, y solo de manera falsa se le atribuyen a Maripily como una especie de anti-ícono. No somos incapaces todos, lo siento. Este tipo de generalización le añade drama al argumento (todo/nada… todos/ninguno). ¿Qué se supone que hagamos con ella? ¿Lincharla? ¿Colgarla en público de su propia Lycra? Esto es como las catilinarias de Cicerón, un discurso incendiario que como no puede resultar en una acción asesina (el asesinato es un delito grave en Puerto Rico), no logrará nada más tú y otros lectores digan que sí o que no con la cabeza mientras leen el texto en 80 grados y lo discutimos entre intelectuales más o menos serios.

      El tipo de argumento maniqueo de Nelson repite la estructura del melodrama, una estructura narrativa que siempre se está bandeando entre el Bien y el Mal. Es este melodrama de los “todos” y los “incapaces”, y, por inferencia, de los “nadies” y los capaces” lo que revela la falta de profundidad en el análisis del “fenómeno Maripily” que hace Nelson, que ciertamente no es una persona, sino el síntoma aparentemente sencillo de una situación social de una complejidad que alguien debiera comentar: estamos secuestrados no por Maripily, sino por los medios de comunicación, que en Puerto Rico son singularmente enajenantes, razón por la cual debemos enajenarnos de ellos.  

      Comparar a Maripily con Lolita Lebrón es el primer distractor, la falacia lógica de chinas=botellas. Maripily sólo representa al país en el argumento de Nelson, no en la realidad, del mismo modo que Lolita Lebrón no tenía como propósito político estar bien vestida. ¿Por qué Nelson las compara? Para hacernos botar fuego por la boca de la patria. Este tipo de escollo en su argumento es el que impide que lleguemos al meollo de por qué existe, en la mediasfera, este falso sujeto que se llama Maripily. Lee bien, Nancy, y verás cómo la secuencia de pruebas en el argumento de Nelson salta de una cosa a la otra y de cómo en su estructura lo que hace es comparar constantemente chinas con botellas. Las chinas no son botellas y las botellas no son chinas. A fin de cuentas, este artículo hace que los todos que se mofan se sientan incapaces de defender el país, que cada cual sienta que lo que hace no es suficiente, y para ello Nelson exagera de forma increíble la importancia de Maripily. Da la impresión de que Maripily es más importante para Nelson que Lolita Lebrón, pues acusa a Marilipy de robarle el show a Lolita!  ¿Debió quedarse en su casa Maripily el día del entierro de Lolita Lebrón?  

      Maripily no es una Godzila con tanga de Lycra, sino una muñeca de la publicidad, tan importante como los Cheetos, Subway o Burger King. Basta con biocotear el producto: no compres El Vocero ni Primera Hora. Cancela tu subscripción y pon una nota al editor de que te molesta la atención excesiva que se le da a esta persona. El editor se mofará de ti pues, como sabes, los periódicos no viven de las subscripciones, sino de la venta de anuncios… :-)

  • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

    A mi me gustó mucho, pero mucho esta entrada que hace Verónica RT en su blog, el 12 de noviembre de 2010 y al cual me suscribo. También disfruté las reacciones a este ensayo de Beatriz Ramirez, Nancy E. Rivera y Lilliana Ramos, mi solidaridad a todas.  Yo pensaba que algunas de estas cosas ya estaban resueltas en algunos espacios, soy un iluso. 
    http://www.mujeresenpr.com/2010/11/exclusivo-maripily-en-este-blog.html

  • Lilliana Ramos-Collado

    Es la primera vez que veo tantos comentarios editados por un moderador… ¿Algún moderador moderó el texto de Nelson? Tiempo igual e igual libertad de expresión estarían bastante kool… si lo que se quería era debate… pues… que el debate corra su curso.

  • Lilliana Ramos-Collado

    Este artículo me ha dejado sorprendida. Comprendo la indignación de Nelson, pero no su actitud policial contra el cuerpo de la mujer, su “mano “dura contra” el Lycra. Siempre pienso que la prostitución existe porque hay demanda, y siempre me he preguntado por qué sólo la prostituta (que se vende) es la única culpable y nunca es culpable el que la compra. En el caso de las drogas, tanto el vendedor como el comprador son culpables. En este artículo no hay suficiente énfasis en cómo los medios de comunicación y la publicidad están haciendo esta venta públicamente, y no me cabe duda de que la vestimenta de Maripily es diseñada por un grupo focal. 

    Por otra parte, da la impresión de que el procerato femenino criollo debe ir “bien vestido”, con “modestia” y recato porque la patria lo requiere. La patria no es una iglesia que exija un dress code, y me gustaría recordar aquí cómo a Sila María Calderón siempre se le comenzaba a describir por su ropa, y nunca por su trabajo. Hasta que Sila se hartó de esa estupidez, de exa exigencia de que lo más importante de la mujer es su aspecto.

    Aunque simpatizo con denostar a Maripily, no participo en absoluto del sexismo y la misoginia evidentes en este ensayo. Quiero recordar aquí una famosa frase de Margaret Atwood: “La chica que se define a sí misma por su bufanda marca Hermes, puede perder su identidad en un incendio”. Le ocurriría lo mismo a la chica Hermes y a la Chica Lycra, no?

    Hablar del recato y la mesura en el vestir femenino como paradigma moral e indispensable para la bienandanza de la mujer hoy en 2012, es volver atrás a los días cuando Jean-Jacques Rousseau, hablaba de Sofía, la Mujer (“Emilio, o de la Educación”) y le decía que tenía que esperar siempre el aplauso de los hombres ante su “virtud”; hanlar de recato es forzar a la mujer a convertirse en espectáculo dedicado a la aprobación de la mirada masculina. Como decía ese hombre sabio John Berger: la mirada masculina obliga a la mujer a dividirse en dos: debe mirarse como la miran los hombres y como se miraría ella para confirmar que se vé como los hombres quieren que se vean. Y Ovidio, el famoso poeta latino del siglo I antes de Cristo, advertía a la chica que quería ser considerada como deseable y respetada: “Cierra la puerta del cuarto. ¿por qué mostrar una obra incompleta?” es decir, “mamita, no salgas a la calle sin la ropa apropiada y sin maquillaje, porque no serás aceptada”. Hace siglos que las mujeres no venimos al mundo esperando el aplauso encomiástico de los hombres por la forma en que vestimos. Sobre todo, de su aprobación de la combinación de falda y lipstic. Y menos llevar el vestido apropiado para hacer patria. Por algo, en los early 70s las feministas quemaron sus brassieres. Quizás en la quema del sostén haya un anticipo de la libertad frontal de Maripily y su desafío de la fuerza de gravedad, y de las leyes de Newton. 

    Nelson, estás del cará’. Tanto que estoy a punto de sentir que Maripily es una víctima de esos hombres, que como tú, sólo la aprueban si asume cierta manera de vestir (¿que más da Jones New York que Zara?)

    Y si quieres atacar a Maripily, por favor, que sea con argumentos del siglo XXI. Ataca a los fabricantes. Piensa que Maripily es como una Pandora. El culpable es Epimeteo, quien la fabricó y le dio la famosa caja con todos los males, y no la pobre chica hermosa que poseía todos los dones…

  • Beatriz Ramirez Betances

    Hay tantos argumentos misóginos en este artículo que no sé ni por donde empezar. ¿Lolita Lebrón es un modelo de mujer porque su activismo no afecta su femeneidad? Y la que es activista, o militante, o guerrillera, si no es femenina ¿no es una mujer de verdad? O ¿no es una buena mujer?

    ¿Es que todas tenemos que ser Tania?

    Entonces, ante la indiferencia del resto del país al deceso de Lolita, ¿buscamos de chivo expiatorio a la puta más puta? ¿Cómo es que somos todos Maripily? ¿Qué hace Maripily que sea, realmente, más ofensivo que lo que hace una Ygrí Rivera, por ejemplo? ¿O lo que hace, porque salgamos del esencialismo de género, un Daniel Galán Kercadó, secretario de Recursos Naturales que en vez de proteger violenta nuestro medioambiente?

    ¿O es que es más dañino ser puta que destruir la UPR o nuestros recursos naturales?Aquí hay una prescripción de cómo debemos ser las mujeres para merecernos el respeto (!), una prescripción de qué es lo que somos como país. Somos una ramera, metáfora ya usada en otros discursos algo añejos que denota un desprecio hacia la mujer que se sale del parámetro patriarcal de venderse sólo a un hombre único. Porque ¿cuál es la diferencia entre una ramera y una que no lo es? ¿Cómo utiliza su cuerpo o con cuántos? Y eso, realmente, ¿a quién le debe importar?

    Los niveles de misoginia de la metáfora y el reduccionismo de la situación de Puerto Rico en la misma, además de ofensivos, no son útiles para percibir la complejidad de nuestra situación.

    Nuestros problemas van mucho más allá que un asunto de status, con lo que no digo que el status no sea un problema. Pero hay muchos otros factores; el término narco colonia, que se ha usado ya por ahí, comienza a describirlo. Reducirlos a que estamos jodidos porque al ser colonia somos una gran puta es patético. Pero es ofensivo un argumento que pretenda prescribir cómo debe ser una mujer, cómo debe ser una mujer merecedera de admiración y cómo debe ser una patriota. Y si Lolita hubiera sido digamos, ‘marimacha’ (por usar un término cargadillo), ¿no sería merecedora de admiración? 

    Hay muchos, pero que muchos problemas con lo que argumenta el artículo y no me parece que sea uno que aporte observaciones positivas ni para nuestra situación como país ni para nuestra situación de desigualdad y violencia de género.

    Lo que sí es bueno es constatar que todavía persisten estos prejuicios y estereotipos para no caer en la complacencia y seguirlos debatiendo.

    • Lilliana Ramos-Collado

      Uepa, Bea! :-)

  • Mpadil

    Aunque vivo bastante alejada de la televisión local y no estoy al tanto de los chismes de farándula, el artículo me parece un tanto bulgar y clasista.  Yo soy mujer, y no me dejo definir por ningún diccionario, por ninguna iglesia, partido, o por ningún hombre. Si Maripily tiene tanta fama es porque su forma de ser atrae a mucha gente. Aunque yo forme parte del grupito minoritario que está pendiente a otras cosas, no veo bien que se insulte a la mujer que le gusta enseñar su cuerpo, ya sea porque tiene esa necesidad de reconocimiento, o porque ha encontrado que gana muy buen dinero de la manera en que se conduce. Existen hombres que van por la misma línea (se me ocurre un tal Julián Gil) y con ellos nadie se mete. Esa vaina de que la mujer tiene que ser pulcra y casta, me parece una forma disfrazada de opresión hacia la mujer.

  • Kinopr Garcia

    Mari Mari excelente, una escritora sagaz e incisiva con un mundo por delante.

  • Guest

    Quien tiene la culpa de que seamos expuestos a esta vulgaridad, pornografía… ella o los medios?!  Estoy cansada de ver este tipo de cosas y a la vez horrorizada porque hay toda una nueva generación desarrollandose, incapaz de discernir entre lo aceptable e inaceptable. Si ella no le importa arrastrar su moral, pues que lo haga. Pero los medios no deben continuar apoyando y el publico menos!

  • Lydia E. Sosa Ramos

    LolitaLebrón, un orgullo patrio. Lo peor es que los de la prensa le den tanta importancia a quien no la tiene, sólo por vender una revista o que vean un programa de tv, pero en eso se refleja la calidad  de los que se dicen “prensa” tanto como los que la auspician.  Con este artículo -casi ensayo- se debe sepultar ese producto llamado… (no puedo ni escribirlo), ya es tiempo de cerrar ese tema… que nos pone en vergüenza patria. Ponerle un candado y tirar la llave al fondo del mar:  Caso Cerrado.  

  • pocillonegro puya

    Si Maripili le dispara al congreso, aunque vista ese atuendo de lycra que le marca, como diría Radamés Sánchez, la bollancubilidad, ¿sería la mujer más importante del siglo veintiuno?

    • Lilliana Ramos-Collado

      Genial…

    • http://www.facebook.com/profile.php?id=791410650 José Eugenio Hernández

      bastante poco probable el ejemplo

  • Mayra Aguilar

    Como dijo Eugenio María de Hostos: “El movimiento social directa o indirectamente es siempre determinado por acción o reacción de la mujer, por impulso visible o invisible de mujer, por influencia buena o mala de la mujer.” A mi Maripily no me representa como mujer puertorriqueña. Me quedó con Lolita y la misma indignación que sentí el día de su entierro y ví en las primeras planas de los periódicos que la maldición de Maripily era la noticia del día mientras ignoraban a nuestra mujer más valiosa del siglo XX.  Nelson Rivera ha sido muy elegante y considerado con Maripily en su escrito, yo sólo podría referirme a ella con una vulgar palabra de cuatro letras…

     

  • Nancy E. Rivera Rivera

    Ciertamente, hay distintas formas de habitar el género femenino y a estas alturas no
    necesitamos que nadie venga a decirnos cómo hacerlo.  Igualmente cierto es nuestra necesidad de liberarnos de los fundamentalismos y de las imposiciones del patriarcado.  Muchas veces he escuchado la cita de Gandhi, que dice lo siguiente: “No merece la pena tener libertad si no conlleva la libertad para equivocarse. Supera mi comprensión como los seres humanos, por muy experimentados y capaces que lleguen a ser, puede disfrutar en privar a otros seres humanos de ese precioso derecho”.  Ese derecho le pertenece a todos los seres humanos.  Marypili no es menos merecedora de ese derecho.  Ese derecho lo posee, ejerce y supongo que disfruta, como todos los seres humanos.  Este derecho no distingue género, condición social, religión…  Ahora, Marypili no rompe patrón alguno.  Simplemente ejerce su derecho a convertirse en un objeto de uso y consumo.

    • Lilliana Ramos-Collado

      Este comentario, Nancy, sí me pareció acertado, fíjate. No el otro que hiciste después. Le atribuímos demasiada voluntad a Maripily, o decimos que es una gansa. No. Es simplemente alguien disponible. Antes lo fue Iris Chacón. It’s a job. Y como dice Beatriz Ramírez, están ocurriendo en Puerto Rico atrocidades mucho mayores que el avistamiento de las partes pudendas delineadas por la lycra que usa Maripily. Cuando comenzó la lucha contra el gasoducto, por ejemplo, no recuerdo a Nelson uniéndose a la marea cibernética. Y si lo estuvo y no lo vi, lo siento, Nelson. Pero no te recuerdo tratando de salvar el cuerpo de la patria, sus colinas, sus valles, sus cuerpos de agua, su mar. Ese cuerpo es mucho más importante que el cuerpo de Maripily. En eso concuerdo totalmente con Beatriz Ramírez. Aunque, francamente, cada cual debe luchar por lo que le interesa, no? Tengo —fíjate, nancy— la idea de que Nelson no era consciente de las consecuencias  de su argumento. Esa es mi ficción personal. Nelson es un amigo mío MUY querido, y esto me tiene verdaderamente sorprendida.

  • Miasolea

    Buen comentario! Aunque un poco confuso, afeitarse en el Trópico no es un acto porno o de “mujerzuelas”, es una cuestión de higiene.

  • Ivette Roman

    este articulo, Nelson, me deja aturdida.  por un lado, muy liberador de muchas maneras..   que bueno es tener permiso de ser como la mujer Lolita Lebron, verdad?  que alivio!   …entonces BAM!!!!…..  *&^%$#….   ehhhhh….   balam bla nam bla balsnamldan…   como que …  umm…  algo asi como la entrevista que tuve la semana pasada para un puesto de maestra de arte y la seNora me dice que “el puesto no es para mi porque a pesar de que estoy muy bien cualificada, por mi acento ya sabe que los estudiantes no me van a respetar y seria como echarme a los lobos”…   como se le llama a eso?   “subtle well-intentionate discrimination?”   hay algo en el texto que me repite la misma vaina machista de los boricuas… disfrazadita… bien bonita, bien planchadita, bien cepilladita y olorcito a menta…  pero…  HelLO!.  Anyway, te quiero.  Gracias.

  • María del Carmen Baerga

    Me parece que este artículo reproduce la fatigada dicotomía vírgenes/mártires vs. Mujerzuelas /descontroladas con la que tradicionalmente se ha tratado de domesticar a las mujeres. En mi caso, me tiene sin cuidado que se me considere una “verdadera mujer”, como pontifica el autor. Hay distintas formas de habitar el género femenino y a estas alturas no necesitamos que nadie venga a decirnos cómo hacerlo.

    • Verónica Rt

       María, que bueno que escribiste… de repente pensé que estaba sola….!! luego regreso para escribir más.

  • http://www.facebook.com/Sweetened Ismael González Martínez

    Felicidades a Maripily por romper patrones y por vivir su sexualidad abiertamente.  Maripily no es quien daña a la sociedad ni a la imagen de la mujer.  La intolerancia, el fundamentalismo y la falta de aprecio a los derechos de los demás es lo que nos hace tóxicos.  Ya es hora que las personas se despojen de tanta represión y falsa moralidad.  A mi entender, Maripily nos libera.

    • Guest

      Porque mejor no le das las gracias porque ya no tienes que pagar para alquilar pornografía o la entrada a los strip clubs… obviamente ella te provee mucho entretenimiento. Pobrecitas de tus hermanas, hija(s) y madre…. 

  • Sandra Rodriguez Cotto

    Me has alegrado el día

  • http://www.facebook.com/karenjoglar Karen Joglar

    Excelente! Esta es una buena manera de empezar mi día.  Es tan importante abrir los ojos a la realidad, todos los días; no olvidar lo que corroe la entraña de esta hermosa patria reducida a la conciencia de la entrepierna. Voy a circularlo entre mi gente, mis amigos… ¡Sacudamos la mañana!