[dc]J[/dc]orge Miñoso se había convencido desde temprano que trabajar no era la mejor manera de hacer dinero sino a través de las apuestas, las trampas y, si necesario, hasta la venta de drogas. Bajo esa prédica casi evangélica para él había vivido toda su vida. Por eso, no había estudiado más allá de la escuela secundaria y evitaba, de todas maneras, comprometerse en un empleo que tuviera el tufo de convertirse en permanente. Su vida era una de esas que los sicólogos llaman inestables, que va y viene, que pasa y nunca se queda como la de los nómadas y los errantes, que corre y camina a manera del que se no sabe a dónde va y se conduce por el azar más que por la razón. De ahí que, desde muy joven, le llamaban loco, estortillao, y le adjudicaban que le faltaba un tornillo, que estaba más tostado que una caja de Corn Flakes pero, de loco, no tenía un pelo.
Ahora, todavía sin salir del encierro después de llevar 30 años en prisión por haber quemado vivos a su familia, aún supuestamente mucho más maduro que cuando entró a la cárcel de máxima custodia, continúan llamándolo loco, y él hubiese preferido que eso fuera verdad, pero el Tribunal nunca le ha creído la excusa y resolvió consistentemente que todo lo ocurrido el Día de Año Nuevo fue bien planificado para quedarse con la casa de sus padres. Desde el comienzo del juicio, sus abogados repetían con insistencia frente al jurado y ante los medios de prensa:
– ¿Quién puede, en pleno juicio de la razón, quemar a su familia? ¿Quién puede hacer algo así? Sólo una persona que está loca puede hacerlo. Alguien que hace algo como eso, ¿va a quedarse en el sitio, se va a quedar dentro de la casa, no va a huir? No tiene lógica. Ilógico es quien puede, si acaso, hacer algo así a menos que sea un matón a sueldo. Pero, estoy seguro que hasta un matón a sueldo lo pensaría mil veces antes de quemar viva a su madre.
***
Treinta años después, a Jorge le ha dado con leer y releer los recortes de las noticias de los periódicos El Nuevo Día y Primera Hora de entonces, le dijo Jaime Pedraza a su Técnico Socio Penal. Se la pasa continuamente releyendo las reseñas y los testimonios que se publicaron en los periódicos, lo que ha hecho desde unos meses para acá. No hay nada más que le llame la atención. Se sienta y repasa las noticias una a una…una a una. Luego de la lectura se queda sin alma, en un largo trance como si estuviera revisitando el momento del desgraciado acontecimiento.
– Cada vez que lo ha hecho me ha sido imposible leer lo que piensa en su cara y sus gestos. Siempre está como en un letargo profundo que no me deja penetrar y percibir si tan siquiera lo atacan los sentimientos. Ha tenido sus espacios de claridad y en ellos es que de alguna manera comparte sus emociones. La última vez, me entregó esta pila de recortes de periódicos y es por ello que lo llamé. La lectura de estos recortes podría, quizás, permitirle penetrar su conciencia y ayudarlo porque no se ve bien, dijo el compañero de celda de Jorge Miñoso por más de diez años.
Cuando Jaime lo conoció, Miñoso estaba más alerta y mucho más animado que en los pasados meses. Poco a poco se había diluido en el tiempo desde que tuvo que ir a la última vista en el Tribunal. Desde ahí para acá, se había sumido en un mundo personal muy suyo, al que no dejaba que nadie entrara, que lo había alejado de todo el resto de la población penal. Había perdido muchas libras porque se negaba a ingerir la cantidad de alimentos que usualmente ingería. Los alimentos que estaba dispuesto a consumir diariamente eran, evidentemente, muy pocos para un hombre de su estatura: seis pies y cuatro pulgadas.
– Tenga, vea los recortes. Lea los titulares y lo que dice cada artículo.
El Técnico Socio Penal, Luis Larrauri, no lo pensó dos veces. Tomó en sus manos los papeles amarillentos y algo desvencijados por el manoseo, miró entre los rejillones la figura cabizbaja de Miñoso que solamente ofrecía una espalda encorvada, desdobló algunos de ellos y comenzó a leerlos en el mismo orden de fechas como se los habían entregado. Inició la lectura y una mirada perpleja se le destapó cuando comenzó a ir entre la lectura. Por espacios, Larrauri buscaba la cara de Jaime y en ocasiones buscaba incrédulo mirar la figura de un Jorge bien encorvado y cabizbajo, con sus manos peinando sus cabellos largos y sentado en su cama de colchón duro. La primera noticia decía lo siguiente:
Enero 2 – Quema a su familia en Año Nuevo.
El pasado sábado, primer día de 2011, Jorge Miñoso celebró una fiesta en la casa de sus padres a la que invitó a varios miembros de su familia. Pasadas las 3:00 de la tarde el hombre se presentó armado de una antorcha y de un tanque de 20 libras de gas querosén, y comenzó a rociar fuego a sus invitados.
– ¡Esto es inconcebible!, dijo Larrauri. ¿Cómo es posible que esta persona haya quemado viva a su familia?
– Pues, así fue. Seis de ellos murieron. Jorge no sólo quemó a su primo, sino también a su madre, a su hermano, su cuñada, dos de sus sobrinos y a la novia de uno de sus sobrinos que viajó a Puerto Rico a conocer a la familia. Su padre, también de nombre Jorge, tuvo que ser recluido en el Hospital de Veteranos por el ‘shock’ emocional sufrido al saber de la tragedia.
– Eso debió haber sido horrible y ¿qué se concluyó? ¿Que todo fue con premeditación?
– Bueno, la Fiscalía le radicó de inmediato cargos por asesinato en primer grado y el juez le impuso una fianza de $1.5 millones.
– Oye, dice la noticia que muchas de las personas tenían quemaduras hasta en un 80% de su cuerpo. Eso quiere decir que el fuego fue enorme y enardecidos debieron ser los gritos de dolor.
Larrauri se resistía a creer lo que leía. Su cara y ojos desorbitados de sorpresa lo decían claramente. Según la investigación preliminar, Miñoso, que tenía 35 años al momento de ocurrir los hechos, salió del baño, les roció el líquido a las personas que estaban reunidas comiendo a la mesa, prendió una antorcha que hizo con una camisa suya y se las tiró. Todo se convirtió en una densa bola de fuego que sin misericordia ni prejuicios se extendió apagando la vida de los celebrantes.
– Mira lo que dice aquí. Se prendió el techo, el empañetado se desprendió, las bombillas explotaron, las ventanas explotaron. Se quemó prácticamente el 90% de la residencia por dentro, añadió Larrauri sobre los hechos. Todo aquello era un infierno.
– Eso mismo, un infierno, el mismísimo Diablo estaba allí. Me imagino los gritos de desesperación y dolor.
– Y, ¿no lo declararon loco?, porque no concibo que una persona sana y sensata queme a su familia y mucho menos a la madre que lo parió.
– Quiero que sepa que no era la primera vez que Miñoso atentaba contra la vida de sus familiares, explicó Jaime. En una ocasión, quemó el gallinero de su hermano e intentó atropellar con su auto a otra de sus hermanas.
– El tipo se las traía. ¿Qué diablo pasaba por su cabeza?, exclamó Larrauri.
Jaime retomó la palabra sobre el asunto del fuego asesino.
– Aunque inicialmente se reportó que fue una discusión lo que desató la ira de Miñoso, se descartó esa versión. También se descartó que tuviera alguna enfermedad mental porque un loco no se protege del fuego como él lo hizo. Miñoso mató a su familia luego de haberlo pensado y requetepensado. Por eso son seis las cadenas perpetua que le impusieron.
Larrauri miró a la cara de Jaime Pedraza con una expresión de desconcierto y hasta de incredulidad y desde la mueca de la boca, preguntó:
– ¿Has leído todo esto?
– Sí, repetidamente.
– Por el bien de todo el mundo, creo que se hizo justicia al mantenerlo encerrado. Si estuviera loco, sería un peligro. Si no lo estuviera, también fuera un peligro. Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien, sostuvo Larrauri.
***
La celda de Jorge desde donde Larrauri la podía alcanzar, aunque con una persona adentro, se veía solitaria y tenebrosa como que reflejaba las vibraciones de congoja que a todas luces expedía el cuerpo del confinado. Aunque con su corazón latiendo, la espalda de Jorge expresaba que en su interior nada vivo existía. Como se ha dicho, el corazón no muere cuando deja de latir; el corazón muere cuando los latidos no tienen sentido. Y eso era lo que a Larrauri se le ocurría pensar desde la celda vecina. Dijo:
– A veces le tenemos miedo a la soledad porque estando con ella solemos hablar de lo que evadimos en nuestra vida. Eso me parece que es lo que está sucediendo aquí.
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Enero 3- Iba tras la casa de sus padres.
En los pasados tres años la vida de Jorge Miñoso, el hombre que organizó una macabra fiesta de Año Nuevo para quemar a su familia, sufrió un cambio que afectó su estabilidad económica y, simultáneamente, fue creciendo en él un deseo obsesivo por poseer la casa de sus padres en el barrio La Maldonado en Florida. La noticia relataba que el epicentro de la tragedia, que hasta el tercer día había cobrado tres vidas, fue el deseo de Jorge por poseer la residencia en la que vivía con sus progenitores, don Jorge Miñoso y doña Etelvina Rodríguez, como un medio para garantizarse un bien material que posteriormente él pudiera convertirlo en dinero.
– ¡Qué cabrón es este individuo! Mató a su familia y a su madre por quedarse con la casa. ¡Hay gente que no tiene madre y de seguro este es uno de esos!, exclamó Larrauri dirigiéndose de frente a Jaime que movía su cabeza de lado a lado como queriendo expresar su malestar ante el relato periodístico que ya había releído en numerosas ocasiones.
– Mira lo que dice. Te lo voy a leer. ‘Ese deseo llegó al extremo de que hace dos años persuadió a sus padres para que éstos hablaran con sus otros tres hijos, con el fin de que renunciaran a recibir la casa en herencia. La casa tenía un valor aproximado de $200,000 y un terreno de 1,400 metros.
– Esa casa la hizo don Jorge trabajando y sin pedirle prestado a nadie, sostuvo Pedraza por su lado.
– Esto es: el cabrón no puso un chavo ni dio un tajo en la construcción de la casa y tenía los cojones de pedirle a sus padres que desheredaran a sus otros hijos y le dejaran la casa a él. Un bueno para nada, uno que juega con la vida de los otros y pretende establecer las reglas para que le favorezcan a él únicamente.
– Así es, dijo Jaime Pedraza. ¿Qué te parece? Hay gente y hay gente.
– No, Jaime. Hay cabrones y hay cabrones porque este individuo no es gente. Es un animal. Como dice el refrán, las almas ruines sólo se dejan conquistar con regalos.
– Creo que tienes razón.
Larrauri volvió a mirar a Pedraza y le expresó:
– Ciertamente, que en ocasiones hemos tomado una decisión drástica al calor de la necesidad y al vernos enfrentando a las consecuencias, nos preguntamos: ¿valió la pena? Pero, ¿en un asunto familiar cuando las consecuencias iban a ser la muerte de sus familiares, cabe hacerse la misma pregunta?
– No sé.
– ¿Qué piensan los otros reos sobre Miñoso?
– Bueno, se ha mantenido vivo por 30 años.
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Enero 3 – Era un hombre malo.
“Él no es un hombre loco. Él es un hombre malo. Hace tres años que no trabaja y el ocio lo fue enloqueciendo. Él nos prohibió subir a la casa porque quiso aislar a sus padres para poder manipularlos a su antojo”, indicó Roberto Miñoso ayer en la mañana mientras esperaba noticias de los familiares que aún permanecían en estado crítico en el Centro Médico de Río Piedras. Roberto es el hermano mayor de Jorge.
La noticia relataba que Jorge tenía un negocio de hacer mudanzas, una empresa que le regaló su padre, pero que hacía tres años dejó caer y comenzó a depender de los ingresos que provenían de las pensiones del Seguro Social de sus padres. Roberto dijo al periodista:
– El era así. Le gustaba la vida fácil y la buena vida. Era tanto así que hace un año y medio pretendió convencer a mis padres para hipotecar la casa con un préstamo tipo ‘reverse’ para él hacerse cargo de la administración del dinero y que mis padres no tuvieran el trabajo del pago de las cuentas. Algo pasó que esa hipoteca no se logró. ¡Gracias a Dios! Los hermanos nos opusimos.
La periodista logró una expresión de Roberto que llamó la atención de Larrauri y acabó con desconcertarlo. Roberto reveló que Jorge era religioso y fanático de la música religiosa. Roberto dijo más:
– Él quiso ser pastor de la iglesia Restauración de Bayamón, pero no sé lo que pasó. Él se levantaba a las 3:00 de la madrugada para ayunar y para ir a la iglesia. ¿Quién se iba a imaginar que esto iba a terminar así? Jorge era reservado, se lo callaba todo y no hablaba mucho con nadie.
Larrauri no sabía a dónde mirar pero su curiosidad lo dirigió hacia la espalda encorvada y evidentemente impenetrable de Jorge Miñoso como si buscara clarificar la evidentemente bien complicada madeja de sentimientos que había enredada como una telaraña dentro del cuerpo de aquel individuo. Pensó:
– ¿Estaría buscando convencer a Dios para que lo perdonara de antemano o era tan desquiciado o tan canalla que pretendía burlarse de él como lo hizo con otros tantos?
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Por la mente de Larrauri pasó como una saeta la idea de la mentira. ¿Qué se siente reconocer que se ha vivido una vida de mentiras? Posiblemente, ese tema puede estar conturbando a Jorge Miñoso precisamente ahora mismo, según lo expresaba su espalda encorvada. La pena que sufre debe estar encerrada en el hecho de que dentro de una gran mentira siempre hay indicios de una gran verdad y eso debe estar atormentándolo. Y es que la mentira es un fantasma que nunca te dejara en paz, mientras tú sepas la verdad.
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Enero 4 – Una sonrisa diabólica
Ayer el recuerdo de la tragedia causada por Jorge rondaba como una sombra en los rincones del pueblo de Florida. Todavía, Alfredo Rincón, vecino del barrio La Maldonado, recuerda cómo las víctimas, achicharradas y desnudas, gritaban y se retorcían tirados del dolor en la acera frente a la casa.
– Los vecinos les echaban agua con una manga y los pellejos se les caían. Fue algo horrible. Algo desgarrador. Las mujeres estaban calvas y desfiguradas por el fuego. Cuando entré en la casa había una calavera dibujada por el humo en la pared, dijo Rincón.
En otro lugar de la noticia se relataba los comentarios del teniente Restituto Fernández, director de homicidios de la región de Arecibo.
– Cuando fuimos a sacar a Jorge del cuarto de baño donde se había encerrado, estaba bañado en agua. Parece que no se quería quemar y por eso se mojó. Recuerdo que tenía una mirada bien intensa y una sonrisa diabólica en la boca. El lo planificó todo. Nuestra investigación indica que no tiene expediente siquiátrico ni sicológico.
Una segunda noticia publicada ese día decía lo siguiente:
En la residencia donde ocurrió la tragedia se encontraban ayer varios nietos de doña Etelvina buscando algunos artículos que serán necesarios para identificar a la infortunada anciana. En la escena se encontraban los remanentes de un bizcocho que Jorge había comprado para celebrar el cumpleaños de sus sobrinas. El bizcocho de celebración estaba negro y la cera de las velitas estaba derretida sobre lo que se suponía era la azucarada.
– Mira qué clase de hijo de puta era ese tipo. Este era el bizcocho que trajo ese hipócrita para celebrar el cumpleaños de Lorena y de Graciela, que era al fin de año, y mira cómo terminó todo, dijo el joven Rolando Miñoso Pérez, hijo, mientras mostraba un bizcocho que nunca fue cortado.
Larrauri dijo a lo anterior:
– Qué macabro era este individuo. Se tomó la iniciativa de ir a comprar un bizcocho de celebración para ocultar sus intenciones. Engañó. Eso no lo hace un loco. El loco es un ser honesto. Jorge trajo un bizcocho para celebrar la tragedia que iba a provocar. Aquí no hay perdón de Dios.
– Mire como se ha puesto de pie, dijo Pedraza al ver que Miñoso se había levantado de su cama. Mire, ahora, cómo camina a paso lento y cabizbajo hacia la ventana. Mire, ahora, como se pondrá a mirar al cielo y se quedará ahí por horas, mirando al cielo. No se sabe si está orando, no se sabe si está penando, no se sabe si está pidiendo perdón o…
– No se sabe si el malvado está actuando, le interrumpió Larrauri.
De algo Larrauri había quedado convencido es que la mentira se pone en contra de quien la inventa. No había mucho más que observar la espalda muda de Jorge Miñoso. Pero, ahora que se ha puesto de pie, reconoció otra verdad: que la verdad persigue porque siempre camina al lado tuyo. En tus cavilaciones de tristeza tú sólo sabes lo que has hecho y quién se merece tus lágrimas.
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Enero 5 – Mi querida hija estaba feliz.
Mi hija es un ser humano hermoso, por dentro y por fuera, y vivía feliz porque en el mes de julio se casaría con su novio. Ella está bien, bien afectada pero tenemos fe en Dios de que pueda sobrevivir y recuperarse, sostuvo ayer en la mañana Carol Debord, la madre de Caroline Debord, una de las ocho víctimas de la tragedia acontecida en el pueblo de Florida.
Caroline es la prometida de Jesús Sánchez Miñoso, quien también resultó quemado en el festín que detalladamente planificó, como se presume, su tío Jorge Miñoso. Tanto Caroline como Sánchez Miñoso recibieron quemaduras en el 80% de su cuerpo y su pronóstico es reservado. La pareja se conoció en Seattle, Washington, donde ella trabaja como enfermera y él en la empresa de aeronáutica Boeing. Ayer la madre de Caroline se presentó ante la prensa en los predios de la sala de emergencias del Centro Médico y con dolor en el alma aseguró que ellos provienen de una familia que profesa la fe cristiana, lo cual les da confianza de que su hija podrá superar el golpe fuerte que le tenía reservado el destino.
– Mi hija vino para conocer a la familia de Jesús, porque iban a casarse en julio. Ella estaba muy feliz. Conozco el dolor por el que están pasando las víctimas y sus familiares, porque soy enfermera y me dedico a ayudar a los demás, dijo la compungida dama.
En la mente de Carol Debord estaban intactas las imágenes de felicidad que vivió su hija hacía solamente unas semanas, cuando hablaba de los planes de boda junto a su novio, Jesús Sánchez. Aunque su alegría se ha empañado con las serias quemaduras que sufrió su hija Caroline y su prometido en una de las primera tragedias de este año, su fe en Dios la mantiene en pie.
– Ellos se comprometieron recientemente y están tan enamorados, expresó Debord en el Centro Médico acompañada del director del hospital, Danilo Santiago, y de Hiram Rosado Miñoso, portavoz de las familias.
Con la mano puesta en un rosario, Debord dijo que su única hija era un ser humano hermoso por fuera y por dentro para quien lo más importante era el amor.
– Los últimos seis meses han sido los días más felices de su vida, afirmó la entristecida mujer, quien agradeció la atención que han recibido ella y su familia por parte del personal médico de la institución hospitalaria donde cuidan a su hija desde el fin de semana.
Según contó, Caroline y Jesús se conocieron en un pequeño club, y el flechazo fue instantáneo.
– Ellos son almas gemelas. Pasamos la Navidad con ellos apenas hace unas semanas y fue tan divertido y hubo tantas risas, rememoró la mujer, quien llegó al país tan pronto supo que su hija fue una de las nueve personas que resultaron quemadas cuando presuntamente Jorge Miñoso los incendió.
– Ella estaba tan contenta de venir aquí y conocer la familia de Jesús.
En esa actividad, Jesús presentaría a la joven de 25 años con quien se comprometió para casarse en julio.
– Jesús es un hombre bueno, es un hombre bueno, repitió.
Larrauri dijo aquí:
– Triste la manera de terminar un amor. La probabilidad de hacer mal se encuentra cien veces en el día.
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Enero 6 – Muchos de los quemados están críticos.
El doctor Saturnino Torres, director de la sala de emergencias del Centro Médico, indicó que las víctimas que permanecen en condición crítica son la cuñada de Miñoso, Mercedes Sánchez Cuesta, quien recibió quemaduras en el 60% de su cuerpo; su sobrino, Jesús Sánchez y Caroline Debord. El doctor Torres sostuvo que en condición estable se encuentran el hermano del agresor, Pablo Miñoso, y su hija, Patricia Miñoso Sánchez, ambos recluidos en la sala de quemados.
Otro artículo publicado ese día sostenía que el alcalde de Florida, Axel Pagán, indicó que la tragedia causada por Jorge Miñoso ha provocado una gran conmoción en el pueblo.
– Ellos porque son personas conocidas y tranquilas. Nuestro pueblo nunca ha tenido problemas de esa clase. El 2010 cerró sin una sola muerte violenta y mire como ha comenzado el 2011. Eso afecta a la gente. Pero, el pueblo se ha llenado de visitantes y curiosos y los negocios están abarrotados.
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Enero 7 – Escenas de dolor.
El joven se emocionó al recordar las escenas de dolor que le tocaron vivir el pasado sábado, según leía Larrauri.
– Las mujeres gritaban de dolor y estaban allí tiradas y yo no podía hacer nada. Mi padre estaba allí tirado y pedía ayuda. Él estaba completamente quemado e irreconocible. Yo lo reconocí porque él me llamó en un grito, alcanzó a añadir Saturnino antes de que las palabras se ahogaran en el llanto.
En un segundo, Larrauri se traslado en un viaje mental hacia el mundo de sus recuerdos. Repasó momentos extraordinarios donde el genocidio ha sido el producto del odio o de los intereses religiosos o políticos. Le vino a la mente, la pasión de los judíos que murieron en el Holocausto. Millones de judíos murieron amontonados en la cámara de gas por el desprecio que Hitler tenía a esa raza. También le vino a la mente, el episodio ocurrido en Guyana donde el líder religioso Jimmy Jones condujo a más de 900 personas al suicidio por envenenamiento ante las amenazas del Congreso de los Estados Unidos que se cernía sobre su comuna. De igual manera, le vino a la mente las continuas matanzas ocurridas en las grandes ciudades por el trasiego de drogas y las matanzas de miles de personas por revanchismo religioso como lo ocurrido en Nueva York en septiembre del 2001.
– ¿Por qué este individuo escogió el medio más doloroso para lograr sus objetivos? Las balas acaban con la vida instantáneamente. El gas letal adormece a las personas antes de matarlas. Lo mismo ocurre con el veneno. ¿Pero, por qué escogió el fuego este individuo?, se preguntó un consternado Larrauri. ¡Era su familia!
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Enero 8 – Miñoso se comunicaba con Dios.
Durante los pasados dos años, Jorge Miñoso visitó con alguna frecuencia la iglesia Pabellón de la Victoria, en Camuy, pero no solicitó una ayuda o apoyo especial, aseguró el pastor Luis Cabán, líder religioso de esta congregación.
– La sorpresa para nosotros fue tan inmensa como lo pudo ser para cualquier otra persona, porque no puedo decir que tuve cercanía con él como para tener conversaciones. Nunca me pidió ayuda, ni orientación de nuestra parte.
No obstante, según el artículo de prensa, Jorge comenzó a ir al Pabellón de la Victoria hace unos dos años y hace tres meses lo visitó por última vez.
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Enero 10- Estaba totalmente consciente.
A pesar de los señalamientos que giran en torno a la estabilidad emocional y mental del acusado, el secretario de Justicia, Guillermo García Toledo, aseguró que el asesino se encontraba completamente consciente de su entorno al momento de armarse del combustible queroseno, el que arrojó sobre sus familiares para encenderlos con una antorcha casera. De hecho, según sostuvo el funcionario, el homicida le había deseado un Feliz Año Nuevo a sus víctimas y les había entregado dulces antes de cometer el crimen. “Esto fue bien planificado. Nadie lo sospechaba”.
Larrauri se sintió a punto de vomitar y mirando fijamente hacia la espalda de Jorge dijo:
– Esa es la espalda de un ser bien malvado, bien sinvergüenza. Los recibió a todos con una sonrisa, les deseó un Feliz Año Nuevo y ya en su trastienda había decidido quemarlos vivos a todos. El infierno no es suficiente para que pague por lo que ha hecho.
– Me imagino las conversaciones que allí se dieron, así como las miradas amorosas entre los enamorados que vinieron a anunciar sus querencias y su matrimonio, respondió Pedraza.
– Mira lo que dice aquí, dijo Larrauri. El sujeto intentó convencer a varios de sus familiares, que residen en el mismo barrio de sus padres, para que acudieran a la fiesta familiar. También llamó a su hermano Pedro que vive en San Juan y le insistió que viniera. Él no quería venir por los problemas que tenían y entonces, Jorge, envió a su señora madre que le insistiera para que estuviera en la actividad.
La noticia decía además que algunos testigos que se salvaron describieron el ánimo de Jorge ese día como que estaba muy contento, deseándoles felicidades a todos.
– Fíjate aquí como había organizado el juego satánico. La noticia dice que Jorge había prohibido que los familiares accedieran a un baño que utilizó para armarse de la antorcha, diciéndoles que no entraran porque allí guardada una sorpresa que por el momento quería mantener en secreto.
– Yo nunca he sido una buena persona, por ello estoy preso, pero jamás hubiera hecho lo que Jorge hizo, dijo Pedraza.
La noticia que Larrauri leía con deseo seguía de la siguiente manera: Nada más que con entrar a la residencia de la familia Miñoso, uno tiene que imaginarse los momentos de horror que pasaron sentados en la mesa en el disfrute de una cena de felicidad y que de repente vieran acercarse a Jorge Miñoso con una antorcha. La mesa del comedor está aún en pie, aunque chamuscada y con el cristal roto por el calor del fuego. Las sillas alrededor de la mesa son testigos de la cena familiar que allí hubo. Un plato de comida servido y todavía intacto sugiere que alguien que se disponía a cenar tuvo que correr para huir del fuego. Mientras que las ollas de acero inoxidable todavía en la estufa parecieran recordar que doña Etelvina Rodríguez insistía en mantener caliente la comida que disfrutarían sus hijos, nietos, hermanas y nueras, detallaba la noticia.
La descripción continuaba: Un pedazo de palo y un trapo tirado en el piso del comedor eran muestra del arma homicida. Los muebles de la sala parcialmente destruidos por el fuego dejaban saber que las hermanas de doña Etelvina salieron aterradas y a toda prisa ante el fuego que frente a sus ojos inició su propio sobrino. Las paredes están ennegrecidas por la ceniza, pero en una de ellas, donde antes había cuadros y placas, quedó pintada de blanco una imagen que para muchos que la han visto luce como una calavera que simboliza el incidente mortal que ocurrió en ese hogar. La habitación del presunto agresor está completamente destruida porque, según la investigación policial, allí inició la explosión con un material volátil y de ahí salió antorcha en mano.
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Enero 18 – Perdón por lo que hice.
El hombre fue trasladado ayer por la tarde al Centro Judicial de Arecibo para enfrentar otro cargo de asesinato en primer grado ante la muerte de una de sus víctimas, su sobrina Lorena. Llegó al Tribunal en camilla y como sedado, pero en sala la jueza Yanizta López le preguntó cómo se llamaba y otros datos personales, los que pudo contestar con claridad. Por eso se celebró la vista. El acusado fue ingresado en el Hospital de Siquiatría de Río Piedras, Dr. Ramón Fernández Marina, a la espera de que culmine la evaluación psiquiátrica, que usualmente demora una semana.
Tras escuchar que irá a juicio por la muerte de sus familiares y antes de subirse al vehículo que ayer lo devolvería a prisión, Jorge Miñoso pidió perdón por sus acciones y dijo estar arrepentido.
– “Le pido perdón al pueblo de Puerto Rico y a todos los involucrados. De corazón, me arrepiento”, expresó a los periodistas
En tanto, el abogado de la Sociedad para la Asistencia Legal, Luis González, adelantó que presentará una defensa de inimputabilidad.
– Se ve clara la intención. Estaban buscando despertar el ¡ay bendito! de nuestro pueblo, expresó Pedraza quien de inmediato recibió la respuesta de Larrauri:
– Cuanto mejor es uno, tanto más difícil es reconocer la maldad de los otros.
Ante esta última noticia, Larrauri le dijo a Jaime Pedraza mirándolo directamente a los ojos:
– Es increíble todo esto que acabo de leer. Jorge se creó un mundo falso de ilusiones que convirtió en su existencia real. Convivió siempre con la mentira.
Ahí, en esos precisos momentos, el Trabajador Social emitió su veredicto dictando la sentencia e impartiendo las correspondientes instrucciones:
– Yo voy a recomendar en mi informe que, para seguridad del propio Jorge, se tomen medidas rigurosas para evitar dejarlo solo con algún instrumento que él pueda utilizar para atentar en contra de su vida. Tú, sin decirlo a nadie, encárgate de que no sea así. Debemos liberarlo.
– Entiendo, dijo el convicto Pedraza. Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.
– Cierto. El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la mentira.
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