En huevos de tarántulas
habita el inquilino terrorista,
el poeta advenedizo
que, ante la última excursión,
deja excedentes de limo
tras noches agitadas en cementerios.
En huevos de serpientes
habita la gallina lírica,
el poeta venidero
que deja como lámpara de azufre
el manchurrón de plátano
en colchas descosidas.
Tentado por el verso ajeno
en la oquedad del páncreas
el poeta habita.
“Dios, qué buen payaso, si tuviera buen señor”
dirán -sin duda- unos.
“Es tan falsa la gracia de estos textos”
dirán –sin duda- otros.
“Es la broma de una poesía hueca”
dirán –sin duda- todos.
Y es verdad. Nadie se equivoca.
En la dura molleja de las aves
hace en secreto el bardo gallináceo
su poesía digestiva.
¡Tomar, entonces, todos este reflujo!
Y ¡Salud!

