La publicidad de productos y servicios con figuras conocidas por la audiencia es una técnica utilizada desde hace mucho tiempo en los medios de comunicación. La credibilidad, fama o belleza son algunos de los atributos que posee quien protagoniza un anuncio, con el fin de apelar a la admiración, reconocimiento o atracción que el público siente hacia esa persona.
En el último año, tres «spots» publicitarios en la televisión de España han sido protagonizados por periodistas. Anclas de noticiarios y reporteros de campo se han prestado para promocionar marcas como el banco por Internet ING Direct, los yogures Danone y los productos para el cabello Pantene.
Pero, ¿qué ocurre cuando el profesional cuyo único escudo -su credibilidad- se compromete con una marca? ¿En qué lugar queda la objetividad -concepción idealista, pero aspiración a la que los periodistas nos comprometemos- al momento de presentarnos como favorecedores de un producto? ¿Cómo cubriremos una información concerniente a esa empresa, en caso de involucrarse en un escándalo o en actos ilegales, luego de habernos lucrado económicamente tras un pago por servir de voz o imagen a una marca?
Éstos son algunos cuestionamientos que deberíamos plantearnos antes de acceder a prestar nuestra imagen con fines publicitarios. La credibilidad es nuestro mayor atributo como periodistas. Perderla puede significar quedarnos sin carrera profesional.
Tomado de laentrelinea.blogspot.com

