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¿No soñarás? (Parte II)


Chema Madoz

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar

-Eduardo Galeano

En la pasada entrega, “¿No leerás? (Parte I)”, proponía la lectura –y en especial la de los programas políticos— como utopía. Lxs invitaba a sorprender a lxs politiquerxs que temen nuestra lectura y nuestras acciones críticas. Hoy, a días de las elecciones de 2012, mi llamado a la utopía se materializa en dos cauces: el derecho a soñar y la universidad como un espacio posible para construir sueños.

Sueña

Uno de los nuevos partidos que se presenta a las elecciones de 2012 plantea que es posible el país con que soñamos. ¿Con qué país soñamos lxs puertorriqueñxs? ¿Cuáles son nuestros sueños para Puerto Rico? ¿Cuál es nuestra utopía? Aunque imagino que las respuestas serían múltiples, con modestia me atrevo a decir que habrá coincidencias importantes: asegurar una educación y sistema de salud de primera y accesible a todxs; garantizar el bienestar y la dignidad para todxs; erradicar la violencia y la criminalidad rampante; ofrecer oportunidades laborales para todxs; en fin: el bien social de todxs en el sentido más amplio.

Ese retrato de nuestros sueños podría desdoblarse en ideas y planes de acción concretos. Podría nutrirse de una evaluación rigurosa del pasado reciente y del más lejano. Podría atreverse a ser auto-crítico y constructivo sin importar en qué color está la paja. Podría ser participativo y horizontal, yendo a las comunidades, a las personas si es verdad que son lo primero, como afirma otra de las consignas de estas elecciones.

Qué tal si cada elector/a antes de ir a votar el 6 de noviembre se pregunta, ¿cuál es el Puerto Rico de mis sueños? ¿Cómo puedo contribuir a forjarlo? ¿Qué personas y partidos están comprometidos con darme un rol protagónico en su diseño y puesta en marcha? Porque los sueños que tenemos para nuestro país no serán construidos en solitario por ningún partido. Tampoco serán la suma de nuestros sueños individuales. Por el contrario, se tratará de una labor colectiva, de negociación, debate y reflexión permanente en la que el ejercicio ciudadano implicará mucho más que votar cada cuatro años.

Humildemente sugiero que elaboremos nuestra lista de sueños para Puerto Rico y a la par, en una segunda columna, nos apuntemos en cada reglón según nuestras aptitudes y empeños. Va a ser imprescindible para conseguirlo. Todxs, de algún modo, somos necesarixs. Afirmemos y exijamos nuestro derecho a soñar. Localicemos nuestro rol en los sueños de país que tenemos y forjemos los mismos, cada día, en nuestra esfera de acción.

Para el 6 de noviembre, invitemos con nuestro voto a lxs que puedan compartir nuestros sueños. Sospechemos de aquellxs que nos venden continuidad por cambio. Sospechemos de aquellxs que han anulado sueños hoy y ayer.

¿La universidad de mis sueños?

La Universidad de Puerto Rico es mi alma máter y mi lugar de trabajo hace trece años. Empiezo por esa afirmación porque mi sueño de universidad es parcial, sesgado e interesado, sin lugar a dudas.

Puedo resumirlo del siguiente modo: sueño con una universidad pertinente para Puerto Rico y el mundo, autónoma radicalmente y a la vanguardia de los saberes más diversos. Sueño con una universidad en la que todxs sus constituyentes se esfuerzan por hacerla mejor todos los días y reciben a cambio una retribución justa, digna y de primera. Sueño con una universidad en la que cada estudiante recibe una invitación para matricularse y paga según sus posibilidades. Sueño con una universidad articulada con la educación previa y esmerada porque cada estudiante puertorriqueñx pueda desarrollar sus talentos a su máxima capacidad. Sueño con una universidad que se gobierna a sí misma con transparencia absoluta y rinde cuentas al país por cada centavo que se invierte en ella. Sueño con una universidad que modela al país y a sus instituciones los mejores estilos administrativos y ofrece los más exigentes resultados. Sueño con la universidad que es un bien público inquebrantable.

Sin embargo, a lo largo de los pasados trece años he visto machacar mis sueños de modos diversos. No siempre, como afirman algunxs, el machaque ha sido igual. Pero la universidad siempre ha sido insuficiente respecto a mis sueños.

¿Cuál es la universidad pública plasmada en los programas de los partidos que se presentan a estas elecciones y cómo se relaciona con mis sueños? A continuación sólo unas notas selectivas.

El PNP consigna el “Informe del Comité Asesor del Gobernador sobre el Futuro de la Educación Superior en Puerto Rico” como un logro de su administración (253) y cínicamente afirma que respetará la autonomía universitaria tan burdamente violentada durante su gestión. Sirvan de ejemplo los siguientes asuntos: (1) aumento del número de integrantes de la Junta de Síndicos con el fin de tener mayoría absoluta y controlar todas las decisiones que se toman; (2) nombramientos político-partidistas violentando procesos de consulta de las unidades; (3) proyectos de Ley desde el Senado para nombrar edificios avalados por el Gobernador en la UPR-Mayagüez; y, por si todo lo anterior fuera poco, la iniciativa misma de decidir cómo debe ser la Educación Superior en Puerto Rico que parece estar diseñada para convertir la universidad pública en una corporación al servicio del mercado sin más consideraciones. Debe constar que el susodicho “Informe” ha sido rechazado a lo largo y a lo ancho de la comunidad universitaria y, no obstante, persiste en su Programa de gobierno (256).

Por su parte, el PPD en su acción número 12 de Educación (153-154) le dedica cinco párrafos breves a la Universidad de Puerto Rico. En los mismos, reafirma la centralidad de la Universidad para el país y promete salvaguardar sus asignaciones presupuestarias, abolir la cuota y estrechar lazos con la educación pre-universitaria. Finalmente, encomienda a los altos directivos que protejan la universidad del anti-intelectualismo y de las intervenciones político-partidistas. Vale la pena recordar que el PPD, con menos saña, también ha desviado beneficios económicos que muy bien habrían podido fortalecer la Universidad (ej. IVU). Asimismo, ha permitido intromisiones político-partidistas indeseables. Si combatir el anti-intelectualismo es enfrentar acciones anti-universitarias –entendiendo por universidad, estudio, crítica, creación e innovación—; nos toca a todxs llevar a cabo tal encomienda. Lo mismo digo a propósito de las intromisiones político-partidistas. Nos toca a todxs exigirle al estado que se limite a invertir en el futuro del país y a salvaguardar el uso transparente de los recursos asignados. Nos toca a todxs no tirar de un político u otro para nuestra agenda chiquita. Nos toca a todxs definir y limitar las funciones de una Administración Central que debe ser facilitadora de procesos y estar al servicio de las once unidades del sistema, en vez de al revés.

En contrapunto, el PIP, el MUS, el PPT y el PPR aseguran que acabarán con el partidismo en la Universidad. A su vez, los primeros tres se comprometen a respetar un proceso de re-pensar la universidad que emane de sus constituyentes. En el programa del PPR sólo se alude a la articulación con la universidad. Al mismo tiempo, el PIP y el MUS se adscriben a esfuerzos ciudadanos o globales (UNESCO y Agenda Ciudadana, respectivamente) que abogan por una universidad de primera, desmilitarizada, pertinente y soberana de sus procesos. Particular atención merecen los puntos 29-33 y siguientes del Programa del PPT. En los mismos destaca una iniciativa estudiantil para gestar una nueva ley universitaria desde los universitarios, así como una gestión administrativa solidaria con los trabajadores de la educación.

Pase lo que pase en las elecciones de 2012, todos estos programas de gobierno deben ser revisitados con responsabilidad, sabiduría y compromiso. Si vamos a respetar la autonomía universitaria de manera radical, cada una de las ideas consignadas o sugeridas en los programas políticos de los seis partidos deben ser evaluadas por la comunidad universitaria según sus términos. Las mismas pueden ser analizadas en relación con cualquier proyecto de nueva ley que se someta al escrutinio de los constituyentes o en contrapunto con los planes estratégicos y operacionales existentes.

Hay sueños que no esperan… Es imperativo que la Universidad de Puerto Rico pueda mirarse crítica y creativamente para servir mejor al país que soñamos. Es urgente que la dejemos soñar.