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Reflexiones urgentes motivadas por los arrestos a jóvenes tras las protestas del 1ro de mayo


“El beso”, por José Jiménez Tirado.

No escribo generalmente sobre asuntos personales en Facebook prefiriendo compartir cosas que aprendo y comentar sobre eventos locales e internacionales. Ah, claro, y también compartir mi pasión por la música del continente africano. Sin embargo, voy a hacer una excepción a esa costumbre porque lo que les voy a contar puede que tenga algún interés ante la situación actual que vivimos en la UPR y en general en Puerto Rico. Esta es mi reacción a los arrestos que me han conmovido y a la demonización que algunos(as) funcionarios(as) públicos(as) y otras personas están haciendo de los(as) jóvenes arrestados(as).

Yo nací en el seno de una familia obrera en las parcelas Ollas de Santa Isabel. Casi toda mi familia es PNP, alguno(a) que es PPD y unas pocas excepciones. Sin embargo, desde muy niño comencé a distanciarme de esas posiciones. No sé bien por qué, pero desde la escuela elemental siempre tuve lo que ahora podría llamar un instinto izquierdista. Siempre quise estudiar y fui el primero en mi familia en entrar a la universidad. Mi papá y mi mamá completaron solo 9 de los 12 grados de la escuela. Tenía talento para las matemáticas y las ciencias y mi ídolo de infancia fue el Sr. Spock. En 1971 tenía 11 años de edad y vi por televisión (en blanco y negro) los reportajes sobre las batallas que se libraban en la UPR-Río Piedras en contra del servicio militar obligatorio, el ROTC y la guerra de Vietnam. Recuerdo claramente cómo se me ocurrió que “cuando sea grande, quiero ser como esos estudiantes”. No se lo dije a nadie, pero ya sabía que no había otro lugar donde quería hacer estudios universitarios que no fuera la UPR-Río Piedras.

Estando en la escuela superior y gracias a la gentiliza y al amor del gran maestro de historia Armando Soto pude leer “Pedagogía del oprimido” de Paulo Freyre, “Los condenados de la tierra” de Franz Fanón, “Los orígenes y fundamentos del cristianismo” de Karl Kautsky y la colección de ensayos “De la guerrilla cívica a la nación dividida” de Juan Ángel Silén. También leí todas las historias de Sherlock Holmes (en español) y muchas otras cosas más. Me sabía casi de memoria el libro de los por qué de la enciclopedia “El tesoro de la juventud”. Con la maestra de español Liduvina Torres aprendí a amar a Julia de Burgos y en general a la literatura. Gracias a la revista Educación, que durante los 70 publicaba nuestro Departamento de Educación, aprendí algo sobre el poeta peruano César Vallejo. Todo eso y más con alguno(as) maestros(as) y en la biblioteca de la escuela pública de Santa Isabel y también en una biblioteca municipal (desparecida hace décadas) que estaba frente a la plaza justo donde esperaba por espacio de hora por la guagua que me llevaba al barrio cuando terminaba el día escolar.

En 1978 entré a la UPR-Río Piedras a estudiar física y con un deseo inmenso de, además de aprender de todo, integrarme al movimiento estudiantil. Entre otras cosas, fui estudiante orientador, representante de física ante el consejo de estudiantes, presidente de la Sociedad de Estudiantes de Física, presidente del concilio de residentes de la residencia universitaria Torre Norte y miembro de la Unión de Juventudes Socialistas. Hice investigación subgraduada con el reconocido profesor y astrónomo Daniel R. Altschuler, me aceptaron para trabajar en un proyecto de verano en el Observatorio de Arecibo donde mi supervisor fue el astrónomo italiano Riccardo Giovanelli. Tenía promedio de A alta (3.96/4.00) y estaba tomando cursos en otros departamentos además de en física y matemáticas. O sea, realmente era un fiebrú de estudiar, leía hasta con linterna si no había luz en el cuarto. Tenía la disciplina de ir todos los martes en la tarde a la sala de música (que todavía estaba en la biblioteca Lázaro) a escuchar música clásica y todos los miércoles a la sala de revistas a leer Scientific American y otras publicaciones.

En resumen, era lo que se puede decir un estudiante modelo, excepto que la mejor parte de mi compromiso universitario era vista con malos ojos por la administración, la guardia universitaria, la policía e inclusive por alguno(as) de entre mis familiares. Logré ser militante estudiantil.

Tras la huelga de 1981 me suspendieron por cinco años de todas las universidades de Puerto Rico, incluyendo en la práctica a las privadas porque sus presidentes de entonces acordaron –y lo dijeron públicamente– no aceptar estudiantes suspendidos(as) de la IUPI. El testigo principal para que me suspendieran fue el Dr. Manuel Gómez quien en esos años era el decano de Ciencias Naturales. Gómez me acusó hasta de actos durante los cuales yo no estuve presente. En su testimonio llegó a decir lo siguiente, en referencia a unos actos de militancia en unos salones de clase: “…Errol Montes no estaba presente, pero él era claramente el líder del grupo y no hizo nada para evitarlo”. Dejando de lado la imposibilidad de “hacer algo” para evitar una situación en la cual ni siquiera estaba presente, salta a la vista la mala fe de ese doctor en física de Cornell University.

Yo fui su estudiante por todo un año en el curso de física general con cálculo y tuve calificación de 100%, pero el Sr. Gómez incluso me llamó a su oficina para reprocharme que bajo mi presidencia la sociedad de estudiantes de física estaba asumiendo posturas políticas. La razón: que organizamos una serie de conferencias en contra de la explotación minera en la Isla. Le contesté, con el cinismo que me caracterizaba en esos años, que el nombre de nuestra organización era Sociedad de ESTUDIANTES de física y no de decanos ni de profesores. Desde ese momento me la tenía jurada.

Claro que yo me entregué con todo al movimiento estudiantil. Tuve casos en la corte de motín, de interrupción de clases y tres más de todos los cuales salí absuelto. Aún así me chupé tres años y medio de suspensión con prohibición de entrada a todos los campus de la UPR. Durante ese tiempo, en dos ocasiones el Dr. Manuel Gómez llamó a guardias universitarios para que me sacarán de la biblioteca de ciencias naturales. Durante esos años trabajé, siempre a tiempo parcial, en ASPIRA de Puerto Rico e impartiendo tutorías de matemáticas y física. PERO no había una huelga o protesta que me perdiera: huelga de la UTIER, en el Hospital de Diego, comité de apoyo a Nicaragua y El Salvador, etc, etc.

En 1985 regresé a la IUPI tras a una amnistía arrancada a Rafael Hernández Colón por el estudiante Samuel González, quien aprovechando el cambio de gobierno (RFH derrotó a Carlos Romero Barceló) hizo una huelga de hambre en el portón principal del recinto exigiendo la amnistía. Finalmente me gradué Magna Cum Laude en física y matemáticas y eventualmente, por esas ironías de la vida, me fui a Cornell University (la misma en la que había estudiado Manuel Gómez) y completé un PhD en matemáticas con una concentración menor en mecánica racional.

¿Y Manuel Gómez? Hace unos años sus continuos actos de corrupción pusieron en peligro la elegibilidad de la Universidad de Puerto Rico y de su facultad para competir por “grants” de la National Science Foundation y de otras agencias que subvencionan investigaciones científicas a través de propuestas competitivas. La NSF incluso congeló por un periodo los fondos otorgados a la UPR y Gómez sencillamente renunció a su cargo de director del Centro de Recursos para la Ciencia y la Ingeniería sin ningún tipo de acusación ni administrativa ni criminal. Estoy seguro que ni se sonrojó. Pero, claro, usar fondos públicos para su beneficio personal no es, según el criterio de Rosselló y otros(as) de la misma calaña, vandalismo ni merece todo el peso de la ley, que en estos casos y con demasiada frecuencia es liviano o inexistente.

Le hago todo esto cuento porque vi en las noticias el arresto del joven Andrés Cortez de 19 años a quien acusan de motín, de intimidación y de daño a propiedad pública. Yo no estaba allí y no puedo saber qué realmente pasó, pero de entre mis 5 casos en corte tres eran esos mismos (el último porque supuestamente había cortado unas cadenas que pusieron en el teatro de la IUPI en un intento de no permitirnos celebrar una asamblea). La noticia continuó relatando cómo Andrés es un estudiante de A, hace trabajo comunitario con niños que padecen síndrome de Down y lo muestran cuando dice “No me arrepiento de nada, el pueblo siempre está conmigo y yo siempre estoy con el pueblo, esto es patria y la patria tiene que subir, la democracia no es nada más de [cada] cuatro años, es de todos los días y eso es lo que yo hago…”. Me veo en ese joven. La Manuel Gómez de hoy se llama Nivia Fernández y sus cómplices en la Junta de Gobierno de la UPR; el Carlos Romero Barceló de hoy se llama Ricardo Rosselló Nevares, el Charlie de Jesús (legislador que pidió públicamente que la policía usara bayonetas caladas y que pasara como carne al pincho a los estudiantes en huelga en 1981) de hoy se llama Tomás Rivera Schatz y sigan contando.

Yo tampoco me arrepiento de nada de lo que hice como militante estudiantil. Eso, más que mis estudios, es lo que le ha dado un propósito a mi vida.

Quisiera decirle personalmente a Andrés Cortez y a los(as) demás arrestadas(os), que es verdad, que las personas que creemos en la justicia no los dejaremos solos, que muchos(as) adultos(as) de más años nos vemos reflejados(as) en ellos y en su lucha. Pero sólo puedo hablar por mí y trabajar para que otros(as) tampoco los(as) abandonen. Si ellos y ellas son vándalos, entonces lo debemos ser todos los demás.

* Publicado originalmente en el muro de Facebook del autor y revisado por él mismo para su reproducción en 80grados.

  • antitesis12345

    Le felicito, doctor Montes, por ser un extraordinario ejemplo para nuestra juventud. A Manuel Gómez, su politiquería barata lo arruinó académica y moralmente. Ya hemos visto el desenlace de los Romero Barceló y sus aliados. El desprestigio de Hernández Colón. A usted la historia lo absolvió. Y en grande. Enhorabuena.

  • Arcadio Díaz Quiñones

    Gracias, Errol, no sólo por la actitud ética que te lleva a criticar la demonización de los estudiantes acusados, sino por la pasión con que elaboras tu memoria personal y las huellas imborrables de tu propia formación intelectual y política. La voluntad de destruir la Universidad de Puerto Rico responde también al deseo de borrar la memoria de las luchas democráticas que en ella se han dado. Contra el Estado que quiere preservar el monopolio de la violencia y de la memoria, el testimonio que tú y otras y otros están brindando, es de veras urgente.

  • EMP

    Le pido disculpas por algunos errores de redacción. Escribí eso con un gran sentido de urgencia y se me fueron algunos acentes de más, faltaron comas y hay palabras mal escritas. Espero, sin embargo, que haya logrado el objetivo de criticar la demonización de l@s arrestad@s a través de mi ejemplo. Ese es el único objetivo de estas reflexiones. Errol L. Montes Pizarro

    • Andrea Martinez

      Estuve en la huelga de 1981 y partcipé en piquetes y marchas en muchas ocasiones. Al entrar a trabajar a El Nuevo Dia (renuncié hace 2 años) me mostraron las fotos que ellos tenian mias donde aparecia protestando. Te debes sentir orgulloso de tus actos. Sobre Gómez te puedo decir que lo veo con frecuencia tomando café en las mañanas en la cafetería de Pueblo del Señorial, solo, (y mira que lo he visto muchas veces) como deben estar al final las personas que le dan la espalda a las causas justas