Xinchang (11/04/2010)
Recientemente adquirimos el privilegio de una licencia de conducir en la China. También conseguimos un automóvil. Aunque el tráfico aquí me pone los nervios de punta, no puedo negar que la libertad que se adquiere cuando se tiene transportación independiente es priceless. Nuestra misión es comenzar a explorar los lugares anónimos de la China y claro, comenzamos con Shanghai.
Mi compañero descubrió hace poco que hay un Old Town cerca de una de las áreas industriales del Distrito de Pudong. Es la otra cara de Shanghai. En ésta área no predominan los rascacielos ni las calles abarrotadas de vendedores que tratan de venderte relojes falsos. Aquí sobresalen las fábricas, las casitas improvisadas de agricultores pobres, las construcciones pretenciosas de futuros residenciales para gente rica y los edificios sucios para entretenimiento KTV. Para la gente de Shanghai, Pudong representa lo que hasta hace poco más de una década era el country-side de la ciudad: un pedazo de tierra feo y lleno de la pobreza que la nueva generación no quiere mirar. No es conveniente ver más allá de lo que se ve desde los restaurantes y discotecas del Distrito del Bund.
Mi maestra de mandarín me preguntó a dónde fui durante el fin de semana.
– “Ailan (Ailan es mi nombre chino), shang ge zhoumo, ni qu na’r?”
– “Shang ge zhoumo, wo qu Xinchang” (Ese pasado fin de semana fui a Xinchang).
– “Ni qu na’r????” (¿A dónde fuiste?)
Le repetí que fui a Xinchang. La maestra pensó que posiblemente estaba pronunciando mal el nombre, hasta que le dije que Xinchang estaba en Pudong. Con cara de interrogación me dice:
– “Wo bu zhidao Xinchang…” (Ella no sabe nada de Xinchang.)
Y no es de dudarse, éramos los únicos extranjeros en el lugar y sólo vimos un pequeño grupo de chinos que hacía turismo interno. Parecía un pueblo fantasma.
Caminamos por el pueblito y notamos, por uno que otro letrero aquí y allá, que Xinchang estuvo en planes de ser impulsado como una atracción turística. Lo que no sabemos es qué sucedió para que el lugar quedara en el limbo. Teníamos curiosidad por visitar el Shanghai Brand Pipa Museum (“pipa”- 琵琶- es un instrumento tradicional chino de cuatro cuerdas) y cuando lo encontramos, pues… verdaderamente no lo encontramos. El museo ya no estaba abierto para el público. Quién sabe desde cuándo no existe.
Seguimos un letrero que ofrecía paseos en bote por los canales del pueblo. Caminaba riéndome, esperaba que los paseos en barca fueran ofrecidos por Caronte…jajajajaja (sí, sí, el que transportaba a los muertos por el Hades, en el río Aqueronte). Para mi sorpresa, encontramos a una chica como de 16 años cortando vegetales y cuando le preguntamos si los botecitos estaban en función nos dijo que sí. Llamó a la que parecía ser su madre y le pagamos 50RMB por el paseo. Me dió mucha risa pensar que ibamos a vernos charramente turistas.
Luego de montarnos en el botecito, la jovencita agarró el remo. Ella fue quien nos paseó. Eso no me dió tanta risa. Esos 50RMB probablemente iban a ser una diferencia para esta familia. Mi compañero y yo nos transportamos en silencio mientras observábamos la quietud que rodeaba el pueblito que, según dicen las malas lenguas, mezcla estilos de la arquitectura Ming, Ching y del período comunista previo a la apertura de China. No tomé todas las fotos que hubiese querido. Estaba un poco triste pensando en el futuro de este lugar. El hecho de que se comenzara a desarrollar y luego fuese abandonado el proyecto, me daba la mala espina de que podía ser demolido como cientos de otros lugares alrededor de la China.
Nos despedimos de Xinchang con una caminata entre docenas de peluquerías que, se dice, se convierten en prostíbulos nocturnos, restaurantes improvisados, tiendas de ropa con aspiración a ser boutiques, en un pueblo donde los viejos mueren en la profundidad de la oscuridad de sus casas-cuevas. Una familia cenaba en uno de los restaurantes y al sentir nuestra mirada nos saludaron con curiosidad y alegría espontáneas. Dos sonrisas le respondieron de vuelta con un entusiasmado “ba-bai!!”.
Me pregunto cómo se traducirá nuestra presencia en la vida de esta gente. ¿Será cómo nuestro adiós? Porque cuando los chinos quieren decir “bye bye” al parecer piensan en la pronunciación del número 8 y del color blanco, en el número 800 o simplemente piensan en… nada.






