el que sin conocer el laberinto
tantas veces se ha perdido
el que descifra la noche
y hace
un inventario de la errancia
el que ve en el vértigo una seducción inagotable
el que duerme la tristeza
y se amamanta de las sombras
el que presagia el jardín de los silencios
y compadece la fatiga del estambre
el que preside caravanas de humo y polvo
soldado de la calma
habitante de la niebla
el de los espejos rotos
y los pájaros heridos en las manos
ese
y el que sabe los caminos de regreso
porque nunca ha renunciado a la semilla
a abrazar el todo
a entender la nada.

