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Una revolución desde la resistencia cotidiana


foto por Ricardo Alcaraz Diaz

Desde la ira que me provoca esta afrenta tan descarada a la cual nos somete el gobierno de Estados Unidos a través de su junta antidemocrática, dictatorial, con conflicto de intereses obvios, no puedo evitar pensar en la revolución. Confieso que he pensado en la violencia, en todos los que lucharon con mano armada en nuestra historia por liberarnos de la colonia que persiste. He pensado por un momento que sí, que la lucha tiene que ser de armas tomadas. Yo pacifista, yo que me esfuerzo a diario por vivir desde la no-violencia, he pensado en la violencia como vía de liberación de nuestro pueblo.

Me detengo, sin embargo, cuando pienso en mis hijxs. Cuando soy capaz de salirme de la ira, reconsidero, al mirar a largo plazo hacia atrás y hacia adelante, desde la historia hasta el futuro, ver e imaginar las nefastas consecuencias de la violencia. Quiero pensar que hay otros modos de lucha y pienso en Rosa Parks, Martin Luther King, Gandhi. Por otra parte, hay países que han salido de situaciones económicas similares poniendo las necesidades de su gente antes que la de los capitalistas sin necesidad de violencia. Pero la diferencia es que no eran colonias.

Lo que está claro aquí es que hay que darle fin a la colonia. Los partidos políticos no son efectivos, lo que hacen es dividirnos unos contra otros. No hay vigencia para estadistas, ni estadolibristas o independentistas convencionales, todos con sus discursos totalitarios que excluyen a los demás. ¡Para qué invertir millones en un plebiscito que nadie va a escuchar! ¡Otro simulacro más sin consecuencias reales para que las personas en y fuera de Puerto Rico se crean la ficción de que aquí tenemos voz y voto!

Aquí el único que puede lograr el cambio real es el pueblo mismo: unido, trascendiendo toda diferencia política, social, e incluso, religiosa. El norte tiene que ser el bien común de todxs y no de algunxs; no puede ser sacrificar lo público para salvar lo privado; no puede ser imponer mi credo para borrar el tuyo; aquí tiene que ser como los tres mosqueteros: “todxs para unx, unx para todxs”.

Sé que no solo suena idealista sino imposible. Siempre habrá quien se cree mejor que el otro. Pero ya vemos que esa violencia solo genera más violencia. Estados Unidos es ejemplo claro en estos días, y tantos otros lugares en el mundo, que se afanan en imponerse sobre los otros desde el nacionalismo extremo, el fundamentalismo religioso, étnico y racial. El que está bajo amenaza lucha por su supervivencia, por su derecho a vida digna, muchas veces con violencia, muchas otras desde la acción ciudadana de protesta pacífica pero masiva y contundente.

Desde los rostros de mis hijxs nace en mí el deseo profundo de creer que un futuro mejor es posible. Deseo con todo mi ser aceptarle a Lennon su invitación, y no solo imaginar ese mundo sin banderas, sin religiones, sin maldad, sin odio, sino trabajarlo a diario y hacerlo una realidad. Quiero creerle a Gandhi con viveza y ser el cambio que quiero ver en el mundo. Quiero con furor creerle al filósofo japonés, Daisaku Ikeda, cuando afirma: “Una profunda revolución interior en un solo individuo puede cambiar no solo su propio destino, sino también el de toda una nación y, más aún, el de toda la humanidad”. Quiero creerles y les creo.

Propongo que todxs lxs que deseamos cambiar el destino de Puerto Rico y el mundo nos comprometamos a trabajarlo desde nuestra propia vida. No esperar a que otrxs lo hagan, no quedarnos inertes a ver qué ocurre, no dejarnos vencer por el pesimismo que nos encamina a la inacción. Hagamos nuestra revolución desde nosotrxs mismxs. No dudo que los que queremos un mejor Puerto Rico para todxs somos muchxs más que lxs que prefieren aferrarse al odio, la indiferencia y el miedo que permite que nos roben lo que nos queda.

Puerto Rico es de todo aquel que en este instante lo habita, no importa su lugar de nacimiento, no importa su raza, su ciudadanía, su religión, su identidad de género, su sexualidad… quien habita esta tierra ahora la debe defender como su lugar habitable ante esta amenaza llamada Junta, llamada gobierno de Estados Unidos y todo aquel que le acepte sus imposiciones injustas e inhumanas. Quien alguna vez la habitó, quien reclama esta tierra como su lugar de origen desde otras orillas, también la debe defender desde donde sea que se encuentre en este momento. Que la diáspora se organice y accione.

Aquí hay que salir de la zona de confort que está a punto de convertirse en carencia pura. Nos toca a todxs accionar contra la junta, las medidas que proponen no afectarán solamente al sector público, el sector privado también sufrirá escasez en forma de nuevos impuestos y si son empresarios, tendrán menos clientes. ¡Hay que salir a la calle a protestar! Asistir a toda protesta posible, que se vea y se sienta que somos muchos. Apoyar los movimientos civiles de resistencia según vayan surgiendo. Además, hay que hacer sentir la resistencia desde lo individual para ir fortaleciendo lo comunitario. Es decir, hacer revolución desde la resistencia cotidiana de cada persona. Las acciones de resistencia cotidiana incluyen:

  1. ¡No aceptemos el plan fiscal enmendado y aprobado por la Junta! ¡NO! ¡Busquemos los recursos legales para defendernos (tienen que haberlos). Redactemos una demanda al gobierno de Estados Unidos, a la Junta y el Gobierno de Puerto Rico! Llevemos la demanda al Departamento de Justicia de Estados Unidos y también a la ONU. ¡Qué nos regresen a la lista de colonias del mundo! ¡NO aceptemos este plan fiscal diseñado para robarnos lo que nos queda! ¡NO aceptemos!
  2. No comprarle más a ninguna empresa estadounidense a menos que denuncie la junta y defienda los intereses del pueblo que la nutre económicamente. Hay muchísimos negocios locales que podemos patrocinar.
  3. A diario hacer llamadas, correos electrónicos, a representantes, legisladores, miembros del Congreso, y peticiones mediante change.org y otros, para EXIGIR:1

a) que el gobierno actual practique la austeridad sobre ellos mismos al reducir sus sueldos, los contratos a asesores, dietas, etc., antes de imponer medidas de austeridad extremas al pueblo (ya han circulado interesantes propuestas en las redes sociales).

b) que se audite la deuda de inmediato antes que se determine cualquier otra medida fiscal.

c) que una vez auditada se renegocien los términos del pago de deuda de forma que no sea necesario impactar la UPR, las pensiones, la salud, el magisterio y otros servicios esenciales del pueblo.

d) que cese y desista el despilfarro de fondos públicos destinados a la Junta.

e) que se derogue la ley que creó esa Junta y se trabaje activamente la descolonización.

f) que ningún servidor público quede impune por violar las leyes, ya sea como ciudadano privado o público, de hostigamiento sexual, discriminación, o corrupción de cualquier índole.

4. Sacar todos nuestros fondos de los bancos de grandes intereses y colocarlos en nuestras cooperativas puertorriqueñas.

5. Conversar con el sector privado para que abiertamente denuncien las medidas extremas contra el pueblo que propone la Junta.

6. Otras tantas posibles acciones cotidianas que usted se imagine…le invito a que comparta sus ideas con todxs…

Como afirmó Lolita Lebrón: “No hay odios, no hay nada. Solamente lo que hay es el derecho y el deber de un pueblo a ser libre. Nada, nada, nada trabajará aquí. Nada más que la liberación total y plena del pueblo de Puerto Rico”.

  1. Enlace al directorio telefónico del Senado de Puerto Rico: http://senado.pr.gov/presidencia/Pages/Directoriotelefonico.aspx ; directorio telefónico de la Cámara de Representantes de PR: https://es.linkedin.com/pulse/directorio-c%C3%A1mara-de-representantes-puerto-rico-pedro-ordein ; Enlace con contactos de Senadores de Estados Unidos: https://www.senate.gov/senators/contact/ ; Enlace a los representantes del Congreso de Estados Unidos: http://www.house.gov/representatives/ []

  • Luis

    Muy bueno el artículo con acciones prácticas a llevar a cabo. Se necesita de todo, las protestas calladas individuales y las colectivas con mucho ruido. Adelante.

  • Maritza Pomales

    La mejor protesta no hace ruido. Se pare dentro de nuestras comunidades. Estoy de acuerdo con tu punto cuatro. Hay que trabajar dentro de las comunidades de forma cooperativa. Disminuir el consumo de productos de empresas extranjeras y consumir productos locales. Que nuestra mayor protesta sea nuestra acción en la solución. Ésto se escuchará más que cientos de gritos. El sistema lo que desea es que nos gastemos y que memos protestando. No le sigamos el juego.