Pensar de cuerpo entero

«La Tierra es un lugar más bello para nuestros ojos que cualquiera que conozcamos. Pero esa belleza ha sido esculpida por el cambio: el cambio suave, casi imperceptible, y el cambio repentino y violento. En el Cosmos no hay lugar que esté a salvo del cambio.» Cielo e Infierno, Cosmos.

Carl Sagan

«El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y que se oye, el hermano, el verdadero hermano […] Este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes filósofos». El sentimiento trágico de la vida.

Miguel de Unamuno

El coeficiente intelectual, o I.Q., está en su punto más alto entre los 17 y 26 años de edad. (( McArdle, John J.; Ferrer-Caja, Emilio; Hamagami, Fumiaki; Woodcock, Richard W. (2002). «Comparative longitudinal structural analyses of the growth and decline of multiple intellectual abilities over the life span.» Developmental Psychology38 (1): 115–42.))Esto contrasta con la idea, que asumimos como regla, que considera sabia a la vejez porque carga con una experiencia histórica, que debería facilitar las cosas. Pero sin entrar en si es medida confiable de la «inteligencia» el I.Q., digamos que el tiempo enseña, o al menos nos conviene pensar eso, porque nadie se hace más joven. No obstante, la “inteligencia” medida como I.Q., disminuye pasado los 26. Al parecer, con los años se pierde la inteligencia que se deriva de pensar con el cuerpo en condiciones óptimas.

Cuando nos vemos a nosotros mismos de joven, y nos comparamos con lo que somos ahora de viejos, podríamos pensar que la energía y potencia sexual de la juventud del cuerpo define mejor al ser humano que la vejez. Recién madurado sexualmente, un organismo está en su punto más alto. Decimos esto entendiendo que el ciclo de los seres vivos parece ser, nacer hasta madurar sexualmente, y luego reproducirse hasta morir. Solo nosotros nos inventamos todo un universo entre la muerte y el nacimiento. La capacidad de llegar a la vejez, es una cualidad tan representativa del ser humano como el arte. La vejez es resultado de la cultura, que a su vez descansa en la aptitud de nuestra forma de vida.

Los humanos nos damos propósitos y dioses con el éxito, y ese éxito es nuestra propia idea de nosotros. Aclaro, que la forma natural de las cosas no debe entenderse como un poder que debamos obedecer. Tampoco considero alternativa convertir a la naturaleza en un propósito, pues una vez la entendemos como una ley que debemos obedecer, la convertimos en dios. Y por un lado, dios se define como incambiable; mientras que por el otro, si hay algo que caracteriza la realidad natural es que nunca se está quieta.

Así mismo, por el cambio constante en el modelo de vida que encarnamos, es que otros seres vivos se manifiestan. Toda cualidad física es un cambio cíclico. Carlos Marx ilustraba esta idea comparando la Historia con un espiral.

Debo repetir que comprender que seamos seres naturales, no significa que tengamos que obedecer la tendencia que reconocemos con nuestras propias capacidades naturales, porque cada momento carga con su forma ideal de ser y estar (Kairós); y también, con otras muchas opciones que nos podrían aniquilar.

Pero la vida es todo eso entre los extremos: todo lo que no nos mate. Cada momento debe interpretarse en su instante. Sin embargo, la naturaleza nos mueve a obedecerla para sobrevivir, y sería algo parecido a que nos obliga con su propuesta de mayor éxito a repetirnos. Es exitosa para «la vida», aquella forma que nos permita seguir existiendo como especie, así como la que reproduzca esa información genética “exitosa”, sin variación.

Una vez exista una variación, sea en nosotros o alrededor, el cambio nos hace otras cosas. Por eso los modelos exitosos de vida, van desde una bacteria o un árbol, hasta los humanos y otros monos.

Pero las cosas no son blanco o negro, dice el ying-yang, y no tenemos un modelo ideal, sino muchas copias o interpretaciones de una organización de materia en el tiempo. Y como ya sugerimos arriba, cada vez que repetimos una acción, ésta aunque diferente, es lo suficientemente parecida a otras como para poder ser llamada semejante, eso es lo que hace posible los nombres comunes que le damos a las cosas, pero es a su vez la definición más clara de la idea del tiempo: el tiempo es la incapacidad de encontrar dos cosas idénticas.

Así que dentro del modelo natural, todos seríamos como una combinación de lo mismo, pero en diferentes niveles. Podemos decir que todos tenemos apetito sexual, pero mientras algunos tienen apetitos de ballenas, otros los tienen de ajonjolí, y aún así, entre los humanos al menos, todos tenemos deseos como todos tenemos narices.

Todos somos una combinación única, de un modelo que cargan los genes como un plano (Richard Dawkins). Al construir en diferentes condiciones un modelo, creamos versiones de una misma composición. Sería parecido a una canción interpretada por diferentes voces, o como si todos los humanos fuéramos un mismo color, pero en diferentes tonos, y que en cada extremo exista una fina línea que nos pone al borde de convertirnos en otro animal, como se convierte en el arcoíris el anaranjado en amarillo.

Por lo tanto, para mí esa cualidad de la juventud que permite en el mismo cuerpo con el tiempo, lo que podemos ver como diferencias entre dos cuerpos ajenos, radica en la capacidad de en efecto, poder ser dos personas diferentes a la vez. Para ilustrar mejor lo que digo, quizás tendríamos que pensar que somos en el tiempo, miles de personas diferentes.

Y esto no lo digo como metáfora, porque cuando afirmo que somos multitudes, me refiero inclusive al unísono. Y tenemos peleas internas ante el cambio de lo que llamamos “nuestro” cuerpo, como si estuviéramos en dos partes al mismo tiempo: somos la mecánica cuántica.

Cuando nos vemos sin la capacidad absoluta de la juventud, las ideas que tenía ese cuerpo en su capacidad plena (que las tuvo precisamente debido a que contaba con el tope de su potencia) se van perdiendo. Las ideas concebidas en la juventud, que incluyen desde la rebeldía y el deseo de retar la autoridad, hasta la ausencia del temor a la muerte, empiezan a contrastar con la debilidad que va adquiriendo con la vejez el cuerpo, y su intuición de la cercanía con la muerte. Igual la M(P)aternidad se define con la sustitución de nuestro bienestar por el de nuestros hijos. Por lo tanto, los hijos como extensiones nuestras, nos dan un lugar frágil y vulnerable en el mundo. (Desmond Morris)

Pero volviendo al cuerpo envejeciente (todos), somos para la idea que tenemos de nosotros mismos, contendientes de nuestro propio ser «interior», de la misma forma que cooperamos o contendemos con la idea falsa del otro. La idea del «otro» es falsa, porque deberíamos de entender, que ese “otro”, es en realidad una variación de “nosotros mismos”. “El otro”, eres “tú” hecho en otro tiempo.

Eso queda clarísimo cuando tratamos con niños. Por supuesto, sabemos que un niño de 5 años no podrá gobernar un país, por dar un ejemplo, pero sabemos que a muchos de más de 40 años tampoco se lo deberíamos permitir. Pero al niño se lo podemos perdonar. El punto sería, que debemos saber que la igualdad radica en que juntos somos un organismo, como somos internamente muchos individuos. El joven que fuimos, estará refutando o aprobando las ideas del viejo que seremos.

Así que a manera de conclusión, sería nuestro deber, desde la idea de cambiar el mundo (Marx), saber qué cosas de las que pensamos, vienen con el conocimiento de un cuerpo apto, y cuáles de nuestras ideas vienen de un cuerpo debilitado por los años, o por la parte más frágil de nosotros mismos.

Si algo nos ilustra la vida es que nuestra juventud es vivir en un universo distinto a la vejez. Pero no tendríamos que por eso comprometernos con una idea que sea producto de otro cuerpo, aunque ese otro cuerpo seamos nosotros mismos.

El reto ante esta interpretación de la vida que propongo, sería no ceder ante la debilidad que nos va dominando con el pasar de los años, y tratar de evitar gobernar el mundo entero con conclusiones a las que se llega con el cuerpo debilitado, y derrotado por el miedo al dolor y a la muerte, que produce la enfermedad, la desposesión y la vejez.

La vejez nos debilita, y como toda debilidad, ésta nos puede hacer cobardes. Pero una cosa es sentirse débil como individuo y otra imponer esa lectura desde el cuerpo debilitado, sobre todo el mundo. La idea de seguridad es reflejo del aumento en la debilidad, y de la cobardía ante la contemplación del cambio que atenta contra el poder de los viejos dueños del mundo. A la acción revolucionaria y al gesto político los quieren desprestigiar, porque le retiraría el poder a los dueños. Y nadie cree en el cambio hoy, porque los viejos han vendido por generaciones su ausencia bajo los falsos conceptos de la madurez, el orden o el juicio.

Amo la idea de la paternidad como amo la libertad, no se equivoquen, y no puedo evitar sentirme inclinado a querer proteger la fragilidad de la vida. Sin embargo, ser conservadores por miedo a lastimar nuestra integridad física o mental (o la del hijo), no debería de definirnos ante una fuerza tan crucial para la vida como lo es el cambio. Se piensa con todo el cuerpo, pero siempre pensará mejor un cuerpo fortalecido y liberado.

Amado Martínez Lebrón
Es mitad boricua y mitad quisqueyano, esto significa que su madre es del barrio Montones de Las Piedras; y su padre de Santiago de los Caballeros. Es retoño del archipiélago de Puerto Rico, pero es producto de todo el globo terráqueo. Nació en Santurce, 1973, y es cangrejero por costumbre de diario. Se crió en Country Club, como cualquier hijo de empleado del gobierno, y se graduó de la UHS en el 1991. Fue siempre alumno problemático, fichado por nombre y número de estudiante en los departamentos. No obstante, se concentró en ser insoportable en los de Filosofía e Historia, en la UPR Recinto de Mayagüez, y también en el de Río Piedras. Es empresario, promotor, artista conceptual, performático y plástico, además de productor de cine publicitario. Pero en el fondo estaría muerto sin la letra, porque es lo único que sabe dibujar desde adentro y por instinto: lo de artista lo hace por vicio. Fue candidato independiente a la Alcaldía de San Juan en las elecciones del 2012 y actualmente se dedica a buscar que las iglesias paguen impuestos con la campaña de "Dios le debe a Hacienda".