El conflicto iniciado con la intervención de la OTAN en Libia no es sino el inicio de una confrontación mayor a ser librada por Estados Unidos y Europa frente la República Popular China en el continente africano.
EEUU e Israel apoyan a agentes como Noriega, Saddam Hussein, Mubarak o Kadafi y después los abandonan. Defenderlos en nombre de una «izquierda» antimperialista es aberrante.
Gadafi acapara el poder en un país sin Constitución, Parlamento ni partidos y su endiosamiento carece de límites. Los valientes enfrentamientos de ahora llenan de euforia a quienes conocen su régimen opresor.