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Parar


8 de marzo 2017, Paro de Mujeres. foto por Ricardo Alcaraz Diaz

A las que paran.

En estos últimos tres años de tu vida despiertas diariamente deseando morir. Te aterroriza escribir esa oración. Pero la escribes. Darías cualquier cosa por no saberla tan cierta. Pero, precisamente por eso, la escribes. No se lo cuentas a mucha gente. Solamente lo hablas con algunas. Unas escuchan, otras entienden y las más te dicen una y otra vez: AGUANTA. Lo intentas. Despiertas a diario deseando lo mismo pero aguantas. Entonces llega noviembre 2016 con todo su white noise: ¿Cómo pudo haber pasado esto? white noise: ¿qué le está pasando al mundo? white noise: ¿cómo pudo haber ganado él? WHITE NOISE. Pero tú te sabes negra y sabes que despertaste en el mismo mundo en el que te acostaste a dormir antes de los resultados de las elecciones. Si hay que preguntarse algo, supones, es cómo es que no iba a ocurrir. Y vas a clases ese día teniendo todo tan claro. Y en clase, la clase en la que eres asistente de los profesores, la clase de radicalismo negro global, la clase en la que tienes 25 estudiantes negrxs en un grupo de 27, la clase en que hemos discutido: Movimiento de Derechos Civiles, Black Panthers, Young Lords, Walter Rodney, Steve Biko, Amílcar Cabral, Lélia González, la revolución de Granada … en esa clase, ese mismo día después de las elecciones lxs estudiantes piden hablar del resultado eleccionario y los profesores acceden y hay un gran silencio. Y la estudiante de ascendencia nigeriana que siempre hace las preguntas y comentarios que deslumbran a los profesores por su brillantez rompe el silencio para tratar de decir mientras su voz se quebranta que ya no nos queda nada más que hacer. Y nadie respira o todo el mundo se queda sin aire y tú solo la miras. Miras cómo es ahora su piel tan negra la que brilla por sus lágrimas y ella mide casi 6 pies de alto pero la ves hacerse pequeñita en su silla mientras llora y justo ahí te das cuenta que otrxs más en el salón lloran y tú sigues mirándola a ella y solo sientes rabia. No entiendes tu rabia. No estás lista para entenderla. Y entonces a los tres días te pasa algo en la calle y lo escribes:

Muchas veces al día me encuentro pensando en lo mismo. Mi mano temblando en su espalda, diciéndole cálmate pq no encuentra las llaves, pq las veo en su bolsillo pero él no logra verlas pq minutos antes de que no logre verlas se nos cruzó en el camino una pareja de supremacistas blancos en una motocicleta llena de banderas confederadas y banderas norteamericanas y nosotras dos somos negras y sabemos que esas dos banderas simbolizan lo mismo y los vimos vernas y la pareja en su motocicleta con sus banderas y sus chaquetas con símbolos del Klan decidió al vernas estacionarse frente al edificio en el que estamos, el edificio para el que no aparecen las llaves de la puerta y él busca en todos sus bolsillos y mi mano tiembla en su espalda mientras le digo cálmate y entonces encuentra las llaves y entramos y no pasa nada pq no pasó nada. Nos decimos que no pasó nada, yo lo digo más de lo que él lo dice. Y además ya adentro del edificio, le digo, dime una cosa, no te parece que el miedo que sentiste, el mismo que yo acabo de sentir hace un momento cuando no encontrabas las llaves y ellos con sus banderas confederadas y norteamericanas nos miraban es el mismo miedo que sentimos justo cuando en esta calle y en otras calles aquí mismo vemos la policía y él responde que sí y yo sabía la respuesta porque las dos somos negras y porque he visto y sentido cómo su cuerpo reacciona cuando ve a la policía en estas calles, aquí , en cualquier calle, y mi mano llega a su espalda y le digo cálmate. No pasa nada. No pasó nada, me digo. Pero me encuentro pensando en esto muchas veces al día. Me encuentro saliendo de mi casa cada vez menos o me pongo reglas que no me permitan ver que coinciden con salir cada vez menos porque me digo no salgas después de que oscurezca y aquí oscurece cada vez más temprano, y aquí cae la noche a las 4:30 de la tarde y a veces ya estoy en casa mucho antes de las 4:30 de la tarde. Y a veces veo llegar las 4:30 de la tarde estando en casa y todavía me repito que no pasó nada y cada vez que me lo repito ninguna mano tiembla en mi espalda pero yo misma me digo cálmate.

Lo escribes y las respuestas de apoyo no tardan en llegar. Las agradeces porque entiendes que salen del cariño, del aprecio y de la solidaridad. Sin embargo, hay algo en ellas que no deja de aterrarte: todas ven miedo, sobre todo miedo en tus palabras. Y tú sabes que hay miedo en tus palabras pero lo que te aterra es que le adscriban a ese miedo novedad, que lo lean como algo nuevo que ocurrió como resultado de las elecciones cuando lo que dijiste, lo que intentaste expresarles es que ni en el miedo ni en lo que pasó había novedad. Y te paras a pensar en eso y entonces sí que te aterras, entonces sí que entiendes tu terror porque te habían convencido de que la violencia y el miedo que ocasiona el racismo solo los vivías en un nivel tan amenazante y aterrador en los Estados Unidos pero justo en ese momento entiendes que ese mismo terror lo llevas experimentando toda tu vida en la Isla. Y recuerdas cómo estando en primer grado un día dejaste de querer ir a la escuela y tu mamá se sorprendió porque a ti te encantaba ir a la escuela y te comenzó a hacer preguntas para descifrar porque no querías ir más y tú con seis años le cuentas que la maestra dice que cuando una hace algo malo hay un angelito negro dentro de una que le va comiendo el corazón y tu mamá te abraza porque a fin de cuentas no puedes dejar de ir a la escuela; sigues creciendo y te asedia la imposición del “arreglo” sobre tu cuerpo. Porque siempre hay algo que arreglar desde el pelo hasta tu manera de llevar el cuerpo, tu presencia y basta con muy poco para después de todo determinar que no hay arreglo suficiente para tu pelo ni para tu cuerpo. Te dicen una y otra vez que en Puerto Rico de haber racismo es algo mínimo porque allí a diferencia de Estados Unidos el racismo no implica una amenaza de muerte pero tú recuerdas el terror de tu madre en los años de adolescencia de tu hermano y su recordatorio constante “Tú cuerpo no es como el de tus amigos” cada vez que él salía a la calle. Y no hacía falta explicación porque tanto él como tú sabían a lo que ella se estaba refiriendo. Te vuelven a repetir que el racismo en Puerto Rico no es para tanto porque por razón de raza no hay comunidades especificas que sean violentadas a diario, criminalizadas y vigiladas pero tú sabes que es mentira. Que sí las hay pero como en ellas solo viven “negritos” “indocumentados”, “cuponeros”, “yales” y “cacos” no importan. Y no te dicen que cuando un blanquitx hace algo ilegal la vida de cualquiera de los que no importa basta pa salvarle el pescuezo. Pero eso no es necesario que te lo digan porque eso lo sabe todo el mundo. O sin titubear te dicen que lo que pasa es que el sistema no es perfecto pero no te dicen que el sistema brega a la perfección con unxs pocxs. Y tú no eres ciega ante tus privilegios y sabes que el acceso a la educación y la entrada a espacios de poder como la universidad hacen que a tu vida se le atribuya más valor que a la de otrxs que no importan. Y es porque lo reconoces que haces que mucho de tu trabajo sea seguir nombrando y denunciando la violencia racista, clasista, machista y heteropatriarcal que estructura el orden y afecta tantas vidas en Puerto Rico aun cuando para muchxs no sea oportuno. Pero eso no te hace inmune a la violencia, eso te hace un problema. Y para muchxs lo que escribes, lo que dices, lo que estudias, lo que enseñas no es conocimiento verdadero y están convencidos de que básicamente se trata de complejos. Y aprendes a vivir con eso, a ignorarlo. Y vas al cine con otra como tú a quien amas, y compran las taquillas, y las detiene el gerente para pedirles sus taquillas y ustedes se las enseñan, y ya están casi en la puerta de la sala y desde lo lejos en la entrada del pasillo que ya recorriste para entrar a la sala te gritan que te detengas y tú sabes que te están gritando a ti porque quien te está ordenando que vayas a donde él para que le enseñes la taquilla que ya te habían revisado lo hace en inglés, y a ti en la Isla todo el mundo te habla en inglés porque tú no pareces puertorriqueña, te dicen, pareces afro americana o de las islitas o sea eres negra. Y llegas hasta donde el hombre que te está gritando y le explicas que ya te habían revisado y cortado la taquilla y el te sigue gritando y ordenando que se la enseñes porque él no la ha visto y mientras esto está pasando mucha más gente te pasa por al lado en dirección a la sala pero a nadie detienen ni les piden ver su taquilla. Y tú le enseñas la taquilla y no le basta con verla, el hombre se pone a revisarla porque para él no hay duda de que ella y tú se colaron. Porque eso hace la gente que se ve como ustedes,  roba y por eso las siguen en las tiendas o se cuelan en el cine. Y por eso es que el hombre todavía está revisando sus taquillas. Y ella le pide explicaciones al gerente por lo que acaba de pasarles a ti y a ella y la gente sigue pasando y a nadie más le piden sus taquillas y a ustedes no les ofrecen explicaciones y mucho menos disculpas. Porque a nadie le parece lógico que haya que ofrecerlas. Porque no pasó nada pero ustedes están claras de que pasó algo, porque les ha pasado antes y porque continúa pasando demasiadas veces. Y por eso te dio rabia cuando viste a tu estudiante quebrarse en el salón diciendo que ya no quedaba más que hacer porque muchas veces el mundo te hace pensar/sentir eso y le crees. Tú le crees. Una le cree al mundo demasiadas veces y despierta deseando lo mismo diariamente.

Hasta que un día paras. Tomas la decisión de parar. Dejas al mundo en off y te enfocas en oírte a ti. Haces tiempo para entenderte, para conocerte y reconocerte, para saber qué tanto duele y no solamente que duele. A pesar del mundo te cuidas como puedes. A pesar del mundo, meditas, sueñas e imaginas otro mundo. A pesar del mundo, resistes. Y el significado de resistencia se expande. Entiendes que va más allá de reaccionar a lo que te ofrece el mundo, a lo que ve en ti el mundo y a lo que el mundo quiera hacer contigo. Entiendes que resistir tiene mucho más que ver con decidir. Con parar y decidir. Porque el mundo hace todo para pasarle por encima a una pero una también pasa por y le pasa al mundo. Decides qué quieres, cómo vas a pasar por el mundo y con quiénes. Decides en qué vas a poner tu energía y tus ganas. Decides cuáles son y serán tus batallas. Respiras y decides que el mundo no te tendrá más a sus pies. Reconoces tu valor. No le permites olvidar que vales ni siquiera a la gente que amas. Paras con tantas ganas, con tantas fuerzas. Paras con tantas otras y detienen al mundo. Paran y detienen al mundo aunque sea por unas horas para advertirle que no solo por miedo se tiembla. Paran y  detienen al mundo advirtiendo que se acabaron las promesas. Paran y detienen al mundo porque se niegan a perder a otra de nosotras en manos de la violencia machista-racista-heteropatriarcal y porque se niegan a olvidar a las que hemos perdido ya. Paran y detienen al mundo exigiendo NI UNA MENOS. Paran y detienen al mundo porque no se suponía que sobrevivieran1 pero siguen aquí.

For all of us
this instant and this triumph
We were never meant to survive.

And when the sun rises we are afraid
it might not remain
when the sun sets we are afraid
it might not rise in the morning
when our stomachs are full we are afraid of indigestion

when our stomachs are empty we are afraid we may never eat again
when we are loved we are afraid
love will vanish

when we are alone we are afraid love will never return
and when we speak we are afraid our words will not be heard

nor welcomed
but when we are silent we are still afraid

So it is better to speak remembering
we were never meant to survive2

Paran.

Paras.

Y en medio de la supervivencia despiertas deseando otras cosas y aprendes a vivir.

  1. “we were never meant to survive” Audre Lorde []
  2. “A litany for survival” de Audre Lorde []