Ningún proyecto político de emancipación humana puede concretizarse si no rompe radicalmente con las ataduras psicológicas de la credulidad religiosa y los despotismos ideológicos de la fe.
A pesar del optimismo imperial de controlar el imaginario posible de los pueblos, se vislumbran señales de una reconfiguración liberadora y profética de la teología. Quizá estamos en vísperas del resurgir airoso de las teologías de liberación.