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Chávez ya tiene rival, pero no tiene sucesor (2)

23 de marzo de 2012 by Roberto Montoya 100 Comments

[dc]L[/dc]a oposición venezolana ha madurado indudablemente en los últimos años y tras las elecciones primarias de febrero pasado, que superaron sus propias previsiones de afluencia de votantes, parece convencida por primera vez de que Hugo Chávez no es invencible y que puede ser derrotado en las urnas, sin necesidad de seguir conspirando con EEUU y con algún sector de oficiales retirados o en activo de las Fuerzas Armadas para intentar derrocarlo, como en 2002. Ya parecen haber descartado esa vía, saben que el ejemplo de Honduras no es aplicable en Venezuela.

Desde semanas antes de que Chávez anunciara que debía ser intervenido quirúrgicamente nuevamente, la oposición, a través de varios de sus dirigentes y de los numerosos medios de comunicación afines de los que dispone, ya había lanzado una oleada de rumores. “Chávez sufre metástasis” al hígado, decía alguno, o “Chávez no llegará a las presidenciales”.

La enfermedad de Chávez se transformó en un arma política y la oposición la utiliza para intentar convencer a una parte del electorado bolivariano de que esa alternativa ya no existe y que ante su desaparición los únicos que pueden evitar el caos son ellos, la MUD (Mesa de Unidad Democrática). La plataforma opositora se frota las manos con cada noticia del agravamiento de la salud de Chávez.

Hace recordar a un grafiti que pintaba por los muros de Buenos Aires a inicios de los años 50 la oposición más recalcitrante a Juan Domingo Perón y su esposa Evita. “Viva el cáncer”, decía, en alusión a la enfermedad que ella padecía y que la llevó a la tumba en 1952.

El Gobierno y el gubernamental Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tienen así por delante un doble desafío. Por un lado, tienen que demostrar que también aprendieron la lección, que tienen capacidad para aprender de sus errores y de rectificar a tiempo, y, por otro lado, tienen que demostrar también que la revolución bolivariana no desaparece con Chávez.

El bloque gubernamental no puede minusvalorar a su adversario y seguir su rumbo como si no hubiese habido unas elecciones primarias de la oposición donde votaron más de tres millones de personas. Venezuela no tiene tres millones de oligarcas, ni se puede tildar simplistamente de “fascistas” a semejante número de votantes.

Esas tres millones de personas que votaron en las primarias de la oposición en Febrero pasado son algunas cientos de miles más incluso que las que participaron en las primarias que realizó el PSUV para elegir en 2010 sus candidatos a la Asamblea Nacional, a pesar de la gran maquinaria puesta en marcha por el chavismo en ese momento.

Reacción gubernamental ante la unidad de la oposición

No saber hacer una lectura de este fenómeno inédito en Venezuela, podría llevar al bloque gobernante a llevarse una ingrata sorpresa en Octubre.

Pero el chavismo no ha tenido precisamente la mejor reacción. Un día después de las primarias, Chávez aprovechó un acto de graduación de médicos y médicas para llamar a Radonski varias veces “cochino” y “majunche” (mediocre), asegurando que en Octubre lo iba a “pulverizar”.

Otros portavoces gubernamentales se sumaron a esas descalificaciones. El presidente de la Asamblea Nacional, el militar retirado Diosdado Cabello -a quien Capriles arrebató la gobernación de Miranda- dijo de este que era el líder de la “antipatria”, mientras que más de un cuadro del PSUV lo llamaba “fascista” una y otra vez.

Los ataques contra el líder único de la oposición proliferaron en todos los medios gubernamentales. En el web de la oficialista Venezolana de Televisión se publicó un artículo titulado “El enemigo es el sionismo: un barranco como solapada promesa”, firmado por Adal Hernández, en el que se vinculaba el origen judío de Capriles –su abuela materna fue víctima del Holocausto- con su supuesta conexión con el sionismo internacional. Hernández concluía que “El sionismo que hoy representa Capriles Radonski nada tiene que ver con una oferta nacional e independiente. En octubre hay dos propuestas claras para Venezuela, la de la Revolución Bolivariana (…) y la del sionismo internacional, que amenaza con la destrucción del planeta que habitamos”

El mismo artículo vinculaba a Radonski con “una secta” de fundamentalistas católicos, Tradición, Familia y Propiedad.

El Centro Simon Wiesenthal y la comunidad judía pidió a Chávez que condenara el artículo. Pocos días después fue removido de su sitio, aunque Hernández siguió defendiendo sus acusaciones en su blog, al tiempo que rechazaba las acusaciones de antisemita que recibió.

Otra cara muy visible del oficialismo, el periodista Mario Silva, tiró a su vez en su popular programa diario La Hojilla piedras contra el propio tejado del Gobierno al acusar a la oposición de fraude, porque, según él, era “matemáticamente imposible” que hubieran votado tres millones de personas en las primarias de la oposición.

Silva mostró su propia lógica matemática para sostener que los colegios electorales hubieran tenido que estar abiertos 19 horas en vez de las nueve que estuvieron, para conseguir que votaran tres millones de personas.

Capriles encontró en esas declaraciones de Silva una oportunidad servida en bandeja de plata. “O sea, ¿que usted está diciendo que el Consejo Nacional Electoral cometió fraude?”, le respondió.

La propia presidenta del CNE, la socióloga Tibisay Lucenas –profesora especializada en Procesos Electorales en la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas de la Universidad Central de Venezuela- tuvo que recordar a Silva que fue ese órgano del Estado bolivariano el que, a pedido de la oposición, organizó los comicios, proporcionó las sofisticadas máquinas de voto, montó los 3.707 colegios electorales, con 7.691 mesas y desplegó miles de funcionarios para supervisar y auditar todas las fases del proceso electoral. El Gobierno, por su parte, desplegó a miles de efectivos militares para controlar la seguridad de los colegios electorales, ocuparse de organizar internamente las colas y del traslado de las urnas.

Mientras la MUD, la plataforma opositora, invitó como «acompañantes» del escrutinio a cerca de sesenta representantes internacionales de partidos políticos –entre ellos a diputados y senadores del Partido Popular español-, del Parlamento Europeo, de la Internacional Socialista, el Centro Carter o de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), el CNE invitó a un grupo de 43 periodistas, académicos y miembros de comités electorales de países como Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Surinam, EEUU, India y España.

Todos ellos tuvieron posibilidad de comprobar desde días antes de los comicios la eficacia de las máquinas y software utilizados para el voto –de los más avanzados en el mundo- y durante la jornada electoral pudieron asimismo visitar numerosos colegios electorales en distintas regiones de Venezuela, hablando libremente con los electores, miembros de las mesas electorales –voluntarios reclutados por los partidos de oposición- y supervisores del CNE, presenciando el momento del escrutinio y la transmisión a la sede central, en muchas de ellas.

La oposición y la Constitución bolivariana

Durante el acto del 11 de Febrero pasado en un céntrico hotel de Caracas en el que la Mesa de Unidad Democrática presentó ante los 103 acompañantes internacionales conjuntamente su programa unitario y explicó la evolución que las fuerzas de la oposición tuvieron hasta llegar a ese punto, Teresa Albanes, presidenta de la Comisión Electoral de Primarias de la MUD, a la vez que cumplía con la formalidad de agradecer al CNE su ”apoyo técnico”, lanzaba esta coletilla: “Esa no fue una concesión graciosa del Consejo Nacional Electoral, sino que simplemente se atuvo al cumplimiento estricto de lo fijado por la Constitución”.
Y es que la Constitución de 1999 establece en el Capítulo V, artículo 293, que el CNE puede poner sus medios a disposición de partidos políticos, sindicatos o gremios profesionales, si ellos así lo solicitan para celebrar sus elecciones internas.

Lo que se cuidó mucho de no mencionar la dirigente de la oposición, es que ese artículo corresponde a la misma Constitución bolivariana de la que Capriles dijo en el momento de su aprobación que constituía una mera herramienta para crear una “dictadura institucional”.

El 2 de Febrero de 1999 Hugo Chávez tomó posesión como presidente, jurando, como exigía el protocolo, sobre la Constitución de 1961, pero lo hizo con esta aclaración: “Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo, que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro”.

Menos de tres meses después, el 25 de Abril, los venezolanos fueron convocados por primera vez en la historia para participar en un referéndum, en el que debían decidir si aprobaban o no la propuesta del presidente de convocar una Asamblea Constituyente con el propósito de refundar el Estado, dotándolo de una nueva Constitución. Fue el primer referéndum ganado por Chávez.

Se constituyó la Asamblea, tras la elección popular de sus miembros; esta aprobó en seis meses una nueva Constitución, que a su vez fue sometida a un nuevo referéndum, contando con el apoyo del 71,8% de los votos, el de más de 3,3 millones de personas.. La oposición llamó al “No”, obteniendo casi 1,3 millones de votos.

Ante el apoyo que tiene en la población la Constitución bolivariana, una de las más garantistas del mundo, Capriles dice ahora que “la Constitución es muy completa” y que “no hace falta modificar la Constitución”. Una Constitución que ha hecho posible, entre otras cosas, que la MUD pudiera realizar sus primarias en todo el país, algo que la propia plataforma opositora ha reconocido que hubiera sido imposible sin los medios facilitados por el CNE –que sufragó el 75% de los gastos- y sin el apoyo de las Fuerzas Armadas.

La sucesión de Chávez

A pesar de que la nueva Constitución y la propia existencia de la Asamblea Constituyente han permitido la irrupción en la escena política de movimientos sociales y sectores de la sociedad tradicionalmente postergados y que los consejos comunales y otras formas de participación son hoy una realidad, Chávez sigue teniendo una forma marcadamente personalista de decidir y conducir el país.

Esto puede tener consecuencias muy negativas a la hora de su eventual relevo en el caso de un agravamiento de su estado de salud. No solo los conspiradores nacionales y extranjeros siguen con atención los partes médicos del presidente para hacer cábalas y prever estrategias. También provoca gran incertidumbre en los amplísimos sectores populares que respaldan a Hugo Chávez y en las numerosas fuerzas políticas y movimientos sociales que se han coaligado con el PSUV en el Gran Polo Patriótico (GPP), el frente electoral que batalla por la reelección del presidente.

El 1º de Mayo de 2011, durante el acto de masas por el Día del Trabajo en las calles de Caracas, Chávez hizo el llamamiento a la conformación del GPP, con el objetivo no solo de “derrotar a la burguesía” en las elecciones de Octubre próximo, sino como “parte de la estrategia para impulsar definitivamente el socialismo en Venezuela”.

En Octubre, en una de las reuniones de Chávez con 153 representantes de movimientos sociales, asociaciones y grupos políticos, Lorena Freitez, miembro del Núcleo Endógeno Cultural Tiuna El Fuerte expresó lo que muchos sentían, dirigiéndose al presidente: “Usted, como líder de la revolución, nos está lanzando una soga a quienes no nos sentimos reconocidos en las estructuras del partido (el PSUV), que estamos por allá, como en un desierto. A usted lo entendemos como una bisagra entre la institucionalidad, política del proceso y los que construimos desde abajo. Y en esa función de bisagra, nos lanza una brecha, abre un camino para ver si nosotros podemos seguir caminando al lado de la revolución”.

Y Freitlez resumió así las renovadas expectativas de quienes desde hace ya mucho tiempo veían cómo el PSUV los excluía o intentaba instrumentalizar: “Se abren nuevas posibilidades para diversificar las formas de participación, para darle espacio a sujetos que sentían que no tenían lugar. Este espacio tiene un potencial de autenticidad porque justamente surge de una revisión crítica”.

Desde entonces se han seguido sumando numerosas organizaciones al Gran Polo Patriótico. Actualmente lo integran, aparte del PSUV, el Partido Comunista de Venezuela (PCV); Unidad Popular Venezolana (UPV); Movimiento Electoral del Pueblo (MEP); Independientes por la Comunidad Nacional (IPCN); Movimiento Tupamaro Venezuela (MRT) y más de 700 movimientos sociales, vecinales, agrupaciones de campesinos e indígenas, movimientos ecologistas, sindicatos, asociaciones universitarias, partidos políticos y estructuras de distinto tipo.

Chávez cuenta, según todas las encuestas, con un nivel de popularidad de más del 55%. Su vuelta a Venezuela días atrás ha supuesto un alivio para sus colaboradores y para sus millones de seguidores, preocupados de que su ausencia del país pudiera afectar decisivamente la campaña electoral. “Con cáncer o sin cáncer, vamos a la victoria del 7 de Octubre”, prometió.

La ausencia de Chávez de Venezuela durante varias semanas en realidad no ha frenado la gran movilización generada por el Gran Polo Patriótico en todo el país desde mediados de 2011, con el desarrollo de asambleas vecinales, regionales, provinciales, nacionales, encuentros temáticos y debates de todo tipo, algo que se multiplicará sin duda ahora con la vuelta del presidente.

Por su parte, Radonski ha empezado a recorrer el país haciendo mítines y tiene previsto una gira por varios países para presentarse y aprovechar mediáticamente los lazos que mantiene con numerosos grupos empresariales y partidos políticos conservadores en el extranjero. Es difícil saber qué repercusión podrá tener en su campaña electoral la alarma que hizo sonar Chávez pocos días después de volver al país, cuando dijo que los servicios secretos habían descubierto un complot para asesinar al líder de la oposición, del cual ya se había puesto en conocimiento al equipo de custodias de Radonski. “Uno no sabe cómo interpretarlo, si es una advertencia o una amenaza”, dio el líder de la MUD tras escuchar las declaraciones del presidente.

El delfín que gana terreno

Para los planes de la oposición sin duda la vuelta de Chávez y su aparente recuperación no es una buena noticia. Confiaban en que no pudiera volver a causa de su enfermedad, o al menos que estuviera muy disminuido físicamente para poder llevar a cabo la agitada campaña electoral de los próximos meses. Pero, independientemente de que Chávez esté en plena forma o no en este momento, es indudable que el tema de una eventual necesidad de sucesión ya ha quedado sobre la mesa, como nunca lo había estado desde que llegó al poder en 1999.

Se manejan distintas cábalas y el vicepresidente Elías Jaua se ha visto obligado a salir al paso de ellas, asegurando que ninguno de los ministros o dirigentes del PSUV pretende suceder al jefe del Estado.

“Ninguno de nosotros aspira a suceder a Chávez. A Venezuela le ha ido bien con Chávez, por eso lo que queremos es seguir acompañándolo”, dijo. Varios medios de la derecha habían aireado los supuestos enfrentamientos existentes entre Jaua y el presidente de la Asamblea Nacional y primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello. Ambos han figurado en varias de las cábalas como posibles sustitutos de Chávez en el caso de un agravamiento de su enfermedad.

Según la Constitución, el primero en asumir el poder en caso de ausencia temporal o definitiva del presidente, debe ser el vicepresidente ejecutivo, Jaua, y en segundo lugar, el presidente del Parlamento, Cabello.

Sin embargo, Chávez ya ha anunciado que tanto Jaua como Nicolás Maduro, el ministro de Asuntos Exteriores –otro nombre que sonaba mucho- tendrán que abandonar sus puestos de ministros para presentarse como candidatos a dos gobernaciones importantes, lo que parece alejarlos fuera de juego.

Cada vez parece más evidente que Chávez quiere reforzar más y más a Cabello. A pesar de que en el pasado le puso frenos más de una vez y que no pocos cuadros del PSUV mostraron temores ante la ambiciosa actitud de Cabello y su ansia por concentrar más y más poder –y hasta se lanzaron acusaciones de corrupción contra él- ahora Chávez lo necesita y mucho y le cede más y más poderes.

Mientras que a Jaua, Chávez le ha confiado más la gestión del día a día del Gobierno, especialmente cuando ha tenido que viajar a Cuba para ser atendido, a Cabello le ha asignado el papel de gran agitador de masas y le ha dado autonomía para que pudiera tomar decisiones importantes dentro del partido gubernamental, el PSUV y cortar cabezas, como hizo recientemente destituyendo al gobernador del estado de Monagas, José Gregorio Briceño –a quien llamó «traidor»– por criticar la forma en que el Gobierno gestionó un derrame accidental de crudo en su territorio. Chávez respaldó inmediatamente la decisión de Cabello.

Diosdado Cabello no es un recién llegado al entorno del presidente y no es tampoco simplemente uno más de los posibles sucesores. Este militar retirado, de 48 años, que ocupó ya cinco carteras en el Ejecutivo y otros importantes, participó en 1992 junto a Chávez en la asonada militar contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

A diferencia de otros militares que participaron de ese primer núcleo militar rebelde y que luego se distanciaron de Chávez, Cabello permaneció siempre a su lado en estos veinte años. En 2002, cuando tuvo lugar el frustrado golpe de Estado contra el Gobierno de Chávez, Cabello era su vicepresidente y fue quien constituyó un comando de elite para rescatar al presidente de la base naval donde lo tenían secuestrado y devolverle el poder. Diosdado Cabello no solo es el único hombre que tiene a su lado Chávez con garra como para suplantarlo en un mitin de masas, sino también para mantener el control del PSUV, para controlar a los gobernadores y, algo nada despreciable, para mantener unida y alrededor del Gobierno bolivariano a las Fuerzas Armadas..

Radonski sabe que no le será fácil achicar decisivamente los veinte puntos de diferencia que le lleva de ventaja Chávez en las encuestas, y no es de descartar que la oposición utilice algún tipo de campaña desestabilizadora para ensombrecer y sembrar dudas sobre el proceso electoral. Serán meses decisivos.

Si la salud no lo ayuda en los próximos meses, Chávez se verá obligado a renunciar a agotadoras giras electorales, a sus interminables mítines y a delegar en su ex camarada de armas cada vez más. Decíamos en el título que Chávez “no tiene sucesor” y las cábalas están a la orden del día, pero tal vez ya habría que preguntarse: ¿o sí? El panorama pareciera empezar a despejarse y que a menos que las cosas cambien mucho en los meses venideros, el puesto de delfín ya va perfilando un nombre y apellido: Diosdado Cabello.

Segundo de una serie publicada en Viento Sur, editado por razones de espacio.

Para acceder al texto original, presione aquí.

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Roberto Montoya
Roberto Montoya
Posted in: Mundo Tagged: elecciones en Venezuela, Hugo Chávez, Revolución Bolivariana

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