El socialismo de un pueblo
Romper todas las formas de servilismo y hacer la revolución, no es romanticismo. Mucho menos utopía. Es simplemente un combate por la humanidad.
Es dominicano. Doctor en sociología de la École des hautes études en sciences sociales (Paris). Se especializa en el tema cultural y migratorio entre Argelia-Francia y Haití-República Dominicana, y trabaja en la actualidad sobre la diáspora dominicana en Nueva York. Ha laborado como docente en la Universidad Panthéon-Sorbonne y Universidad de Limoges, y publicado en varias revistas especializadas en las ciencias sociales. Entre sus obras recientes se encuentra la traducción al francés de la obra de Philippe Bourgois (In Search of Respect, Selling Crack in El Barrio) y la edición y prólogo de “La fabricación de las identidades culturales” de Abdelmalek Sayad (Raisons d’agir Editions, 2014).
Romper todas las formas de servilismo y hacer la revolución, no es romanticismo. Mucho menos utopía. Es simplemente un combate por la humanidad.
Disimulado bajo el discurso del “interés nacional”, este racismo de Estado reaparece hoy y legitima la exclusión social y espacial de una población negra mayoritariamente relegada a los estratos más bajos del mundo del trabajo (jornaleros, obreros y empleados).
La arbitrariedad del nacionalismo visceral no es inocente y crea efectos contradictorios que ocultan lo que en realidad está en juego: la legitimación de la injusticia social.
De la noche a la mañana, cientos de miles de dominicanos serán ahora extranjeros, coartando así sus derechos más fundamentales.