El palacete parisino de Teodorín

[dc]U[/dc]n operativo policial se llevó a cabo recientemente en el número 42 de la avenida Foch, en París, Francia. Tras una puerta majestuosa, se reveló una mansión de 5,000 metros cuadrados con sus seis pisos de vivienda atendidos por una treintena de empleados de servicio.

Entre las 101 habitaciones del inmueble, destaca un comedor con columnas de coral y una inmensa mesa para comensales. Además, un dormitorio de 200 metros cuadrados, una discoteca, una sala de juegos y hasta una peluquería.

La Oficina Central para la Represión de la Delincuencia Financiera de Francia obtuvo un mandato judicial para registrar e incautar propiedades del palacete parisino, propiedad de Teodorín, el hijo del dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, el mismo a quien Condoleezza Rice, ex secretaria de Estado de Estados Unidos bajo el gobierno de George W. Bush, catalogó como “buen amigo”, y con el cual el presidente Barack Obama se fotografió en 2009 por considerársele un aliado.

Contra el dictador de Guinea Ecuatorial y sus hijos existe una denuncia desde 2010 de las ONG Sherpa y Transparency International bajo investigación de dos jueces de Francia por blanqueo de dinero y adquirir bienes mediante el robo y la corrupción.

Como resultado inmediato del cateo, la Policía incautó tres camiones con 200 metros cúbicos de joyas, muebles, ropa y objetos de lujo por valor de más de $40 millones. Así, también una flota de vehículos lujosos, de entre los cuales Teodorín escogía uno cada día para que hicieran juego con el color de sus zapatos.

Tras la intervención policial francesa, un representante del gobierno de Guinea Ecuatorial solicitó al gobierno de Nicolás Sarkozy que repare lo que define como “una violación de un edificio cubierto por la inmunidad diplomática”, aduciendo para ello que Teodorín es el delegado de su país ante la UNESCO.

Pero los problemas de la familia Obiang Nguema no sólo son en Francia. Fiscales estadounidenses descubrieron recientemente una cuenta nebulosa en el banco Riggs de Nueva York, en la que los Obiang Nguema acumulaban 700 millones de dólares. El Senado de Estados Unidos concluyó que el banco incumplió con las normas antiblanqueo de dinero que permitió la creación de empresas fantasmas.

Teodorín lleva 20 años dándose la gran vida. Su pasaporte diplomático le permite entrar rutinariamente a Estados Unidos, Francia o España con millones de dólares en sus maletas. En 2001, compró una casa en Bel Air, California, por $6.5 millones, frente a la de la actriz Farrah Fawcett. En 2004, adquirió dos fincas en Cape Town (Sudáfrica) por siete millones de dólares. Tiene un jet privado que lo utiliza como si fuera un taxi. Una vez lo envió a Los Ángeles, California, a buscar a su peluquero. Sus extravagancias llegan a tal extremo que en una ocasión mandó a quitarle los 15 asientos de una furgoneta suya para que cupiera en ella su colección de maletas Louis Vuitton. Todo este boato, a pesar de que su sueldo oficial como ministro de Agricultura y Bosques del gobierno de su padre no sobrepasa los $70,000 al año.

La inmensa fortuna hallada en el palacete de París, depositado en un almacén del Ministerio de Finanzas de Francia, contrasta con la pobreza de Guinea Ecuatorial, una ex colonia de España con grandes reservas petrolíferas, consideradas las más grandes del continente africano. Sus ventas de petróleo ascienden a 400,000 barriles diarios. Exporta, además, casi un millón de metros cúbicos de madera tropical al año, a través de lo cual se generan miles de millones de dólares anuales.

Obiang Nguema gobierna a Guinea Ecuatorial desde hace 32 años con el beneplácito de las grandes potencias del mundo, incluyendo a Estados Unidos, a cambio de la expoliación de sus riquezas naturales. Los robos y asesinatos en esos 32 años de dictadura de terror le han permitido amasar una fortuna que lo convierte en uno de los hombres más ricos del planeta.

Bajo su dictadura, Obiang Nguema no sólo ha saqueado los pagos de las compañías petroleras por la extracción del hidrocarburo, sino que se ha apropiado aproximadamente de la mitad de los terrenos edificables del país. Los opositores al régimen son asesinados o encarcelados, al tiempo que se les despoja de cualquier bien que posean. Se estima que durante el mandato dictatorial de Obiang Nguema, el gobierno ha exterminado a cerca del 10% de la población.

Conforme al último informe de Amnistía Internacional, los detenidos por la Policía y el Ejército son torturados de manera brutal, mediante métodos tales como mutilaciones, roturas de huesos, estupro, descargas eléctricas en los genitales o la clavadura de tenedores en la vagina de las mujeres detenidas.

Pese a sus riquezas naturales y a sus grandes reservas de petróleo, los habitantes de Guinea Ecuatorial no disponen de servicios sanitarios ni educación. Ante cualquier emergencia médica, sus habitantes únicamente cuentan con el Hospital de Malabo, para cuyos servicios sanitarios los pacientes tienen que pagar por adelantado su estadía en el hospital y el tratamiento médico que reciban. Deben, además, llevar todo lo necesario para su estancia y tratamiento; desde jeringuillas o medicamentos, hasta el colchón, las sábanas o la comida.

Teniendo una potencial renta per cápita que sitúa a Guinea Ecuatorial en el escalafón número 38 en el mundo, la expectativa de vida es de 43.3 años, según Amnistía Internacional, y el 80% de la población vive con menos de $27 al mes. Sin embargo, el clan gobernante posee alrededor del 98% de la renta nacional.

Bajo el gobierno de Obiang Nguema, considerado como uno de los más corruptos del mundo, Guinea Ecuatorial se ha convertido en el centro del narcotráfico de África Occidental.

El patriarca de la familia Obiang ha hecho enmendar la Constitución del país con el propósito de que su hijo Teodorín, quien ya es considerado el segundo hombre en mando del gobierno, pueda heredar la presidencia de Guinea Ecuatorial.

Rafael Santiago Medina
Colaborador

El autor es actualmente director de la Oficina de Prensa de la Unión General de Trabajadores (UGT). Fue editor de la Revista Bienes Raíces y Construcción y del periódico Obras, de temas económicos. Laboró como periodista independiente (free lance) y columnista ocasional para el desaparecido periódico El Mundo. Tuvo a cargo el área de prensa y comunicaciones de la Universidad Interamericana bajo la presidencia del doctor Ramón A. Cruz, mediante una cuenta de Relaciones Públicas a cargo de la agencia Justo Díaz y Asociados. Dirigió, además, la oficina de prensa del Colegio de Ingenieros y Agrimensores de Puerto Rico bajo la presidencia de José E. Custodio. Colabora en estos momentos con columnas para el periódico El Nuevo Día, para cuyo periódico también escribe reportajes de análisis en las páginas de noticias internacionales. Escribe, además, para el semanario Claridad, al mismo tiempo que es un activo colaborador de 80grados.