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Un día con Oscar López Rivera

El día 7 de octubre viajé a la ciudad de Terre Haute en Indiana, para ver al patriota Oscar López Rivera, quien ha cumplido ya 30 años por su lucha en defensa del derecho a la autodeterminación e independencia del pueblo de Puerto Rico.  Salimos a las tres de la mañana para estar en la cárcel antes del conteo, en vista de que el viaje en auto dura cerca de cuatro horas y media.  Atrás quedo la comunidad boricua que en la “Division”, inspirados por Oscar y por varios de nuestros exprisioneros políticos, iniciaron un desarrollo comunitario que es ejemplar.  Allí se ha creado el Museo Juan Antonio Corretjer,  la Escuela Roberto Clemente, la Escuela Dr. Pedro Albizu Campos, el Centro de cuidado infantil Lolita Lebrón,  la Biblioteca Andrés Figueroa, el Centro Vida Sida y tantos otros centros de apoderamiento del pueblo, que ha permitido que cientos de jóvenes de ambos sexos, hayan sido rescatados de las calles, de las gangas y de la deserción escolar.

En las calles de la “Division”, Oscar vio muy joven la discriminación racial y étnica, la explotación del obrero, sobretodo de los latinos. El uso de la policía para reprimir el derecho de expresión y de asociación, así como la utilización de la fuerza del Estado para evitar y disuadir la organización comunitaria  en pro del cambio social. Todos estos procesos sociales fueron formando al organizador comunitario, al luchador por la libertad, que luego cuajó en praxis revolucionaria a raíz de su experiencia militar en Vietnam. Al reclamar ser enjuiciado como prisionero de guerra, lo que implica que él y sus compañeros, rehusaron reconocer la jurisdicción de los tribunales federales y reclamaron ser juzgados por tribunales internacionales, como es procedente cuando hay conflicto por razón de una relación colonial entre dos naciones.

Oscar nos recibe con la alegría de siempre, con la paz de la persona que sabe que ha cumplido con su deber y que siembra esperanzas de libertad para su patria, aunque las tenga que pagar al precio doloroso de renunciar a la propia. Siempre que le pregunto cómo está, me responde: “Bien, hay vida, mientras haya vida, estamos bien”.  Comenzamos una conversación que dura más de cuatro horas y que más bien parece un repaso para un  examen entre dos estudiantes conscientes de su responsabilidad por conocer el material sobre el cual alguna vez tendremos que presentar cuentas. Oscar lee de todo. Conoce de historia, me habla de cómo Nixon inició la guerra contra las drogas y a quién fue la persona que puso a dirigir; con una mentalidad militar y a su vez comercial, muy alejado de cualquier enfoque salubrista que pudiera estar orientado a controlar el consumo y no la distribución de estupefacientes.

La falta de oportunidades de empleo, de vivienda, de servicios de salud y de educación, son carencias de la vida en la sociedad capitalista, que producen un clima social que es caldo de cultivo para la estructuración y permanencia del mercado de la droga. Por eso, Oscar habla de la autogestión de los sectores oprimidos y cómo, si le das una vivienda en arrendamiento a alguien, que es de un sector pobre, y luego de un tiempo le planteas que con un poco más que lo que paga en arrendamiento, si trabaja y produce, la vivienda puede pasar a ser de la persona que es arrendatario. Con esa acción, lo vas a motivar al trabajo, para tener algo suyo y valorarlo, tanto al bien adquirido, como al trabajo que lo produjo. Este análisis surge al amparo del examen que hacemos del concepto de renta básica, que ha desarrollado el expresidente Lula Da Silva en Brasil.  Los ojos le brillan cuando lo explica y hace meditar a uno que a este hombre noble y generoso, la cárcel lo ha hecho sufrir la ausencia de su patria y la distancia física de los suyos, pero no ha logrado romper su espíritu ni su capacidad de soñar.

Luego nos explica su análisis, casi Freudiano, de por qué el presidente Obama ha resultado ser más conservador de lo que muchos podían anticipar. Nos dice que no podemos olvidar que Obama fue criado por sus abuelos y que su abuelo era un militar, de ahí su fidelidad a la milicia y a la visión conservadora que ésta le imprime al gobierno de los Estados Unidos, condicionando sus políticas geoestratégicas en el mundo.  Hablamos de Malasia, Indonesia y Singapur, como países cuyos modelos económicos debíamos estudiar, para anticipar la viabilidad de un modelo económico auto sostenible para la futura republica de Puerto Rico. Oscar ratifica su convencimiento de que el capital no tiene patria y se mueve a los lugares en los que puede obtener ganancias, sin importar la consecuencia que esto pueda tener para el país donde se encuentre la matriz de las corporaciones inversoras. Eso explica para él, por qué la General Motors está en quiebra en Estados Unidos y a su vez obtiene cuantiosas ganancias en China.  De igual modo, así se explica que corporaciones norteamericanas y Europeas se muevan a Latinoamérica, aprovechando la mano de obra barata de esta región del mundo y los recursos naturales de estas regiones, que aún están sin explotar y potencian la inversión del capital con talento nativo y con la fuga de cerebros hacia esas regiones.

La visita tiene que terminar y quedan tantos temas sobre el tintero que se continuaran cada domingo o en una que otra carta. Me voy y dejo en la libertad del espíritu y en el absurdo sadista del encierro imperial, a un puertorriqueño puro, que lo ha dado todo por el amor a su patria y que requiere de todos nuestros esfuerzos y entrega, para que esta injusticia, que pretende perpetuar la privación de la libertad hasta la muerte, termine a la brevedad posible. Todo puertorriqueño(a) de bien, debe empeñar su esfuerzo y su honor, para que esta crueldad del Imperio cese. !Libertad para Oscar ahora!

* Publicado originalmente en Claridad, 18 de octubre de 2011.