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Once recintos, una UPR: mito y realidad


El diccionario de la Real Academia Española define mito como una “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”. El mito es uno de los elementos constitutivos de toda religión, y usualmente atribuye orígenes divinos a hechos históricos fundacionales: la narrativa de Adán y Eva es un mito fundacional sobre el origen de la humanidad. Otros mitos fundacionales atribuyen origen sobrenatural a comunidades o ciudades antiguas como el de Rómulo y Remo en la fundación de Roma o la creación de Atenas por una competencia entre las deidades Atenea y Poseidón.

La consigna “once recintos, una UPR”, desarrollada en la huelga universitaria de 2010, está alcanzando carácter de mito fundacional o, en este caso, refundacional de la UPR. La transformación de los colegios regionales en “unidades”, no recintos, data de mediados de los años noventa. Entre 1962 y 1967 se crearon los colegios de Arecibo, Cayey y Humacao bajo la Administración de Colegios Regionales. En 1969 el Colegio Regional de Cayey pasa a ser autónomo y, a partir de esa fecha, se establecen colegios regionales en Ponce, Bayamón, Aguadilla, Carolina y Utuado. Estos cinco recintos, junto a Arecibo y Humacao se administraban por un rector de la Administración de Colegios Regionales. El diseño de un sistema de recintos autónomos y colegios regionales debía servir para proveer educación universitaria en carreras cortas a diversas regiones de la Isla y facilitar el acceso a los recintos autónomos que recibirían a estudiantes de los colegios regionales que quisieran continuar su educación universitaria. En los años setenta no existían ni el sistema de autopistas, ni las facilidades de educación a distancia que existen hoy. Para continuar estudios muchos se veían en la necesidad de hospedarse en los pueblos de los recintos autónomos.

En la década de los noventa la conversión de los colegios regionales en siete nuevos recintos, respondió más a la conveniencia política que a la realidad educativa. La burbuja expansionista que dio paso a obras faraónicas como el tren urbano, el “Choliseo” y el “supertubo”, produjo siete nuevas unidades que se convirtieron de facto en recintos con decenas de funcionarios de confianza (rectores, decanos y directores) nombrados por criterios extra-académicos. La UPR, que desde que comenzó la alternancia partidista en 1969 fue objeto de intensas luchas por su control, fue perdiendo autonomía y convirtiéndose en “una agencia” de gobierno que representaría un botín político para el partido que ganara las elecciones. No es secreto que los alcaldes y legisladores ejercen una influencia extraordinaria en los antiguos colegios regionales, hoy recintos de la UPR.

Hablar de “once recintos, una UPR” es mitificar o reificar una entidad altamente politizada e ignorar las contradicciones éticas y funcionales que socavan la viabilidad y legitimidad de la UPR. En una sociedad en la cual la educación no se ve como un valor, sino como una inversión o un gasto en el entrenamiento de una fuerza laboral más o menos sofisticada, se mira a esta institución con la misma óptica con que se mira la Autoridad de Energía Eléctrica o la de Acueductos y Alcantarillados. Para los banqueros, financieros y tecnócratas de la Junta de “Control” Fiscal y de la AAFAF, somos una línea presupuestaria de dudosa funcionalidad. Sea que somos un gasto o una inversión, se nos mide en función de nuestra productividad económica inmediata.

Como académico, entiendo que la educación es un valor que añade a la sociedad calidad de vida, además de productividad. La misión de la Universidad no es meramente formar profesionales con destrezas para ocupar puestos de trabajo en una economía del conocimiento. La misión de la Universidad es formar y desarrollar ciudadanos/as con capacidad para el pensamiento crítico, valores estéticos y éticos, principios democráticos, sentido del derecho y la justicia, compromiso con la igualdad moral y legal de todos los seres humanos, con la equidad social y con la búsqueda de “la verdad” como categoría histórica fundamentada en el método, la razón y la evidencia. Alguien que entienda que la humanidad partió de Adán y Eva se mueve en el ámbito de la fe, no del quehacer académico. Siguiendo esa lógica, quien entienda que la UPR es una institución cuasi sagrada, única e inamovible, no es un universitario, es un religioso o un político.

En el siglo veintiuno la reestructuración de la UPR no es solo necesaria, es perfectamente posible. La negativa a cambiar surge del interés de preservar privilegios institucionales que poco tienen que ver con la preservación y desarrollo de la Universidad como institución.

La reestructuración necesaria  

Para que no haya equívoco, afirmo que: primero, es imposible recortar $300 o $450 millones del presupuesto de la UPR sin poner en peligro su existencia. Un recorte de tal magnitud socavaría radicalmente los servicios esenciales de la institución y, sobre todo, su calidad académica. Los tecnócratas que promueven recortes de esta magnitud no toman en cuenta el capital social que representa la UPR para el país y el daño que hacen al futuro económico al desvalorizar y dilapidar el trabajo intelectual y el prestigio acumulado en décadas por la institución. Segundo, defender la universidad NO ES preservar su estructura institucional actual, es imperativo que la UPR se reestructure de acuerdo a criterios de excelencia académica, eficiencia administrativa y buena gobernanza (transparencia, rendición de cuentas, equidad, efectividad y participación democrática).

La UPR se ha convertido en una burocracia costosa, ineficiente e insostenible, regida por malas prácticas de gobernanza, donde los criterios burocráticos, la política partidista y sindical, y los grupos o claques de poder priman sobre la excelencia académica, el principio de mérito y la buena gobernanza. Pero la solución a esto no es la sustitución de claques, ni recortes y aumentos indiscriminados como si se tratara de un proyecto de construcción que ha sobrepasado sus costos. La UPR es el proyecto educativo más importante del país y se debe ponderar desde esa óptica. No hay centros docentes de mayor calidad y reconocimiento internacional en Puerto Rico que los recintos de Mayagüez, Río Piedras y Ciencias Médicas.

Tres de las once unidades del sistema UPR son los recintos universitarios con programas graduados. Estos tres recintos tienen 53% de los estudiantes pero solo  41% del presupuesto. Aunque los once recintos cumplen funciones diversas, tienen programas diferentes y requisitos diferentes de calificación para el personal académico, los costos de matrícula, las escalas salariales y los requisitos de labor son las mismas. El sistema de recursos humanos de la UPR funciona con un código burocrático napoleónico donde años de servicio, escala administrativa y rango, son más importantes que los méritos y la productividad en las consideraciones para ascensos y aumentos de salario. De ahí la infinidad de quejas, por ejemplo, sobre catedráticos con permanencia que cumplen con el mínimo necesario de sus deberes (no hacen tareas de servicio, no asisten regularmente a reuniones).

Fuera de la construcción mítica de la UPR, no existen razones administrativas ni organizativas para la conservación de la estructura del sistema como está. Tampoco para la uniformidad de códigos administrativos y organizacionales arcaicos y la duplicidad programática que existe. En el estado de Illinois, por ejemplo, existen dos sistemas universitarios estatales, University of Illinois e Illinois State University. El primero consta de dos recintos, uno en Chicago y otro en Urbana-Champaign. Ambas instituciones están clasificadas como universidades de investigación con programas graduados de mucho prestigio que generan ingresos millonarios en donativos de investigación (grants), matrícula de estudiantes internacionales y otras actividades. El sistema Illinois State consta principalmente de instituciones de cuatro años y algunos programas graduados profesionales. Dentro del propio sistema la diferencia en costos de matrícula es significativa.

La Universidad de Illinois en Chicago tiene un costo de matrícula de $13,600 para residentes del estado y $26,500 para no residentes. La Universidad de Illinois en Urbana-Champaign tiene un costo diferente, $15,700 para residentes y $31,300 para no residentes. El sistema Illinois State tiene menor costo: Northeastern Illinois en Chicago cuesta menos que UIC, Chicago, $12,400 para residentes y $22,900 para no residentes; Northern Illinois $12,200 y $21,700; Southern Illinois, $12,200 y $25,900; y Normal Illinois, $14,000 y $25,100. El costo de matrícula de sistema UPR es $2,100 para residentes y $4,000 para no residentes en todos los recintos, salvo Ciencias Médicas. El costo de la matrícula de universidades privadas en Illinois como la Universidad de Chicago ($52,000) o Northwestern ($51,000) tampoco es igual a otras instituciones privadas como De Paul University ($37,000) o Lewis University  ($30,000). (College Data,http://www.collegedata.com/cs/search/college/college_match_tmpl.jhtml)

La diferencia en el costo de matrícula entre instituciones universitarias tanto privadas como públicas parte de varios factores: (1) el nivel, real o percibido, de “excelencia académica”, el cual a su vez está asociado al nivel de recursos que se requiere para alcanzar ese nivel de excelencia; (2) costos de salarios e infraestructura (mantenimiento, utilidades); (3) costos de facilidades y equipos especializados de laboratorios de alta tecnología, recursos de bibliotecas, centros especializados de investigaciones en las ciencias naturales y sociales, así como en las humanidades.

Ante esta evidencia surgen varias preguntas: ¿Tienen los recintos facilidades y estructuras de costo idénticas? ¿Tienen programas idénticos que requieren los mismos niveles de fondos para programación de cursos, materiales, financiamiento de investigación, laboratorios, etc.? ¿Son iguales los niveles de preparación y productividad para los docentes en todos los recintos?  Si la respuesta no es afirmativa, entonces por qué el costo de matrícula, las cargas académicas y las escalas salariales de los docentes tienen que ser  iguales.

Se habla de reestructurar el sistema UPR creando dos polos geográfico-administrativos. Esta es una movida administrativa interesante pero insuficiente. Se propone reestructurar servicios administrativos sin adelantar una nueva visión académico-administrativa sustantiva. Se  cambia todo para que nada cambie: iríamos de “once recintos, una UPR” a once recintos, dos polos administrativos un poco más eficientes. Sería más efectivo crear dos sistemas: uno de recintos autónomos graduados y de investigación, y otro de recintos de cuatro años. El sistema  de recintos de cuatro años se orientaría a la educación tecnológica y profesional universitaria. Incluso algunos de estos recintos, que se dice son cruciales para las economías de los municipios en los que operan, podrían promover consorcios municipales o regionales para el desarrollo socio-económico.

Por otra parte, los recintos graduados de investigación podrían ampliar su  actividad en proyectos internacionales de investigación y atraer más estudiantes internacionales, lo cual ya hacen. Facultades como Estudios Generales (que cuesta cerca de $17 millones) podrían reubicarse en los programas de recintos de cuatro años, en ninguno de los cuales la matrícula llega a 5,000 estudiantes. Los profesores que practican asesorías privadas en empresas de consultoría podrían mover sus prácticas a la universidad, que cuenta con programas de práctica intramuros. Un número significativo de economistas de la UPR, por ejemplo, trabaja como contratistas privados de compañías de consultoría económica.

Asimismo, es necesaria una reestructuración interna profunda de los recintos de investigación. De unos 3,500 créditos de sustitución de tareas en el Recinto de Río Piedras, aproximadamente 2,200 son para labores administrativas. A un costo de reemplazo estimado en $700 por crédito, estas sustituciones administrativas cuestan al menos $1,540,000 por semestre. También habría que continuar con la acreditación de todos los programas acreditables, lo cual ha sido resistido por muchos por requerir mayores esfuerzos y rendición de cuentas. La matrícula, además, debe ser ajustada en tanto que 40% de los estudiantes proviene de colegios privados que cuestan el triple de lo que cuesta la UPR.

La construcción de mitos no es la manera en que los académicos fundamentamos nuestros argumentos. La universidad no es una iglesia, ni una agencia de gobierno, ni un centro sindical. Tampoco es una casa de estudios, ni una torre de marfil. Es un centro de estudio y análisis llamado a generar nuevas maneras de entender la sociedad y de transformar nuestro entorno. Encubrir el conservadurismo y la resistencia al cambio con mitos y consignas que por dogmáticas parecen radicales no es la respuesta adecuada a la crisis. Defender la Universidad es transformarla para que responda a las nuevas realidades y necesidades de un Puerto Rico en crisis.

  • Héctor E Colón

    Excelente articulo: ya era tiempo de que alguien demostrara el uso de la razón. La UPR la han convertido en especie de iglesia sagrada e intocable que nos cuesta muchísimo dinero su inefectividad y arrogancia. Todavía hay perdonas creyendo que el sistemas puede permanecer inalterado y personas que creen que “hay dinero escondido para la iupi lo que tienen que hacer es sacarlo, nos los merecemos, ¿Qué sería de Puerto Rico sin nosotros?” Arrogantes.

  • José Felipe González Pabón

    Me atrae la interpretación y los entendidos desde los cuales parte el profesor Pantojas. Puedo captar las reacciones de los recintos aludidos, sus reclamos y sus defensas proteccionistas. Más los planteamientos de este momento relacionados a la revisión institucional de la UPR se refieren a asuntos harto conocidos desde hace décadas y no son simple reflejo y objeto de los vientos de tormenta actuales. Podemmos adoptar una postura de trinchera territorial justificada en inventariar logros de cada recinto particular o podemos abrirnos a un examen riguroso y crítico del estado administrativo, programático y operacional de la UPR como un todo, donde no descartemos la posibilidad de posibles transformaciónes en la estructura y funcionamiento de la universidad pública a la luz de la innegable erosión de su financiamiento. O los cambios serán forzados directa y estrictamente por la imposición externa de recortes económicos draconianos que obviamente se anticipan o nos sometemos a un auto-análisis desprendido en el cual los mismos docentes y no-docentes pongan la UPR bajo escrutinio y ofrezcan las pautas reformistas partiendo de iniciativas propias. De lo contrario la UPR pasará por un proceso agonizante donde sus constituyentes morirán en sus respectivas trincheras mientras organismos ajenos la invaden, ocupan y deciden su destino.

    • EMP

      Así en el abstracto estoy de acuerdo con su comentario. El problema es que cuando uno le explica que los señalamientos de Pantojas parten de un desconocimiento de la realidad del sistema UPR y de una visión centrada en una miopía desde Río Piedras, entonces usted dice que nos atrincheramos. Mi señalamiento y el de Isar Godreau es que cualquier reforma tiene que partir de un conocmiento pleno de las realidades del sistema. Con el aumento de personas con doctorado en las llamadas unidades subgraduadas la investigación en algunos de esos recintos (en Cayey, por ejemplo) ha aumentado a niveles de alta calidad. Por consiguiente, también han aumentado las experiencias de investigación subgraduada que se le ofrecen a estudiantes. Me atrevo a afirmar que acá tenemos un mejor sistema (más organizado y amplio) de incluir la investigación para estudiantes que en Río Piedras. Incluso, nuestro Senado Académico aprobó hace ya muchos años, que los estudiantes de cada uno de nuestros programas tienen que tener experiencias de investigación para graduarse. Esa meta todavía no la hemos logrado al 100%, pero hemos estado moviéndonos hacia ella consecuentemente.

      Además, el cuerpo estudiantil tampoco a través del sistema UPR tampoco es homogéneo en términos de su trasfondo socioeconómico ni de sus características académicas. En la UPR en Cayey, por ejemplo, hemos estado atrayendo consecuentemente estudiates que por su IGS pudieran entrar a UPR-Río Piedras o Mayagüez, pero que escogen a UPR-Cayey como su primera opción. Además, tenemos más estudiantes de escuelas públicas y de sectores menos privilegiados de la sociedad. Así por el estilo hay otras áreas.

      El asunto es que las necesidades reales tanto de los potenciales estudiantes como de la facultad de la UPR no pueden aquilatarse adecuadamente partiendo de una visión parcializada y –repito– desconociendo el sistema en su conjunto.

      Por lo tanto, creo que la reforma necesaria, urgente e imprescindible que necesita la UPR tiene que fundarse en un conocimiento real del sistema. Eso no es atrincherarse….

  • Isar Godreau

    No estoy de acuerdo con la recomendaciíon del autor de que sería más efectivo crear dos sistemas: uno de recintos autónomos
    graduados
    y de investigación, y otro de recintos de cuatro años. Es obvio que el
    autor desconoce la realidad de recintos subgraduados como el de la UPR-
    Cayey donde se hace bastante investigación y donde los bachilleratos que
    se ofrecen trascienden la visión limitada ” tecnológica y profesional”
    que plantea el Dr. Pantojas. Para dar un ejemplo, en el Instituto de
    Investigaciones Interdisciplinarias tuvimos 190 estudiantes activos en 35 proyectos de investigación en el 2016-17. Sabemos que éste tipo de estudiante tiene tazas de graduación que fluctúan entre el 73% y el 80% y que la mayoría ( sobre el 75% solicitan a escuela graduada ) y otro tanto ( 87%) continúan estudios graduados.
    Muchos de los estudiantes que continúan estudios graduados en
    Ciencias Médicas y se gradúan exitosamente vienen de la UPR- Cayey.
    En vez de promover la segmentación lo que hay que promover es la
    colaboración y el fortalecimiento de lazos de colaboración ( académica y
    administrativa) que beneficien a ambos tipos de instituciónEn
    UPR- Cayey también ofrecemos una educación de excelencia, con enfoque
    interdisciplinario ( no meramente técnico como implica el autor). De
    hecho, la UPR- Cayey solo tuvo que poner un programa en moratoria ( solo
    uno) que no cumple con las tazas mínimas de graduación de 40% No
    creo que la UPR- Río Piedras pueda decir lo mismo. Las opiniones del
    autor sobre la matrícula ajustada, también parten de una visión elitista
    centrada en Río Piedras que desconoce la realidad de otros recintos.
    Cuando dice que la matrícula debe ser ajustada en tanto que 40% de los
    estudiantes proviene de colegios privados que cuestan el triple de lo
    que
    cuesta la UPR – se está refieriendo a Rio Piedras. El perfil económico
    de los estudiantes matriculados en los recinto sub-graduados es bien
    distinto, con tasas de matrícula de escuela pública que sobrepasan el
    55% ( En UPR- Humacao , el porciento de estudiantes que provienen de
    escuela pública es más que 75% ) Entiendo que la UPR debe repensarse,
    que su eficiencia debe mejorarse y que hay cabida para pensar en modelos
    que mejoren nuestra eficiencia como sistema. Sin embargo, los nuevo
    modelos o propuestas, deben partir de un conocimiento pleno de lo que
    ocurre en las distintas unidades y no desde “mitos” elitistas forjados
    desde la UPR- Río Piedras u otros recintos graduados que
    desconocen el buen trabajo que se hace en las unidades sub-graduadas

  • IPG

    No
    estoy de acuerdo con la recomendación del autor de que sería más efectivo
    crear dos sistemas: uno de recintos autónomos graduados y de investigación, y
    otro de recintos de cuatro años. Es obvio que el autor desconoce la realidad de
    recintos subgraduados como el de la UPR- Cayey donde se hace bastante
    investigación y donde los bachilleratos que se ofrecen trascienden la visión
    limitada ” tecnológica y profesional” que plantea el Dr. Pantojas.
    Para dar un ejemplo, en el Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias
    http://portalwww.cayey.upr.edu/iii/ tuvimos 190 estudiantes activos en 35
    proyectos de investigación en el 2016-17. Sabemos que éste tipo de estudiante
    tiene tazas de graduación que fluctúan entre el 73% y el 80% y que la mayoría (
    sobre el 75% solicitan a escuela graduada ) y otro tanto ( 87%) continúan
    estudios graduados. Muchos de los estudiantes que continúan estudios graduados
    en Ciencias Médicas y se gradúan exitosamente vienen de la UPR-
    Cayey. En vez de promover la segmentación lo que hay que promover es la
    colaboración y el fortalecimiento de lazos de colaboración ( académica y
    administrativa) que beneficien a ambos tipos de institución

    En UPR- Cayey también ofrecemos una educación de excelencia, con enfoque
    interdisciplinario ( no meramente técnico como implica el autor). De hecho, la
    UPR- Cayey solo tuvo que poner un programa en moratoria ( solo uno)
    que no cumple con las tazas mínimas de graduación de 40% No
    creo que la UPR- Río Piedras pueda decir lo mismo. Las opiniones
    del autor sobre la matrícula ajustada, también parten de una visión elitista
    centrada en Río Piedras que desconoce la realidad de otros recintos. Cuando
    dice que la matrícula debe ser ajustada en tanto que 40% de los estudiantes
    proviene de colegios privados que cuestan el triple de lo que cuesta la UPR –
    se está refiriendo a Rio Piedras. El perfil económico de los estudiantes
    matriculados en los recinto sub-graduados es bien distinto, con tasas de
    matrícula de escuela pública que sobrepasan el 55% ( En UPR- Humacao , el
    porciento de estudiantes que provienen de escuela pública es más que 75%
    ) Entiendo que la UPR debe repensarse, que su eficiencia debe mejorarse y
    que hay cabida para pensar en modelos que mejoren nuestra eficiencia como
    sistema. Sin embargo, los nuevo modelos o propuestas, deben partir de un
    conocimiento pleno de lo que ocurre en las distintas unidades y no desde
    “mitos” elitistas forjados desde la UPR- Río Piedras y otros
    recintos graduados que desconocen
    el buen trabajo que se hace en las unidades sub-graduadas

  • IPG

    No estoy de acuerdo con la recomendaciíon del autor de que sería más efectivo crear dos sistemas: uno de recintos autónomos
    graduados y de investigación, y otro de recintos de cuatro años. Es obvio que el autor desconoce la realidad de recintos subgraduados como el de la UPR- Cayey donde se hace bastante investigación y donde los bachilleratos que se ofrecen trascienden la visión limitada ” tecnológica y profesional” que plantea el Dr. Pantojas. Para dar un ejemplo, en el Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias http://portalwww.cayey.upr.edu/iii/ tuvimos 190 estudiantes activos en 35 proyectos de investigación en el 2016-17. Sabemos que éste tipo de estudiante tiene tazas de graduación que fluctúan entre el 73% y el 80% y que la mayoría ( sobre el 75% solicitan a escuela graduada ) y otro tanto ( 87%) continúan estudios graduados. Muchos de los estudiantes que continúan estudios graduados en Ciencias Médicas y se gradúan exitosamente vienen de la UPR- Cayey. En vez de promover la segmentación lo que hay que promover es la colaboración y el fortalecimiento de lazos de colaboración ( académica y administrativa) que beneficien a ambos tipos de institución

    En UPR- Cayey también ofrecemos una educación de excelencia, con enfoque interdisciplinario ( no meramente técnico como implica el autor). De hecho, la UPR- Cayey solo tuvo que poner un programa en moratoria ( solo uno) que no cumple con las tazas mínimas de graduación de 40% No creo que la UPR- Río Piedras pueda decir lo mismo. Las opiniones del autor sobre la matrícula ajustada, también parten de una visión elitista centrada en Río Piedras que desconoce la realidad de otros recintos. Cuando dice que la matrícula debe ser ajustada en tanto que 40% de los
    estudiantes proviene de colegios privados que cuestan el triple de lo
    que cuesta la UPR – se está refieriendo a Rio Piedras. El perfil económico de los estudiantes matriculados en los recinto sub-graduados es bien distinto, con tasas de matrícula de escuela pública que sobrepasan el 55% ( En UPR- Humacao , el porciento de estudiantes que provienen de escuela pública es más que 75% ) Entiendo que la UPR debe repensarse, que su eficiencia debe mejorarse y que hay cabida para pensar en modelos que mejoren nuestra eficiencia como sistema. Sin embargo, los nuevo modelos o propuestas, deben partir de un conocimiento pleno de lo que ocurre en las distintas unidades y no desde “mitos” elitistas forjados desde la UPR- Río Piedras y otros recintos sub-graduados que desconocen el buen trabajo que se hace en las unidades sub-graduadas.

  • EMP

    Escribí un comentario y no lo veo aquí.

  • EMP

    Este autor confunde una consigna de unidad de lucha con una aseveración de estructura universitaria. Vino a la UPR-Cayey y nos dijo en la cara que los docentes de aquí no tenemos calificaciones para estar en Río Piedras o Mayagüez y que los pocos que las tienen se tienen que ubicar en Cayey porque en Río Piedras no hay plazas. Por favor, en UPR-Cayey, que es la conozco, habemos profesores (y me incluye sin falsas modestias) que tenemos cualificaciones para estar no sólo en Río Piedras o Mayagüez, sino en muchas otras universidades y estamos acá por que queremos. El departamento de matemáticas en Cayey, que es donde trabajo, tiene mejores tasas de graduación que el de Río Piedras y la mayoría de nuestros graduandos van a escuela graduada. Tenemos también en Cayey un Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias altamente productivo y ha atraído apróximadamente 14 millones de fondos externos en 10 años. Tenemos cientos de cientos haciendo investigación subgraduada. Claro que no toda la facultad en Cayey es así de productiva, pero yo estudie en Río Piedras, mi hijo lo hace ahora y además conozco muchos de sus programas y puedo decir que en ese recinto también hay mucha facultad batata. Que no se entienda esto como que no apoyo una reestructuración de la UPR. Claro que es necesario que limitemos la burocracia y que los estándares de evaluación de la facultad por los pares hay que subirlos en muchos recintos, facultades y departamentos. Pero no estoy de acuerdo en que automáticamente Río Piedras y Mayagüez se adjudiquen una calidad mejor por pura antonomasia. Cualquier reestructuracción de la UPR tiene que darse sobre bases democráticas y no con improvisaciones alocadas como las que ahora está promoviendo nuestra presidenta interina.