allí donde radican inmóviles / los cargos de la impaciencia, / pesa el ritmo de estas letras de paja, / que como el sol, se retuercen / en silencio, coagulando.
Se escuecen al fondo del caldero / los cuerpos del olvido, / surcan la grieta precisa, / ruedan por el asfalto duro y febril del tiempo negro. / llevan los trapos mojados y los ojos del penetrante rayo, / la inconstancia.
un poblado abandonado; / anónimo limbo aquel / que de un aliento a la espera queda; / nadie a-la-espera-de,
con su mirada hecha suelo, / sombra del sol que se transmuta / en un aura azul y un desvelo.