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Silencio


Bajo el gran manto de virtudes que hermosean su imagen y consagran su prestigio, la Universidad de Puerto Rico maltrata a sus profesores más vulnerables. Condenados a sufrir los embates de la incertidumbre, la segregación y la precariedad laboral, casi la mitad de los educadores universitarios son víctimas de violencia institucional. Esta vergonzosa realidad se agrava con el tiempo y no augura mejoría el porvenir.
La recurrencia de escándalos por corrupción y las secuelas de la crisis financiera monopolizan la cobertura mediática, y se enajena la mirada pública de las condiciones laborales de estos educadores. La viciosa cultura de secretividad que impera en la Universidad garantiza la eficacia del encubrimiento.
Pero la principal razón de su invisibilidad es el miedo: miedo a disentir en libertad; miedo a expresar sus pensamientos con honradez intelectual; miedo a denunciar a viva voz sus malestares; miedo a manifestar sus deseos de justicia; miedo a las represalias del poder patronal.
Todavía las contrataciones, evaluaciones, y criterios de retención y cesantía siguen viciadas por actitudes y prácticas ilegítimas, como el discrimen por razones ideológicas, el padrinazgo político, el amiguismo, la arbitrariedad y el capricho.    
Por fuerza de cláusulas contractuales ilícitas son despojados de derechos fundamentales, incluso de tener expectativas de conservar sus empleos. Víctimas de inequidades e iniquidades cotidianas, enraizadas en sospechosas clasificaciones laborales, hasta les niegan el valor de su experiencia de años y años de servicio.
Contratados como “temporeros”, estos profesores son forzados al silencio; a reservar para sí sus ideas divergentes y a callar sus críticas al sistema opresor; a soportar pasivamente sus frustraciones y tormentos; y a jurar sumisión incondicional para preservar sus empleos. Así, intimidados y en silencio se ensimisman; y así se aíslan; y así los desaparecen.
Contra los profesores privados injustamente de sus empleos, la UPR vuelca todo su aparato “legal”; y gasta más en abogados corporativos para evitar que enseñen, que lo que debiera invertir en proteger a sus educadores.  
            Con miedo y sin miedo, ¡rompamos el silencio!

 

  • Héctor E Colón

    Es TAN MEDIOCRE que si obtiene contrato debe estar alegre, pero el pueblo triste, hay muchos y mejores! Se me olvida el NEPOTISTIMO.

  • Rita Cotto

    Hay mucho de verdad en lo referente a las dinámicas de la facultad docente y sociología del ambiente institucional. No quepa duda. De otro lado, y aparte de los determinantes económicos que en el presente dictan la preferencia por contratos por servicio de profesores, lo cierto es que, salvo que un profesor sea seleccionado para una plaza probatoria definida y convocada y por la facultad de una materia en particular, para la cual se compite, los profesores que se contratan fuera de plazas probatorias saben, desde un principio, que no ocupan una posición donde el tiempo de servicio cuenta hacia la posibilidad de ser escogido para una plaza futura ni para acumular ese tiempo para fines de permanencia de este ser otorgado una plaza probatoria para la cual deberá competir de igual a igual, con todos los solicitantes, incluyendo aquellos que no han dado cursos por contrato.Y eso se conoce de antemano que es así.

    • la cotorrita

      “Competir de igual a igual”…dice usted? Lo hace ver como si en la UPR fuese el mérito el criterio para la otorgación de plazas docentes.

  • Mario Alonso

    Mientras Abel Nazario el experto de la comision senatorial en educación anda declarando que los docentes de UPR son unos vividores con sueldazos trabajando solamente dos horas por semana

    • Héctor E Colón

      Es cierto.