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Megan Leavy: el mejor amigo del humano


Creo que, aparte de los altos oficiales castrenses, la mayoría de los humanos repudiamos la guerra. Sin embargo, los políticos que buscan abultar las arcas del complejo industrial-militar siguen buscando bulla y recurriendo a trucos, medias verdades y mentiras patentes para una circunstancia (la guerra) que genera cantidades impensables de dinero. Lo otro que genera, por supuesto, es muerte.

Una vez que un país “rescatado” deja de estar en “guerra”, mantener la paz resulta tan difícil y costoso como el haber iniciado las hostilidades: el sacrificio humano sigue siendo incalculable. Casi nunca nos percatamos que en la guerra también participan animales entrenados, y esta película quiere corregir esa deficiencia.

Aunque la cinta lleva el nombre de la mujer en cuya historia se basa el guión, hay en ella un nuevo galán que es uno de los más guapos en llegar a la pantalla en los últimos años. Se llama Rex (en la película) y es un pastor alemán con colmillos de tiranosaurio y mirada de santo.

A pesar de que no sabemos su verdadero nombre, el actor es capaz de tener mucha más expresividad que sus competidores humanos en películas de acción, y su capacidad para gruñir y ladrar no la sobrepone ni tan siquiera el técnico de sonidos. Además, no requiere que le estén pintado los labios luego de una escena de acción, porque no importa en qué escaramuza esté involucrado, siempre queda perfecto ante las cámaras, pues su abrigo amarillo-gris-negro-pardo-ocre, con algún que otro pelo blanco, le queda de perilla.

Al principio Rex no quiere saber de Megan (Kate Mara), una nueva recluta en los Marines que huye de su vida complicada y aburrida. La muchacha entiende que no tiene ningún futuro en su pueblo del norte del estado de Nueva York, de modo que se enlista para ir a conocer el mundo. El mundo que conoce es el de Iraq en 2005 y 2006. Por suerte, porque comete faltas serias a los dictámenes de su mundo (se orina cerca de la caseta del sargento mayor, algo que, de seguro, ningún recluta masculino jamás ha hecho) la mandan a limpiar los corrales donde albergan los K-9 que olfatean por explosivos. Es allí donde por primera vez conoce a Rex.

Una serie de sucesos la llevan a que se le asigne el can a ser su pareja en Iraq y la película cuenta cómo hicieron migas y cómo les fue a la pareja en la guerra por el petróleo. Es un logro para la directora Gabriela Cowperthwaite que llega a terreno ya conocido (“American Sniper”, 2014; Green Zone, 2010; The Hurt Locker, 2008; etc.) y nos pone al borde de la silla con situaciones que pudieron haber sido copias burdas de lo que ya hemos visto en esas otras cintas en la pantalla.

Añade a la tensión de cada escena la presencia de Rex, por quien desarrollamos rápidamente un cariño que reservamos para actores de talla, y el uso de la cámara por el cinematógrafo Lorenzo Senatore que la convierte en uno de los soldados de la retaguardia. Media también que esa exposición sin pretensiones abstractas intensifica la tensión del espectador y nos hace conscientes de que la vida, que siempre cuelga de un hilo, allí en Iraq colgaba de uno que Cloto hiló bien finito.

Desde el principio la película cautiva nuestra atención, pero son las escenas en Iraq las que comprueban la solidez del guión y la capacidad del equipo que la confeccionó. Fueron muy sagaces los escritores que se apartaron de convertir la cinta en una de lloriqueo. Rex no es Lassie, ni Megan es Elizabeth Taylor. Y hay que considerar que están en el mundo de los hombres y mujeres y K9 de los Marines. Guste o no la vida militar, si no hay disciplina absoluta, el hilo de Cloto está hecho para que se rompa rápidamente.

Me sorprendió Kate Mara con su magnífica actuación en el papel principal. No es una favorita mía. De hecho, en su papel de Zoe Barnes en “House of Cards” (Netflix) pensé que Francis Underwood (Kevin Spacey) la mató por ser una personalidad y una actriz irritante. En este filme muestra su calidad como actriz y, aunque tiene la petulancia y la tenacidad de Zoe, ya no se nota que es una joven actriz sedienta de reconocimiento y sobreactuando. Va aprendiendo que solo se consigue el estrellato actoral a través del arte de la actuación.

La película nos concientiza sobre el buen trato de los animales y de su valor, aunque no sean héroes de guerra. En esto es puntal para indicar algunas de las situaciones que viven los mejores amigos del humano.

Además, Megan Leavy es una cinta que evidencia que la mujer es tan valiente y tan perspicaz en batalla como lo puede ser cualquier hombre y, me atrevo a añadir, de una lógica avasalladora y certera combinada con buenos sentimientos. La cinta es divertida y tiene sus momentos emocionales, pero, en general, merece ser vista para poder pensar en los que por necesidad u obligación sirven en las fuerzas armadas.