
Empleados de la empresa de seguridad privada Capitol Security llegan al recinto riopedrense. Foto por Ricardo Alcaraz/Diálogo.
Un clima de consternación generalizada impera en la Universidad de Puerto Rico. Es un “panorama gris”, aseguran varios de nuestros entrevistados. A pocas horas de que comience el paro de 48 horas decretado en el Recinto de Río Piedras, grupos de policías estatales y guardias privados, algunos menores de edad, convocados a última hora para ofrecer “seguridad”, permanecen apostados en todas las entradas de esta institución.
“Está bien mala la cosa. La cosa pinta bien fea para mañana. Yo no sé cómo se vaya a organizar [el movimiento estudiantil de cara al paro del martes y miércoles]. Yo voy a servir como observador” de lo que transcurrirá, manifiesta a 80grados, el líder estudiantil Arturo Ríos Escribano.
En cambio, la opción del paro cobró hoy (lunes) una fuerza inusitada precisamente por las medidas represivas y de intimidación. En todas las facultades del recinto se vieron más estudiantes que de costumbre en los preparativos de las movilizaciones de mañana martes.
Para el estudiante de derecho y activista en la pasada huelga de la UPR, con la intromisión de guardias estatales “se ha tratado de militarizar el Recinto de Río Piedras. La administración está arrinconando y ha cerrado los canales de diálogo”. Ríos Escribano asegura que estas acciones, entre otras, han abonado al tranque que podría redundar en una segunda huelga universitaria.
René Vargas, síndico estudiantil, coincide con Ríos Escribano cuando indica que «hay un ambiente de desasosiego y de indignación por el uso indiscriminado de policías privados sin ningún tipo de preparación que no estaban identificados, y que tenían, ciertamente, en algunos portones una actitud bastante hostil hacia los estudiantes”.
Vargas añade que existe una preocupación por la seguridad de la vida y propiedad de los estudiantes y de la universidad debido a la remoción de portones, respondiendo supuestamente al señalamiento de la Middle States Comission on Higher Education, de un “campus abierto”. La meta fundamental de esta política, “open campus”, es proveer a los estudiantes una experiencia académica holística, gratificante e integradora con la comunidad. No necesariamente se relaciona con derribar portones que proveen seguridad a los campus.
De otra parte, Lissette Rolón, catedrática de literatura comparada de la UPR-Mayagüez, afirma que “la situación y contexto actual de tensiones ameritan un diálogo responsable, compromiso y voluntad para lidiar con una crisis que transciende lo económico, que es una crisis moral, de gerencia, de visión, de filosofía”. Rolón agrega que “es urgente que todos los sectores nos comprometamos con reelaborar el diálogo lógico y universitario”.
Sin embargo, el ambiente en la universidad parece “polarizado”. La oposición al paro cuenta con el Frente Pro Universidad Abierta (FUA), UPR en Marcha y el Grupo Oficial: La Mayoría Silente. Ríos Escribano los describe como “grupos estériles”, porque muestran oposición pero “sin ofrecer otras alternativas que no sean las mismas avaladas por el discurso oficial de la administración universitaria”.
Otros sectores de estudiantes no se alinean con estos grupos, pero expresan su rechazo a la huelga. En general, se estima que la abrumadora mayoría de los estudiantes universitarios se opone con vigor a la implantación de la cuota de $800 dólares.
Propuestas alternativas
Estudiantes y profesores han circulado importantes documentos y opiniones en las últimas jornadas de este conflicto que aqueja a la Universidad de Puerto Rico. Entre ellas sobresale la que tiene como título: La Universidad: sumando ganamos todos, que ha empezado a recibir el endoso de estudiantes representativos del movimiento estudiantil nacido de la huelga de abril-mayo de 2010.
Entre otros asuntos, la propuesta sugiere el cobro de una cuota de 200 dólares a los estudiantes, una de las ideas que motivó que el Consejo de Estudiantes de Río Piedras aprobara una consulta sobre las medidas proyectadas, que, como se sabe, implica ciertos sacrificios para empleados y estudiantes, y un aumento en la aportación gubernamental.
Iván Chaar-López, estudiante graduado de la Facultad de Humanidades, conocido por sus textos de discusión sobre el movimiento estudiantil, afirma que ‘Sumando Ganamos Todos’ representa una importante aportación al debate universitario y a la búsqueda de soluciones fiscales para la UPR, incluyendo “la propuesta de una cuota reducida”.
La profesora Rólon, quien actúa como portavoz de un nuevo grupo de profesores de Mayagüez, sugiere que cualquier “propuesta responsable debe ponderar la opinión de todos los sectores”. “Esta propuesta debería ser un esfuerzo multisectorial”, dijo, al recomendar la propuesta como un buen borrador.
Este grupo suscribió hoy un comunicado de prensa con el título: “Que la fuerza no sea la razón”, en el que “advierten a todos los sectores administrativos y gubernamentales que si uno solo de nuestros estudiantes es agredido, nos veremos precisados a tomar acciones para proteger la vida, la libertad de criterio y de expresión universitaria”.
[En esta historia trabajaron Karisa Cruz Rosado y Noelia González Casiano]
