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Una desvinculación inadvertida


En la agenda capitalista, hoy de corte neoliberal, figura la mercantilización de todo, la subsunción formal y real de todo lo que pueda a sus complejas y extensas redes. La glotonería, voracidad o tragonería capitalista es i-li-mi-ta-da. Y hoy apetece consumir, tragarse toda la naturaleza.

En efecto, en nuestros días, la naturaleza es, como nunca antes, mercancía, consecuencia de lo que Neil Smith (2006) llama la “producción capitalista de la naturaleza.” Se refiere al proceso por el cual la naturaleza es alterada, capitalizada, intercambiada y consumida como mercancía de acuerdo al marco abstracto de su valor de intercambio en el mercado. La biotecnología, integrada al capital, y excesivamente inscrita en la hegemonía capitalista, ha consentido y facilitado la intensificación dramática de la producción capitalista de la naturaleza. No se puede negar que la biotecnología es hoy indispensable para el capital y sus intentos por integrar al mercado elementos de la naturaleza no integrados al mercado previamente, incluyendo a los genes. Pero, ya no se trata de la conversión de la naturaleza, considerada como materia prima, en objetos de producción o bienes capitales tan solo. Aparte de esa “subsunción formal” de la naturaleza, el capital la subsume efectivamente y esta “subsunción real” es en la actualidad de mayor importancia que la formal (Smith 2006). En consecuencia, el capital circula a través de la naturaleza, no como un efecto incidental de la acumulación de capital sino como un efecto planificado, estratégico. Asimismo lo inverso también ocurre: la naturaleza circula a través del capital (Smith 2006). La naturaleza producida, los transgénicos por ejemplo, circulan como bienes capitales o de consumo. También circula como capital ficticio o potencial—créditos ecológicos, acciones, derivados ambientales, etc. Es reserva del capital (Smith 2006).

Las ciencias vivas, y en especial, la biotecnología, han desempeñado un rol fundamental en la subsunción real de la naturaleza. La actividad económica derivada de las prácticas científicas, particularmente de las “ciencias vivas” aplicadas, enfocadas en derivar aplicaciones comerciales del estudio de los mecanismos y procesos biológicos, es cada vez más importante para el capital. Y esta bio-economía es a su vez un sector central y significativo de la llamada economía del conocimiento. No es entonces sorprendente que, en el presente, la bio-economía y/o la industria de la biotecnología se expandan rápidamente alrededor del planeta. Se han expandido también a Puerto Rico, donde a lo largo de las últimas décadas la industria crece, progresa y prospera de manera gradual. Su crecimiento se ha visto afectado por la crisis económica. Pero, sigue siendo el norte de las políticas desarrollistas del país.

Puerto Rico, al menos en el contexto estadounidense, ya se ha convertido en uno de los lugares preferidos para la experimentación biotecnológica, compitiendo con Iowa, Illinois y Hawái (Ruiz 2004). Desde los ochenta han sido miles los experimentos realizados en Puerto Rico, incluyendo algunos con cosechas transgénicas y ensayos con cosechas farmacológicas. Estos experimentos incluyen desde la manipulación de plantas y semillas para la producción de alimentos transgénicos, hasta la manipulación de plantas para que estas produzcan vacunas, hormonas, anticuerpos, contraceptivos y enzimas industriales, etc.

En la llamada bio-isla las inversiones capitalistas para el desarrollo de la industria de la biotecnología, incluyendo inversiones para una infraestructura adecuada para la industria, han sido cuantiosas y significativas. Abbott, Amgen, Lilly, Ortho Biologics, entre otras empresas, ya han invertido millones en la infraestructura que requiere el desarrollo local de ese sector, incluye fábricas, plantas y centros de biotecnología industrial. El gobierno también ha promovido y apoyado los esfuerzos para producir el capital fijo necesario para el desarrollo de la bio-economía local, lo que el Puerto Rico Bio-Alliance llama un “Bio-business Accelerator Ecosystem.”

La formación de conglomerados constituidos por la industria, el gobierno y la academia tampoco se han hecho esperar. Ya han surgido varios conglomerados importantes para la investigación y desarrollo biotecnológico. Uno de ellos, el Conglomerado de Biotecnología incluye la colaboración entre el sector de la industria de la biotecnología de la salud y varios recintos de las varias universidades puertorriqueñas. Otro, la Asociación de Investigación de Semillas de Puerto Rico (AISPR), posee un presupuesto millonario para el desarrollo de las semillas transgénicas de maíz, soya, arroz, algodón y girasol. Esta última cuenta con la participación y colaboración de varias corporaciones e instituciones académicas: AgReliant Genetic, Golden Harvest, Illinois Crop Improvement Association, Iowa State University, Monsanto Caribe Inc., Mycogen Seed P.R., Pioneer Hi-Bred, Rice Tech, Syngenta Seeds y Adventis Seeds.

Las distintas universidades del país, ya han creado programas y departamentos de biotecnología orientados a entrenar los futuros trabajadores, profesionales e investigadores de la industria de la biotecnología. Este es el caso del RUM, que ya ofrece un programa de biotecnología industrial y administra un centro para el aprendizaje biotecnológico. Es indudable que los centros académicos del país han dado una bienvenida incondicional a la industria de la biotecnología, lo que es de esperarse, pues la investigación científica depende progresivamente de fondos privados. En las universidades la industria de la biotecnología cuenta con el apoyo de muchos investigadores en las ciencias vivas. Muchos de estos académicos-empresarios han sabido insertarse con eficacia en los resquicios de la bio-economía y promueven el desarrollo biotecnológico y la colaboración entre el gobierno, la academia y la industria. Se trata de la llegada del llamado “capitalismo académico.”

Como con otras aventuras económicas los aparatos ideológicos legitiman y “vende” activa y efectivamente la bio-economía al público. El desarrollo biotecnológico ha recibido bastante cobertura, en la mayoría de los casos positiva. La visión mediática del desarrollo biotecnológico no es solo positiva sino además similar a la visión expresada por otros actores en la industria, el gobierno y la academia. El Nuevo Día, por ejemplo, ha publicado varios artículos sobre la industria de la biotecnología, muchos de ellos articulando el potencial económico de la misma—una clara invitación a posibles inversionistas. Además, los medios de comunicación manufacturan, a través de imágenes positivas de la biotecnología, el apoyo público a la misma, garantizando una opinión pública favorable a esta.

El gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico promueve activamente la bio-economía, en concreto mediante la creación e implementación de política pública para el desarrollo de la biotecnología y la industria del conocimiento. La pasada administración del Partido Popular Democrático, bajo el liderato de Aníbal Acevedo Vilá, impulsó una inversión multimillonaria de fuentes públicas, privadas y federales para la investigación y desarrollo de lo que llamó la “economía de la innovación.” Además, propuso la creación del Instituto Puertorriqueño para el Desarrollo de las Ciencias y la Tecnología y varios centros de investigación, la revisión del currículo de ciencias, matemáticas e inglés, el establecimiento de una infraestructura de apoyo a la tramitación de patentes y la comercialización de productos nuevos, la expansión de conglomerados tecnológicos, y, por último, incentivos contributivos a proyectos de alta tecnología. La administración corriente, la de Fortuño, también ha implementado medidas y políticas similares.

En fin, y como señale antes, y aunque lejos de ser remedio milagroso a los problemas económicos del país, la bio-economía local crece, progresa y prospera de modo paulatino. Pero, conocemos muy poco de su historia, de su desarrollo a lo largo de los años. Si ese desarrollo ha sido un problema de importancia para políticos, desarrollistas, planificadores, empresarios y economistas, no lo ha sido para los historiadores, sociólogos y otros científicos sociales. Lo más curioso es que la biotecnología tampoco ha sido un problema social de importancia para el movimiento ambientalista puertorriqueño. Contrario a otros lugares alrededor del mundo las consecuencias éticas, sociales y ambientales de la biotecnología no han provocado protestas masivas. Y he allí una pregunta fundamental para historiadores, sociólogos y otros estudiosos del tema: ¿Por qué el público puertorriqueño no ha protestado la biotecnología? ¿Por qué no ha sido tomado como uno de los problemas socio-ambiental prioritarios por el movimiento ambientalista? ¿Por qué los ciudadanos no han reclamado mayor participación en la toma de decisiones con respecto a la biotecnología? ¿Por qué la biotecnología no constituye un problema social para los puertorriqueños?

Tres posibles respuestas ya se han sugerido. La primera fue propuesta por Carmelo Ruiz (2004). Hace unos años este reportero opositor de la biotecnología planteaba que la mayoría de los puertorriqueños desconocían lo que ocurría en la isla con respecto a dicha industria. Para él, ese desconocimiento, y por consiguiente, la falta de oposición política, operaba como un incentivo a la inversión capitalista. La falta de protestas era traducida en la mentalidad de los inversionistas como un clima propicio para la inversión de capital en la industria de biotecnología. Se trata de una explicación plausible. Claro, el nivel de conocimiento del público con respecto a la biotecnología es un asunto que requiere de más investigación. Sería necesario demostrar que existe una relación causal entre el nivel de conocimiento y el nivel de apoyo a la biotecnología. Esto no ha sido estudiado en Puerto Rico.

Otra posibilidad es la desvinculación de la tecnología, la ciencia y la política, que la tecnología y la ciencia no sean consideradas por el público como un asunto político. Para Marlene Duprey (2010), en su libro Bioislas, es cuando estudiamos la propuesta de la bioisla que “notamos que se repite la tendencia a ver los cambios en la investigación científica y la innovación tecnológica desvinculados de su dimensión política” (171). Esa desvinculación previene la participación activa de los ciudadanos en la toma de decisiones con respecto a la biotecnología. Esta es también una explicación plausible que requiere de más estudios. Es posible que los ciudadanos releguen el desarrollo biotecnológico a un asunto mejor dejado a los tecnócratas, que tiendan a desvincular la ciencia y la tecnología de la política. No obstante, es importante reconocer que la separación de la política y la ciencia y la tecnología no ha sido cierta de todas las luchas socio-ambientales en la isla.

Es también posible que los ciudadanos simplemente apoyen la industria de la biotecnología, que vean en ella una posibilidad real de crecimiento económico y que ante ello obvien los riesgos que implica. Es posible que estemos ante la confluencia de capital privado, ciudadanos y gobierno a favor de un proyecto económico, a favor de una estrategia de desarrollo fundamentada en la biotecnología. Se trata de una confluencia típica de ese sistema de economía política conocido como el “treadmill of production” (Gould, Schnaiberg y Weinberg 1996). Estos podrían estar fundamentados en la creencia, bastante generalizada, de que el bienestar público solo puede ser logrado mediante el crecimiento económico.

En cualquier caso, lo cierto es que la presencia creciente de la industria de la biotecnología y la implementación de la política pública con respecto al desarrollo bio-económico, refleja un proceso de toma de decisiones en el que los intereses capitalistas—la acumulación imparable de capital—desplaza consideraciones éticas, sociales y ambientales a favor de las consideraciones económicas y en donde la falta de participación ciudadana es formidable. Ante la falta de participación ciudadana el Estado se alinea, por supuesto, con los intereses corporativos.

Referencias

Puerto Rico Bio Alliance. Puerto Rico: The Bio-business Accelerator Ecosystem. Retrieved Mayo 22, 2012, from Bio Alliance Puerto Rico: http://induniv.org/files/PuertoRicoTheBioBusinessAcceleratorEcosystem.pdf

Duprey, M. (2010). Bioislas. San Juan: Ediciones Callejón.

Gould, K. A., Schnaiberg, A., & Weinberg, A. (1996). Local Environmental Struggles. Cambridge: Cambridge University Press.

Ruiz Marrero, C. (2004, Noviembre 8). Puerto Rico Meca de Experimentos con OGM. Retrieved Mayo 22, 2012, from Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=7198

Smith, N. (2006). Nature as Accumulation Strategy. In L. Panitch, & C. Leys (Eds.), Socialist Register 2007: Coming to Terms with Nature (pp. 16-36). New York: Monthly Review.