Ocupando la escala humana

[dc]C[/dc]omo suplemento, como un ‘además’ y un ‘anterior’ a las protestas masivas que ocupan tanto Wall Street como la atención global, hay iniciativas independientes bregando desde hace años con problemas específicos de aquellos que queremos mantener invisibles. Uno de esos proyectos es El Punto en la Montaña, un programa de intercambio de jeringuillas formado en Nueva York por dos expatriadas de la UPR, que opera en varios pueblos montañosos de Puerto Rico.

Si hay una lección de las protestas de Occupy Wall Street es el escándalo que se forma cuando se hacen visibles las cosas que todos sabemos y nadie quiere ver. El plé plé que se prende cuando los cuerpos humanos se tiran a la calle a ser vistos. Es tirar al frente lo que siempre está en el fondo. Lo radical aquí es el callejero Habeas Corpus.

Catalizado por Tunisia, pasando por los indignados de Madrid, los ocupas de Wall St. y el fenómeno extendido a demás ciudades, ya se hizo obvio que la promesa de crecimiento económico y democracia (plutocracia) se está auto-canibalizando. A su mito de eficiencia finalmente se le ven las costuras; pero eso no es lo nuevo. La diferencia es que ya no son los ambientalistas-anarquistas-comunistas-izquierdosos, o cada especie de tribalista los que se quejan en sus naciones virtuales de medios sociales. La diferencia es que la presencia física de ocupar el espacio público se toma como un derecho de los habitantes del mundo. Algo tan clásico y pre-tecnológico como salir de la pseudoutopía privatizada, gente clase media acampando afuera, usualmente el territorio de vagabundos, colapsa los compartimientos predefinidos de casta y rol social en lo que ha sido toda una alucinación colectiva de orden y progreso (como canta el slogan milico de la dictadura Brasileira).

Uno de los principales retos de la coyuntura actual es conciliar la plétora de visiones -académicas y vernaculares- sobre la sociedad perfectamente calibrada entre responsabilidad citadina, magnanimidad y restricción. Cada variedad de las sectas filosóficas se presenta como poseyendo LA verdad  de la justa organización política y ante su compromiso mítico se ciega a aquellas ‘pequeñas’ cosas  que casi siempre son las que hacen mayor diferencia en el ámbito de lo concreto y cotidiano.

Es hora de enfrentar la crisis de credibilidad  que se da al entender el activismo político como una visión teórica de la perfecta sociedad justa y esa fascinación pasmada con el rol del estado redentor. El triki es pasar de lo estructural a lo humano.

La Escala Humana y la crisis de HIV en Puerto Rico

Puerto Rico ocupa el tercer lugar en prevalencia de VIH/SIDA entre adolescentes y adultos en todo Estados Unidos y sus territorios.

-ocupa el octavo lugar de casos de SIDA acumulados.

-tiene el segundo índice más alto de muertes relacionadas al SIDA en Estados Unidos y sus territorios.

-en el 2005 Puerto Rico, con un nivel poblacional mucho más pequeño que el de regiones como New Jersey y Philadelphia, marcó un índice de nuevas infecciones de VIH mucho más grande al de estos dos áreas.

-es el único territorio de Estados Unidos donde el uso de drogas inyectables es la forma principal de transmisión de estas enfermedades.

“Sin embargo”, nos dice la investigadora Camila Gelpí Acosta, “el Gobierno de Puerto Rico ha sido extremadamente negligente con el uso de fondos destinados para la prevención, educación y tratamiento de personas con VIH/SIDA. Diferentes investigaciones a nivel local y federal han demostrado el mal manejo de fondos e incluso fraude por parte de las agencias gubernamentales.”

Y porqué no va a ser así, si los deambulantes infectados en la isla son el elefante en el cuarto: están tan presentes que nadie los ve, como la trillada guirnalda decorativa que nos sorprende si no está…quizás nos haría falta.

Qué sería del pasatiempo suburbano a cerrar las calles o nuestros intentos convivales de jugar a la crítica social sin el tropo discursivo del ‘tecato’. Los necesitamos para enmascarar nuestra vagancia analítica en trazar el rol en la construcción social de la realidad que aceptamos. Es similar a la muletilla antiimigrante -el wetbak cruzafrontera- como parcho explicativo para el alto nivel de desempleo en los estados del sur. Pero ambos casos son meros síntomas transformados como causas para racionalizar los preceptos intocables de que el elitismo  es eficiente, la exclusión es necesaria, el prejuicio es natural. ¿Será un cliché cuestionarse estos dictums tan evidentes?, Después de todo, el sufrimiento es inevitable (otro cliché).

La moda desde hace ya unos años, sobre todo en los pueblos de la isla, es convencer a tecatitos – usualmente los más jóvenes- que la cura está en Cristo, y que Cristo está en  Estados Unidos. Les sacan una cuenta de Medicaid, los conectan con iglesias protestantes corridas por elementos de la mafia boba boricua de distintas regiones (como el Sur del Bronx, Filadelfia, el Barrio en Harlem) de Estados Unidos y los tiran por acá a curarse. He ahí el la política de salud pública con el usuario allá en Borinquen: la exportación.  Lejos de todo, de su familia, lengua, amigos. La cura, les dicen, es romper en frío y orarle al Señor, mientras les roban el dinero de Medicaid al gobierno, dejan en la calle a los que no quieran orar y en general los desaparecen como seres humanos, los invisibilizan. Tráfico humano se llama eso.

¿Qué hacer?

Gracias a nuestra indiferencia hacia los usuarios de clase pobre y al robo de fondos públicos, El Punto en la Montaña enfrenta hoy una crisis fiscal que amenaza con cerrar sus servicios.

La misión del Punto es clara:

“Firmemente basados en el hecho de que la salud es un derecho inalienable de todo ser humano, El Punto en la Montaña emerge como una riposta a la crisis de salud pública actual en nuestra isla, sobre todo en la montaña, el área más olvidada…

Utilizando un modelo de reducción de daños, donde no dictamos juicios sobre las conductas que asumen los seres humanos, la misión de El Punto en la Montaña es reducir los daños relacionados con el uso de drogas intravenosas, reconociendo  el hecho de que muchas personas las seguirán utilizando, la meta de estas iniciativas es lograr que la persona lo haga de la manera más saludable posible».

Esta misión ha logrado tres cosas: hacer visible un problema que nadie quiere atajar, activar una red de apoyo y prevención de valor inestimable en una región que mucho lo necesita, y por esas mismas razones, una sequía de fondos que amenaza con cerrar el proyecto.

El jueves, 10 de noviembre un grupo de activistas y optimistas exiliados nos juntaremos a sacar fondos a golpe de subastas de arte, música en vivo, algo de cerveza y buena conversación en El Barrio en la ciudad de Nueva York para sacar fondos para El Punto en la Montaña. Y sí, todo lo anterior ha sido una chorrera para llamarlos a cooperar, colaborar, donar y participar.

Porque hay una diferencia enorme entre lo ‘menos-que-lo-mejor’ y lo inaceptable. Porque hay una amplio trecho entre lo que cualifica como mínimamente justo y ser el chivo expiatorio de toda una hegemonía histórico cultural para sostener a los políticos, empresarios de moralidad, la estigmatización oportunista, paternalismo para justificar a corto plazo con curas instantáneas, nuestros consumos y ristra de adicciones en el lado arbitrario de lo legal.  Porque ese incesto entre gobierno listo a subastarse a intereses privados mientras nos machaca con su doble estandard prohibiendo ciertos tipos de sustancias (pero otras no) para ‘protegernos’ de nosotros mismos es la hipocresía social que permea en toda cultura que auspicia la Guerra Contra las Drogas.

El verdadero issue es que los humanos ya no estamos a cargo, la humanidad del presente deja de ser factor mientras que los moralismos abstractos terminan promoviendo lo que supuestamente intentamos denunciar. El follón de Occupy Wall Street no es sobre eso. Es sobre hacerse visible. La libertad de expresión esta rampante pero la libertad de explorar la conciencia -casi siempre de lo más obvio- es reprimida.  El deambulante y el tecato no es reconocido como humano, sino como un signo de la calle. En sociedades con tanta desigualdad estructural estamos condicionados a ver en los términos de nuestra propia clase social y a sostener nuestros prejuicios.

A todo aquel que se autodenomina activista o con un mínimo de intuición ética y causal la cuestión es palpar la historicidad radical en esos casos tacitos de invisibilidad; caminar nuestra propia inconcistencia y disolverla en el terreno de lo frontal. Llegándole al ‘otro’ de cuerpo presente y en espacios públicos (que no privados o virtuales) . Haciéndose un impertinente Habeas Corpus.

El evento será en el Centro Cultural Julia de Burgos (105 y Lexington en Manhattan) a las 6:00pm y tiene un costo de $20. Se aceptan aportaciones de artistas que quieran donar alguna pieza para subastar. Pueden llamar a Joseph Carroll Miranda, Director Ejecutivo de El Punto en la Montaña al (787) 996-4993.

Libertad O. Guerra