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Desde París, Paul Estrade convierte su saludo en una lección moral sobre Betances: no el busto quieto del prócer, sino el hombre entero, atravesado por dignidad e indignación. Relata cómo la Revolución Cubana lo llevó a Martí y, desde los archivos franceses, a descubrir en 1970 al puertorriqueño que ardía en el centro de la independencia antillana. Desde entonces, su obra —junto a Félix Ojeda Reyes y otros compañeros— rescató al Betances francés, periodista, diplomático, higienista, escritor y conspirador de la libertad absoluta. El texto insiste en que venerarlo no basta: hay que leerlo como método de acción contra imperios, bloqueos, guerras y atropellos. Betances vive cuando la memoria deja de ser ceremonia y se vuelve deber insurgente. Sin esa acción, la patria vuelve a quedarse en vitrina decorativa, muda.
Por Paul Estrade
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Una memoria infantil del terremoto de Nicaragua de 1972 abre una reflexión sobre cómo los años setenta formaron una sensibilidad marcada por catástrofes, crisis políticas y cine de desastres. Entre Roberto Clemente, Watergate, Fuentes Fluviales, la crisis del petróleo y Earthquake, el niño Miguelito Ángel aprendió a mirar el mundo desde la ansiedad. Luego, la salsa, la disco y Santurce ofrecieron una vía de sobrevivencia: la belleza en medio de la ruina. Gaza y Venezuela reactivan hoy ese archivo íntimo del horror, pero también la voluntad de enfrentarlo con alegría, memoria y fervor, a pesar de todo, todavía intacto.
Por Miguel Rodríguez Casellas
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El texto revisita, treinta años después, las advertencias del Taller de Formación Política sobre la crisis del agua en Puerto Rico y confirma que no se trataba de una fatalidad natural, sino de una crisis social fabricada por abandono, privatización, corrupción y ausencia de planificación. El súperacueducto aparece como emblema de esa política: infraestructura costosa, vulnerable y funcional al desvío de fondos públicos hacia intereses privados. A esa debacle se suman la sedimentación de embalses, la deforestación, la construcción desmedida, la crisis climática, las sequías recurrentes y la amenaza emergente de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Frente a ese capitalismo colonial que convierte el agua en mercancía, el autor propone una alternativa ecosocialista: propiedad pública, control democrático, participación obrera y defensa radical del ambiente del país.
Por Manuel Rodríguez Banchs
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Un verdor terrible, de Benjamín Labatut, no es solamente una excursión literaria por la química, la física, la matemática y la astrofísica del siglo XX; es una autopsia del progreso. Cada genio que aparece en sus páginas abre una puerta luminosa y, al mismo tiempo, deja entrar una sombra. Haber salva del hambre a media humanidad, pero también ayuda a perfeccionar la muerte industrial. Schwarzschild ve en los agujeros negros una metáfora feroz de la bancarrota moral europea. Grothendieck abandona las matemáticas como quien huye de un dios demasiado peligroso. Heisenberg, Schrödinger y de Broglie descubren que la materia no obedece nuestras tranquilas ilusiones. Al final, la imagen de los cítricos que mueren dando una cosecha desmesurada se convierte en sentencia: quizá nuestra abundancia tecnológica no sea prueba de salvación, sino el último verdor antes del derrumbe.
Por Bernat Tort
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El texto presenta la obra de Paul Estrade sobre Ramón Emeterio Betances como culminación de una larga fidelidad intelectual al Caribe anticolonial. Desde París, y junto a Félix Ojeda Reyes, Estrade ayudó a rescatar manuscritos, reconstruir archivos y completar las Obras completas de Betances, devolviéndole al país una figura que la colonialidad siempre ha querido reducir, domesticar o borrar. Su biografía francesa, Le Père de la Patrie Portoricaine, coloca a Betances en su justa estatura: médico de los pobres, abolicionista radical, separatista irreductible, antirracista, republicano, masón, científico, diplomático y pensador de una libertad sin diminutivos. Estrade insiste en lo esencial: para Betances no había independencia sin abolición, ni justicia sin dignidad humana, ni patria posible bajo protectorado o anexión. Su antillanismo —Cuba, Puerto Rico, Quisqueya y Haití— fue proyecto político contra el imperio; una confederación para que las Antillas dejaran de ser botín y se pensaran como destino común.
Por Carlos Rojas Osorio