7 Days in Entebbe

[dropcap]L[/dropcap]os años 70 del pasado siglo compusieron lo que tal vez  podríamos llamar la década dorada del terrorismo. La lista de facciones es muy larga, pero cabe mencionar algunas. En los Estados Unidos el Ejército Negro de Liberación, en el que militaban algunos Panteras Negras, hizo barbaridades, incluyendo el secuestro de un avión dentro del territorio norteamericano, que tuvieron repercusiones mundiales. Los Tupamaros en Uruguay, los Montoneros en Argentina y el Frente Nacionalista Patria y Libertad en Chile, básicamente combatían el fascismo en sus países. Al otro lado del Atlántico muchas de las facciones clandestinas en Alemania y España, como el grupo Baader-Meinhof y la ETA eran también, entre otras cosas, antifascistas. Notable, desde el punto histórico y cinemático es el grupo palestino “Black September”, ligado, aunque hay controversia entre los historiadores sobre la intensidad de la dependencia, a la Organización pro Liberación de Palestina (PLO). “Black September” fue responsable de la masacre de atletas israelís en las Olimpiadas de 1972 y dieron lugar a lo que considero el segundo mejor filme de Spielberg: “Munich” (2005).

Compañeros ideológicos del grupo del PLO, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), y del grupo Baader-Meinhof, las Celdas Revolucionarias alemanas, dos terroristas de cada grupo, secuestraron en tierra griega, a fines de junio de 1976, un avión de Air France (vuelo 139) que iba de Tel Aviv a Paris vía Atenas, y lo condujeron a Entebbe en Uganda. Tenían la colaboración implícita del dictador de Uganda, Idi Amin Dada (Nonso Anozie) quien trató de jugar con la situación para obtener ventaja política internacional.

La historia que presenta este filme dirigido por José Padilha, cuya fama proviene de la excelente serie de Netflix “Narcos”, es parte de una filmografía bastante extensa sobre el suceso que, para mí, y aunque la historia fue tergiversada para acomodar a un personaje ficticio, alcanzó su mejor narración con “The Last King of Scotland” (2006), que, si no la han visto, deben hacerlo. La película se ciñe bastante a lo que sucedió y presenta las paranoias políticas entre Yitzhak Rabin (Lior Ashkenazi) y Shimon Perez (Eddie Marsan) quienes respectivamente eran al momento el primer ministro y el ministro de defensa de Israel. El guión de Gregory Burke, quien es dramaturgo, no aclara para la audiencia ni profundiza en las posiciones políticas o ideológicas entre los dos ejecutivos, pero, de hecho, tal vez no vengan al caso. Burke, desafortunadamente, enfoca muchas de sus escenas como si fueran para el teatro, y Padilha las filma como si fueran para televisión: o intensas o prolongadas. No tiene, por eso, la urgencia que uno asocia con un filme que pertenece al género de “rescate” y “venganza”, y difunde los sentimientos de los personajes a un encasillado emocional que evita que nos acerquemos a los rehenes o a los secuestradores de forma neutral.

Los palestinos perpetradores del secuestro están en escena, pero solo sabemos que son miembros de PFLP y que quieren que como recompensa por no hacerle daño a los rehenes se libere a compañeros terroristas en distintos países. La minimización de los palestinos puede que responda a los problemas políticos y de relaciones públicas ante el conflicto que aún no cesa entre israelís y palestinos. Cabe la posibilidad de que la prensa en aquel momento no quiso darle “publicidad” a los palestinos y no hay suficiente información.

Los dos alemanes, que también quieren la liberación de sus compañeros, están mejor desarrollados ya que sus personajes Brigitte Kuhlmann (Rosamund Pike) y Wilfred Böse (Daniel Brühl) son parte de la historia europea del terrorismo. Además, mientras la película transcurre en el aeropuerto de Entebbe, la historia es vista a través de los dos alemanes. Para ellos existía un gran problema: eran alemanes quienes tenían en sus manos las vidas de más de 80 judíos, entre ellos una sobreviviente del Holocausto. Sabían que si algo les sucedía a los rehenes judíos, la opinión mundial estaría en su contra y los podían tildar de nazis, que era precisamente parte de lo que batallaban. Era el argumento central para las acciones terroristas del grupo Baader-Meinhof, de quienes eran aliados ideológicos: que Alemania volvía a la extrema derecha y que el antisemitismo regresaría. El conflicto está desarrollado con eficacia, pero con cierto sentimentalismo que hace dudar de su veracidad.

Sabemos todos que en una cinta “basada en situaciones verídicas” la mayoría de los diálogos son inventados. La película alcanza buen nivel en las escenas en que vemos la planificación del ataque que rescató a los rehenes en Uganda. En esas confrontaciones entre políticos, la pluma de Burke es más ágil y es obvio que se siente más cómodo con los personajes y con las situaciones.

Hay que distinguir la participación de la compañía de baile Batsheba que a través del filme vemos interpretando “Echad Mi Yodea”, una canción tradicional hebrea (originaria del siglo XVI y que se canta en “Passover”) con alusiones a “levantarse y luchar” y a “seguir corriendo” (en el sentido de hacer camino) y que quiere decir “quién supiese y entendiese” o “quién sabe”. Percatados como estamos de la lucha prolongada y sin tregua entre árabes y judíos, me pareció la gran metáfora del filme.

Por eso, y para recordar un suceso que ocupó la atención mediática por un buen tiempo, el filme se puede ver. Pero le falta el impulso que agarra al espectador y que no sucede hasta muy tarde. Lo que sí es que se puede apreciar la angustia de a quienes les toca la mala suerte de ser usados como carnadas de grupos ideológicos intransigentes.

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Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).